Recuerdos de un numerario adolescente

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Por Tonico, 23.11.2007


Como os conté en el anterior escrito conocí la Opus Dei con 12 años, mis hermanos mayores me llevaron a un Club juvenil, ellos iban porque se habían organizado un campeonato de scalestrix y les apasionaba, así empezaron a frecuentarlo incluso en alguna ocasión estuvieron de convivencia. Pronto el segundo dejó de visitar el centro que no iba con él, pero sí el mayor que fue el que me llevó a mi.

Allí encontré gente de mi edad con ganas de pasarlo bien de una manera diferente a la que estaba acostumbrado en el barrio, además como sólo era los viernes y sábado pues podía hacer durante la semana la vida de barrio y los findes pues actividades diferentes, así que hice de casi todo, curso de fotografía, excursiones, etc... A los 14 entraba y salía del centro como si fuera un rey, o eso me hacían creer, y ya comenzaba a tener charlas con los numerarios que lo atendían y con el cura, para entonces llevaba una estampita de Sanjosemaría siempre conmigo e incluso le llamaba Padre, como oía decir a los del centro. Bueno, esto de llamarlo Padre me trajo algún que otro contratiempo, yo tan iluso con 14 años no se me ocurre otra cosa que enseñarle a una de mis hermanas la estampa y le digo, así todo serio..."mira ese es mi Padre", bueno... las carcajadas aun le duran, claro no tardó poco en hacer extensiva la buena nueva a toda la familia (somos 6 hermanos/as) que se rieron a mi costa una buena semana. La verdad es que no quise dudar de la paternidad de mi padre, ni de la castidad del fundador, es que me salió del alma esas cosas de la "inocencia". A partir de ese día no volví a mencionar la palabra Padre en mi casa, pues a mi verdadero padre siempre le he llamado y le llamo "papá".

Que era "inocente" a esa edad está claro y a las pruebas me remito, y que la vocación me la sirvieron en bandeja tan bien decorada que no podía negar su existencia, entre otras cosas porque no sabía que eso existiera, tampoco. Lo curioso pasados los años es que mis hermanos se alejaran del centro casí al tiempo que comencé a ir yo, la verdad es que no cumplieron muy bien con su papel de hermanos mayores para "protegerme", tampoco nunca se lo he reprochado y más curioso aún que entre todos los chavales de 12 años que nos juntábamos sólo los dos que no eramos hijos de supernumerarios fuimos los únicos en pitar. Como diría Trillo: ¡manda huevos!. Con 16 y numerario, no quedaba ni el tato de los más de 20 niños que formábamos aquel grupo de niñitos, y entonces comenzó para mi la tediosa labor de "captar" gente y traerla por el centro. Cada semana debía traer a alguien lo que para mi resultó realmente agobiante, porque la gente a esa edad está para otra cosa así que lo que conseguía era lo que hoy denominaríamos "frikis", y a cual peor. Bien mirado, creo que los "normales" eran ellos y en todo caso el "friki" era yo, pero esa es una discusión pseudpsicológica para otro momento.

Recuerdo que invito a un amigo al centro a estudiar, sólo a eso, voy a su casa y el padre que le dice a mi amigo que vaya a hablar con él. La conversación fue, bueno más bien un monólogo para echarse a temblar, el padre de mi amigo como tirando rayos por los ojos diciéndome que no quiere que su hijo vaya a un sitio donde se comprometa de por vida, que es muy joven, que conoce esos sitios, así como media hora en la que yo solo atinaba a responde "estudiar"... estudiar... vamos a estudiar". Por lo que me enteré el buen padre había sido numerario y conocía el percal de primera mano. Su hijo no vino nunca conmigo a estudiar y a partir de ahí dejé por unos años (hasta que salí) de ser su amigo. De estás, muchísimas y peores aún, todo por el apostolado, que se resumía en "captar personas que puedan pitar", mi objetivo casi compulsivo dado por los directores a esa edad de 16 años es que me pitara alguien, y el que no lo consiguiera de forma rápida un sentimiento de malestar y de poca valía que no recomiendo a nadie. El "mentir" inventándome haber charlado con amigos para que se acercaran, cientos de veces.

La verdad es que en vez de formar siempre he pensado que deformaban aunque siempre habrá quien diga que la culpa es nuestra. Este relato algo desordenado no viene a cuento de nada, simplemente que me apetecía contarlo, quienes sino mejor que los lectores de esta web para entenderlo.



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