Quiénes son ellos para juzgar lo que Dios quiere o no quiere?

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Por JC, 28.03.2007


Estimados Ex-Opus:

En primer lugar quiero enviarles un afectuoso saludo y contar mi experiencia personal.

Bueno, ustedes dicen "Gracias a Dios nos fuimos", yo creo ser más afortunado en decir "¡Gracias a Dios no entré!” porque me salvé de milagro, aunque como verán, el contacto con el Opus Dei fue para mi nefasto.

Conocí el Opus Dei a los 17 años y mantuve una muy estrecha vinculación con ellos durante, creo, cuatro o cinco años. Y sucedió en mi persona lo que a cualquiera que haya contactado con el Opus: me volví fanático, intolerante, obsesivamente escrupuloso, irrespetuoso con la opinión que no sea la del Opus, etcétera. Además –y lo resalto– el convertirme en una mentalidad cerrada que siempre pedía la "erudita" opinión del Director Espiritual o de algún fulano con jerarquía antes de leer cualquier libro, aunque el Director y el fulano acusen la más crasa ignorancia...

Cuando estaba por ingresar a la universidad, me reunieron el Sacerdote de la residencia a la que iba y el Director para decirme "que tengo vocación", y lo consabido: "no se lo cuentes a tus padres ni a nadie" por "discreción" y porque "ellos no están en capacidad de entender". El destino que me habían preparado era el de agregado, pero me pusieron como condición "entrar a la universidad" porque por el "espíritu de la obra" no se podía aceptar que no estuviera estudiando todavía. En fin, como amaba a la Obra, como ellos creen y difunden que es la octava maravilla y que no hay nada en la Iglesia mejor, yo me sentí muy honrado en ser "de los elegidos". Por ello, estudié como loco para pasar el examen de ingreso a la universidad y rezaba mucho para dicho ingreso, ante todo, porque "Dios me llamaba a ser agregado". Para mi sorpresa, no fui admitido a la universidad y por muy pocas décimas. Cuando le conté del particular a los directivos de la residencia echaron largas a eso de mi "vocación" y se portaron bastante raros. Entonces me entraron muchas dudas sobre la "infalibilidad" de los juicios de los señores del Opus. ¿Acaso una auténtica llamada a una vocación puede frustrarse por un examen de ingreso fallido? ¿Es lógico que un "plan de Dios" en tu vida, que supuestamente refleja su voluntad, tenga que postergarse o frustrarse por situaciones meramente coyunturales o circunstanciales? ¿Acaso los señores de Opus viven en la Edad Media y dejan la decisión de eso de que "tienes vocación" a una suerte de ordalía o como sucedía en la Edad Media "a un juicio de Dios"? Y LO MÁS IMPORTANTE ¿quiénes son ellos para juzgar lo que Dios quiere o no quiere, o lo que tú sientes en lo más íntimo de tu conciencia? Eso pensaba muy seriamente, y me entraron fuertes sospechas sobre que eso de que "tienes vocación" no era más que un juicio muy relativo, un juicio humano. Además, notaba que mi vida personal era tratada en secreto entre ellos, a mis espaldas como comadres, y, más que nada, evaluada sin que yo sepa ni por asomo con qué criterios "sobrenaturales".

Me decepcioné profundamente y dejé de frecuentar la residencia, aunque todavía estaba en mi un resquicio de respeto hacia el Opus Dei. En suma, por temporadas iba, por temporadas no iba, hasta que definitivamente dejé de ir. No obstante, seguí siendo un católico practicante, pero cuando te defines como humanista, enfrentas a las realidades del mundo (con las cuales el Opus Dei no tiene el mínimo contacto, para caer en la más burda ignorancia) empiezas a cuestionar las cosas y las "enseñanzas" del Opus muy seriamente. Sucedió entonces que acudí a conversar con el sacerdote de mi parroquia, hombre de moral muy firme pero de un extraordinario humanismo, para plantearle mil inquietudes, especialmente sobre mi trato con Dios desde una perspectiva de ser humano frente a un Padre, sin exigirme perfeccionismos ridículos y "planes de vida". Le conté al sacerdote sobre mi paso por el Opus Dei, y entre otras cosas le pregunté a dicho sacerdote si era pecado leer libros "prohibidos". Me repugnaba que mi persona (perdón la falta de modestia), que tiene tres posgrados, que es docente universitario y que está a punto de obtener un doctorado, tenga que limitar sus conocimientos a libros "buenos", incluso a libros de autores y filósofos católicos, para limitarse a un resultado que no tiene otro nombre que cerrazón e ignorancia, frente a colegas doctos y conocedores de muchas corrientes de pensamiento. El sacerdote, luego de oír mi confesión, me sorprendió con la penitencia que me impuso: "lee el Código Da Vinci". Así como lo ven, "LEE EL CÓDIGO DA VINCI", y no como sugerencia, sino como PENITENCIA. Así que leí el Código Da Vinci y sigo siendo tan católico y enamorado de Dios como siempre.

También debo contarles que un querido amigo mío que se ocupó del "apostolado" conmigo, quien fue primero "aspirante" desde los 16 años, luego numerario y luego propuesto para sacerdote, fue tratado con increíble crueldad por sus "hermanos" (o hermanastros) del Opus, de un modo inhumano y condenable; hasta que dimitió (o lo expulsaron, no recuerdo) cuando ya tenía 35 años. Ahora se le nota que no puede enfrentar el mundo como una persona o cristiano corriente. Esto les comento porque la experiencia que él vivió y me contó me motivó a acudir al sacerdote de mi parroquia para arreglar mi vida personal como católico.

Luego de muchos años de no ir a las residencias del Opus Dei (ahora tengo 36 años), tuve unos problemas personales que me llevaron a acudir a un psiquiatra. Después de un año de terapia, mi sorpresa es que mi médico descubrió que una de mis principales patologías era un sentimiento de culpa autoanulante, una conciencia exageradamente escrupulosa a título de "cumplimiento del deber cristiano", la obsesión por cuestiones "piadosas" que nada tienen que ver con la auténtica Fe, y que eso era un estrago NO SUPERADO de mi paso por el Opus Dei. ¡Imagínense que eso ocurra luego de tantos años! También me dijo que no era nuevo para él este tipo de casos porque había atendido en su consulta a ex miembros de la Obra con sufrimientos tremendos, pero obviamente, por secreto profesional no me dijo nada más.

No puedo describirles mi enojo, porque tengo problemas psicológicos por culpa del fanatismo y rigurosismo ridículo del Opus. Y lo más grave es que han pasado demasiados años, ante lo cual mi psiquiatra dice que ese tipo de fenómenos se te incorporan al subconsciente, de tal modo que se requiere de mucho trabajo para superarlos.

Entonces, conocedor de las muchas críticas que se hacen al Opus, decidí por salud mental enterarme de las cosas sin miedos de conciencia. Encontré así su página web que la leo mucho, estoy terminando de leer el libro de María del Carmen Tapia "Tras el umbral", visité la página web de ODAN y vi por internet el debate que se llevó a efecto en el programa "La Clave". Estoy admirado de lo que pasa a la gente cuando ha conocido el Opus Dei, y definitivamente, me alegro y felicito a ustedes por ayudar a los perjudicados. De mi parte, yo veo que el Opus Dei no tiene un mínimo de autocrítica sana, que no es capaz de salir de una especie de burbuja hermética que le hace pensar que son dueños de la verdad, que esa actitud mental les vuelve cerrados en sus "normas", que dicho sea de paso, son solo criterios humanos, y demasiado opinables. No es raro que cuando se les presenten críticas, no tengan más que argumentos dilatorios, pueriles, memorizados y superficiales, y que no enfrentan con valentía dichas críticas con razones sólidas. Me asombra el secretismo, la mal entendida "prudencia" o "discreción" y el alejamiento de las realidades humanas. No hay más conclusión que ésta: son un mundo aparte, un mundo mágico y fantasioso que se cobija en la Iglesia, y lo que es peor, que sus defectos injustamente le salpican. Conozco mucha gente que al hablar mal de la Iglesia pone como ejemplo al Opus Dei, lo cual me repugna en altísimo grado porque, como digo, el Opus Dei es un mundo aparte: no es la Iglesia ni Dios, sólo son un fenómeno aberrante que cobardemente se esconde tras la Iglesia y Dios, es decir, tras el Bien, que lo entienden A SU MANERA.

Bueno, luego de esta exposición, que espero no les haya cansado, vienen mis preguntas. ¿Qué opinan ustedes de la canonización del Fundador? ¿Cómo logró el Opus llevar a los altares al Fundador, pese a que hay tantos testimonios negativos y polémicas por demás fundadas? ¿Es posible que el Santo Padre se haya equivocado, o mejor dicho, le hayan engañado vilmente? En verdad, luego de leer a María del Carmen Tapia se me ha revuelto el cerebro por eso de la canonización. Lo que dice de las prácticas del Opus Dei son la verdad pura y simple, no obstante lo cual se ha retractado en la última edición de su libro. No alcanzo a comprender cómo lograron los del Opus canonizar al Fundador y lograr, con ello, cierta legitimación de sus procedimientos. También les pregunto, ¿cómo digerir ese horrendo mal sabor de boca y frustración que tenemos quienes sufrimos por culpa del Opus, frente a un dictamen positivo de la Santa Sede? ¿Cómo admitir la veneración a un santo de quien muchos dudan, cuando la institución que fundó causó PERJUICIOS serios a muchos y hasta les destruyó preciosos años de su vida?

Y lo más importante, ¿cómo actuar como católicos frente a una canonización y a una institución que presenta demasiados, exageradamente demasiados, cuestionamientos?

Reciban un cordial saludo de parte de un admirador de su tenacidad y de su fortaleza. Y como católico convencido, pido a Dios por ustedes y por su salud.



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