Pureza vs Caridad

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Por U2, 19 de diciembre de 2007


No sé mucho del tema, pero siempre pensé que el primer mandamiento era amar a Dios y a los demás y que este amor, para los que iban al cielo, perduraba allí. En el cielo, lo que se “hace” es amar, que no es poco...

En el Opus Dei se habla de pureza hasta aburrirse. Me reí mucho con un escrito de hace una semana que reflejaba el tipo de preguntas sobre el tema y la casuística a la que se puede llegar ante algo tan simple como si pasó o no pasó y poco más.

¿De verdad se creen que Dios está pendiente de si miré un poco -pero no mucho- y entonces eso me llevó medio a sentir pero no llegué a consentir del todo porque estaba medio soñando pero me parece que algo sí que me gustó la cosa?...

Hace poco me contó un familiar, del Opus, que la primera vez que fue al club de chicos de su ciudad, un numerario lo metió en una salita y se dedicó a preguntarle, a bocajarro y sin conocerlo de nada, sobre sus posibles placeres solitarios. El estaba atónito y nada más salir, lo primero que le dijo a un amigo que lo había acompañado allí fue “oye, vámonos, que estos tíos son unos pederastas, que mira lo que me han preguntado” Y se largaron muertos de miedo.

Poco a poco, en diversos escritos de la web, ha ido saliendo el tema del sexo en el Opus Dei, especialmente por su relación con los informes sobre hechos ocurridos en el ámbito de la conciencia de las personas. El último, el de Heraldo.

Qué pena que unas personas -que se supone que dieron su vida a Dios y a los demás- se dediquen como trabajo a husmear en las conciencias de los demás. Dios ve lo que hacen las personas y no “se reúne ad intra” como Santísima Trinidad que es para ver qué puede hacer ante ese “fallo”. Más bien me imagino que al ver lo que ha pasado, empieza a compadecerse del pobre pecador y a mandarle gracia tras gracia para que “se convierta y viva”. Pero que viva a tope, alegre, confiado en que si mil veces lo vuelve a hacer y se arrepiente, mil veces va a ser perdonado, es decir, mil veces va a ser amado.

En la Obra, si una vez metes la pata, tu caso será comentado, manoseado. Juzgado. Juzgado muchas veces por alguien que no te quiere o que ni tan siquiera te conoce. Sé que es una conducta perversa meterse en las conciencias ajenas cuando no hay la sana y recta intención de ayudar. Se me puede argüir que en la Obra las cosas se hacen de forma colegiada y que la mayoría acepta que se cuenten cosas sobre su intimidad para poder ayudarle. Podría ser...

Lo que no puede ser es que esa mayoría ignore hasta qué punto se comentan aspectos absolutamente íntimos de su vida en todos los aspectos ni hasta qué punto se habla sin caridad sobre ellos.

Una amiga mía tiene un cuñado con problemas de drogas: pues bien, no se lo ha comentado a nadie de su propia familia para no difamarlo, que no hablen mal de él o lo critiquen. ¿Qué cosa más natural que, por ejemplo, comentarle a su madre, oye, mi cuñado fulanito anda en estos líos? Pues como es una persona recta y no quiere herirlo ni de lejos, ha dejado el tema entre la familia del cuñado pero no ha ido de correveidile en algo que lo único que podía hacer era dañarlo. Y no lo hace por amor a Dios, ni por caridad ni por motivos sublimes, sino por pura prudencia humana y sentido común...

Respecto a lo de tratar temas relacionados con el sexo, como ya he dicho, creo que hay una obsesión enfermiza: se ve donde no hay; se previenen cosas que a la gente normal y con dos dedos de frente ni se le ocurrirían ; o por el contrario, se escandalizan de cosas de las que se reiría un niño de diez años.

Por lo que cuenta Heraldo, hay gran revuelo si alguien confiesa haber hecho algo impuro. Pues el gran revuelo debería ser cuando alguien no quiere a los que dice que son sus hermanos; o no atiende ni bien ni mal a sus padres; o pide una baja laboral para ir a un curso de retiro; o deja a su mujer con los niños en casa y se va tan tranquilo a hacer su convivencia una semana gastando un dinero que no tiene y que era para su familia...¿Seguimos?

Aunque nunca quise descender a intimidades con las supernumerarias cuando tuve que atenderlas, cuando me contaron alguna cosa personal, ni de lejos se me ocurrió salir corriendo a decirla. A lo más, si ella veía que era algo malo, como cualquier católico, iba a confesarse y tema olvidado. Faltaría más. Con todo lo que tenía que hacer, lo que me faltaba era andar de cotilleos.

Porque, en el fondo, aparte de que alguno se crea superior, muchos directores se dedican a estos menesteres por aburrimiento. ¿Qué alicientes puede tener la vida de una persona encerrada entre cuatro paredes leyendo papeles y rezando?

En el magnífico libro de Clarín, La Regenta, el cura don Fermín de Pas se dedica a vigilar desde la torre de la catedral a sus “presas”. Las almas de las personas que se confesaban con él, sacerdote sin más vocación que las directrices de su avariciosa madre, eran de distinta categoría dependiendo de su alcurnia, clase social o influencia en la ciudad de Vetusta. (Aunque antes esta obra estaba calificada en el index del Opus con un terrible 6ª se la recomiendo muy vivamente a los directores del Opus, pues es toda una lección de psicología aplicada y, ¿quién sabe?... siempre se pueden tomar ideas. A los que no lo son, porque disfrutarán con esta joya literaria, sin más, y no es poco)

Algo similar a lo narrado en esta novela sucede a los mandos del opus: hacen cosas malas como juzgar inmisericordes a las personas y decidir sobre sus vidas, simplemente porque no tienen otra cosa que hacer.

¿Alguien con mucho trabajo , -del remunerado, claro-, una familia, unas aficiones, unos amigos de verdad, que anda todo el día corriendo de aquí para allá, haciendo números para llegar a final de mes, o preocupado por llevar al niño al pediatra, tiene tiempo para pensar en las cosas absurdas que piensan los directores sobre los demás?

Mi madre siempre decía que “el demonio, cuando no sabe qué hacer, mata moscas con el rabo”

En el fondo, creo que su problema es ese. Pues eso.




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