Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado I 4

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

APARTADO I Charla nº 4

Santa Misa

La Santa Misa "es el sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros la redención, que no podían alcanzar los sacrificios de la Antigua Ley. La Santa Misa nos sitúa de ese modo ante los misterios primordiales de la fe, porque es la donación misma de la Trinidad a la Iglesia. Así se entiende que la Misa sea el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano" (Es Cristo que pasa, nn. 86-87).

La Santa Misa renueva el mismo Sacrificio de la Cruz: aquella adoración, acción de gracias, satisfacción por los pecados de todos los hombres, e impetración de valor infinito, que realizó Nuestro Señor Jesucristo en el Calvario; que permanece eternamente en el Cielo y se hace presente en el hic et nunc de nuestros altares, para que hagamos nuestro ese Sacrificio divino, incorporándole el nuestro, que cobra, así, un valor inconmensurable ("Nuestra" Misa, Jesús...) (Camino, n. 533).

"Vivir la Santa Misa es (...) convencernos de que, para cada uno de nosotros, es éste un encuentro personal con Dios: adoramos, alabamos, pedimos, damos gracias, reparamos por nuestros pecados, nos purificamos, nos sentimos una sola cosa en Cristo con todos los cristianos" (Es Cristo que pasa, n. 88).

"La Misa es centro y raíz de la vida cristiana. En toda Misa está siempre el Cristo Total, Cabeza y Cuerpo. Per Ipsum et curo Ipso et in Ipso. Porque Cristo es el Camino, el Mediador: en El lo encontramos todo; fuera de El, nuestra vida queda vacía" (ibid., n. 102).

"Ante todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser el centro de nuestro día" (ibid, n. 154). De otro modo, el día y nosotros mismos estaríamos descentrados. "Nosotros hemos de vivir especialmente aquello de que la misa es el centro de la vida interior, de tal manera que sepamos estar con Cristo, haciéndole compañía a lo largo de la jornada, bien unidos a su sacrificio: todo nuestro trabajo tiene ese sentido. Y esto nos llevará durante el día a decir al Señor que nos ofrecemos por El, con El y en El (Ordo missae) a Dios Padre, uniéndonos a todas sus intenciones, en nombre de todas las criaturas.

"Si vivimos así, todo nuestro día será una misa: desde que nos levantemos hasta que nos acostemos. Y entonces, ¡qué fácil nos será encajar los golpes! Estaremos llenos de alegría y de serenidad en todo momento, y será mucho más fácil poner remedio a las cosas que el Señor permite, y ser muy eficaces" (De nuestro Padre, cn II-1969, p. 11).

6. "Permitid que os recuerde lo que en tantas ocasiones habéis observado: el desarrollo de las ceremonias litúrgicas. Siguiéndolas paso a paso, es muy posible que el Señor haga descubrir a cada uno de nosotros en qué debe mejorar, qué vicios ha de

- 13 -

extirpar, cómo ha de ser nuestro trato fraterno con todos los hombres" (Es Cristo que pasa, n. 88).

7. "Asistiendo a la Santa Misa, aprenderéis a tratar a cada una de las Personas divinas (...) Amad la Misa, hijos míos, amad la Misa (...) No ama a Cristo quien no ama la Santa Misa, quien no se esfuerza en vivirla con serenidad y sosiego, con devoción, con cariño" (ibid., nn. 91 y 92).

Apostolado y proselitismo; superabundancia de la vida interior

El apostolado es superabundancia de la vida interior: "Es preciso que seas 'hombre de Dios', hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. -Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida 'para adentro'" (Camino, n. 961). Es lógico que hablemos de nuestro amor, que se manifieste al exterior el amor de Dios que llevamos dentro. Además, cuando amamos a una persona intentamos darle lo mejor que tenemos. Es un hecho tan misterioso como cierto que el bien es difusivo; y cuanto mayor es el bien, tanto mayor es su fuerza expansiva. La gracia soberana de la vocación es la mayor que ha podido hacernos el Señor. Es abundancia de luz para iluminar el mundo entero. "Pequeño amor es el tuyo si no sientes el celo por la salvación de todas las almas. -Pobre amor es el tuyo si no tienes ansias de pegar tu locura a otros apóstoles" (Camino, n. 796). Por eso, la primera condición para hacer eficazmente apostolado y proselitismo es que nuestra vida interior esté siempre muy vibrante, que crezcamos continuamente en amor a Dios: "Es inútil que te afanes en tantas obras exteriores si te falta Amor. -Es como coser con una aguja sin hilo. ¡Qué pena, si al final hubieras hecho 'tu' apostolado y no 'su' Apostolado!" (Camino, n. 967).

De cien nos interesan cien. Nadie que pase por nuestro lado ha de poder decir: hominem non habeo. En todos vemos almas que hay que salvar, que es preciso acercar más a Dios, porque "el fin de la Obra es promover la plenitud de vida cristiana entre personas de todas las clases sociales" (De nuestro Padre, Cuadernos 3, p. 22). Nadie debe permanecer en la mediocridad: todos hemos de caminar hacia la plenitud del Amor. "El nervio del apostolado" es precisamente "esa apasionada comunicación del amor impaciente de Dios por los hombres" (Del Padre, en la Presentación de Amigos de Dios).

Con la luz de la vocación "se abren nuestros ojos como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo 'parte el pan; y aunque El vuelva a desaparecer de nuestra vista, seremos también capaces de emprender de nuevo la marcha -anochece-, para hablar a los demás de El, porque tanta alegría no cabe en un pecho solo" (Amigos de Dios, n. 314).

1. Con lógica sobrenatural, el apostolado nos conduce al proselitismo, "la señal cierta del celo verdadero" (Camino, n. 793). Lo nuestro es "¡ser instrumentos para buscar instrumentos!" (ibid., n. 803).

- 14 -

5. "Proselitismo. -¿Quién no tiene hambre de perpetuar su apostolado?" (ibid., n. 809). Una Familia sin hijos es una familia que se extingue. Pero el Señor quiere que nuestra familia sobrenatural se extienda de polo a polo, que llene la tierra. Para ello cuenta con nuestra entrega, con nuestra correspondencia a la gracia: "Ese afán de proselitismo que te come las entrañas es señal cierta de tu entregamiento" (ibid., n. 810).

6. "Si no tuviéramos la preocupación del proselitismo, parecería que no éramos felices. El que tiene la felicidad, el bien, procura darlo a los demás" (De nuestro Padre, Cuadernos 3, p. 225). "Te falta 'vibración'. -Esa es la causa de que arrastres a tan pocos. -Parece como si no estuvieras muy persuadido de lo que ganas al dejar por Cristo esas cosas de la tierra.

"Compara: ¡el ciento por uno y la vida eterna! -¿Te parece pequeño el 'negocio'?" (Camino, n. 791).

El proselitismo es un derecho natural (divino) que nadie tiene derecho a arrebatarnos. Es el mismo que todos tienen a compartir con los demás los bienes de su alma. Además, para nosotros es también un grave deber, porque se trata de un mandato imperativo de Cristo.

"El pulso de nuestro amor a Dios y a la Iglesia y a nuestra santidad son -para nosotros- las vocaciones que provocamos: el proselitismo. ¿Hay vocaciones?: vamos bien. ¿Hay pocas vocaciones?: no vamos bien. ¿Hay muchas, muchas vocaciones?: vamos muy bien. Es preciso moverse, romper esa costra de comodidad que a veces nos detiene. No se puede estar pasivo; es necesario meterse en la vida de los demás, como Cristo se ha metido en la vida tuya y en la mía" (De nuestro Padre, cn V-1969, p. 78).