Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado I 17

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APARTADO I Charla nº 17

Presencia de Dios

Hemos recibido, con la vocación, la llamada a ser contemplativos en medio del mundo. Es una consecuencia lógica de sabernos en todo momento hijos de Dios, contemplados sin cesar amorosísimamente por nuestro Padre del cielo. Aunque a veces "vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas", lo cierto es que "también está siempre a nuestro lado" (Camino, n. 267).

Somos templos del Espíritu Santo, sagrarios vivientes de la Trinidad Beatísima. "El corazón necesita entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas (...) Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo" (Amigos de Dios, n. 306). "La contemplación no es cosa de privilegiados"(De nuestro Padre, cn VII-1969, p. 7). La persona que tiene un verdadero amor piensa siempre en quien ama.

3. "Hemos comenzado con oraciones vocales, que muchos -probablemente todos, como yo- hemos aprendido de la boca de nuestras madres: cosas dulces y encendidas a la Madre de Dios, que es Madre nuestra (...) Primero una oración, y luego otra, y otra., hasta que casi no se puede hablar con la lengua, porque las palabras resultan pobres: y se habla con el alma. Nos sentimos entonces como cautivos, como prisioneros; y así, mientras hacemos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las cosas que son de nuestro oficio, ¡el alma ansia escaparse! ¡Se va! Vuela hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán" (De nuestro Padre, cn 1972, p. 725).

"Entonces ya no se habla, porque la lengua no sabe expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se habla, ¡se mira! Y el alma rompe a cantar, porque se siente y se sabe mirada amorosamente por Dios, a todas horas" (ibid., p. 728).

"No sabéis que consuelo he tenido cuando, después de repetir durante años y años que para un alma contemplativa hasta el dormir es oración, me encontré un texto de San Jerónimo que dice lo mismo" (ibid.). "Hijos míos, no os hablo de cosas extraordinarias. Son, tienen que ser, fenómenos ordinarios de nuestra alma" (ibid., p. 729).

"Nuestro Fundador pidió a Dios la gracia de continuar su oración mientras dormía, y el Señor lo escuchó, concediéndole además la merced de notar claramente que estaba metido en oración. ¡Una maravilla!" (Del Padre, cn 1976, p. 1563). Era el premio de una lucha heroica por mantener sin descanso la unión con Dios, el diálogo con las Tres Personas divinas, die noctuque. Se hacían realidad prodigiosa las palabras de San Pablo: ut siye vigilemus sive dormiamus, simul cum illo vivamus (1 Thes 5,10).

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Para seguir la senda contemplativa de nuestro Padre, hemos de esforzarnos por no perder la presencia de Dios, con industrias humanas, despertadores, que nos recuerden esa gozosa realidad.

Sobre las industrias humanas, nos ha dicho el Padre: "Es mejor que cada uno invente la suya; a veces, a uno se le ocurre una que le parece muy buena, y luego no le dura más que media hora Hay que variar; la vida interior debe ser eso: vida. Si no hay lucha, no hay vida; y uno de los aspectos de la lucha es inventarse industrias humanas diversas; si va bien una, con esa basta: adelante con ella, sin cejar" (Del Padre, nc 1982, p. 855).

La presencia de Dios, si es auténtica, se traduce en un trabajo bien hecho, en Normas primorosamente cumplidas, en una caridad sin límites, opere et veritate (cfr. Amigos de Dios, n. 58; Camino, n. 265).

Fraternidad

El Mandatum novum nos lleva a amar intensamente a todas las almas sin excepción; y "sobre todo a aquellos que son mediante la fe de la misma familia que nosotros" (Gal 5,10); y especialísimamente a aquellos que, por ser hijos de una misma Madre, la Obra, están unidos con nosotros por lazos más fuertes que los de la sangre: "Formad un sólo corazón. Quereos como una madre a su hijo, como un padre a su hijo, como hermanos, que sois más que hermanos" (De nuestro Padre, cn 1973, p. 491). "Sentid en vuestras almas esta bendita fraternidad, que se traduce en quereros de verdad, más que si tuviéramos la misma sangre: que, además, la tenemos, porque somos hijos de Dios, bañados y purificados con su Sangre misma, y elegidos con idéntica vocación" (De nuestro Padre, Meditaciones VI, p. 12).

La filiación y la fraternidad bien sentidas, son nuestra gran fuerza, contra la que nada pueden "los enemigos de fuera, por grande que sea su poder" (cfr. Camino, n. 955). Es preciso que ambas cosas -imprescindibles- se encuentren bien asentadas en nuestro corazón.

Cualquier cosa de nuestros hermanos es cosa nuestra y cosa de Dios (cfr. Mt 25,31-40). Nadie debe sentirse solo; nadie debe padecer la amargura de la indiferencia (cfr. en 1969, p. 493).

Característica de este trato es la delicadeza extrema, sin sensiblerías, sin particularidades, sin apegos ni desapegos. "Que os queráis; sin ninguna cosa particular, que es de gente boba, mal formada" (De nuestro Padre, cn VIII-1962, p. 13).

"Al ser muy humanos, sabréis pasar por encima de pequeños defectos y ver siempre, con comprensión maternal, el lado bueno de las cosas. De una manera gráfica y bromeando, os he hecho notar la distinta impresión que se tiene de un mismo fenómeno, según se observe con cariño o sin él. Y os decía -y perdonadme, porque es muy gráfico- que, del niño que anda con el dedo en la- nariz, comentan las visitas: ¡qué sucio!; mientras su madre

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dice: ¡va a ser investigador!

"Hijas e hijos míos, ya me comprendéis: hemos de disculpar. No manifestéis repugnancia por pequeñeces espirituales o materiales, que no tienen demasiada categoría. Mirad a vuestros hermanos con amor y llegaréis a la conclusión -llena de caridad- de que ¡todos somos investigadores!" (De nuestro Padre, cn 1969, p. 489).

Los defectos de nuestros hermanos, se ven, para ayudarles con la corrección fraterna, pero no detenemos en ellos nuestra mirada, sino en su entrega, en su calidad de almas escogidas por Dios con amor de predilección, en tantas cosas positivas que destacan en su conducta.

Una Costumbre estupenda, que refuerza y enriquece la fraternidad: el día de guardia. Las tertulias. La oración saxum, etc.