Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado I 10

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APARTADO I Charla nº 10

Santo Rosario

La Obra es esencialmente mariana. Ha nacido y se ha desarrollado bajo el manto de Nuestra Señora. Ella ha sido la mediadora de la gracia soberana que implica nuestra vocación. Es lógico que no nos cansemos, al contrario, de alabarla y piropearla como a Ella le gusta: rezando con inmenso cariño el Santo Rosario.

El Santo Rosario es oración a María y con María, "para meditar, junto a Ella, los misterios que Ella, como Madre, meditaba en su corazón (cfr. Lc 2,19)» y sigue meditando, sigue considerando. Porque ésos son los misterios de la vida eterna" (Juan Pablo II, Homilía, 21-X-1979).

En Casa, todos los días rezamos, al menos, una de las partes del Santo Rosario, en un momento adecuado, en las circunstancias más diversas; pero siempre poniendo la cabeza y el corazón en cada Avemaría: "Procura -nos dice el Padre- que cada Avemaría que reces sea una oración dirigida a la Santísima Virgen. Que nuestra Madre quede contenta y diga: este hijo mío está rezando con mucha devoción. Cuando te des cuenta de que repites muchas Avemarías distraído, le pides perdón, y recomienzas, esforzándote en contemplar las palabras del Padrenuestro y del Avemaría. Así, cada oración es como una rosa que se entrega a la Santísima Virgen. Si luchas por hacer esto, ya te habrás propuesto una meta muy ambiciosa, porque ¡que mayor ambición que procurar alabar a nuestra Madre del Cielo, que nos une al Señor! Además, recuerda, hijo mío, que por mucho empeño que pongas en recitar el Rosario, será poco en comparación con lo que Santa María -que es muy buena pagadora- se ocupa de ti" (Del Padre, cn 1978, pp. 886-887).

Es parte de esta Norma, la meditación de los misterios que no se recen vocalmente en el día: "Se trata de decir diez jaculatorias, una por cada misterio: preferiblemente, cinco por la mañana y cinco por la tarde. Basta una breve consideración del misterio, que dé lugar a unas palabras -con el corazón, internamente-: una jaculatoria que puede ser un texto de la Sagrada Escritura, una jaculatoria ya conocida, o cualquier otra cosa que venga a la mente y al corazón en aquel momento. No importa que sea siempre lo mismo: lo importante es que hagamos diariamente un poco de oración sobre los misterios del Rosario" (De nuestro Padre, cn 1967, p. 112).

Si algún día, al hacer el examen de la noche, se ve que no se ha hecho la meditación de esos misterios, se formula el propósito de cumplir la Norma al día siguiente, pero ese día ya no se hace (cfr. ibid. , p. 114). En cambio, si el olvido fuese del rezo de la parte del día, se reza después del examen, a no ser que el Director indique otra cosa, por razón de enfermedad o de alguna circunstancia extraordinaria.

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Pureza

1. Hablar de la santa pureza es hablar de amor. "El sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad" (Es Cristo que pasa, n. 24). "Mirad, hijos míos: el Señor se ha servido del amor de nuestros padres, limpio, bueno, bendito, para darnos nuestro cuerpo. Ha puesto en nuestra cabeza la inteligencia, que es como un chispazo del entendimiento de Dios. ¡Qué bueno es el Señor! ¿verdad? Y en nuestro cuerpo ha puesto la posibilidad de engendrar, que es una participación del poder creador de Dios, que se debe ejercitar dentro del matrimonio.

"Pero Dios no obliga a engendrar a todos y a cada uno de los individuos, porque la especie se puede continuar y perpetuar sin que todos los miembros de la especie ejerciten esa función. Cuando una persona, por razones sobrenaturales, divinas, por amor ala gente, por motivos sociales muy altos, no quiere engendrar y decide vivir el celibato, no sólo no ofende a Dios, sino que hace un acto maravillosamente heroico que no redunda en daño de la humanidad, porque siempre es inmensa la mayoría de los que desean ir al matrimonio, y hacen bien.

"Para perpetuar la especie, el Señor ha puesto en el acto de engendrar una satisfacción, lo mismo que en el acto de comer, porque si no hubiera esa satisfacción, no habría nadie que hiciera semejantes cosas. En cambio, de cara a Dios, y dentro del matrimonio cristiano, es algo santo, y ese goce es un premio de Dios, porque perpetúan la especie" (De nuestro Padre, cn 1970, p. 1026).

La facultad generativa "es una cosa noble que nos ha dado Dios. Ahora, si me tiro de las orejas, que son para oír, entonces soy un necio, un loco. ¿Lo entendéis, me entendéis, sin decir yo más?

"Respetad el sexo, que es un don de Dios, y sabed que sólo se puede emplear dentro del matrimonio cristiano, y con el fin de procrear. Evitar los hijos es un mal tremendo, un crimen horrendo (...) Evitar engendrar dentro del matrimonio es un pecado horroroso; y fuera del matrimonio, no debe hacerse uso de la facultad generativa." (De nuestro Padre, cn 1970, pp. 1026-1027).

Desde el punto de vista material, son distintas las obligaciones que la castidad impone "a los solteros, que han de atenerse a una completa continencia; y a los casados, que viven castamente, cumpliendo las obligaciones propias de su estado" (Amigos de Dios, n. 177). Mas aún: "existe una castidad de los que sienten que se despierta en ellos el desarrollo de la pubertad, una castidad de los que se preparan para casarse, una castidad de los que Dios llama al celibato, una castidad de los que han sido escogidos por Dios para vivir el matrimonio" (Es Cristo que pasa, n. 25). En cualquier caso, se trata no de una negación, sino de una afirmación gozosa (Amigos de Dios, n. 177), de un corazón que ama limpiamente, a Dios y a las criaturas de Dios, con el orden que la razón descubre y la fe confirma y subraya.

"Para una persona normal, el tema del sexo ocupa un cuarto o quinto lugar (...)" (Amigos de Dios, n. 179). "Para vivir la virtud de la castidad, no hay que esperar a ser viejo o a carecer de vigor. La pureza nace del amor y, para el amor limpio, no son obstáculos la robustez y la alegría de la juventud (...)"

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(Es Cristo que pasa, n. 40). Sin embargo, la des cristianización de amplios sectores de la sociedad, ha creado artificialmente dificultades que se añaden al desorden de las pasiones personales causado por el pecado de origen: procacidad en las costumbres, pornografía, etc.

4. Se hace preciso, en consecuencia, una especial vigilancia en "la custodia atenta de los sentidos y del corazón; la valentía -la valentía de ser cobarde- para huir, de las ocasiones; la frecuencia de los sacramentos, de modo particular la Confesión sacramental; la sinceridad plena en la dirección espiritual personal; el dolor, la contrición, la reparación después de las faltas. Y todo ungido con una tierna devoción a Nuestra Señora, para que Ella nos obtenga de Dios el don de una vida santa y limpia (Amigos de Dios. n. 185).

5. "La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad" (Camino, n. 118). Todas las noches, antes de acostarnos, rezamos a la Virgen tres Avemarías, pidiendo por nuestra pureza y la de nuestros hermanos.

Ser muy sinceros -con Dios, con nosotros mismos, y en la dirección espiritual-, para "afinar nuestra conciencia, ahondando lo necesario hasta tener la seguridad de haber adquirido una buena formación, distinguiendo bien entre la conciencia delicada -auténtica gracia de Dios- y la conciencia escrupulosa, que es algo distinto" (Amigos de Dios, n. 185).

"Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia.

-Y esa cruzada es obra vuestra" (Camino, n. 121).