Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 39

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CUARTA PARTE: SOBRE LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA628

39. LA ORACIÓN


Qué es la oración y su necesidad

  • Oración es hablar con Dios, nuestro Padre celestial, para alabarle, darle gracias y pedirle toda clase de bienes (cfr. Catecismo, 2559 y 2564). Debemos orar como Cristo nos enseñó: como hijos de Dios (cfr. Catecismo, 2610-11).
  • Debemos orar, siguiendo el ejemplo del Señor (cfr. Catecismo, 2600 y 2605). Jesús pasaba grandes ratos dedicados exclusivamente a la oración: erat pernoctans in oratione Dei (Lc 6,12).
  • Los primeros cristianos nos dan ejemplo: los Apóstoles erant perseverantes unanimiter in oratione (Act 1,14; cfr. Act 2,42).
  • La oración es medio imprescindible para llegar a la santidad. Nuestra vida de apóstoles vale lo que vale nuestra oración629.

e) El Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración cristiana (cfr. Catecismo, 2670-2672).

f) Hay distintas formas de oración:

  • La adoración es honrar y alabar a Dios, y proclamar su majestad y su gloria (cfr. Catecismo, 2628); "es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios" (Catecismo, 2639).
  • La petición de perdón y de gracias (cfr. Catecismo, 2631 y 2633) y la intercesión a favor de otros (cfr. Catecismo, 2634).

628 La Iglesia profesa el Misterio de la fe en el Símbolo de los Apóstoles (Primera parte de estos guiones) y lo celebra en la Liturgia sacramental (Segunda parte), donde los fieles reciben la gracia divina para vivir de acuerdo con la condición de hijos de Dios (Tercera parte).

Por tanto, este Misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación personal con Dios: esta relación es la oración (cfr. Catecismo, 2558), a laque se dedica esta Cuarta parte de los guiones.

629 Cfr. Camino, 83,107 y 108.


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— La acción de gracias, porque todo lo que es bueno lo hemos recibido de Dios (cfr. Catecismo, 2638): "¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías, como si no lo hubieras recibido?" (I Cor, 4,7).

Expresiones de la oración

a) La oración mental es elevar nuestra mente y nuestro corazón a Dios (cfr. Catecismo, 2708): hablar con Dios de Él y de nosotros:

  • de Él: adorar a Dios; darle gracias; contemplarle por el camino que Él mismo nos ha entregado: la Humanidad de Cristo, considerando todo lo que hizo y enseñó, como la Santísima Virgen que "guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón" (Le 2,51), y con su ayuda y con la ayuda de San José y de nuestro Fundador, San Josemaría. Este es el camino de la oración: de la "trinidad" de la tierra a la Trinidad del cielo;
  • de nosotros: "de nuestras alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias... ¡flaquezas!..."630.
  • La oración vocal es manifestación extema de la oración interior (cfr. Catecismo, 2702). Hemos de tener en mucho la oración vocal, ya que, entre otras cosas, el Señor enseñó a sus discípulos el Padrenuestro, y una parte del Avemaria fue el mensaje del Arcángel San Gabriel a nuestra Madre, la Santísima Virgen.
  • Especial valor tiene la oración litúrgica, porque es la oración oficial y pública de la Iglesia. Conviene nutrir la oración personal con las oraciones de la liturgia.
  • La Santa Misa realiza de modo supremo los fines de la oración: latréutico (adoración), eucarístico (acción de gracias), deprecatorio (petición de nuevos bienes) y propiciatorio (por nuestros pecados) (cfr. Catecismo, 2639).
  • La Eucaristía y la oración son inseparables en la vida sobrenatural. "¡Pan y Palabra!: Hostia y oración"631. El trato con Dios en la oración empuja a participar en la Santa Misa recibiéndole en la Eucaristía; y esta participación sólo es verdaderamente fructuosa si se convierte en oración personal, y no es simple presencia pasiva.
  • Debemos dirigir todo nuestro día, como una oración continua, hacia la Santa Misa, haciendo de nuestra jornada entera "tina Misa".

d) La contemplación es la expresión más sencilla de la oración: es mirada de fe, escucha de la palabra de Dios y recogimiento interior (cfr. Catecismo, 2713 y 2715- 2717).

630 Camino, 91.

631 Camino, 87.


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Disposiciones para la oración

La oración requiere:

  • muchas veces, esfuerzo, lucha: "es necesario orar siempre y no desfallecer" (Lc 12,1);
  • devoción y recogimiento: considerar que hablamos con nuestro Padre Dios;
  • humildad: reconocer la propia indignidad y miseria, y la grandeza de nuestra condición de hijos de Dios que pueden dirigirse a su Padre. No dejarse dominar por el desaliento y las dificultades (cfr. Catecismo 2728-2731);
  • confianza: seguridad de ser oídos, si lo que pedimos es para la gloria de Dios y para nuestro verdadero bien. "Os lo aseguro —dice el Señor—: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo concederá" (Ioann 16,23; cfr. Catecismo, 2736 y 2737). Apoyados en nuestras fuerzas nada podemos (cfr. loann 15, 5), pero todo es posible cuando pedimos a Dios confiadamente per Dominum nostrum lesum Christum (cfr. Mc 9,22; Philip 4,13);

perseverancia, pues no hemos de cansarnos de rezar aunque parezca que Dios no nos escucha: la oración es siempre fecunda632. "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá" (Lc 11,9; cfr. Catecismo, 2742);

aceptación de la Voluntad de Dios, porque Él conoce mejor que nosotros lo que nos conviene. Con frecuencia, nosotros vemos la vida como un tapiz al revés. Nuestra oración debe ser como la de Jesús: después de pedir lo que pensamos que nos conviene, añadir: "pero no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22,42).

Frutos de la oración

La oración trae muchos frutos, entre ellos:

  • El sentido de la filiación divina, pues en la oración nos dirigimos a nuestro Padre Dios.
  • La amistad con Cristo, que se hace más estrecha cuando le abrimos nuestro corazón y nuestra alma, como Él ha hecho con nosotros: "Ya no os llamo siervos sino amigos... porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre" (loann 15,15). Con la oración llegamos a tener los mismos sentimientos de Cristo (cfr. Philip 2,5).
  • La docilidad al Espíritu Santo que en la oración ilumina nuestro entendimiento e inflama la voluntad con el Amor, para que conozcamos la Voluntad divina y nos decidamos resueltamente a cumplirla, poniendo los medios convenientes.
  • En fin, la oración nos hace crecer en la vida espiritual, al hacernos ejercitar las virtudes teologales. Remedia la inclinación desordenada a las cosas de esta tierra, levantando nuestra mente a Dios como dice la Escritura: "buscad las cosas de arriba... no las de la tierra" (Colos 3, 1), y nos fortalece en la lucha por agradar a Dios y no ofenderle más.

632 Cfr. Camino, 101.


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Breve explicación de cada una de las siete peticiones que componen el Padre nuestro

El Padrenuestro (cfr. Mt 6,9 y ss) es la oración dominical (del Señor). Es, de todas las oraciones, la principal, porque nos la enseñó Nuestro Señor, y es el modelo de toda oración. En ella pedimos no sólo las cosas que hemos de desear, sino en el orden en que debemos pedirlas.

a) Padre nuestro: nos dirigimos a la Primera Persona de la Santísima Trinidad, Dios Padre, porque somos hijos suyos adoptivos (cfr. Catecismo, 2782). Decimos nuestro porque todos en la Iglesia somos hermanos.

b) Que estás en el cielo (cfr. Catecismo, 2794 y 2795): Dios está en todas partes por esencia, presencia y potencia633. Además, el Espíritu Santo inhabita en nuestra alma en gracia, con el Padre y el Hijo, mientras no le echemos por el pecado grave.

Sin embargo, se dice que está en el cielo para ayudarnos a contemplar el poder de Dios, que todo lo abarca, lo gobierna y lo mantiene en el ser; la familiaridad con Él, pues también está junto a nosotros de continuo634; y para recordarnos la gloria, que será nuestra mansión futura, si somos fieles a Dios.

  • Santificado sea tu nombre (cfr. Catecismo, 2807): pedimos que Dios sea conocido, amado, honrado y servido por todos; hemos de desear más la gloria de Dios que nuestro propio provecho, y dirigir a Él todos nuestros pensamientos, afectos y acciones.
  • Venga a nosotros tu Reino: queremos que Él reine en nosotros por la gracia y que su Reino en la tierra (la Iglesia) se extienda cada día más, y que al fin todos podamos reinar con Él en el Cielo (cfr. Catecismo, 2818).
  • Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo: la Voluntad de Dios es que todos los hombres se salven (cfr. Catecismo, 2822). En esta petición anhelamos que, como se ha cumplido la Voluntad de Dios en los Ángeles y en los bienaventurados del Cielo, así se cumpla en los hombres que permanecemos aún en la tierra. Es mejor desear que se haga lo que Dios quiere, que lo que quisiéramos nosotros635.
  • Danos hoy nuestro pan de cada día: pedimos a Dios lo necesario para la vida del alma (el Pan de la Eucaristía) y para el mantenimiento de la vida corporal, pues nuestro Padre Dios tiene providencia también de todas nuestras necesidades temporales (cfr. Catecismo, 2830 y 2831).

g) Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: si perdonamos al prójimo, también Dios nos perdonará (cfr. Catecismo, 2839 y 2840). "Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).

633 Cfr. tema 6, n.2.

634 Cfr. Camino, 267.

635 Como afirma un Padre de la Iglesia, cuando rogamos en el Padrenuestro hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, no lo pedimos "en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere" (SAN CIPRIANO, De dominica oratione, cap. XIV: PL 4,545).


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h) No nos dejes caer en la tentación: pedimos que Dios nos ayude a poner los medios necesarios para vencer las tentaciones: huir de las ocasiones, guardar los senti dos, perseverar en la oración, frecuencia de sacramentos, etc. (cfr. Catecismo 2846-47).

i) Y líbranos del mal: deseamos que nos libre del único verdadero mal, que es el pecado, y de su pena, que es la eterna condenación. Los otros males y tribulaciones pueden convertirse en bienes, si los aceptamos uniéndolos a los padecimientos de Cristo en la Cruz (cfr. Catecismo, 2850-51).

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 2558-2565; 2598-2649; 2700-2745; y 2803-2865.

Lecturas recomendadas:

Homilía "Vida de oración", en Amigos de Dios, nn. 238-255.

Cuadernos 8, (En el camino del Amor): "Contemplativos en medio del mundo", pp. 41-52; "Al tiempo de la oración", pp. 53-64.