Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 35

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35. EL SEXTO MANDAMIENTO DEL DECÁLOGO


La virtud de la castidad

  • "Dios es amor" (I Ioann 4,8). La vida de la Santísima Trinidad es un misterio de comunión personal de amor. Al crear al hombre y a la mujer a su imagen, Dios ha inscrito en ellos la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor (cfr. Catecismo, 2331). La diferencia sexual entre el varón y la mujer ha sido querida por Dios y se ordeña a realidades tan nobles como el amor y la fecundidad555.
  • La sexualidad "no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal" (Catecismo, 2361). "La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro" (Catecismo, 2332).

— Como consecuencia del pecado, la capacidad sexual tiende a servir al egoísmo: este desorden se remedia con la virtud de la castidad556.

  • La virtud de la castidad consiste en "la integración de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual" (Catecismo, 2337)557.
  • "La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana" (Catecismo, 2341)558.

555 Cfr. JUAN PABLO II, Ex. ap. Familiaris consortio, (22-XI-81), 11.

556 Por la ordenación de la sexualidad al amor se puede decir que las deformaciones de la sexualidad (que constituyen los pecados contra el sexto mandamiento), son consecuencia de un egoísmo más o menos velado. La castidad, en cambio, es una afirmación gozosa, una afirmación del amor, porque ordena la sexualidad al amor: a la entrega de sí mismo, ya sea en el celibato o en el matrimonio.

557 La castidad no consiste en la represión de la naturaleza humana, sino en el dominio de los impulsos desordenados como consecuencia del pecado. Por eso, la castidad no se opone a la naturaleza, sino que la perfecciona:

"Precisamente entre los castos se cuentan los hombres más íntegros, por todos los aspectos. Y entre los lujuriosos dominan los tímidos, egoístas, falsarios y crueles, que son características de poca virilidad" (Camino, 124).

558 "La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado" (Catecismo, 2339). De aquí se deriva que todo progreso en la virtud de la templanza (el dominio de la tendencia


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Virtud cristiana

  • Los cristianos deben vivir la castidad por un nuevo motivo y con ayuda de la gracia divina: "el cristiano se ha revestido de Cristo (Gal 3,27), modelo de toda castidad" (Catecismo, 2348)559.
  • La primera virtud cristiana non es la castidad sino la caridad560. Sin embargo, como ya se ha recordado, "la sexualidad concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar" (Catecismo, 2332). La castidad se ordena al amor; sin ella no se puede vivir la caridad.
  • La persona humana, alma y cuerpo, ha sido creada para amar a Dios. La castidad es exigencia de la dignidad del cuerpo humano, con el cual debemos amar a Dios en esta tierra: "Huid de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera del cuerpo; pero el que fornica peca contra el propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?" (1 Cor 6,18-19).
  • Siendo virtud cristiana, no hay que olvidar que esta virtud no es un "prejuicio religioso"561, sino que se trata de una exigencia de la ley moral natural. La castidad es una virtud humana que deben practicar todas las personas si quieren vivir de acuerdo con la dignidad humana.

c) La castidad es una virtud eminentemente personal. A la vez, “implica un esfuerzo cultural” (Catecismo, 2344), pues "el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad están mutuamente condicionados"562. El respeto de los derechos de la persona, reclama el respeto de la castidad; en particular, el derecho a "recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana" (Catecismo, 2344)563.

hacia las cosas sensibles, en los diversos campos: afán excesivo de comodidades, caprichos, gula, etc.) es muy importante para dominar también las tendencias desordenadas de la facultad sexual.

559 La castidad es "un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual (cfr. Gal 54,22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cfr. I loann 3,3)" (Catecismo, 2345).

560 Tampoco los pecados contra la castidad son los más graves, puesto que el pecado mayor es el rechazo del amor.

561 Camino, 141.

562 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 25.

563 En diversas ocasiones, el Papa Juan Pablo II se ha referido a la necesidad de promover una auténtica "ecología humana", en el sentido de lograr un ambiente moral sano que facilite el desarrollo humano de la persona (cfr., por ejemplo, Enc. Centesimus annus, (l-V-1991), 38). Parece claro que parte del "esfuerzo cultural" a que se ha hecho referencia consiste en mostrar que existe el deber de respetar unas normas morales en los medios de comunicación, especialmente en la Televisión, como exigencia de la dignidad de las personas (cfr. Camino, 121).

"En estos momentos de violencia, de sexualidad brutal, salvaje, hemos de ser rebeldes. Tú y yo somos rebeldes: no nos da la gana dejarnos llevar por la corriente, y ser unas bestias.

Queremos portarnos como hijos de Dios, como hombres o mujeres que tratan a su Padre, que está en los Cielos y quiere estar muy cerca —¡dentro!— de cada uno de nosotros" (Forja, 15).


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La castidad en el matrimonio

  • "Todos los fieles de Cristo están llamados a una vida casta según su estado de vida particular" (Catecismo, 2348).
  • La unión sexual "está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer" Catecismo, 2360): es decir, "se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte"564.
  • Sólo dentro del matrimonio, "los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente"565.
  • "Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estos dos significados o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia. Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la fidelidad y de la fecundidad" (Catecismo, 2363)566.
  • "La fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo" (Catecismo, 2366). "Todo acto matrimonial debe quedar abierta a la transmisión de la vida"567.
  • "La Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas como un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres" (Catecismo, 2373)568.
  • "El hijo no es un derecho sino un don" (Catecismo, 2378): "Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual" (Catecismo, 2379)569.

564 JUAN PABLO II, Ex. ap. Familiaris consortio, (22-XI-81), 11. Cfr. Catecismo, 2361.

565 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 49.

566 "La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada (...). El sacramento del Matrimonio hace entrar al hombre y la mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo" (Catecismo, 2365). Cfr. tema 25.

567 PABLO VI, Enc. Humanae vitae, (25-VII-68), 11.

568 En el tema 25, n.7, se recoge con más detalle la doctrina de la Iglesia sobre las familias numerosas.

569 No es lícito recurrir a la fecundación artificial (por ejemplo, la "fivet"), en la que se separa la fecundación de la unión conyugal, lo cual no es conforme a la dignidad de la persona humana, y además, en la práctica, comporta la realización de abortos (Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. Donum vitae, (22-II- 1987), partes I y II).


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La castidad en el celibato apostólico

  • La santidad se mide por el grado de amor a Dios, no por el celibato o el matrimonio570. Sin embargo, la Iglesia enseña que el celibato por el Reino de los Cielos es un don superior al don del matrimonio571.
  • Dios, que puede colmar absolutamente las aspiraciones del corazón humano —El es Amor (cfr. I loann 4,8)—, llama a algunos para seguirle con "corazón indiviso" (cfr. I Cor 7,34), a imitación de Cristo y de María Santísima. Entre los primeros cristianos, no eran pocos los hombres y mujeres que, en medio del mundo —continuando en su profesión u oficio— se entregaban a Dios permaneciendo célibes por un motivo sobrenatural de amor a Dios: propter Regnum caelorum (Mí 19,12).
  • La vocación a seguir al Señor en celibato apostólico es, por tanto, una especial llamada al Amor: "es el Amor —el Amor de los amores— el motivo de nuestro celibato"572. Es, además, un don que permite una plena disponibilidad para las tareas apostólicas y de formación, y lleva así a "participar de modo singular en la instauración del Reino de Dios en la tierra"573:
  • Quienes reciben la llamada al celibato por amor a Cristo y a su Iglesia deben saber que es una vocación maravillosa, pero que "no todos la entienden, sino aquellos a quienes ha sido dado" (Mt 19,10). Han de estar dispuestos a afrontar incomprensiones574 , a la vez que saben por experiencia que el Señor está lleno delicadezas hacia quienes le reservan todo su corazón y todo su cuerpo;
  • Vivir el celibato exige un amor fuerte, una gran capacidad de donación, y por tanto reclama una personalidad madura. El celibato no es compatible con la inmadurez. "El Amor... ¡bien vale un amor!"575;
  • A quienes Dios llama a seguirle en el celibato, les da las gracias necesarias para ser fieles a esa llamada. Las personas que se entregan a Dios en el celibato, lo hacen no porque no tengan tentaciones —como cualquier persona normal—, sino porque saben que basta la gracia de Dios para vencerlas (cfr. II Cor 12,9), poniendo a la vez los medios humanos576.

d) Celibato sacerdotal. Para ordenar sacerdotes, la Iglesia latina elige los candidatos entre aquellos que han recibido el don del celibato577.

570 Cfr. JUAN PABLO II, Discurso, (14-IV-1982), 3.

571 Cfr. CONCILIO DE TRENTO: DS 1810; I Cor 7,38.

572 De nuestro Padre, Instrucción, 8-XII-1941, n. 84.

573 JUAN PABLO II, Discurso, (21-IV-1982), 2.

574 Algunos pueden pensar y decir, por ejemplo, que el celibato es "antinatural". Olvidan —entre otras muchas verdades sobre el amor a Dios y el amor humano— que el hecho de que el hombre y la mujer se pueden complementar, no significa que se completen, porque ambos son completos como personas humanas. Y, por lo que se refiere a la fecundidad, conviene recordar que "mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse las personas singulares.

"¿Ansia de hijos?... Hijos, muchos hijos, y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne" (Comino, 28).

575 Camino, 171.

576 El deseo de corresponder al don del celibato apostólico debe ir siempre acompañado de una plena confianza en Dios: "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" {Philip 1,6).

577 Cfr. tema 24. Cfr. Catecismo, 1579. En las iglesias orientales el celibato se exige en los Obispos.


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"No cometerás actos impuros"

  • Jesucristo enseñó que la castidad no sólo se refiere a los actos externos sino también a los internos: "Habéis oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón" (Mt 5,27-28)578. A la virtud de la castidad se opone, en general, el vicio de la lujuria, que es "un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión" (Catecismo 2351).
  • Entre los actos de lujuria, el sexto mandamiento del Decálogo prohíbe los actos externos: toda acción, conversación o mirada contraria a la castidad, dentro o fuera del matrimonio.

— Los actos internos contrarios a la castidad (pensamientos y deseos) están prohibidos por el noveno mandamiento579.

  • Los pecados contra la castidad son siempre graves por su materia, ya que la lujuria desvía radicalmente del último fin que es Dios580. Pueden ser leves, sin embargo, cuando falta advertencia plena o pleno consentimiento.
  • El vicio de la lujuria tiene muchas y graves consecuencias: la ceguera de la mente, por la que se oscurece nuestro fin y nuestro bien; la debilitación de la voluntad, que se hace casi incapaz de cualquier esfuerzo, llegando a la pasividad, a la desgana en el trabajo, en el servicio, etc.; el apego a los bienes terrenos que hace olvidar los eternos; y finalmente se puede llegar al odio a Dios, que aparece al lujurioso como el mayor obstaculo para satisfacer su sensualidad.

Pecados contra el sexto mandamiento

A) En general

a) "La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos" (Catecismo, 2353).

— La unión libre o cohabitación sin intención de matrimonio, la unión a prueba cuando existe intención de casarse, y las relaciones prematrimoniales, ofenden la dignidad de la sexualidad humana y del matrimonio. "Son contrarias a la ley moral: el acto

578 La Tradición de la Iglesia ha entendido siempre estas palabras como referidas no sólo al adulterio sino a todos los aspectos de la sexualidad humana (cfr. Catecismo, 2336).

579 Cfr. tema 38.

580 "Pues habéis de saber que ningún fornicario, o impuro (...) que es como adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios" (Ef 5,5).


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sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental" (Catecismo, 2390).

— También son contrarias a la castidad las conversaciones, miradas, manifestaciones de afecto hacia otra persona, que se realizan con deseo libidinoso, o constituyen una ocasión próxima de pecado que se busca o no se rechaza581.

  • La pornografía —exhibición del cuerpo humano como simple objeto de concupiscencia— y la prostitución —transformación del propio cuerpo en objeto de transacción financiera y de disfrute carnal— son faltas graves de desorden sexual, que, además de atentar a la dignidad de las personas que las ejercitan, constituyen una lacra social (cfr. Catecismo, 2355).
  • "Por masturbación se entiende la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo" (Catecismo, 2352). "Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado"582. Por su misma naturaleza, la masturbación contradice el sentido cristiano de la sexualidad que está al servicio del amor. Al ser un ejercicio solitario y egoísta de la sexualidad, priva de la verdad del amor, deja insatisfecho y conduce al vacío y al disgusto.
  • "La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia las personas del mismo sexo (...). Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves (cfr. Gen 19,1-29; Rom 1,24-27; I Cor 6,10; I Tim 1,10), la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados»583. (...) No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso" (Catecismo, 2357)584.

B) En el matrimonio

a) El uso de medios anticonceptivos. Es intrínsecamente mala «toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación»585.

La mayoría de los métodos artificiales anticonceptivos tienen además el agravante de ser abortivos (unos directamente y otros potencialmente).

581 Las manifestaciones de confianza y afecto entre las personas que han establecido un compromiso de matrimonio, no han de representar nunca ocasión de pecado para ninguno de los dos.

582 CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declar. Persona humana, (29-XII-1975), 9. Cfr. Catecismo, 2352.

383 Ibid, 8.

584 No hay que confundir entre la tendencia experimentada interiormente y los actos homosexuales. La tendencia homosexual no es pecado, sino tentación; los actos sí constituyen materia de pecado.

585 PABLO VI, Enc. Humanae vitae, (25-VII-1968), 14. Cfr. Catecismo, 2370.

Como se ha recordado antes, la Iglesia "enseña que todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida" (ibid., 11). "Esta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador" (ibid., 12)


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El recurso a los métodos naturales de control de la natalidad -—que son objetivamente conformes a la ley moral—, puede ser ilícito si se realiza con mentalidad anti-conceptiva, esto es, si se realiza por egoísmo, sin que haya un motivo serio o grave para evitar la procreación (cfr. Catecismo, 2368).

  • El adulterio. "Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cfr. Mt 5,27-28)" (Catecismo, 2380)586.
  • El divorcio no es en sí mismo una ofensa a la castidad, sino una ofensa a Dios que ha querido la indisolubilidad del matrimonio. Sin embargo, frecuentemente da paso a pecados contra la castidad, si alguno de los cónyuges comienza a convivir con una tercera persona. "El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se haya entonces en situación de adulterio público y permanente" (Catecismo, 2384).
  • La poligamia "es contraria a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, que en el matrimonio se dan con una amor total y, por lo mismo, único y exclusivo"587.

Medios para vivir y crecer en la virtud de la santa pureza

  • La castidad otorga el dominio de la concupiscencia, que es parte importante del dominio de sí. Este dominio es una tarea que dura toda la vida y supone un esfuerzo reiterado que puede ser especialmente intenso en algunas épocas. La castidad debe crecer siempre, con la gracia de Dios y la lucha ascética (cfr. Catecismo, 2342).
  • "La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo" (Catecismo, 2346)588.
  • En la lucha por vivir esta virtud son medios importantes:
  • la oración: pedir a Dios la virtud de la santa pureza, con humildad; la frecuencia de sacramentos: son las medicinas de nuestra debilidad;
  • el trabajo intenso; evitar el ocio589;

586 El adulterio es, además de un pecado contra la castidad, una gran injusticia, "quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres" (Catecismo, 2381).

587 JUAN PABLO II, Ex. ap. Familiaris consortio, (22-X1-81),19; cfr. CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 47. Cfr. Catecismo, 2387.

588 La entrega a Dios y a los demás, por amor, lleva a tener el corazón puesto en Dios y a no apartarnos de Él.

"Hay un antiguo refrán que dice: a olla que hierve, ninguna mosca se atreve. Bien lo podemos aplicar a las tentaciones contra la pureza. Si procuramos que nuestra alma arda en amor de Dios, alimentando ese fuego con la entrega en las cosas pequeñas de cada día, no habrá tentación capaz de apagarlo. Quien ama, cuida el amor, y no se expone imprudentemente a perderlo. No olvidemos, pues, el consejo del Apóstol: huid..., que nuestro Padre expresaba así: «No tengas la cobardía de ser "valiente": ¡huye!» (Camino, n. 132)" (Don Alvaro, Carta, 19-III-92, n. 28).

589 Cfr. Camino, 357.


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  • la moderación en la comida y bebida, dando al cuerpo algo menos de lo que pide;
  • guardar la vista: ver sin mirar, y cuidar los detalles de pudor y de modestia, en el vestir, etc.;
  • evitar las conversaciones sobre cosas impuras, ni siquiera para lamentarse: es materia más pegajosa que la pez590;
  • desechar las lecturas de libros, revistas o diarios inconvenientes;
  • no acudir a espectáculos inmorales, ni verlos por televisión. La regla de conducta no es hacer lo que hacen los demás. La naturalidad cristiana exige con frecuencia ir contracorriente;
  • tener la valentía de ser "cobardes": huir de las tentaciones contra la pureza, sin dialogar con ellas591;
  • ser muy sinceros en la dirección espiritual: es preferible hablar "antes" que "después";
  • olvidarse de sí mismo;
  • tener una gran devoción a María Santísima, Mater pulchrae dilectionis592.

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 2331-2400.

Lecturas recomendadas:

Homilía "Porque verán a Dios", en Amigos de Dios, nn. 175-189.

Cuadernos 4, (La Ley de Dios): "Sexto Mandamiento: La pureza cristiana", pp. 137-150.

Cuadernos 9, (Virtudes humanas): "Para saber amar", pp. 121-132.

590 Cfr. Camino, 131.

591 Cfr. Camino, 132.

592 En resumen, con palabras de nuestro Padre, comentadas por Don Alvaro:

"Os quiero enamorados, porque, si lo estáis, no me da miedo nada. ¡Seréis fíeles! Si vierais qué pena da ver que alguno, de cuando en cuando... ¡Ay, hijos míos!, parece que se les doblan los pies, que no hay quien los levante. Y todo por un motivo humano que se inventan... En fin, que no estaban enamorados" (De nuestro Padre, Tertulia, 7-I-1975).

"Es preciso vigilar, y así no habrá sorpresas. Os aseguro que quien procura evitar habitualmente las ocasiones previstas, las que puede prever, con la gracia de Dios no caerá en las imprevistas. Quien lucha para guardar los sentidos —no sólo la vista, sino también, por ejemplo, el oído—; el hijo mío o la hija mía que es prudente en el trato con las colegas o los colegas de trabajo, sin frivolidad o ligereza, sin ceder en lo que no es compatible con las exigencias del Amor, y no busca a toda costa hacerse el simpático o la simpática; quien se muestra sincero con Dios, consigo mismo y en la dirección espiritual para reconocer que se le ha metido un afecto que no es del Señor, y sigue los consejos para cortar radicalmente al inicio, con medios ordinarios o extraordinarios...; a esa hija mía o a ese hijo mío, no se le doblaran los pies: será fiel. En este terreno, como en cualquier otro, la infidelidad nunca llega de repente, sino que está precedida siempre por el enfriamiento del amor, y en la mayoría de los casos por la imprudencia" (Don Alvaro, Carta, 19-III-92, n. 28).