Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 31

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31. LOS DIEZ MANDAMIENTOS O DECÁLOGO.

EL PRIMER MANDAMIENTO DEL DECÁLOGO


Los diez mandamientos

a) Nuestro Señor Jesucristo ha enseñado que para salvarse es necesario cumplir los mandamientos. Cuando el joven rico le pregunta: "«Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?» (...) Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como «el único Bueno», como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robaras, no levantaras testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre». Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: «Amaras a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 19,16-19)" (Catecismo, 2052).

  • "Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más explícitamente al amor de Dios y los otros siete al amor del prójimo" (Catecismo, 2067). Sin embargo, el Decálogo forma una unidad indisociable. No se puede honrar a otro hombre sin bendecir a Dios su Creador, ni se puede adorar a Dios sin amar a todos los hombres que son sus creaturas (cfr. Catecismo, 2069).
  • Algunos mandamientos establecen lo que se debe hacer (p. ej., santificar las fiestas) y otros señalan lo que nunca es lícito (p. ej., matar a un inocente), es decir señalan algunos actos que son intrínsecamente malos en razón de su objeto moral, independientemente de cuales sean las intenciones de quien los realiza y de las circunstancias que los acompañan498.

498 Cfr. JUAN PABLO II, Enc. Veritatis splendor, (6-VIII-1993), 80.

"Los preceptos morales negativos tienen una importantísima función positiva: el «no» que exigen incondicionalmente marque el límite infranqueable más allá del cual el hombre libre no puede pasar y, al mismo tiempo, indica el mínimo que debe respetar y del que debe partir para pronunciar innumerables «sí» (...). Los mandamientos, en particular los preceptos morales negativos, son el inicio y la primera etapa necesaria del camino hacia la libertad: «La primera libertad —escribe San Agustín— es no tener delitos... como homicidio, adulterio, alguna inmundicia de fornicación, hurto, fraude, sacrilegio y otros parecidos. Cuando el hombre empieza a no tener tales


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  • En los mandamientos se contiene la substancia de la ley moral natural. Aunque esta ley está inscrita en el corazón de los hombres, su conocimiento ha sido oscurecido por el pecado original; oscurecimiento que se agrava por los pecados personales. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba la revelación de Dios (cfr. Catecismo, 2071).
  • La Nueva Ley de Cristo lleva a su plenitud la Antigua Ley: "No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas: no he venido a aboliría sino a darle cumplimiento" (Mt 5,17; cfr. Catecismo, 2053-54)499.

Amar a Dios sobre todas las cosas

  • Los deberes del hombre para con Dios se resumen en estas palabras: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas (Deut 6,5; cfr. Mt 22,37). Dios nos amó primero y nos ha creado para que le amásemos. Los demás mandamientos se ordenan a la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a Dios. "Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano" (I loann 4,19-21).
  • Aunque el amor a Dios sobre todas las cosas es un mandato de la ley natural, el hombre caído por el pecado no lo puede cumplir enteramente sin la ayuda de la gracia. Por medio de la caridad que derrama Dios en nuestros corazones (cfr. Rom 5,5), podemos amarle participando del mismo amor con que Él ama.

Creer, esperar y amar

El primero de los mandamientos abarca la fe, la esperanza y la caridad (virtudes teologales, que tienen directamente a Dios por objeto)500.

a) Vivir de fe. Toda la vida cristiana tiene su fuente en la fe en Dios Uno y Trino. Nuestro deber para con Dios es creer y confiar plenamente en Él, y dar testimonio de Él. El primer mandamiento nos pide que aumentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella.

Pecados contra la fe:

delitos (el cristiano no debe tenerlos), comienza a levantar la cabeza hacia la libertad; pero ésta es una libertad incoada, no es perfecta» (In loann. Ev. Tract., 41,10)" (JUAN PABLO II Enc. Evangelium vitae, (25-III-1995), 75).

499 "Jesús muestra que los mandamientos no deben ser entendidos sólo como un límite mínimo que no hay que sobrepasar, sino como una senda abierta para un camino moral y espiritual de perfección, cuyo impulso interior es el amor (cfr. Col 3,14). Así el mandamiento «No matarás», se transforma en la llamada a un amor solícito que tutela e impulsa la vida del prójimo (...). «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ente el tribunal». (Mt 5,21-22)" (JUAN PABLO II, Enc. Veritatis splendor, (6-VIII-1993), 15).

500 Cfr. tema 28, n. 4.


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  • La incredulidad y el indiferentismo religioso (menosprecio de la verdad revelada), la herejía (negación obstinada de una verdad de fe), la apostasía (rechazo total de la fe) y el cisma (rechazo de la sujeción al Romano Pontífice, Cabeza visible de la Iglesia) (cfr. Catecismo, 2089).
  • Admitir dudas voluntarias contra la fe, o dar crédito a supersticiones, o a doctrinas que se oponen a la fe501.
  • Poner voluntariamente en peligro la fe. Por ejemplo con la lectura de libros erróneos o peligrosos que atenían contra la fe o la moral, o bien exponiéndose innecesariamente a influencias negativas para la fe o las costumbres502.

b) La esperanza nos lleva a confiar plenamente en la ayuda de Dios, ya que si nosotros no abandonamos la lucha para comportarnos como hijos suyos (comenzar y recomenzar), Él, en su omnipotencia e infinita misericordia, nos concederá la eterna bienaventuranza. Por eso, la esperanza impulsa fuertemente a obrar como Dios quiere, y a evitar el pecado que nos aleja de Él (cfr. Catecismo, 2090).

Pecados contra la esperanza:

  • La desesperación: desesperar de la propia salvación y dejarse dominar por la desconfianza en la misericordia divina (cfr. Catecismo, 2091).
  • La presunción: la confianza en que la misericordia divina perdonará los pecados sin conversión, contrición ni absolución sacramental (cfr. Catecismo, 2092).
  • También es contrario a esta virtud poner la esperanza última en algo fuera de Dios (p. ej. en la autorredención del hombre por el "progreso" indefinido económico- social, etc.).

c) La caridad. La virtud teologal de la caridad es la forma de todas las demás virtudes, las cuales sin el amor no son virtudes vivas (es decir, no unen efectivamente con Dios: cfr. I Cor 13,1-13). La plenitud de la caridad es plenitud de la vida cristiana: vinculum perfectionis (Colos 3,14).

Amar a Dios es cumplir positivamente su Voluntad (no sólo evitar lo que es contrario a su Ley). Una manifestación importante de este amor es el trabajo, que — cuando se lleva a cabo con rectitud de intención— responde al designio creador de Dios para con el hombre. "El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor"503.

Pecados contra la caridad hacia Dios:

— Cualquier pecado es siempre una falta de amor a Dios, grave o leve. "Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. La indiferencia descuida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza. La ingratitud omite o se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor.

501 A veces, estas teorías que se oponen a la fe tratan de presentarse como "científicas". Sin embargo, no puede haber oposición entre la ciencia y la fe (cfr. tema 3, n. 2, d). Puede suceder, en cambio, que esas supuestas contradicciones sean fruto de la precipitación o de la ignorancia. Suele decirse que "poca ciencia aparta de Dios, y mucha ciencia acerca a Él".

502 De ahí, por ejemplo, la responsabilidad de los padres al elegir la escuela para sus hijos, los lugares de descanso, el uso que hacen de la televisión, etc.

503 Es Cristo que pasa, 48.


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La tibieza es una vacilación o negligencia en responder al amor divino; puede implicar la negación a entregarse al movimiento de la caridad. La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino. El odio a Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas" (Catecismo, 2094).

La virtud de la religión

a) La virtud de la religión nos dispone a dar a Dios lo que le debemos (cfr. Catecismo, 2095).

b) Los actos de la virtud de la religión (actos de culto) son:

  • La adoración. Es el acto por el que testimoniamos a Dios la máxima reverencia y sumisión a Él como Creador y Salvador nuestro. Es la actitud más fundamental de la criatura humana ante Dios. Actitud que libera de las diversas formas de idolatría, que llevan a la esclavitud.
  • La oración: es la elevación de la mente a Dios para alabarle, darle gracias y pedirle lo que necesitamos. Somos hijos de Dios y por tanto la oración no es más que una conversación confiada con nuestro Padre que está en los Cielos.
  • El sacrificio: es el ofrecimiento o entrega a Dios de cosas sensibles (ofrendas) en homenaje suyo y como signo de sujeción. El sacrificio exterior expresa el sacrificio interior, que es la sumisión de la voluntad: la obediencia. Cristo nos redimió por el Sacrificio de la Cruz, que manifiesta su perfecta obediencia hasta la muerte. Los cristianos, como miembros de Cristo, podemos corredimir con Él, uniendo nuestros sacrificios al suyo, en la Santa Misa (cfr. Catecismo, 2100).
  • Promesas y votos. "En varias circunstancias, el cristiano es llamado a hacer promesas a Dios. El bautismo y la confirmación, el matrimonio y la ordenación las exigen siempre. Por devoción personal, el cristiano puede también prometer a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, etc. La fidelidad a las promesas hechas a Dios es una manifestación de respeto a la Majestad divina y de amor hacia el Dios fiel" (Catecismo, 2102)504.

c) El culto que se debe solamente a Dios se llama culto de latría o de adoración. El culto a los Ángeles y a los Santos se llama culto de dulía o de veneración505. El culto con el que se honra a la Santísima Virgen se llama culto de hiperdulía.

d) La virtud de la religión lleva también a un profundo respeto, reverencia y veneración hacia las realidades sagradas. "Las cosas santas han de tratarse santamente, y santos son, por su dedicación al servicio divino, todos los objetos del culto. No os

904 El voto es una "promesa deliberada y libre hecha a Dios acerca de un bien posible y mejor" (C.I.C., can. 1191, §1). "El voto es un acto de devoción en el que el cristiano se consagra a Dios o le promete una obra buena" (Catecismo, 2102). En términos generales, cuando se habla de votos, se está haciendo referencia a los que son característicos del estado religioso.

505 Por ejemplo, desde los primeros tiempos la Iglesia ha venerado con gran devoción las reliquias de los Santos (cfr. CONCILIO VATICANO II, Const Sacrosanctum Concilium, 111), porque su cuerpo ha sido templo del Espíritu Santo en esta tierra, instrumento de Cristo para corredimir, y resucitará glorioso en el último día.


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acostumbréis, aunque pasen los años: habéis de mantener siempre ante esos objetos — qué son especialmente del Señor— como una actitud de asombro, un respeto delicado; y habéis de esmeraros en su conservación y en su limpieza"506. Ofrecer a Dios lo mejor es una conducta que fue alabada expresamente por Jesús (cfr. Mí 26,6-13). Nuestro Fundador nos ha dado ejemplo de amor a Dios destinando al culto lo mejor de que disponía507.

— La Iglesia también ha enseñado siempre la conveniencia de las imágenes devotas, para el culto (cfr.Catecismo, 1158,1161).

e) Culto exterior y público. La ley moral, inscrita en el corazón del hombre, prescribe "dar a Dios un culto exterior, visible, público"508.

— El culto a Dios (y el que se rinde a la Santísima Virgen, a los Ángeles y a los Santos) es un acto interior; pero se ha de manifestar exteriormente, porque al espíritu humano "le resulta necesario servirse de las cosas materiales como de signos mediante los cuales sea estimulado a realizar esas acciones espirituales que le unen a Dios"509.

— Además, "la misma naturaleza social del hombre exige que éste manifieste externamente los actos internos de religión (...) y que profese su religión de forma comunitaria"510. "Se hace injuria a la persona humana si se le niega el libre ejercicio de la religión en la sociedad, siempre que quede a salvo el justo orden público (...). La autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer la vida religiosa de los ciudadanos y favorecerla"511.

— Estas consideraciones relativas al carácter externo y público que debe tener el culto, explican que se pueda hablar con propiedad de una urbanidad en la piedad, en y fuera de la liturgia512.

f) Pecados contra la virtud de la Religión: superstición, idolatría, adivinación y magia, irreligión, ateísmo (p.ej., todos los materialismos y, en especial, el marxismo), agnosticismo, tentar a Dios, sacrilegio y simonía (cfr. Catecismo, 2111-2128)

La libertad religiosa

a) Todo hombre tiene obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella. Sólo hay una verdadera religión y una verdadera Iglesia: la Católica. Por eso, no da lo mismo profesar cualquier religión. Todos los hombres son destinatarios del Evangelio y han de ser ayudados a conocer la verdad por medio del diálogo, la enseñanza y la oración de los cristianos; pero no pueden ser coaccionados: la dignidad de la persona exige el respeto de su libertad. La verdad no se impone por la fuerza. De ahí que exista en el ámbito so-

306 De nuestro Padre, Carta, 29-VII-1965, n. 44.

507 Cfr. Camino, 527.

508 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, q. 122, a. 4, c. Cfr. Catecismo, 2176.

509 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, q.81, a.7, c.

510 CONCILIO VATICANO II, Decl. Dignitatis humanae, 3.

511 Ibidem.

512 Cfr. Camino, 541.


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cial y civil un derecho a la libertad religiosa, que se funda en la dignidad de persona humana (cfr. Catecismo, 2104-2106)513.

b) El Estado y la sociedad no pueden impedir que cada uno actúe en este campo según el dictado de su conciencia, tanto en privado como en público, siempre que respete los justos límites que se derivan de las exigencias de bien común y que deben ser ratificados por la autoridad civil con normas jurídicas conformes al orden objetivo moral (cfr. Catecismo, 2109)514.

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 2064-2132.

Lecturas recomendadas:

Homilía "Con la fuerza del amor", en Amigos de Dios, nn. 222-237.

Cuadernos 4, (La Ley de Dios): "El Amor divino", pp. 17-28; "Primer Mandamiento (I): Adoración y oración", pp. 29-44; "Primer Mandamiento (II): Reverencia y culto a Dios", pp. 45-60.

513 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Declar. Dignitatis humanae, 2-6.

514 Exigencias del bien común, que constituyen limites al ejercicio de la libertad religiosa, son, por ejemplo, la paz pública, el orden público y la moralidad pública (cfr. CONCILIO VATICANO II, Declar. Dignitatis humanae, 7).