Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 7

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APARTADO II Charla n° 7

I. Obstáculos que pueden presentarse en el camino

"En el mundo tendréis tribulaciones, pero confiad: yo he vencido al mundo" (Ioh 16,53; cfr. Act 14,22). Además, "una tribulación pasajera y liviana, produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria" (2 Cor 4,13). El Señor .nos ha dicho; Noli timere, guia redemi te, et vocavi te nomine tuo, meus es tu (Is 43,1; cfr. Rom 8,35-39). Las contradicciones son prueba del amor de Padre que Dios nos tiene: "El oro se prueba con el fuego, y los hombres gratos a Dios en el crisol de la tribulación" (Eccli 2,5).

Con la vocación, el Señor nos da los medios para vencer cualquier obstáculo.

Tentaciones: "No os preocupe si, en los momentos más estupendos de vuestra vida, viene el pensamiento -que podéis confundir con un deseo, pero no lo es- de las brutalidades mayores que es posible imaginar. Os echáis a reír: ¡me trata Dios como, a un santo! No tienen importancia ninguna: ¡contentos, a luchar de nuevo! (...) No os hagáis la ilusión de que, a la vuelta del tiempo, vais a ser de pastaflora. Seréis siempre criaturas que experimentan esa lucha entre lo material y lo espiritual" (De nuestro Padre). Somos de barro de botijo. Beatus vir, qui suffert tentationem... (Iac 1,12).Si luchamos con decisión, nos acercan más a Dios. Acudir enseguida a la Virgen. Nos basta la gracia de Dios.

Posibles caídas. Nunca un hijo está tan sucio que su madre no lo pueda limpiar: nuestra Madre del Cielo y nuestra Madre la Obra. "Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida" (Camino, n. 211). "Si perseveras, subirás" (Camino, n. 911).

Desánimo: "yo no sirvo". Ninguno serviría si Dios no le llamase. La desproporción entre nuestras fuerzas y la misión recibida es garantía de que la gracia de Dios no nos ha de faltar: "no te faltará la gracia de Dios, porque ,,ya te ha dado la gran gracia de la vocación, de la llamada, escogiéndote desde la eternidad. Y si te ha hecho esta gracia, te hará todas las gracias que hagan falta para que le seas fiel como hijo suyo, como hijo de Dios en el Opus Dei" (De nuestro Padre).

3. En Casa tenemos toda la farmacopea precisa para curar cualquier enfermedad del alma.

Confianza en Dios, que no pierde batallas: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?" (Rom 8,35). Dominus illuminatio mea et salus mea, quem timebo? Somos hijos de Dios, amados con predilección.

Humildad, para reconocer nuestras miserias, sin excusas. Contrición llena de amor, como San Pedro. Esperanza –lejos de la desesperación de Judas- en la eficaz acción de la gracia:

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las lañas.

c) Sencillez: "nuestra ascética tiene la sencillez del Evangelio, la complicaríamos si fuéramos complicados, si dejásemos el corazón oscuro, si no fuese absoluta nuestra sinceridad" (De nuestro Padre). (cfr. Camino, n. 305). Hablar antes, con sinceridad salvaje; cuando sea preciso. Sinceridad es decir toda la verdad. De lo contrario, no podríamos perseverar. "Vergüenza sólo para pecar". Decir primero -corriendo- lo que más cuesta. La sinceridad, ejercida continuamente, nos hace veraces y humildes, fieles.

4. La vocación es escudo, armadura poderosa, en la que nos metemos "como los guerreros antiguos se metían dentro de su armadura: la vocación es nuestra defensa" (De nuestro Padre). "Precisamente el saber que tenemos vocación -hemos venido, porque nos llamó el Señor; si no, nuestra presencia en la Obra no tiene explicación humana- es la certeza más grande de nuestra fidelidad" (De nuestro Padre). "Cuando viene la dificultad y la tentación, el demonio más de una vez nos quiere hacer razonar así: como tienes esta miseria, es señal de que Dios no te llama, no puedes seguir adelante. Pero nosotros debemos pensar: como tengo vocación, a pesar de esta miseria, con la gracia de Dios, saldré adelante" (De nuestro Padre).

5. La Obra nos ayudará siempre a salir adelante; confiar en los Directores. No estamos solos en la lucha por la santidad. Los Directores nos comprenden, rezan y ofrecen mortificaciones, se desviven con el afán de ayudarnos a ser santos.

6. Evangelio del Buen Pastor: Ioh 10,1-8. "¿Sabéis -nos dice nuestro Padre- quién es, para mis ovejas, el Buen Pastor? El que tiene misión dada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei no está dispuesta para ser el pastor de mis ovejas, aunque sean buenos pastores de otras ovejas y aunque sean santos" (De nuestro Padre).

En consecuencia, evitamos las confidencias de vida interior o de preocupaciones personales con otras personas que no tengan esa misión, aunque sean miembros de la Obra.

"Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Y está dispuesto que, al menos, hay que ir a ellos para recibir la bendición. Podéis ir a confesaros con cualquier sacerdote que tenga licencias del Ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos tienen libertad para confesarse con cualquier sacerdote aprobado por el Ordinario, y no está obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho. ¿Uno que haga esto peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Está en camino de escuchar la voz del mal pastor" (De nuestro Padre). La ropa sucia se lava en Casa.

II. Plan de vida. Santa Misa

1. En la Santa Misa se renueva sacramentalmente el Sacrificio del Calvario, y se realiza la obra de nuestra Redención. Nos incorporamos y participamos en el perenne Sacrificio de Cris-

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to: el Señor hace suyo nuestro pequeño sacrificio y nosotros hacemos nuestro su sacrificio infinito. Es "el centro y raíz de la vida espiritual del cristiano" (Es Cristo que pasa, n. 87)-.

La Santa Misa centra toda nuestra vida y le confiere valor inmenso.

De la Santa Misa obtenemos toda la energía espiritual necesaria para alcanzar las altas metas de nuestro camino.

2. Consejo que nos ha dado nuestro Padre: dividir la jornada en dos partes: por la mañana, dar gracias al Señor por haberle recibido; por la tarde, prepararse para la Santa Misa del día siguiente.

Intensificar la preparación en el tiempo de la noche. No acostumbrarse; es útil seguir las oraciones con el misal. Dialogar la Misa con pausa y atención; cuidar la postura y otros detalles de delicadeza y urbanidad de la piedad.

Unirse habitualmente a las intenciones de la Misa del Padre.

3. Después de la Santa Misa dedicamos diez minutos a la acción de gracias. Momentos llenos de adoración, amor, gratitud y petición confiada. A continuación, en nuestros oratorios, se recita el Trium puerorum, que se puede omitir cuando se ha rezado el Salmo II,el Quicumque o el Adoro Te devote.

III. Comentario a las Preces (III)

Deus cui proprium est...: confiados en la misericordia de Dios, pedimos que el Espíritu Santo encienda con su fuego de amor nuestras almas, a fin de que le podamos servir con cuerpo casto y corazón limpio; que el Señor sea el principio y el fin de todas nuestras acciones, de modo que nuestra intención se encamine derechamente a la gloria de Dios.

Pedimos el gaudium cum pace: la alegría, consecuencia de la entrega plena al querer de Dios; y la paz, consecuencia de la lucha interior por ser cada día más fieles.

3- Como es mucho lo que debemos purificar y reparar, pedimos un tiempo de verdadera penitencia, con el propósito de aprovecharlo entero.

4- La gracia y el consuelo del Espíritu Santo alientan la perseverancia en el camino emprendido, que es y será siempre un don inmerecido garante de la perseverancia final. La fe, la esperanza y el amor se reúnen en esta petición cotidiana.

5- La invocación a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles es el fruto de una moción interior de nuestro Fundador, en los primeros días de octubre de 1932.