Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 5

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APARTADO II Charla n° 5


I. El trabajo y las circunstancias de la vida ordinaria, medios de santificación

El hombre ha sido creado ut operaretur (Gen 2,15)- "Tenemos una enfermedad crónica en el Opus Dei, que es el trabajo. Una enfermedad contagiosa, incurable y progresiva" (De nuestro Padre).

El trabajo es el quicio, el eje de nuestra santificación. "Vuestra vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina" (Es Cristo que pasa, n. 46). Vocación divina y vocación humanase entrecruzan en unidad de vida. El conjunto de aptitudes y circunstancias personales que determinan la vocación humana es asumido por la vocación divina, que la penetra e ilumina, manifestando su íntimo sentido sobrenatural. El trabajo es medio, camino y materia de la santidad que el Señor nos pide. Santificar la profesión, santificarse en la profesión, santificar con la profesión.

Para santificar la profesión, hemos de realizar el trabajo "con perfección humana y con perfección cristiana" (Conversaciones , n. 10): es decir, con competencia profesional y por amor a la Voluntad de Dios y en servicio de los hombres.

a) Parte esencial de la santificación del trabajo ordinario es la buena realización del trabajo mismo, la perfección también humana, el buen cumplimiento de todas las obligaciones profesionales y sociales. "No podemos ofrecer al Señor algo que, dentro de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente también en los mínimos detalles (...) el trabajo de cada uno, esa labor que ocupa nuestras jornadas y energías, ha de ser una ofrenda digna para el Creador, operatio Dei, trabajo de Dios y para Dios: en una palabra, un quehacer cumplido, impecable" (Amigos de Dios, n. 55).

No ser chapuceros. Acabar las cosas. "De modo que si un zapatero arregla bien los zapatos, puede ser del Opus Dei; si los arregla mal, no puede ser del Opus Dei. Y un profesor, si enseña bien, puede ser del Opus Dei. Y un comerciante, un industrial, un obrero del campo o de una fábrica; un guardia de la circulación o un guardia suizo, lo mismo" (De nuestro Padre).

b) "Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo" (Camino, n. 359)- Hacerlo todo para la gloria de Dios (cfr. 1 Cor 10,31). "El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor" (Es Cristo que pasa, n. 48). Trabajar y vivir con afán de servicio: "Servir a Dios, y por amor a Dios, servir con amor a todas las criaturas de la tierra, sin distinción de lenguas, de razas, de naciones o de creencias; sin hacer ninguna de esas diferencias que los hombres, con más o menos falsía, señalan en la vida de la sociedad" (De nuestro Padre).

c) El trabajo es ocasión de actualizar las virtudes

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cristianas: la fe, la esperanza, la caridad; la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza; la humildad y el desprendimiento verdadero de los bienes temporales y de las glorias humanas .

De este modo, el trabajo es oración cuajada en obras, diálogo incesante con nuestro Padre Dios, que se nutre de las más diversas incidencias de la tarea diaria.

No se santificaría el trabajo si no fuese anzuelo para pescar almas. "El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que el Espíritu Santo derrama en las almas" (Es Cristo que pasa, n. 49).

La santificación del trabajo y de las circunstancias en la vida ordinaria supone el esfuerzo por conseguir un orden que permita el máximo aprovechamiento del tiempo, para dar a Dios toda la gloria posible. A quien le sobrara tiempo, le sobraría también tibieza. El orden permite la compatibilidad del estudio y el trabajo con el cumplimiento fiel y sosegado de la Normas; y también con los encargos internos, que deben realizarse con sentido sobrenatural y mentalidad profesional.

II. Plan de vida: ofrecimiento de obras

Comenzamos la jornada con el ofrecimiento de obras: después de levantarnos puntualmente, viviendo el minuto heroico, hacemos una ofrenda de amor y de servicio -serviam! -, de todo cuanto somos y podemos.

Es recomenzar una vez más, con ilusión nueva, la lucha por la santidad. Besar el suelo -o hacer una inclinación profunda, puestos de rodillas-, y decir serviam!: manifestación de humildad y de deseo de servicio.

Momento para recordar los propósitos del examen de la noche anterior.

Conveniencia de renovar el ofrecimiento frecuentemente a lo largo del día.

III. Comentario a las Preces (I)

Las Preces son una oración de toda la Obra, la oración oficial de la Obra, que reza con la boca y el corazón de sus miembros; por lo tanto, de gran fuerza delante de Dios. Ningún miembro de la Obra ha de dejar de rezarlas diariamente.

Se rezan en latín, con pronunciación romana, para reforzar aún más la unidad. Es también una industria humana eficaz para actualizar y agradecer a Dios los estrechos vínculos sobrenaturales que nos unen a todos nuestros hermanos de las más diversas lenguas.

3- Poner mucho amor. A nuestro Padre le dolía mucho cualquier distracción. Rezarlas con pausa y atención.