Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 4

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APARTADO II Charla nº 4

I. Unidad de vida

La unidad de vida "es fundamento de la peculiar fisonomía de nuestra familia sobrenatural" (De nuestro Padre). Nuestro obrar debe seguir -con sencillez y coherencia- a nuestro ser de hijos de Dios. La filiación divina lleva a tratar incesantemente a Dios, a trabajar por amor, a hacer apostolado, sin compartimentos estancos. Unidad de vida en las actividades ascéticas, apostólicas, profesionales y familiares. Apartarse "de la tentación, tan frecuente (...) de llevar como una doble vida: la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas" (Conversaciones, n 114).

Lo que hace posible la unidad de vida es el fiel cumplimiento de las Normas. Una persona piadosa cumple su deber; procura cumplir en todo momento la voluntad de Dios, dirigirlo todo a la gloria de Dios. Rectificar la intención; eliminar egoísmos. Trabajar por amor y sin espectáculo, imitando a Jesucristo en sus treinta años de vida oculta (cfr. Es Cristo que pasa, nn. 15 y 20), viviendo con naturalidad.

Como la de Cristo en Nazaret, "nuestra vida es trabajar y rezar, y al revés, rezar y trabajar. Porque llega el momento en que no se saben distinguir estos dos conceptos, esas dos palabras, contemplación y acción, que terminan por significar lo mismo en la mente y en la conciencia" (De nuestro Padre). "La acción es contemplación y la contemplación es acción, en unidad de vida" (De nuestro Padre).

Hemos de ser contemplativos en medio del mundo, sabiendo descubrir ese "algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes" (Conversaciones, n. 114). Así, "en todas las ocupaciones, en cualquier actividad, se nos levanta el alma hasta Dios (...), manteniendo un coloquio, una conversación amorosa con Nuestro Padre Celestial y con la Virgen Santísima, nuestra Madre" (De nuestro Padre).

El amor de Dios que llevamos en el alma se materializa (cfr. Conversaciones, n. 114) en obras bien hechas y el que hacer humano adquiere un valor sobrenatural maravilloso. Virtud superior a la del rey Midas, que, según la leyenda, convertía en oro cuanto tocaba.

La unidad de vida conduce también a convertir el trabajo en medio de apostolado. Sin alterar su fin y leyes naturales, el valor del trabajo se enriquece y eleva. Como explicaba nuestro Padre, no hacemos del apostolado una profesión, sino de la profesión, medio de apostolado.

3. Alcanzar la unidad de vida exige lucha ascética, espíritu de sacrificio, correspondencia a la gracia. "No querría ninguna obra, ninguna labor, si mis hijos no mejorasen en ella. Yo

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mido la eficacia y el valor de las obras por el grado de santidad que adquieren los instrumentos que las realizan" (De nuestro Padre).

4. Así conseguimos como una segunda naturaleza, con "el instinto sobrenatural de purificar todas, las acciones, de elevarlas al orden de la gracia, de santificarlas y de convertirlas en instrumento de apostolado" (De nuestro Padre). Con naturalidad, sin rarezas, somos Cristo que pasa por el camino normal de los hombres.

"Con este afán de contemplación en medio del mundo -en medio de la calle: al aire, al sol, bajo la lluvia-, no sólo os dominará el deseo de permanecer en la tarea temporal, de no alejaros de las realidades terrenas, sino que os arrastrará el afán apostólico de penetrar valientemente en todas esas estructuras seculares, para desentrañar las exigencias divinas que contienen; para enseñar que la fraternidad de los hijos de Dios -la fraternidad humana tiene sentido sobrenatural- es la gran solución que se ofrece a los problemas del mundo..." (De nuestro Padre).

II. Plan de vida: importancia

Nuestro camino está perfectamente señalado: esculpido. Los medios precisos para alcanzar nuestro fin -santidad y apostolado- nuestras Normas y Costumbres. "El me dio a mí los medios concretos para ser santos en nuestro camino del Opus Dei, y la Iglesia aprobó esos medios" (De nuestro Padre).

Ninguna es superflua. Todas son necesarias. Se adaptan a nuestra vida como un guante a la mano. Están "acomodadas y dispuestas para hombres y mujeres que trabajan en medio del mundo, desempeñando una actividad profesional" (De nuestro Padre). "Viviendo bien las Normas, estaremos siempre pendientes de Dios, y de los demás por Dios: nos olvidaremos de nosotros mismos, seremos contemplativos. Y esto nos llevará, a su vez, a cumplir con más amor y con mayor fidelidad nuestras Normas de vida" (De nuestro Padre).

3- En consecuencia, las Normas son lo primero (De nuestro Padre). Porque son lo primero, siempre hay tiempo para cumplirlas. "Hijas e hijos míos, si alguna vez el trabajo -aun disfrazado de celo apostólico- os impidiese cumplir con amorosa fidelidad las Normas de nuestro plan de vida, ya no estaríais haciendo el Opus Dei: lo vuestro entonces sería obra del demonio" (De nuestro Padre).

4- No es pecado, ni siquiera leve, dejarlas de cumplir, "pero hay que decirlo al Director, cuando se descuida alguna, incluso la más pequeña. Y hay que cumplirlas, porque está establecido que se hagan. Si eres fiel al plan de vida todos los días, nos veremos allá arriba, en el corazón de Dios. ¡Qué maravilla! "(De nuestro Padre). Si su incumplimiento se hace "con desprecio formal, o con fin no recto, o mueve a escándalo, o pudiera con- tribuir a la relajación de nuestro espíritu, lleva consigo pecado contra las correspondientes virtudes" (De nuestro Padre).

5. Cumplirlas amorosamente; no "con la mentalidad del

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cumplo y miento" (Del Padre), sino de modo que cada una sea un encuentro mas intimo con Dios. Si alguna vez nos sentimos fríos y desganados, es necesario también cumplirlas con amorosa fidelidad, aunque parezca una comedia. Dios es nuestro espectador.

III. Oración y mortificación por el Padre

El cariño al Padre se mide, sobre todo, por la generosidad en la oración y mortificación por su persona e intenciones. Es Costumbre nuestra rezar alguna oración y hacer una mortificación por el Padre cada día. Si nos olvidáramos alguna vez, al llegar al examen de la noche, habríamos de rezar por el Padre una breve oración, antes de acostarnos.;

Es un gustoso deber de correspondencia. "Pensad siempre en vuestro prójimo: y el primero, para vosotros, es el Padre: rezad mucho por mí, hijos" (Del Padre).,

Para acertar en lo que más conviene pedir a Dios en cada momento, nos unimos siempre a las intenciones del Padre.