Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 29

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APARTADO II Charla nº 29


I. Cristianos corrientes

La vocación al Opus Dei no saca a nadie de su sitio: "Somos gente de la calle. En medio del mundo, iguales entre nuestros iguales, entre todo tipo de personas, con los brazos abiertos a todas las almas, siendo luz y sal, sin ningún distintivo externo, que no tenemos por qué llevar: sólo hay una diferencia, que es interior, del alma: la vocación, que el Señor nos ha dado" (De nuestro Padre). El ejemplo de los faroles iguales: la vocación ha encendido una luz maravillosa.

La llamada divina no altera en absoluto nuestra situación ante la Iglesia y la sociedad civil: no cambiamos de estado. Los del Opus Dei "no son unos religiosos -para poner un ejemplo- que, llenos de santo celo, ejercen de abogados, médicos, ingenieros, obreros, etc., sino que son sencillamente abogados, médicos, ingenieros, obreros, etc., con toda su ilusión profesional y sus mentalidades características, para quienes su profesión, y naturalmente su vida toda, adquiere un pleno sentido y una más plena significación cuando se la dirige totalmente a Dios y a la salvación de las almas" (De nuestro Padre). Los hombres y las mujeres del Opus Dei "son sencillamente ciudadanos iguales a los demás, que se esfuerzan por vivir con seria responsabilidad -hasta las últimas conclusiones- su vocación cristiana" (Conversaciones, n. 118).

3. "Nosotros no presentamos a los laicos como modelo la santidad de un sacerdote o de un religioso, sino que decimos a cada uno -a todas las mujeres y a todos los hombres- que allí donde está puede adquirir la perfección cristiana: y no una perfección secundaria, porque no es la perfección de los laicos una mala y triste imitación de la santidad del religioso o del sacerdote" (De nuestro Padre).

Al recibir la vocación, nuestra mentalidad sigue siendo laical, por lo que no nos sentimos eximidos de cumplir todos los deberes que obligan a los demás ciudadanos -y también a nosotros-, sino que procuramos cumplirlos con la mayor perfección posible. Del mismo modo, ejercemos también -"¡a diario!, no sólo en situaciones de emergencia"- nuestros derechos (cfr. Conversaciones, n. 117)

"Nada distingue a mis hijos de sus conciudadanos. En cambio, fuera de la fe, nada tienen en común con los miembros de las congregaciones religiosas. Amo a los religiosos y venero y admiro sus clausuras, sus apostolados, su apartamiento del mundo -su contemptus mundi-, que son otros signos de santidad en la Iglesia".Pero Señor no me ha dado vocación religiosa, y desearla para mí sería un desorden. Ninguna autoridad en la tierra me podrá obligar a ser religioso, como ninguna autoridad puede forzarme a contraer matrimonio. Soy sacerdote secular: sacerdote de Jesucristo, que ama apasionadamente el mundo" (Conversaciones, n. 118).

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6. "El fenómeno pastoral del Opus Dei es algo que nace desde abajo, es decir, desde la vida corriente del cristiano que vive y trabaja junto a los demás hombres. No está en la línea de una mundanización -desacralización- de la vida monástica o religiosa; no es el último estadio del acercamiento de los religiosos al mundo ( ) Repito que esta perfección -que busca el socio del Opus Dei- es la perfección propia del cristiano, sin más; es decir, aquella a la que todo cristiano está llamado y que supone vivir íntegramente las exigencias de la fe (...) El camino de la vocación religiosa me parece bendito y necesario en la Iglesia, y no tendría el espíritu de la Obra el que no lo estimara. Pero ese camino no es el mío, ni el de los socios del Opus Dei. Se puede decir que, al venir al Opus Dei, todos y cada uno de sus socios lo han hecho con la condición explícita de no cambiar de estado. La característica específica nuestra, es santificar el propio estado en el mundo, y santificarse cada uno de los socios en el lugar de su encuentro con Cristo: éste es el compromiso que asume cada socio, para realizar los fines del Opus Dei" (Conversaciones, n. 62).

7- Una consecuencia práctica es que "nuestra vida es la calle: nuestra celda es la calle: nosotros debemos sentirnos incómodos, cuando no estamos -sal y luz de Cristo- en medio de la gente" (De nuestro Padre).

Otra: "Debes ir vestido de acuerdo con el tono de tu condición, de tu ambiente, de tu familia, de tu trabajo, como tus compañeros, pero por Dios, con el afán de dar una imagen auténtica y atractiva de la verdadera vida cristiana. Con naturalidad, sin extravagancias: os aseguro que es mejor que pequéis por carta de más que por carta de menos" (Amigos de Dios, n.122). "Te diría, en pocas palabras, que hemos de ir con la ropa limpia, con el cuerpo limpio y, principalmente, con el alma limpia" (ibid., n. 121).

Hemos de estar allí donde se originan los acontecimientos sociales, culturales, políticos, etc., para que todas las realidades humanas estén informadas, desde su comienzo, por el espíritu de Cristo, que es espíritu de servicio, de libertad con responsabilidad, de justicia y de caridad.

II. Sentido de responsabilidad

Hemos recibido muchos y muy valiosos talentos. De cómo negociemos con ellos, habremos de dar cuenta al Señor (cfr. Lc 12,48).

Sea cual sea la edad con la que se llega a Casa, se posee la madurez suficiente para sentir la responsabilidad de sacar la Obra adelante. "De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes" (Camino, n. 755)- Somos eslabones de una maravillosa cadena. "Procurad ser fuertes como el acero. Eslabones espléndidos, seguros, brillantes como el oro delante de Dios" (De nuestro Padre).

Mesura, serenidad, fortaleza: "tendrás todo esto, siendo joven, si no me pierdes el sentido sobrenatural de hijo de Dios, porque El te dará, más que a los viejos, esas condiciones

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convenientes para hacer tu labor de apóstol" (De nuestro Padre). De este modo se cumplen las palabras del Salmo 118: super senes intellexi, guia mandata tua quaesivi.

III. Criterios sobre viajes

Como un padre de familia numerosa y pobre, evitamos desplazamientos innecesarios, gastos superfluos, pérdidas de tiempo.

Consultarlos con antelación. Cuando se va a un Centro de la Obra en otra ciudad o país, se lleva una carta de presentación.

Prever las circunstancias, para poder cumplir con sosiego las Normas de nuestro plan de vida y recibir los medios deformación: Círculo, Charla fraterna, etc.