Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 27

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APARTADO II Charla nº 27


I. Cosas pequeñas

1. El valor de las cosas depende:

De que se ajusten al querer de Dios. Sólo vale lo que se halla dentro del designio de Dios sobre sus criaturas.

Del modo en que se realizan. No basta con que lo que se haga sea bueno; se requiere el esfuerzo por que esté perfectamente cumplido, acabado, pulido en todos los detalles. Jesucristo "todo lo hizo bien” (Mc 7,37). Las chapuzas no valen a los ojos de Dios.

Del Amor con que estén hechas. "Un pequeño acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!" (Camino, n. 814). ¿De qué serviría presentar al Señor una obra de arte hecha sin amor? Pero el amor se manifiesta también en el cuidado de los detalles, de las pequeñas cosas. El amor divino, como el amor humano, se manifiesta en cosas pequeñas (cfr. Camino, n. 824)

Hechas por amor, aun las más pequeñas -acciones son de gran valor ante Dios. -"La santidad 'grande' está en cumplir los 'deberes pequeños' de cada instante" (Camino, n. 817). No es poco, porque "la perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo" (Camino, n. 813). En ese conjunto de pequeñas cosas que constituye nuestra vida ordinaria, "Dios Nuestro Padre nos da la ocasión de ejercitarnos en todas las virtudes, de practicar la caridad, la fortaleza, la justicia, la sinceridad, la templanza, la pobreza, la humildad, la obediencia..." (De nuestro Padre).

En la vida espiritual, el cuidado de las cosas pequeñas expresa el cariño y es sal que evita la rutina. Importancia, pues, de la puntualidad en el cumplimiento de las Normas y Costumbres; de escoger el momento y el lugar más oportunos; de procurar que nunca falten las invenciones de amor, las "pequeñas niñadas", que "son pequeñas obras de maravilla delante de Dios, y, mientras no se introduzca la rutina, serán desde luego esas obras fecundas, como fecundo es siempre el Amor" (Camino, n. 859; cfr. 897 y 899).

En el trato con nuestros hermanos y con los demás, el cuidado de las cosas pequeñas es lo que hace grata la convivencia y amable el camino de la santidad. Es la delicadeza extrema en el trato mutuo, el buen humor, la sonrisa habitual, la conversación amable, la ayuda que quizá pasa inadvertida. Y "¡Ese cerrar la puerta con amor! Porque no podemos desentendernos de los detalles de la casa, a la hora del sol, hay que entornar las ventanas; y, más tarde, hay que abrir" (De nuestro Padre). No se trata de cumplir un código interminable de indicaciones, sino de sensibilidad, de ingenio, de vibración, de esfuerzo por encontrar en todo ocasión de amor a Dios y de servicio a los demás.

En el trabajo, la perfección en los detalles dignifica cualquier tarea, la convierte en obra de arte, la hace apta para

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ser ofrecida a Dios. Así, todo trabajo es una maravilla, aun el más modesto: "¡Qué grande cosa es ser un pequeño tornillo!" (Camino, n. 830). No hay trabajos de poca categoría. Cuidar la intensidad, la constancia, el orden.

6. "Lo extraordinario nuestro es lo ordinario: lo ordinario hecho con perfección" (De nuestro Padre). "Hacemos maravillas, si no perdemos la grandeza sobrenatural de las cosas pequeñas" (De nuestro Padre). Además, el Señor multiplica su alcance y eficacia como hizo con los panes y los peces en dos ocasiones.

7- "Quien es fiel en lo pequeño, también lo es en lo grande" (Lc 16,10). Por el contrario, "el que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco vendrá a caer en las grandes" (Eccli 19,1). El que sea fiel en lo pequeño, y enseñe a serlo, será tenido por grande en el Reino de los Cielos (cfr. Mt 5,19); y oirá la gozosa y definitiva llamada del Señor: "Bien, siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu Señor" (Mt 25,21; cfr. Camino, n. 819). Las obras pequeñas, hechas con amorosa perfección, tienen un valor de eternidad.

II. Características del trato entre nosotros

La caridad sin familiaridades: "No tengáis miedo a teneros cariño, pero sin familiaridades. Que os queráis; sin ninguna cosa particular, que es de gente boba y mal formada" (De nuestro Padre). Sin exagerar las manifestaciones exteriores de afecto que no sean obras de servicio. "Dejaos de simpatías y antipatías; nosotros obramos sobrenaturalmente. ¡Quereos! ¡Quereos de verdad!" (De nuestro Padre). "Lo malo no es tener simpatía o antipatía hacia unas personas concretas; lo malo es demostrar esa simpatía o antipatía, en detrimento de la verdadera caridad" (De nuestro Padre).

Delicadeza y generosidad: la delicadeza en el trato "no significa que estemos todo el día en Versalles, haciendo figuras de minué. No, hijo mío. Hemos de comportarnos con naturalidad", pero "tampoco podemos caer en el extremo opuesto, la ordinariez, con pretensiones de buen humor, o incluso de alegrar la vida a los otros. Actúa como una persona correcta, educada" (Del Padre). Excederse generosamente en el servicio a los demás.

3- Comprensión y fortaleza, para disculpar siempre, perdonar -que es una cosa divina-, y hacer la corrección fraterna con mucho cariño y claridad.

III. Costumbres. Devoción a la Santísima Trinidad

La Santísima Trinidad es el misterio fundamental de nuestra fe. El alma en gracia es sagrario de la Trinidad Beatísima. Es preciso tratar amorosamente a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Los terceros domingos de mes se reza el Símbolo Quicumque, y se lleva a la oración. Nos ayuda a actualizar con precisión nuestra fe, que se enciende ante la grandeza de Dios Uno y

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Trino. Es gozoso bajar la cabeza ante el misterio. "Yo lo hago, y me da mucha alegría no comprender tantas cosas de la vida de Dios. Voy a la oración y le digo: si un Ser tan perfecto e infinito cupiera en mi pobre cabeza, ¡qué poca cosa sería ese Dios!" (De nuestro Padre).

3. El Trisagio Angélico se reza o se canta en nuestros Centros él día de la fiesta de la Santísima Trinidad y los dos anteriores. Poner amor creciente en cada oración, sin dar cabida a la rutina.