Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 24

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APARTADO II Charla n° 24


I. Devoción a la Santísima Virgen

La Virgen Santísima es Madre nuestra: Madre del Cristo total, Cabeza y miembros. Con el mismo Corazón materno, inmenso, con que ama a su Hijo Jesús, nos quiere a cada uno de nosotros. Amor con amor se paga.

La Virgen "ha sido la Madre buena que nos ha consolado, que nos ha sonreído, que nos ha animado en los momentos difíciles de la lucha bendita para sacar adelante este ejército de apóstoles en el mundo" (De nuestro Padre). "Nuestro Opus Dei nació y se ha desarrollado bajo el manto de Nuestra Señora. Por eso son tantas las costumbres marianas, que empapan la vida diaria de los hijos de Dios en esta Obra de Dios" (De nuestro Padre).

Por medio de la Virgen nos llegan todas las gracias. A Ella le debemos la gracia de la vocación a la Obra: "Quizá una mirada de su Madre le conmovió (al Señor) hasta el extremo de llamarte a la Obra, por la mano inmaculada de la Santísima Virgen, Nuestra Señora" (De nuestro Padre).

4. El 15 de agosto de 1951, nuestro Padre consagró la Obra, en Loreto, al Corazón Dulcísimo de María, cuando "permitía el Señor que de fuera vinieran duras y ocultas contradicciones" (en la lápida del Cortile Vecchio en Villa Tevere).

Todos los años renovamos aquella Consagración el 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción. Y la recordamos cuando sale de nuestros corazones muchas veces al día este grito Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum! Después que la Obra ha alcanzado su norma jurídica definitiva, el Padre nos pide que recemos muchas veces también: Cor Mariae Dulcissimum, iter _serva_tutum!

Hemos de corresponder al cariño inmenso de Nuestra Madre, metiéndola -como nos pide el Padre- en todo y para todo. Buscar su intercesión: es Madre de Dios y lo puede todo porque es la Omnipotencia suplicante; es Madre nuestra y quiere lo mejor para nosotros.

Nuestra devoción a la Virgen ha de ser semejante a la de nuestro Padre: "Si en algo quiero que me imitéis es en el amor que tengo a la Virgen". Encuentra su fundamento en la piedad y en la doctrina: piedad de niños y doctrina de teólogos. Devoción tierna y recia a la vez; apasionada, creciente, nada hay más grato a Dios que el cariño de sus hijos a la que es Hija, Madre y Esposa de Dios.

Con las Normas y Costumbres marianas, que empapan todo nuestro día, "nosotros hemos estado siempre -como Jesús- pegadicos a su Madre, María, la Madre de Dios, que ha sido la Madre del Opus Dei, la Reina del Opus Dei, nuestra hermosura..." (De nuestro Padre). Las miradas a las imágenes de Nuestra Señora y las jaculatorias -piropos encendidos- han de llenar la jornada. El

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Santo Rosario, arma poderosa y escuela de Amor, de vida contemplativa: rezarlo con cariño siempre nuevo, con la fe poderosa del niño que confía plenamente en su Madre.

II. Normas de siempre (III)

Estudio. Es Norma de siempre que a todos obliga, sea cual fuere su profesión u oficio: "todos, cada uno a su modo, necesitan tener ciencia: es decir, el conocimiento de lo que constituye su profesión u oficio, para hacer dignamente la faena habitual de cada día" (De nuestro Padre). De manera particular obliga a los que tienen el estudio como profesión, porque es la materia inmediata que deben santificar y convertir en instrumento de apostolado. "El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros" (Camino, n. 334). "Los estudiantes, deben sacar buenas notas; si no, ¿cómo van a atraer a sus compañeros?" (De nuestro Padre).

Trabajo, "Una característica peculiar de la espiritualidad del Opus Dei es que cada uno ha de santificar su profesión -su trabajo ordinario-, ha de santificarse en su profesión, ha de santificar con su profesión" (De nuestro Padre). En- consecuencia, "hemos de trabajar como el mejor. Y si puede ser, mejor que el mejor" (De nuestro Padre). Trabajar muchas horas, aprovechando bien el tiempo. No sabemos estar sin hacer nada. Tenemos "esa enfermedad incurable y progresiva" (De nuestro Padre). Sin profesionalitis, con rectitud de intención, con entrega plena.

Orden. "¿Virtud sin orden? - ¡Rara virtud!" (Camino, n. 79). "Cuando tengas orden, se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás dar más gloria a Dios, trabajando más en su servicio" (Camino, n. 80). Orden interior (pensamiento, afectos...) y orden exterior: orden en el horario; orden material; etc.

Alegría. "Es parte integrante de tu camino" (Camino, n. 665). Es una consecuencia del Amor, de la filiación divina. Es Norma que hemos de cumplir; por tanto, no esperar a que venga sola; si notamos que nos falta, hemos de fomentarla, recuperarla, acrecentarla. Y esto, en la oración, en la consideración del Amor de Dios por nosotros, que somos sus hijos. Hablar enseguida que notemos que se insinúa la tristeza, acudiendo a la charla fraterna.

III. El Salmo II

Se recita todos los martes, antes o después de la oración de la mañana, después de invocar al Ángel Custodio, para que nos ayude en la oración, y de besar el rosario, como muestra de amor a la Señora. Este día se lleva el texto de la oración del Salmo II a la oración de la tarde.

Es un salmo que tiene un contenido particularmente rico: habla de la instauración del reino de Cristo, que es nuestro mayor deseo -regnare Christum volumus!-, de la filiación divina, que está en la base del espíritu de la Obra, que nos hace alter Christus, y nos lleva a reinar con El; de nuestra misión apostólica que se extiende hasta los confines de la tierra; etc.