Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 2

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APARTADO II Charla n° 2

I. La vida interior

Consiste en luchar por adquirir, mediante el ejercicio de las virtudes, una intimidad creciente con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que inhabita en el alma en gracia. La vida interior consiste en comenzar y recomenzar siempre' (cfr. Camino, n. 292).

Ese trato con el Señor se fundamenta en la filiación divina: hemos de luchar por tener con nuestro Padre Dios el mismo trato que tiene un hijo pequeño con su padre (cfr. Camino, n. 267).

El fundamento de toda labor apostólica es una vida interior intensa: "Sin Mí, no podéis hacer nada" (loh 15»5); la vid y los sarmientos (cfr. loh 15»1 ss.); Marta y María (cfr. Lc 10,38-42), etc.; Camino, nº. 83, 107

Por tanto, para llegar a tener vida interior, es preciso ser almas de oración y tener espíritu de sacrificio (cfr. Camino, n. 175.)

a) Oración es elevar la mente y el corazón a Dios para expresarle nuestros pensamientos y deseos filiales de adoración y de amor, contemplándole, adorándole, pidiéndole perdón, dándole gracias, y rogándole (cfr. Camino, n. 91); es frecuentar cada día con mayor intensidad la compañía y la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona (Camino, n.88):

"Es el diálogo eterno, el que han tenido todas las personas que se amaron en la tierra. Dios tiene derecho a decirnos: ¿piensas en mí? ¿Tienes presencia mía? ¿Me tienes presente? ¿Me buscas como apoyo tuyo? ¿Me buscas como luz de tu vida, como fortaleza, como coraza, como todo? En las horas que la gente de la tierra dice buenas: ¡Señor! En las horas que llama malas: ¡Señor! Y viene la paz, y el diálogo afectuoso, de amor" (De nuestro Padre).

b) Siempre nos espera: no tenemos que hacer antesala, tenemos hilo directo.

II. Pax-In aeternum

Es Costumbre en Casa que nos saludemos y nos despidamos entre nosotros así. No se trata de una contraseña o algo semejante: sería algo contrario a la naturalidad propia del espíritu de la Obra. Es un modo sencillo y familiar de ayudarnos a mantener la presencia de Dios y la visión sobrenatural en el trato mutuo, a la vez que nos encomendamos unos a otros.

III. El Padre

1. El Padre es la persona puesta por Dios a la cabeza de

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la Obra para gobernarla en su nombre y en el de nuestro Fundador:

"Un profundo convencimiento me llena de paz, al ver mi poquedad y al contemplar mi responsabilidad: el Padre sigue conduciendo la Obra desde el Cielo. Yo aquí no deseo ser más que el instrumento leal de su corazón vigilante" (Del Padre, In memoriam, p. 43).

2. Le llamamos sencillamente Padre porque la Obra es una familia, y porque el Padre se desvive constantemente por formar a sus hijos en el espíritu del Opus Dei. Sólo piensa en ser muy fiel a Dios, siguiendo los pasos de nuestro Padre y en ayudarnos a ser santos. Nos quiere -como nuestro Padre- con corazón de Padre y de madre.

3. La filiación al Padre es característica esencial del espíritu de la Obra:

"Cuando yo muera, hijos míos, al Padre, sea quien sea, amadlo mucho, mucho (....). Besad donde pise, no dejéis esa pequeña mortificación diaria y de rezar con amor la oración por el que hace cabeza. ¡Amadlo mucho, hijos míos, que es muy duro llevar ¡esto encima!" (De nuestro Padre).

4. . Oración y mortificación por el Padre y por sus intenciones:

“Me ha tocado suceder a un santo, y ser el comienzo de la etapa de la continuidad y de la fidelidad al espíritu del Fundador (...) Sé, con la más confiada seguridad, que la asistencia divina no me faltará nunca, pero yo debo corresponder, y por eso os pido la fortaleza de vuestras oraciones. Encomendadme al Señor, para que, con su gracia, sea bueno y fiel" (Del Padre, In Memoriam, p. 42). Oración y mortificación diaria por el Padre.

5. Afán por conocer lo que el Padre dice, de obedecer a sus indicaciones y de unirnos a sus intenciones. El espíritu de filiación al Padre está en la base de la unidad de la Obra (cfr. Camino, n. 955).

6. Para fortalecer este espíritu de filiación hay establecidas unas Costumbres de familia que iremos conociendo.