Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 18

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APARTADO II Charla nº 18


I. Proselitismo (II)

"Para pegar nuestra locura a otros apóstoles, no se me ocultan los obstáculos que encontraréis. Algunos podrán pareceres insuperables... Mas inter medium montium pertransibunt aquae: y el espíritu sobrenatural de la Obra y el ímpetu de vuestro celo pasarán a través de los montes y venceréis esos obstáculos" (De nuestro Padre). Siempre que se trata de cumplir la Voluntad de Dios, aparece la oposición del demonio y del egoísmo humano. Pero Dios no pierde batallas y está empeñado en que la Obra se realice. Las dificultades pasan. Nosotros somos lo permanente. Las dificultades son de ordinaria administración: no sorprenderse.

Hemos de recibir las dificultades con alegría, como venidas de nuestro Padre Dios. Son una estupenda ocasión para actualizar y encender la fe, la esperanza, el Amor; para incrementar la oración y la mortificación, seguros de que la oración es siempre fecunda, y el sacrificio nunca es estéril: electi mei non laborabunt frustra (Is 65,23). Cuando la siembra es de santidad, nada se pierde (cfr. Camino, n. nn. 694, 695, 697, 928, 688,687).

3. Sufrir incomprensiones es señal de predilección divina: seguimos las huellas de Cristo. Comprender que no nos comprendan: el que juzga es el Señor. "Yo no he necesitado aprendiera perdonar, porque Dios me ha enseñado a querer" (De nuestro Padre).

4. Hemos de hacer proselitismo con la naturalidad que procede de estar enamorados de Dios y de la Obra; con el buen "complejo de superioridad", fundado en la posesión humilde -gratuita- de la gracia, de la doctrina y de la misión divinas. Somos, nada más y nada menos, instrumentos en las manos de Dios omnipotente; cumplimos un mandato imperativo de Cristo. Con suavidad y fortaleza; destacando la belleza del camino, sin ocultar las asperezas; sin atosigar y sin abandonar a las almas; con cariño humano y sobrenatural; con gracia divina y con gracia humana.

En el proselitismo -como en todo- nos ha enseñado nuestro Padre que hemos de poner los medios sobrenaturales, como si no existiesen los humanos; y los humanos, como si no existiesen los sobrenaturales. El objetivo es sobrenatural; por tanto, primero son los medios sobrenaturales: oración y sacrificio. "La acción nada vale sin la oración: la oración se avalora con el sacrificio" (Camino, n. 81). Buscar fuerza en las obras de misericordia (visitas a los pobres, etc.).

"Aquel de los nuestros que se ha propuesto una nueva vocación, hace mortificaciones extraordinarias, y las pide a otras almas, convencido de que él de suyo nada puede, si no consigue con oración y sacrificios, gracia abundante del Cielo" (De nuestro Padre). Después, Dios y audacia.

7. Poner también los medios humanos: amistad, confidencia, acercarles a los medios tradicionales de la labor, etc.

8. Pedir permiso al Director antes de plantear a alguien el problema de la vocación.

II. Las tres avemarías de la pureza. Uso del agua bendita

Antes de acostarnos rezamos 3 avemarías, que se llaman "de la pureza" porque pedimos con ellas por la pureza nuestra y de todos nuestros hermanos. Las rezamos de rodillas siempre que es posible, y con los brazos en cruz.

Hemos de tener en el cuarto agua bendita con la que rociamos la cama con una gotas antes de acostarnos y nos santiguamos. Es un sacramental. Nos obtiene gracia, según nuestras disposiciones y preserva de tentaciones (cfr. Camino, n. 572).

III. Relaciones sociales; ocasión de apostolado

Las relaciones sociales, en la actividad profesional o pública, de los miembros de la Obra, no sólo son convenientes, sino necesarias: un medio magnífico de apostolado y proselitismo.

Somos del mundo, sin ser mundanos. Nunca se deben aceptar o hacer invitaciones a lugares excesivamente mundanos, sino en sitios que no desdigan de la condición de almas dedicadas al servicio de Dios.

Hemos de llevar nuestro ambiente dondequiera que estemos. Nuestra entrega obliga a extremar en el trato social lo que siempre vivimos: la prudencia y la templanza, para ser ejemplo vivo y discreto, a la vez, de corrección y sobriedad cristiana.

A no ser que tengan obligación por el cargo o profesión, los Numerarios y Agregados nunca asisten a espectáculos públicos -cine, teatro, fútbol, etc-, aunque el billete sea gratis. Hay otros modos y momentos mucho mejores para tratar con los amigos.

No asistimos nunca en grupo a manifestaciones populares civiles o religiosas: por ejemplo, a procesiones.

Los Supernumerarios, con su conducta, deben dar criterio cristiano precisamente en los ambientes de la sociedad donde se tienden a adoptar prácticas que rebajan el tono de la vocación matrimonial. No hay inconveniente en que participen en un baile, siempre que sea un baile decente. Si están casados, podrán hacerlo, siempre con la naturalidad y prudencia propias de su estado. Que pidan consejo en la Charla y al sacerdote.

Antes de que un Supernumerario presencie o acuda a un espectáculo, sea cual sea, teatro, cine, televisión, etc., ha de-tener la seguridad de que no será una ocasión de pecado, y en la duda hay que prescindir; y si -por estar mal informado- asistiera a un espectáculo que desdice de la moral cristiana, la conducta que hay que seguir es levantarse e irse. Criterios sobre el uso

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de la televisión.

8. La relación entre los miembros de la Obra no tiene ninguna manifestación en la vida social.