Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 13

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APARTADO II Charla n° 13

I. La Confesión

La Confesión sacramental es un gran medio de santificación, un sacramento instituido por Jesucristo para borrar nuestros pecados y enriquecer nuestra vida sobrenatural. Cada sacramento nos aplica la Redención de Cristo, y nos auxilia en una necesidad específica. El sacramento de la Penitencia devuelve –si se había perdido- la gracia santificante, y, con ella, la intimidad con Dios y la fortaleza para luchar con mayor eficacia contra nuestros defectos.

En la Confesión, la Sangre redentora de nuestro Señor Jesucristo nos. limpia, y nuestro Padre Dios, como la mejor de las madres, nos perfuma y nos pone un vestido nuevo -"traed la túnica más nueva y vestídsela" (Lc 15,22)-: nos reviste de Cristo. "Induimini Dominum Nostrum lesum Christum" -revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, decía San Pablo a los romanos-. En el sacramento de la Penitencia es donde tú y yo nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos" (Camino, n. 310). Es una maravilla de misericordia que llena de gozo nuestro corazón contrito y enamorado.

3- La Confesión debe ser auricular y secreta, según la norma perenne de la Iglesia.

4. Para obtener el mejor fruto de la Confesión, hemos de esmerarnos en el cumplimiento de las distintas partes del sacramento:

Examen. Sincero, valiente, diligente. Si hubiera pecados mortales, habría que decir -lo más exactamente posible- el número y la especie. Ir a la raíz, a las causas. Ayudará mucho hacer bien cada día el examen general.

Dolor: dolor de Amor, sobrenatural, que tenga su principio y su fin en Dios, a quien hemos ofendido; que se extienda a todos los pecados e imperfecciones. Considerar que el pecado es el único verdadero mal, causa de la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz. Crecer en el dolor, como consecuencia del crecimiento en el amor.

Propósito: voluntad firmemente decidida a rectificar y a luchar para no incurrir de nuevo en las faltas de que nos vamos a acusar. Con humilde confianza en la gracia que nuestro Padre Dios nos dará con la absolución.

Confesión: "Hay que procurar ser concisos, concretos, claros y completos (...) A la hora de ir a confesar, id al grano desde el primer momento. Preparad las confesiones, para que sean concisas, concretas, claras y completas" (De nuestro Padre). "Ni perder el tiempo ni hacerlo perder" (De nuestro Padre). Sinceridad salvaje; como se le dicen a un médico las manifestaciones de una enfermedad: sin rodeos, sin literatura, sin justificaciones, sin adornar los pecados, poniendo de relieve la propia cul-

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pa.

Cuando todo lo que confesamos no tenga siquiera carácter de pecado venial, es necesario acusarse de pecados ya confesados contra alguna determinada virtud o mandamiento, para asegurar la materia suficiente para el sacramento. Es aconsejable hacerlo habitualmente.

5) Satisfacción: la penitencia que nos impone el sacerdote es una pena vindicativa, además de medicinal y preventiva. Cumplirla cuanto antes, con espíritu de desagravio, con humildad, con dolor, y con agradecimiento por el perdón recibido.

"Una de las mejores devociones es confesarse bien y hacer con frecuencia actos de contrición" (De nuestro Padre). Importancia de la puntualidad para caminar hacia la santidad al paso de Dios. Todas las semanas hemos de confesarnos.

"Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Y está dispuesto que, al menos, hay que ir a ellos para recibir la bendición. Podéis ir a confesaros con cualquier sacerdote que tenga licencias del Ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos tienen libertad para confesarse con cualquier sacerdote aprobado por el Ordinario, y no está obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho, ¿Uno que haga esto peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Está en camino de escuchar la voz del mal pastor" (De nuestro Padre). Son palabras de nuestro Padre dictadas por el amor a nuestra santificación: "Los que no tienen misión dada por los Directores, no son buenos pastores, aunque hagan milagros" (De nuestro Padre). "Propósito firme: el primer sacrificio es no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de un modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa" De nuestro Padre).

La charla con el sacerdote ha de hacerse quincenalmente hasta la Admisión. Después, siempre que las circunstancias lo requieran o los Directores lo juzguen oportuno, y siempre que se desee.

II. Examen general

"Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna?" (Camino, n. 235). "Al examen hemos de ir a. individuar las causas "efe nuestras acciones y de nuestras omisiones, a descubrir con valentía los motivos y las ocasiones que nos apartan, poco o mucho, de la intimidad con Jesucristo" (Del Padre). No se trata tanto de una contabilidad minuciosa, como de llegar a las causas, a la raíz de nuestros descaminos. "No es una simple introspección, ni curiosidad psicológica, ni un enfermizo afán de tranquilidad delante del Juez divino, sino un medio indispensable para avanzar en el camino de unión con -Dios" (Del Padre) .

"A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo" (Camino, n. 236). Encomendarse a la Santísima Virgen, a San José, a nuestro Ángel Custodio, a nuestro Padre. Valentía en el conocimiento propio: la verdad nos hará libres.

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3. Concretar en la charla fraterna el modo de hacerlo. Materia del examen.

4. Agradecer al Señor lo bueno que hemos hecho. Pedir perdón por nuestras faltas -con dolor de Amor-; y -ordinariamente- formular un propósito concreto para mejorar al día siguiente. Sin dejarse llevar nunca por un posible desánimo; siempre con la certeza de que nunca nos faltarán los medios para alcanzar la santidad.

III. Costumbres: Fiestas de familia

1. Somos una familia y celebramos en nuestro hogar aquellos días especialmente significativos para nosotros. Llevar a la oración su sentido sobrenatural. Las fiestas más importantes tienen, como es natural, manifestaciones materiales, que siempre serán sobrias, como en toda familia numerosa y pobre.

Celebramos las fiestas litúrgicas de Nuestro Señor Jesucristo, de la Santísima Virgen, de San José, de la Exaltación de la Santa Cruz, de los Santos Arcángeles y Apóstoles Patronos, de los demás Apóstoles y Evangelistas, etc.

Además celebramos los aniversarios de la fundación de la Obra -2 de octubre, 14 de febrero-, las fiestas del santo y cumpleaños de nuestro Padre y del Padre, y otras fiestas de familia, como por ejemplo el 28 de noviembre, aniversario de la erección de la Obra en Prelatura personal.