Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 12

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APARTADO II Charla nº 12


I. Formación espiritual. Dirección

1. La Dirección espiritual es uno de los medios para alcanzar la plenitud de vida cristiana según la vocación específica. "El espíritu propio es mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y tempestades, entre los escollos de la vida interior.

Por eso es Voluntad de Dios que la dirección de la nave la lleve un Maestro, para que, con su luz y conocimiento, nos conduzca a puerto seguro" (Camino, n, 59; cfr. 56, 62, 63).

2. Es lo que hizo el Señor: "Reunió en torno suyo un pequeño grupo de hombres rudos y, con paciencia infinita, los fue formando. Les fue revelando poco a poco -con pedagogía divina los más altos misterios, al mismo tiempo que con ternura maternal y la energía de quien tiene autoridad, según hacía falta, iba puliendo sus espíritus toscos y poco sensibilizados para las realidades celestiales" (De nuestro Padre).

3. Se trata de que, quien recibe la misión de dirigir, muestre a cada uno, con la doctrina, el camino concreto, personal, que ha de andar para ser santo de acuerdo con la propia vocación y los talentos recibidos; ayudar a recorrerlo con el consejo oportuno; señalar los peligros; enseñar a sortear los obstáculos; descubrir los posibles engaños -tan fáciles e insidiosos- del demonio y del amor propio; moderar posibles euforias y alentar en los momentos difíciles de la lucha ascética. Así, poco a poco, nos identificaremos con el espíritu de la Obra: nos iremos haciendo Opus Dei.

Aun cuando se posea una sólida formación teológica y humana, se requiere una mirada ajena -fraterna, paterna-, llena de cariño, para conocer con objetividad el estado de nuestra alma; nuestros límites y posibilidades de cada momento; las metas parciales que hemos de fijarnos para corresponder fielmente a la acción del Espíritu Santo. Necesitamos también, como buenos milites Christi, las amables órdenes de nuestros Directores para conquistar con audacia el objetivo: la identificación con el espíritu de la Obra y la eficacia apostólica. No en vano dijo un militar famoso que "las guerras las ganan los soldados cansados", con el aliento de sus jefes.

La dirección espiritual personal compete, en la Obra, a los Directores y a los sacerdotes de Casa, los cuales no realizan una labor propia, sino que transmiten el espíritu del Opus Dei. En rigor puede decirse que es la Obra quien nos dirige.

La dirección espiritual personal se imparte sólo in actu; en la charla fraterna y en la confesión con un sacerdote de la Obra.

7- También se nos imparte una dirección espiritual colectiva en los Círculos breves o en los Círculos de Estudio.

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8. El ambiente de familia informa todas las actividades de la Obra. Es lógico que la dirección espiritual se realice en un clima de sencillez y confianza plenas.

9. Precisamente -la dirección espiritual es un medio maravilloso para simplificar nuestra vida interior, y obrar como hijos de Dios, para mantener siempre el sentido de la filiación divina. La visión sobrenatural nos llevará a la docilidad. "Niño bobo: el día que ocultes algo de tu alma a tu Director, has dejado de ser niño, porque habrás perdido la sencillez" (Camino, n. 862).

II. Lectura del Santo Evangelio y de algún libro espiritual

1. Es una Norma diaria, de un cuarto de hora de duración: "No dejes tu lección espiritual. -La lectura ha hecho muchos santos" (Camino, n. 116). Es "el depósito de combustible" (Camino 116). Una parte del tiempo se dedica a la lectura meditada del Nuevo Testamento, con una versión explícitamente aprobada; el resto, a la lectura del libro espiritual que nos hayan indicado.

2. Para amar cada vez más a Jesucristo e imitarle mejor, hemos de conocer su Vida. Ir con ese afán a la lectura del Santo Evangelio, tratando de ser un personaje más. Pedir ayuda al Espíritu Santo -autor principal de la Sagrada Escritura- para comprender lo que quiere decirnos ese día con las palabras que nos toca leer.

3. Hacer la lectura del libro espiritual no sólo con afán de informarse, sino también de vivir la doctrina aprendida: que sea una lectura atenta, sin prisas; conveniencia de hacerla a hora fija, y, si es posible, en el oratorio.

III. Santos Intercesores

Continuando una tradición interrumpida de la Iglesia, en la Obra recurrimos a la intercesión de los Santos, para alcanzar de Dios las gracias necesarias para cumplir con eficacia nuestra labor de almas.

Especialmente, encomendamos a San Pío X, las relaciones de la Obra con la Santa Sede; a San Juan Bautista María Vianney -el Santo Cura de Ars-, las relaciones con los Rvmos. Ordinarios de los lugares; a Santo Tomás Moro, las relaciones con las autoridades civiles de los distintos países; a San Nicolás de Bari, cuanto se refiere a los medios económicos necesarios para realizar las tareas apostólicas. En todos nuestros Centros hay una imagen de San Nicolás, con la jaculatoria: "Sancte Nicolae, curam domus age". A Santa Catalina de Siena, le encomendamos el apostolado de la opinión pública.

3- En la Obra amamos todas las devociones que recomienda la Iglesia. Personalmente podemos vivir cualquiera que nos ayude en la vida interior. Un criterio de prudencia sobrenatural es que sean pocas y constantes (cfr. Camino, n. 552; ver 553, 556, 557, 571 y 572).