Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado II 11

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APARTADO II Charla n° 11

I. Formación espiritual

Para formar a Cristo en nosotros de modo que seamos no ya alter Christus, sino ipse Christus, el camino nuestro es la identificación con el espíritu de la Obra. A eso tiende la formación espiritual.

No nacemos en posesión del espíritu de la Obra. Es preciso el esfuerzo de aprenderlo y la voluntad de amarlo, para asimilarlo día a día, mediante una incesante lucha ascética.

3- Non veni pacem mittere, sed gladium (Mt 10,34). Labora sicut bonus miles Christi lesu (2 Tim 2, 3). "Que la vida del hombre sobre la tierra es milicia, lo dijo Job hace muchos siglos.

-Todavía hay comodones que no se han enterado" (Camino, n. 306).

4. El nuestro es un ascetismo sonriente: recia lucha interior con el estilo amable, alegre, optimista y constante del más apasionante de los deportes: el que alcanza una corona incorruptible (cfr. 1 Cor 9,24-27). Sin desalientos, comenzando una y otra vez hasta arribar a las metas propuestas. Sin decir nunca basta, o yo no sirvo, o yo no puedo. Con la gracia de Dios, possumus! Sin olvidar que "la conversión es cosa de un instante. La santificación es obra de toda la vida" (Camino, n. 285).

5. Tozudez sobrenatural: "donde una puerta se cierra, otra se abre".La lucha misma es ya una victoria, porque Dios no pierde batallas. "No nos engañemos: en la vida nuestra, si contamos con brío y con victorias, deberemos contar con decaimientos y con derrotas. Esa ha sido siempre la peregrinación terrena del cristiano, también la de los que veneramos en los altares" (Es Cristo que pasa, n. 76). "En este torneo de amor no deben entristecernos las caídas, ni aun las caídas graves, si acudimos a Dios con dolor y buen propósito en el sacramento de la Penitencia. El cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada" (ibid., n. 75). "Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida" (Camino, n. 211).

6. Sólo los cobardes que no entran en la batalla no sufren heridas o cansancio. La belleza de un cacharro de barro con lañas: sinceridad con el buen pastor y esperanza inquebrantable.

7- Cualquier deporte supone renuncias, sacrificio (cfr. 1 Cor 9,25). También la alegre lucha por ser santos. La renuncia a las cosas de la tierra, por Amor, es algo positivo: es libertad de corazón, agilidad, para ascender gozosos hasta las cumbres del amor. "Yo quiero (...) ver al hombre verdaderamente libre, que no está atado a las cosas que brillan sin valor, como las baratijas que recoge la urraca. Ese hombre sabe prescindir de lo que produce daño a su alma, y se da cuenta de que el sacrificio es sólo aparente: porque al vivir así -con sacrificio- se libra de muchas esclavitudes y logra, en lo íntimo de su corazón, saborear todo

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el amor de Dios" (Amigos de Dios, n. 84; Ver n. 114 y contexto).

8. Descubrir en la oración, con la gracia de Dios, las pequeñas ligaduras -el hilillo sutil (cfr. Camino, n. 170)- que impide avanzar, remontar el vuelo. Dios premia la generosidad de cortarlo llenando de alegría nuestro corazón.

II. Santo Rosario

1. La oración tan querida de la Santísima Virgen y recomendada por los Romanos Pontífices. Medio maravilloso para amar a Nuestra Madre: rezar "bien el Rosario de Nuestra Señora" (Santo Rosario, Introducción). Es nuestra oración a María y con María, "para meditar, junto con Ella, los misterios que Ella, como Madre, meditaba en su corazón (cfr. Lc 2,19), y sigue meditando, sigue considerando. Porque esos son los misterios de la vida eterna" (Juan Pablo II, Homilía, 21 -X-79). Es aconsejable hacer una breve pausa -de tres o cuatro segundos- después de enunciar cada misterio, para facilitar su contemplación.

La Norma diaria del rezo del Santo Rosario consiste en la recitación de una sola parte -los cinco misterios correspondientes al día-, y la brevísima meditación de los diez misterios que no se rezan vocalmente. Naturalmente, como devoción personal, no hay inconveniente en rezar las tres partes del Rosario cuando se desee.

Para la contemplación de los misterios que no se rezan vocalmente en el día, "se trata de decir diez jaculatorias, una por cada misterio: preferiblemente, cinco por la mañana y cinco por la tarde. Basta una breve consideración del misterio, que dé lugar a unas palabras -con el corazón, internamente-: una jaculatoria que puede ser un texto de la Sagrada Escritura, una jaculatoria ya conocida, o cualquier otra cosa que venga a la mente y al corazón en aquel momento. No importa que sea siempre lo mismo: lo importante es que hagamos diariamente un poco de oración sobre los misterios del rosario" (De nuestro Padre). Si algún día, al hacer el examen de la noche, se ve que se ha olvidado la meditación de esos misterios, se formula el propósito de cumplirla al día siguiente, pero ese día ya no se hace. En cambio, si el olvido fuese del rezo de la parte del día, se reza después del examen, a no ser que el Director indique otra cosa, por razón de enfermedad o de alguna circunstancia extraordinaria.

III. Patronos de la Obra: labores encomendadas

Los Patronos de la Obra son los que invocamos en las Preces: los tres Arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San Rafael; y los tres Apóstoles, San Pedro, San Pablo y San Juan.

A San Miguel y San Pedro encomendamos tanto las tareas de formación de los Numerarios y Agregados y la de sostener y mejorar su espíritu, como los trabajos apostólicos que desarrollan. Llamamos a esta labor obra de San Miguel. A San Gabriel y San Pablo, se encomienda la misma labor, pero referida a los Supernumerarios. Llamamos a esta labor obra de San Gabriel. Y a San Rafael y San Juan se encomienda el apostolado de los miembros de la Obra

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con la juventud (obra de San Rafael).

La Santísima Virgen y San José, Patronos de toda la Obra. A San José le encomendamos especialmente las vocaciones.

Trato asiduo con nuestros Patronos.

Como es natural, también encomendamos privadamente a nuestro Padre todas nuestras intenciones y labores.