Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 7

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APARTADO III Charla nº 7

Nuestra vocación es única

Pertenecemos al Opus Del personas muy diversas: sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, solteros, casados y viudos, sanos y enfermos... Sin embargo, todos, sin excepción, tenemos el mismo alimento espiritual, porque la vocación es única: una sola llamada que se adapta a todos los caracteres, a los diversos modos de ser y de estar en el mundo. Todos tenemos la misma obligación de santificarnos, a través de las circunstancias ordinarias en que se desenvuelve la vida de cada uno.

No hay diferentes clases de miembros (Numerarios, Agregados, Supernumerarios), sino circunstancias personales distintas, en las que hemos de vivir idéntico espíritu.

3. La unidad de vocación no nos uniforma, porque el camino es amplísimo: "Dentro de esta gran carretera, ancha, que es el espíritu del Opus Del, cada uno tiene su propio camino personal, que debe recorrer facilitando generosamente la acción del Espíritu Santo en su alma. Nadie puede pretender que los demás sigan sus mismos pasos: cada uno anda a su manera. Lo importante es tener el corazón en Dios, del todo y sin condiciones, no salirse de la carretera y poner empeño en ir hacia; adelante" (De nuestro Padre). Unidad y variedad (cfr. Camino, n. 947). "El camino de la santidad no es un túnel encarcelados, un molde de acero. El camino es ancho y se puede recorrer de muchas maneras: andando, corriendo, en bicicleta o en coche; pararse a la derecha o a la izquierda, con tal de no salirse del canino" (De nuestro Padre). "Evitamos la uniformidad, hasta en los más pequeños detalles materiales. Por eso, cuidamos de no crear un dialecto interno: ¡hablamos como todo el mundo!” (De nuestro Padre).

Una consecuencia de esa maravillosa unidad en la variedad, es que "En el Opus Dei no hay más que una doctrina para todos: un mismo puchero. Cada uno, según su necesidad, toma del puchero común lo que le haga falta, pero la substancia, el alimento, es siempre el mismo" (De nuestro Padre). "Hijos míos, nosotros somos una familia sana y, por tanto, no tenemos más que un puchero. Sólo en las familias donde hay enfermos, han de preparar comidas distintas. Tenemos un solo alimento, un solo puchero: es necesario decir a todos lo mismo, porque la Obra es para las almas, y todas las almas tienen la misma posibilidad para santificarse, con el espíritu y las Normas de vida en la Obra" (De nuestro Padre).

Los sacerdotes de la Prelatura (Numerarios y Agregados) tampoco forman una clase de miembros distinta: son "un pequeño tanto por ciento", respecto a los demás miembros del Opus Dei. Y los sacerdotes Agregados y Supernumerarios socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, viven también el mismo espíritu de la Obra.

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Tenemos la misma vocación, el mismo espíritu, y por tanto, idéntica responsabilidad de hacer el Opus Del en la tierra, porque la Obra somos todos y es de todos. "La Obra pide a todos sus miembros una personal dedicación, libre, responsable, completa. No podemos decir que en el Opus Dei hay distintas clases de miembros: una sola clase, pero con dedicación completa" (De nuestro Padre).

"Los que habéis sido llamados al Opus Dei como Supernumerarios: estáis con una vocación idéntica a la mía. En el Opus Dei no Hay más que una vocación, que no nos hace cambiar de estado (...).

Hijas e hijos míos, si vosotros y yo hemos recibido la misma vocación, acomodada al estado de cada uno, tenemos que poner todos el hombro. No vaya a ser que yo hable, predique, dejándome la vida a pedazos por el mundo -lo hago muy a gusto-, y vosotros estéis tranquilitos en casa... ¡Qué monos! ¡Ah, no! Aquí torea todo el mundo. ¡Todos al ruedo! ¡El toro lo hemos de torear todos!

De modo que haced vuestro examen de conciencia. Si no sacáis tiempo... ¡No tengo tiempo!: ésos son los que me interesan, los que no tienen tiempo. Los que tienen tiempo son unos vagos que no sirven para nada. Los que no tenéis tiempo, lo sacareis para servir a Dios" (De nuestro Padre).