Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 40

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APARTADO III Charla nº 40

Formación apostólica

Tanto para la santidad personal como para el apostolado -inseparablemente unidos en un sólo fin- necesitamos formación, con los medios oportunos.

El Señor formó directamente a los Apóstoles para que realizaran muy bien la labor de almas: "No necesito muchas palabras para evocaros el detalle con que Jesús desmenuzaba a los Doce el sentido más profundo de sus parábolas (cfr. Mt 13,9-23; 36-43), el cuidado con que rectificaba la reacción demasiado, humana con que acogían las primicias de la siembra apostólica (cfr. Lc 17,20), la constancia con que repetía las mismas enseñanzas (cfr. Mt 6,9-13; 7,7-11; Lc 11,1-13), la fortaleza con qué corregía sus ambiciones y su visión chata del Reino de Dios (cfr. Mt 16,21-23; 20,20-28; Lc 12,24-28), la delicadeza con que –para animarles- solicitaba su pequeña colaboración a la hora de realizar los grandes milagros (cfr. Ion 6,5-10), o la ternura con que se preocupaba de su descanso (cfr. Mc 6,31)" (De nuestro Padre). Él Señor hace también ahora esta tarea en nosotros, a través de los Directores.

3. En rigor, toda la formación que recibimos en Casa es formación para el apostolado, que ha de ser "una superabundancia de tu vida para adentro" (Camino, n. 961), consecuencia de la unidad de vida. Al estudiar las verdades de la fe, al hacer los estudios internos, al luchar por adquirir las diversas virtudes cristianas y mejorar la formación profesional, nos preparamos también para ser más eficaces apostólicamente.

En el apostolado, es particularmente importante ejercitar la prudencia y la audacia; la comprensión y la fortaleza; la paciencia y la exigencia. Virtudes que hay que aprender a vivir armónicamente, con esfuerzo, con docilidad a la gracia. "Los instrumentos no pueden estar mohosos" (Camino, n. 486); han de estar bien dispuestos.

Es Dios quien da eficacia al apostolado; por esto, la "técnica" que requiere se reduce a saber secundar la acción del Espíritu Santo. "Eres lo que el pincel en manos del artista. –Y nada más" (Camino, n. 612). No somos más que instrumentos, pero no inertes sino inteligentes, que han de poner de su parte el esfuerzo necesario para ser instrumentos dóciles y eficaces.

Somos instrumentos que utilizan a su vez -además del ejemplo- un instrumento poderoso y delicado: la palabra, para, expresar las verdades que han de llenar de luz las inteligencias. "Cuando pongas por obra tu ‘apostolado de discreción y de confidencia’, no me digas que no sabes qué decir. -Porque -te diré con el salmo- ‘Dominus dabit verbum evangelizantibus virtute multa’ -el Señor pone en boca de sus apóstoles palabras llenas de

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eficacia" (Camino, n. 972). Pero no podemos tentar a Dios: debemos aprender a decir -cada uno a su modo, sin perder espontaneidad, con garbo- la palabra certera, convincente, que remueva el entendimiento y el corazón de las personas que tratamos.

7. Es pues importante consultar con el Director sobre el modo de hacer apostolado: para aprender a practicar las virtudes correspondientes, corregir defectos y atinar en los modos de decir. Especialmente por cuanto se refiere a los términos para explicar la naturaleza de la Obra y de sus labores apostólicas; a la manera de realizar las obras de San Rafael y de San Gabriel (con sus medios tradicionales y características perfectamente definidas por nuestro Padre), y los demás apostolados corporativos, para que conserven con plenitud su divina eficacia.

Podemos aplicarnos las palabras del mismo Jesucristo: "Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre que me envió, El me ha ordenado lo que he de decir y hablar. Y sé que su mandato es vida eterna; por tanto, lo que Yo hablo, según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo" (Ioh 12,49-50).

8. "Al apostolado vas a someterte, a anonadarte: no a imponer tu criterio personal" (Camino, n. 956). Siguiendo fielmente las indicaciones de los Directores, se repetirán los milagros del Evangelio: aquella pesca abundante, después de trabajar una noche en balde (cfr. Ioh 21,4-6), porque los Apóstoles echaron la red "a la derecha", como el Señor les había dicho. "Obedeced, como en manos del artista obedece un instrumento -que no se para a considerar por qué hace esto o lo otro-, seguros de que nunca se os mandará cosa que no sea buena y para toda la gloria de Dios" (Camino, n. 617).

9. Nos urgen las almas. No hay tiempo que perder. Hemos de trabajar apostólicamente con la mayor eficacia posible. Por eso todo el apostolado es dirigido. No podemos ser apóstoles de pata libre.