Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 32

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APARTADO III Charla nº 32

Mentalidad laical (II)

Nuestra vocación "es igual a la que surgía en el alma de aquellos pescadores, campesinos, comerciantes o soldados que sentados cerca de Jesucristo en Galilea, le oían decir: Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto (Mt 5,48)" (Conversaciones, n. 62; cfr. Camino, n.799). Somos fieles corrientes, iguales a los demás y vivimos en medio del mundo, como los primeros cristianos, ocupados en las tareas normales de los hombres, en el trabajo profesional, en los afanes sociales, en las incidencias de la vida de familia. Somos del mundo. Y ser del mundo no es para nosotros una finalidad, un objetivo, sino un presupuesto.

Estar en el mundo y ser del mundo no quiere decir ser mundanos, (cfr. Camino, n. 939). "La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitió, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios" (Es Cristo que gasa, n. 33)- "El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad desde dentro, estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene -no por característica real, sino por defecto voluntario, por el pecado- de negación de Dios, dé oposición a su amable voluntad salvífica" (Ibid., n. 125).

3. Por esto, no acudimos a lugares -determinadas salas de fiestas, playas, etc.- donde es difícil no ofender a Dios. Eso no es "el mundo" que debemos santificar, sino más bien los detritus del mundo que engendra el pecado. No se pierde secularidad al huir de esos lugares; se gana: no se coopera con el mal, se da ejemplo de lo que es un cristiano.

4. "El que recibe la vocación al Opus Dei adquiere una nueva visión de las cosas que tiene alrededor: luces nuevas en sus relaciones sociales, en su profesión, en sus preocupaciones, en sus tristezas y en sus alegrías. Pero ni por un momento deja de vivir en medio de todo eso; y no cabe en modo alguno hablar de adaptación al mundo, o a la sociedad moderna: nadie se adapta a lo que tiene como propio; en lo que se tiene como propio se está" (Conversaciones, n. 62). El mundo somos nosotros.

"Espero que llegue un momento en el que la frase los católicos penetran en los ambientes sociales se deje de decir, y que todos se den cuenta de que es una expresión clerical. En cualquier caso, no se aplica para nada al apostolado del Opus Dei. Los socios de la Obra no tienen necesidad de penetrar en las estructuras temporales, por el simple hecho de que son ciudadanos corrientes, iguales a los demás, y por tanto ya estaban allí (Conversaciones, n. 66).

"En cuanto al Opus Dei considerado en conjunto, bien puede afirmarse sin ninguna clase de arrogancia, con agradeci-

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miento a la bondad de Dios, que no tendrá nunca problemas de adaptación al mundo: nunca se encontrará en la necesidad de ponerse al día. Dios Nuestro Señor ha puesto al día la Obra de una vez para siempre, dándole esas características peculiares, laicales; y no tendrá jamás necesidad de adaptarse al mundo, porque sus socios son del mundo; no tendrá que ir detrás del progreso humano, porque son todos los miembros de la Obra, junto con los demás hombres que viven en el mundo, quienes hacen ese progreso con su trabajó ordinario" (Conversaciones, n. 72).

7. La perfección que busca un miembro del Opus Dei es la "propia del cristiano, sin más: aquella a la que todo cristiano está llamado y que supone vivir íntegramente las exigencias de la fe. No nos interesa la perfección evangélica, que se considera propia de los religiosos y de algunas instituciones asimiladas a los religiosos; y mucho menos nos interesa la llamada vida de perfección evangélica, que se refiere canónicamente al estado religioso (...) Se puede decir que, al venir al Opus Dei, todos y cada uno de sus socios lo han hecho con la condición explícita de no cambiar de estado. La característica específica nuestra, es santificar el propio estado en el mundo, y santificarse cada uno de los socios en el lugar de su encuentro con Cristo: éste es el compromiso que asume cada socio, para realizar los fines del Opus Dei" (Conversaciones, n. 62).

8. Consecuencia del carácter secular y de la mentalidad laical de los miembros del Opus Dei es que cada uno vive de lo que obtiene con su trabajo profesional. Ganamos el pan con el sudor de la frente. Nos repugnaría vivir de la Iglesia o de la Obra. Al contrario, cada uno realiza un trabajo rentable, con el que se mantiene y ayuda a sostener los apostolados de la Obra. "No vivimos de la Iglesia, ni de llamarnos católicos" (De nuestro Padre).

9- Siendo fieles a ese espíritu que Dios ha querido para nosotros, es como daremos a Dios toda la gloria, que es lo que nos mueve: solamente la gloria de Dios (cfr. Camino, n. 780, 782,783,784,788,789).

10. Hemos de actuar siempre con ejemplaridad, trabajando con perfección técnica y en conformidad siempre con las leyes morales. Para esto, necesitamos tener un criterio claro y recto en nuestra actuación profesional, y formarnos bien la conciencia, particularmente en las cuestiones que surjan frecuentemente en el ejercicio profesional de cada uno. Si no, no nos santificaríamos, ni habría eficacia apostólica, ya que la profesión es nuestro anzuelo dé pescadores. Hemos de ir por delante, siendo "guía, jefe, ¡caudillo!..., que obligues, que empujes, que arrastres, con tu ejemplo y con tu palabra y con tu ciencia y con tu imperio" (Camino, n. 19); desempeñando como el mejor -y si puede ser, mejor qué el mejor- nuestros deberes profesionales, sociales, etc.