Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 29

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APARTADO III Charla nº 29

Alegría y optimismo

1. La alegría es efecto de cierta plenitud de vida. Para la persona -criatura inteligente- se halla sobre todo en la sabiduría y el amor. En su infinita misericordia, Dios nos ha hecho hijos suyos, partícipes de su naturaleza, que es precisamente plenitud dé Vida, Sabiduría plena, Amor inmenso. No cabe pues mayor alegría que la de ser hijos de Dios por la gracia. Se trata de una alegría sobrenatural, que el mundo no puede dar. Cuanto mayor es la gracia, mayor es la participación en la Vida, la Sabiduría y el Amor de Dios; y cuanto más presente tengamos nuestra condición de hijos de Dios, mayor será nuestra alegría.

2. La filiación divina es el fundamento de la espiritualidad del Opus Dei. Por eso nuestro Padre nos dice a cada uno: "la alegría es parte integrante de tu camino" (Camino, n. 665). "El Padre quiere, porque así lo quiso Dios, que en el Opus Dei todos seamos felices" (De nuestro Padre).

3. El Señor nos ha ganado la filiación divina en la Cruz; de la Cruz brota toda la gracia, y en ella está, pues, la raíz de la alegría sobrenatural. La alegría en la tierra tiene sus raíces en forma de cruz. "Tú has hecho, Señor, que yo entendiera que tener la Cruz es encontrar la felicidad, la alegría. Y la razón -lo veo con más claridad que nunca- es ésta: tener la Cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo, y, por eso, ser hijo de Dios" (De nuestro Padre). "Y en esta forja de dolor, donde el Señor me ha metido para sacar adelante la Obra -Señor, me has dado dolores en abundancia, ¡gracias!-; en esta forja de dolor, que ha sido mi vida, el Señor me ha enseñado que quien pisa donde pisa Cristo, encuentra la alegría" (De nuestro Padre) (Ibid., p. 13). Filiación y entrega perfecta, fuentes de la verdadera alegría (cfr. Camino, n. 662).

4. Como somos hijos de Dios, Padre omnipotente, chiflado de amor por sus hijos, todo lo encamina a nuestro bien: omnia in bonum! Nada nos debe turbar; nada debemos temer: a nada ni a nadie; ni a la vida ni a la muerte.

5. Lo único que podría turbarnos y robar nuestra alegría sería el descamino, el alejamiento de Dios. Pero tal cosa no ocurrirá en la medida en que luchemos por vivir el espíritu de la Obra: presencia de Dios, pequeñas mortificaciones, el trabajo santificante y santificado, intenso, etc., que constituyen nuestro ascetismo sonriente; una lucha deportiva, alegre, que impide la esclerosis espiritual, nos mantiene siempre jóvenes -cada día más- y optimistas.

6. Y si alguna vez tuviésemos la desgracia de apartarnos de Dios, haríamos el papel del hijo pródigo: volver con el corazón contrito. En el Cielo habría gran fiesta, y por tanto, tam-

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bién en nuestro corazón. Por lo demás, esto es lo que ocurre, de ordinario en pequeñas cosas, muchas veces al día. Y así, con muchos actos de contrición, todo el día es una fiesta.

7. "El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor" (Es Cristo que pasa, n. 48); tiene sentido divino, redentor. Es un encuentro con Dios; nos identifica con Cristo, nos une a su Cruz. Está lleno de alegría. Afán filial de agradar a Dios con un trabajo bien hecho, bien terminado, que queremos ofrecerle.

8. Y el apostolado ¿qué es sino contagiar alegría, acercar a Dios, unir a la Cruz? Ha de ser sobreabundancia de alegría sobrenatural y humana: "Caras largas, modales bruscos, facha ridícula, aire antipático: ¿Así esperas animar a los demás a seguir a Cristo?" (Camino, n. 661).

9. Una fuente importante de alegría la tenemos en nuestra vida en familia, que ha de mantener siempre su sabor característico. La sonrisa ha de ser nota dominante; y es también piedra caída en el lago, en nuestro hogar, que se llena así del gaudium cum pace, que nunca puede faltar a los que somos, por vocación divina, "sembradores de paz y de alegría". Tampoco faltan razones humanas, porque "nadie puede aguantar un solo día con un triste -dice Santo Tomás- ni con una persona desagradable. Por lo tanto, todo hombre está obligado por un cierto deber natural de honestidad, a convivir amablemente (alegremente) con los demás" (S. Th., II-II, q. 114, a. 2, ad 1).

10. Consecuencia necesaria de la fe en nuestro Padre Dios es el optimismo, característica de nuestro espíritu. Es optimista el que no se detiene a contemplar el lado negro de las cosas y de las personas, sino lo bueno, lo recto: "Hay que ver, hijos míos, el aspecto positivo de las cosas. Lo que parece más tremendo en la vida no es tan negro, no es tan oscuro. Considerad esto y no habrá pesimismo" (De nuestro Padre)*

11. Al ver los propios pecados o los de los demás, hemos de pensar: "un enfermo no es un cuerpo para el cementerio. Vamos a curarle dándole los oportunos remedios. Dentro de nuestro espíritu está toda la farmacopea" (De nuestro Padre).

12. "Un enemigo: el pesimismo. Pueden padecerlo hombres que se saben hijos de Dios, pero a quienes, si se trata de una contradicción intensa, su soberbia (...) no les deja ver que son ut iumentum. Ya sabéis lo que digo del burro: cuantos más palos recibe, mas trabaja. Nosotros hemos de tener tal espíritu que, si alguna vez hay -alguna contradicción, no nos desalentemos" (De nuestro Padre).

13. "Fe, alegría, optimismo. -Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad" (Camino, n. 40). "Nuestra pedagogía se compone de afirmaciones, no de, negaciones, y se reduce a dos cosas: obrar con sentido común y con sentido sobrenatural" (De nuestro Padre). Sentido común, que se obtiene ponderando las cosas, evitando la precipitación, el atolondramiento. Una cosa es

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la audacia, buena y santa, y otra la temeridad.

14. Así, pues, hemos de ser "santos con buen humor, que si no, no va" (De nuestro Padre). "Perder el buen humor es una cosa grave. Buen humor hasta en el momento de la muerte" (De nuestro Padre). Contaba nuestro Padre que durante la guerra española, "cuando Don Álvaro estuvo en la cárcel, y los comunistas le pusieron la pistola en la cabeza, seguía contento” (De nuestro Padre). Y así hemos de comportarnos todos en Casa: el buen humor nos lo ha dejado en herencia nuestro Fundador.