Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 24

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APARTADO III Charla nº 24

Dirección

"Cuando Dios Señor Nuestro, el día 2 de octubre de 1928, suscitó su Obra, dentro del Cuerpo Santo de la Iglesia, le dio una finalidad específica; y con ella, un espíritu peculiar y el modo apostólico de trabajar, que le es propio" (De nuestro Padre) . Para cumplir su misión divina, la Obra necesita un orden, una jerarquía, "si no, nuestro Opus Dei no podría ser un instrumento para servir a las almas, para servir a la Iglesia, para ser fiel al Magisterio del Romano Pontífice" (De nuestro Padre). Ha querido Dios que los Directores gobiernen en su nombre y que todos seamos igualmente necesarios (cfr. 1 Cor 12,21-26).

La dirección que recibimos en Casa es necesaria para que recorramos con acierto nuestro camino, para que cumplamos la misión que Dios nos ha encomendado: hacer el Opus Dei en la tierra, siendo nosotros mismos Opus Dei. "Los que no son gobernados -dice la Escritura-, caen como las-hojas, pues en la abundancia del consejo está la salvación" (Pry 11,14). Nadie puede ordinariamente guiarse a sí mismo en el camino hacia la santidad; sin una ayuda especial de Dios, le faltaría objetividad y le sobraría apasionamiento (cfr. Camino, nn. 56, 59, 60, 62, 63).

3- La dirección que nos da la Obra es un conjunto abundante de cuidados y auxilios espirituales para ayudarnos a ser santos, y eficaces en el apostolado. "Todos nosotros, por el hecho de pertenecer al Opus Dei, tenemos el derecho y el deber de recibir la dirección espiritual que la Obra nos da, y del modo como nos la da -sin que sea lícito buscarla fuera del ámbito de nuestra Familia sobrenatural-, para poder adquirir y mejorar así nuestro espíritu peculiar y darlo a otros con eficacia" (De nuestro Padre).

4. La santidad a la que hemos sido convocados, ha de informar toda nuestra vida. "Hemos de ser santos -os lo diré con una frase castiza de mi tierra- sin que nos falte un pelo: cristianos de veras, auténticos, canonizables" (Amigos de Dios, n. 5). La unidad de vida característica del espíritu del Opus Dei, no admite resquicios, lagunas de nuestra conducta sin santificar. Por esto, la dirección personal en Casa no sólo se refiere a la vida íntima de unión con Dios, sino también a la conducta exterior, que ha de ser siempre una materialización de la vida espiritual (cfr. Conversaciones, n. 114).

5. No se trata de uniformar nuestro modo de ser, ni nuestro modo de pensar en tantas cosas opinables, ni nuestra manera de trabajar -nada más ajeno a nuestro espíritu-; se trata de "hacer que nosotros mismos seamos Opus Dei, y que sean Opus Dei todos nuestros trabajos y afanes: obra de Dios, grata y aceptable para el Señor" (De nuestro Padre).

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6. Hay que colaborar decididamente en esta tarea manifestando el estado del alma y las disposiciones interiores, y poniendo lo mejor de nuestras energías para adquirir la forma pulida del espíritu de la Obra. Es necesario contribuir, con nuestras buenas disposiciones, a nuestra propia formación; aprovechando al máximo los medios de formación personal y colectiva: luchando para poner por obra los consejos de la charla fraterna, de la confesión sacramental, del Círculo breve o de Estudios, de la corrección fraterna, etc.

La dirección espiritual personal, que se da a los miembros de la Obra, tiene como orientación peculiar "la de simplificar su vida; la de evitar que sean interiormente complicados, retorcidos, enmarañados" (De nuestro Padre).

Se nos orienta para que nuestras disposiciones y nuestras acciones sean conformes a la fe, a la moral de Jesucristo, al espíritu de la Obra; y para que realicemos un apostolado de acuerdo con ese espíritu. Los Directores tienen, por tanto, especial deber de velar por la pureza de nuestra doctrina, y nosotros el deber de obedecer en materia tan grave, acogiendo con docilidad, alegría y gratitud cuantas medidas sean menester para que no nos descaminemos (por ejemplo, en materia de lecturas, de liturgia, etc.).

Existe en Casa una dirección colectiva, para todos o una parte de los miembros, que sé transmite a través del espíritu y Costumbres de la Obra; de nuestros Estatutos; Instrucciones y Cartas de nuestro Padre y del Padre; y de los documentos de gobierno, etc. Esta dirección corresponde, para toda la Obra, al Padre, y en cada Región al Consiliario, ayudados respectivamente por la Dirección Espiritual.

Dirección personal es aquella que se imparte a cada miembro en particular, mediante advertencias, mandatos y consejos concretos. Corresponde ésta al Consejo local por lo que respecta a la conducta exterior; y a los Directores y sacerdotes de la Obra, en lo referente a las disposiciones interiores.