Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 22

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APARTADO III Charla nº 22

Naturalidad

Nuestra vinculación a la Obra es algo muy profundo, íntimo, que no altera nuestro estado y condición en el mundo; no tiene trascendencia pública, en la vida social, profesional, etc. Sería por tanto extemporáneo, fuera de lugar, pregonar esa vinculación; lo mismo que si lleváramos un cartel en la espalda que dijera: ¿quiero ser un buen cristiano!

”Lo que nos pide el Señor es naturalidad: si somos cristianos corrientes, almas entregadas a Dios en medio del mundo -en el mundo y del mundo, pero sin ser mundanos-, no podemos comportarnos de otro modo: hacer cosas, que en otros son raras, serían raras también en nosotros. Sabéis bien que he prohibido que nuestra entrega tenga especiales manifestaciones externas: no hay ninguna razón para que llevemos uniformes o insignias. Respeto a los que piensan que, para ser buen cristiano, hace falta ponerse al cuello una docena de escapularios o de medallas. Tengo mucha devoción a los escapularios y a las medallas, pero tengo más devoción a tener doctrina, a que la gente adquiera conocimiento profundo de la religión.

De este modo no es necesario, para demostrar que se es cristiano, adornarse con un puñado de distintivos, porque el cristianismo se manifestará con sencillez en las vidas de los que conocen su fe y luchan por ponerla en práctica, en el esfuerzo por portarse bien, en la alegría con que tratan de las cosas de Dios, en la ilusión con que viven la caridad" (De nuestro Padre).

3. "La intimidad de la entrega personal a Dios y la intimidad de la vida de nuestra Familia, no son cosas para andar pregonándolas por la calle, ni para satisfacer la curiosidad del primer oliscón agresivo que llame a la puerta: nuestra ingenuidad ha de ir unida a la prudencia" (De nuestro Padre). "¿Acaso la lección de Jesucristo no es que debemos pasar entre los demás de nuestra condición social, de nuestra profesión, como uno de tantos, desconocidos? No desconocido por tu nombre, ni por tu trabajo. No desconocido porque no destaques por tu talento; sino desconocido porque no hay necesidad de que sepan que tú eres alma entregada a Dios, empeñada en imitar a Jesucristo; que tú eres sal de la tierra, otro Cristo. Que lo experimenten: que se sientan limpios, nobles, fuertes en su conducta: pero que tú pases inadvertido como Cristo en Nazaret" (De nuestro Padre).

4. Tampoco ocultamos nuestra vinculación a la Obra. "Aborrezco el secreto, que muchas veces no sirve sino para hacer el mal, o para que se diluya la responsabilidad. No admito más secreto que el de la confesión: y así lo digo siempre, a todos los que alguna vez se me acercan con la pretensión de contarme algo en secreto" (De nuestro Padre). Nada tenemos que encubrir u ocultar. "Nunca he tenido secretos, ni los tengo ni los tendré.

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Tampoco los tiene la Obra: no estaría bien que los tuviese, y yo, que soy el Fundador, no lo supiera. El secreto es innecesario para el Opus Dei: no lo ha necesitado nunca, ni lo necesita ahora, ni lo necesitará jamás. El tesoro que Dios ha depositado en nosotros, la luz que hemos de comunicar es un secreto a voces: porque tenemos la obligación, la misión divina de proclamarlo a los cuatro vientos" (De nuestro Padre).

5. Todo el que está interesado, dispone de abundante información sobre la Obra, los nombres de los Directores y los domicilios de las obras corporativas de apostolado, que figuran en diversas publicaciones.

El mismo respeto que exigimos para las cosas de nuestra conciencia, lo tenemos para las conciencias de los demás. En el apostolado hemos de meternos audazmente en la vida de los demás -como Cristo se ha metido en la nuestra-, pero lo hacemos sin violencia, con exquisita delicadeza, contando siempre con la "complicidad" de nuestro interlocutor, pues sabemos que abrir el corazón en confidencia de amigo, trae la luz y la paz para el alma. Y guardamos con lealtad sus confidencias.

Por ese mismo respeto a la intimidad, hay ciertas cosas de nuestra familia sobrenatural que no comunicamos a los extraños, "porque, siendo para nosotros muy queridas, para los demás iban a ser motivo de risas y burlas; aquí también, en esta casa de todos nosotros, hay cosas sin importancia, muy edificantes ordinariamente, que serían tomadas a broma por quienes no pertenezcan a nuestra Familia" (De nuestro Padre). Es una norma de comportamiento que dicta el más elemental sentido común.

El silencio de oficio es un deber de natural prudencia y, en muchos casos, de justicia, pues no es correcto airear asuntos personales de los demás, confiados por ellos en razón del cargo o profesión. Por otra parte, en cualquier familia, determinadas preocupaciones, necesidades y proyectos, los tratan los padres con algunos de los hijos mayores, sin que los más jóvenes tengan por que enterarse. "Si los problemas van a quien no tiene por qué tratarlos ni resolverlos, las cosas van mal, muy mal" (De nuestro Padre).