Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 21

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APARTADO III Charla nº 21

Humildad colectiva

"Os he enseñado siempre que es fundamento de nuestra peculiar espiritualidad la humildad colectiva. No entiendo porqui, si Juan y Pedro y Andrés, tomados particularmente, tienen el deber de ser humildes, todos juntos han de considerarse en cambio con el derecho a ser soberbios como víboras" (De nuestro Padre). "Nuestro lema es el del Bautista: illum oportet crescere, me autem minui (Ioh 3,30); conviene que Cristo crezca, y que yo me haga pequeña* Por eso, nuestra ambición más grande -la verdadera gloria de la Obra- es vivir sin gloria humana, para que sólo a Dios vaya la gloria, soli Deo honor et gloria (1 Tim 1,17)". (De nuestro Padre).

Hemos de aprender a pasar ocultos: con humildad personal que facilite la humildad colectiva. “Porque estamos expuestos a un peligro muy sutil, a una insidia casi imperceptible del enemigo, que cuanto mas eficaces nos ve, tanto más redobla sus esfuerzos para engañarnos. Ese peligro sutil -corriente, por lo demás, en las almas dedicadas a trabajar por Dios- es, hijos míos, una especie de soberbia oculta, que nace de saberse instrumentos de cosas maravillosas, divinas; una callada complacencia en uno mismo, al ver los milagros que se obran por su apostolado (...) Y tantos obstáculos humanos superados; tantas incomprensiones vencidas; tantos ambientes conquistados: un trabajo siempre más amplio y diverso, siempre más eficaz... Todo eso, hijos míos, puede a veces ser ocasión de una injustificada -pero posible- satisfacción de nosotros mismos. Debemos estar atentos, para que esto no suceda; debemos tener una conciencia muy fina, y reaccionar enseguida" (De nuestro Padre).

"El espectáculo de los prodigios que obra Dios por nuestras manos debe ser una ocasión para humillarnos, para alabar a Dios y reconocer que todo viene de El, y que nosotros no hemos hecho más que estorbar o, a lo más, ser pobres instrumentos en las manos del Señor.

Debemos pensar que hay muchas otras almas que han trabajado mejor que cada uno de nosotros, y se han sacrificado más y han rezado con mayor perseverancia; pero que el Señor se ha querido servir más de vosotros y de mí que de esas otras personas, para que se vea que es El el que actúa, para que se note que los instrumentos no cuentan o cuentan muy poco" (De nuestro Padre).

4. Debemos recordar siempre, con profundo agradecimiento al Señor, que "Dios ha escogido a los necios según el mundo, para confundir a los sabios..." (1 Cor 1,27-28).

5. Trabajar sin espectáculo, con naturalidad: "Debéis trabajar con naturalidad, sin espectáculo, sin pretender llamar la atención, pasando inadvertidos, como pasa inadvertido un buen

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padre que educa cristianamente a sus hijos, un buen amigo que da un consejo lleno de sentido cristiano a otro amigo suyo, un industrial o un negociante que cuida de que sus obreros estén atendidos en lo espiritual y en lo material. Debéis trabajar. con una humildad personal tan honda, que os lleve necesariamente a vivir la humildad colectiva, a no querer recibir cada uno la estimación y el aprecio que merece la Obra de Dios y la vida santa de sus hermanos" (De nuestro Padre).

Una labor callada, pero constante: lo nuestro es "trabajar como tres mil, haciendo el rumor de tres" (De nuestro Padre). Y esa actitud se hace "defensa de una humildad que Dios quiere que sea también colectiva -de toda la Obra-, no sólo individual; es también, al mismo tiempo, instrumento de mayor eficacia en el apostolado del buen ejemplo, que cada uno personalmente desarrolla en su propio ambiente familiar, profesional, social" (De nuestro Padre).

La mayor gloria de la Obra es no tener gloria humana: "la virtud teologal de la esperanza nos da un aprecio tan grande del premio que nos ha prometido nuestro Padre Dios, que no estamos dispuestos a correr el riesgo de perderlo por falta de humildad colectiva; no queremos que a nosotros se nos apliquen, por haber buscado el aplauso de los hombres, aquellas otras palabras de Jesús: amen, dico vobis, receperunt mercedem suam (Mt 6,16); recibieron ya su galardón. ¡Triste negocio!

Por eso no queremos que se nos alabe, ni que se nos pregone: queremos trabajar calladamente, con humildad, con alegría interna -servite Domino in laetitia (Ps 99,2)-, con entusiasmo apostólico que no se desborda en ostentación, en manifestaciones aparatosas» Queremos que haya en todas las profesiones, en todas las tareas humanas, grupos escogidos de hombres y mujeres que, sin banderas al viento ni etiquetas llamativas, vivan santamente e influyan en sus compañeros de trabajo y en la sociedad, para el bien de las almas: ése es el afán exclusivo de la Obra" (De nuestro Padre).

De otra parte, Dios quiere que la Obra y sus apostolados sean perfectamente conocidos en todo el mundo, para el bien de todas las almas. Hemos de trabajar de polo a polo, abrir todos los caminos divinos de la tierra.

Como la Obra asume y empapa nuestra vida toda, dándonos la mayor alegría que cabe en este mundo, es natural que hablemos de ella con el cariño y el entusiasmo de los buenos hijos. Sin sectarismos ni exclusivismos, sin perder de vista las múltiples y magníficas manifestaciones del Espíritu de Dios en la Iglesia, con pillería santa, daremos a conocer la hondura y extensión de la tarea sobrenatural -con profundas repercusiones en el bien común temporal de la sociedad- que la Obra realiza en los cinco continentes, a pesar de nuestras miserias personales y limitaciones.

10. El Opus Dei tiene, en todos los lugares donde trabajan sus miembros, una personalidad civil bien determinada, con-

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forme a la legislación de cada país. Por lo tanto, en todas las naciones donde se desarrolla, nuestra labor se hace de acuerdo con las leyes vigentes en ese territorio.