Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 20

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APARTADO III Charla nº 20

Humildad personal

"...Todas las cosas fueron hechas por El y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho" (Ion I 1-3). Somos criaturas de Dios y dependemos totalmente de El. "¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si todo lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" (1 Cor 4, 7-8).

Somos enteramente de Dios y para Dios: Peo omnis gloria! "Nuestra vanagloria sería eso: gloria vana; seria un robo sacrílego" (Camino, n. 780). La humildad -andar en verdad- comienza en el reconocimiento de la propia nada y de la inmensa gloria de Dios, de-quien procede todo bien. Por tanto, "Da ‘toda’ la gloria a Dios. –‘Exprime’ con tu voluntad, ayudado por la gracia, cada una de tus acciones, para que en ellas no quede nada que huela a humana soberbia, a complacencia de tu 'yo'" (Camino, n. 784; cfr. también n. 599).

3. El conocimiento de Dios y el conocimiento propio llevan, como de la mano a la humildad que, en frase conocida de Cervantes, "es la base y fundamento de todas las virtudes, y sin ella no hay ninguna que lo sea". La misma humildad es un gran don de Dios, que hemos de pedir con perseverancia, porque la tendencia a la soberbia es muy fuerte, y si no se lucha para corregirla, con los años aumenta. Tratando asiduamente a Jesucristo -humiliavit semetipsum (Phil 2,8)- le conoceremos y nos conoceremos.

4. Somos instrumentos. "Ya puedes desechar esos pensamientos de orgullo: eres lo que el pincel en manos del artista. -Y nada mas" (Camino, n. 612). Pero también ¡nada menos!, porgue Dios es capaz de escribir finamente con la pata de una mesa... Si somos dóciles -sicut lutus in manu figuli (Ier 18,1) -el Señor hará maravillas. Pero El "quiere que los instrumentos hagan lo posible para estar bien dispuestos: has de procurar que nunca falte esa buena disposición tuya. Y de esa manera se -multiplicaran a tu alrededor todas la cosas buenas, se llenarán de luz y de sal las inteligencias y las costumbres" (De nuestro Padre).

5- La eficacia de la humildad es patente en la vida de la Santísima Virgen: "Porque vio mi bajeza". Y en la de nuestro Padre, que repetía: "no valgo nada, no tengo nada, no sé nada, no soy nada, ¡nada!". Cuando se pongan en pie nuestras miserias, hemos de recordar que "El Señor busca el instrumento inepto para que se vea que es El quien actúa. Cuando seáis viejos, veréis que Dios os ha utilizado como instrumentos -pobres y pequeños, como sois- para cosas heroicas y grandes" (De nuestro Padre).

6. Ocultarse y desaparecer, era el lema de nuestro Padre; pero desarrollando una tarea ingente. Hacer y desaparecer. "Así tiene que ser nuestra vida. Así es nuestra vocación: vocación de santidad, pero pasando inadvertidos" (De nuestro Padre).

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Manifestación de humildad es no hacerse imprescindible, en ningún campo de nuestra actividad. Los talentos que Dios nos ha dado no son para que los disfrutemos egoístamente: son para el bien común. No hemos de tener inconveniente, al contrario, en enseñar a otros "el secreto del guiso"; con especial empeño en las cosas de nuestra familia, en los trabajos y encargos internos. Hacer notas de experiencia, de modo que los que vengan detrás puedan comenzar donde nosotros hemos terminado.

La humildad, al valorar más el parecer ajeno que el propio, excluye el juicio crítico. La soberbia, en cambio, produce susceptibilidad: si me han dicho; si me han dejado de decir; no me hacen caso; no me valoran; no me entienden... Son tentaciones que se deben cortar con toda energía, acudiendo rápidamente a la Santísima Virgen, para que nos consiga un acto profundo de humildad, que traerá el sosiego y la paz al alma. Y, luego, a olvidarse de sí mismo y darse a los demás, "que Dios lo premia con una humildad llena de alegría" (De nuestro Padre).

9* Las comparaciones -fruto de la soberbia- son odiosas, causan envidias, quitan la paz y quebrantan la caridad. Hemos de agradecer profundamente al Señor el modo de ser que nos ha dado. Así, tal como somos, luchando con nuestros defectos, procuraremos alcanzar la santidad y santificar todo cuanto toquemos.

Humildes no quiere decir apocados ni pusilánimes: "Esa falsa humildad es comodidad: así, tan humildico, vas haciendo dejación de derechos... que son deberes" (Camino, n. 603).

Con la humildad somos capaces de las empresas más audaces. "Pensad: yo valgo poco, yo puedo poco, yo no tengo medios. Quizá la Obra -en esa Región- no tiene medios tampoco, pero omnia possum in eo qui me confortat! (Phil 4,13) ¡Adelante! Adelante con una tozudez, que es santa, y que se llama, en lo espiritual, perseverancia: ya veis que el complejo de superioridad nace de la humildad, de saberse nada y contar con la gracia divina" (De nuestro Padre).

Para ganar en humildad: oración y examen, ser sinceros, rendir el juicio, luchar en lo pequeño y pedírselo al Señor y a la Virgen.