Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 16

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APARTADO III Charla nº 16

Cosas pequeñas

Porque Dios es infinito y es Amor, tiene siempre presente tanto lo más grande como los más pequeños detalles: el vestido de la hierba del campo (cfr. Mt 6, 20) y los cabellos de nuestra cabeza (cfr. Mt 10,30). Nuestro Padre, con un alma grande y enamorada de Dios, siguiendo fielmente las mociones del Espíritu Santo, estaba en todo, en lo grande de la vida de la Obra y en los detalles más pequeños de la vida de sus hijos. Y nosotros, que queremos crecer mucho en el Amor, levantar un gran edificio de Amor de Dios (cfr. Camino, n. 823), lo hemos de construir a fuerza de cosas pequeñas; además, rara vez tendremos ocasión de hacer cosas grandes.

"Nuestra vida es común y corriente: pretender servir al Señor con cosas grandes sería como intentar ir a la caza de leones en los pasillos” (De nuestro Padre), como Tartarín de Tarascón. "En cambio, a lo largo de la vida, si nos mueve el Amor, cuánto detalle encontraremos que se puede cuidar, cuánta ocasión de hacer un pequeño servicio, cuánta contradicción –sin importancia- sabremos avalorar. Pequeñas cosas que cuestan y que se ofrecen por un motivo concreto: la Iglesia, el Papa, tus hermanos, todas las almas" (De nuestro Padre).

3- "Un pequeño acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!” (Camino, n. 814). Aquellas pequeñas monedas de la viuda del Evangelio (cfr, Mc 12,41-44) tuvieron un valor colosal ante la mirada atenta del Señor, que veía el corazón de aquella mujer: era todo cuanto tenía. "Las obras del Amor son siempre grandes, aunque se trate de cosas pequeñas en apariencia" (Es Cristo que pasa, n. 44). Son todo cuanto, de ordinario, podemos ofrecer al Señor; y al poner en ellas todo el Amor -caridad teologal- de que dispone­mos, adquieren un valor enorme: un valor de eternidad. "Porque fuiste `in pauca fidelis -fiel en lo poco-, entra en el gozo de tu Señor. -Son palabras de Cristo. –‘In pauca fidelis!...’ -¿Desdeñarás ahora las cosas pequeñas si se promete la gloria a quienes las guardan?" (Camino, n. 819).

4. El cuidado de las cosas pequeñas viene exigido por la naturaleza de nuestra vocación: imitar la vida oculta de Jesús; aquellos largos años de trabajo oculto y silencioso, de vida de familia, de trato amistoso con las gentes de su pueblo. Todo hecho con perfección, cara a Dios y a la humanidad entera. Imitando al Señor y a la Virgen Santísima, hemos de cuidar los detalles en la vida de piedad, en el trabajo, en el cuidado de la casa —"¡Ese cerrar la puerta con amor!", el reparar pronto los desperfectos, hacer durar las cosas que usamos...-, en el trato mutuo con delicadeza extrema, en la obediencia pronta y alegre, etc. "Que os fijéis en lo pequeño, que estéis en los detalles. No es obsesión, no es manía. Es cariño, amor vigilante, sentido sobrenatural en todo momento, y caridad" (De nuestro Padre).

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Las cosas pequeñas son un termómetro de nuestro amor y, a la vez, el amor las vuelve grandes a los ojos de Dios.

El hacer las cosas hodie, nunc, es una clara manifestación de Amor, de que se esta atento a los requerimientos divinos: hacer en cada momento lo que Dios nos pide, sin retrasos inexcusables. Otra cosa seria comodidad, pereza, tibieza. "La santidad ‘grande’ está en cumplir los ‘deberes pequeños’ de cada instante" (Camino, n. 817).

"La mortificación hay que buscarla en las cosas pequeñas y ordinarias, en el trabajo intenso, constante y ordenado. Cosas pequeñas que no te hacen perder la salud, pero que te mantienen encendido. Mortificación en las comidas. Minutos heroicos a lo largo del día. Puntualidad. Orden. Guarda de la vista por la calle, con naturalidad. Docenas y docenas de detalles y ocasiones bien aprovechadas" (De nuestro Padre).

"Os he enseñado siempre a encontrar ocasiones de penitencia y de mortificación en lo ordinario de cada día. Ahora os sugiero tres puntos muy concretos: el vencimiento que supone, a veces, el cultivo constante de las virtudes humanas; el afán por buscar y fomentar, entre todos sin distinción, una convivencia afectuosa; el empeño para que no falte nunca una sonrisa y una palabra de cariño, que haga más amable a todos el esfuerzo diario por servir generosamente a Dios en las almas" (De nuestro Padre).

Las cosas pequeñas son tantas y tan constantes que su cumplimiento fiel es heroico; requiere atención, sacrificio, generosidad constante. "Lo que es pequeño, pequeño es; pero el que es fiel en lo pequeño, ése es grande" (San Agustín, De doctr. christ., 14, 35)- Y tiene la eficacia del borrico de noria (cfr. Camino, n. 998). "La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo" (Camino, n. 813).