Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 13

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APARTADO III Charla nº 13

Espíritu de oración

Hemos recibido, con nuestra vocación, la llamada a ser contemplativos en medio del mundo. La vida contemplativa no es cosa de privilegiados ni exclusiva de gentes que se alejan del mundo.

A fin de cuentas, la vida contemplativa es la propia de los enamorados, que trabajan como el que más, están ocupados en mil cosas, pero en el pensamiento se encuentra siempre la imagen de su amor; y no les distrae del cumplimiento de sus obligaciones, sino que les mueve a realizarlas más perfectamente. Porque "cuando de dos cosas una es la razón de la otra, la ocupación del alma en una no impide ni disminuye la ocupación en la otra" (Santo Tomás, S.Th., Suppl., q. 8, a. 3, ad 4).

3. En definitiva, es cumplir el mandato del Señor: Qpor-tet semper orare et non deficere (Lc 18,1); y el de San Pablo: Sine intermissione orate (1 Thes 5, l7). Es saberse siempre con-templados por la mirada de amor infinito de nuestro Padre Dios; y en consecuencia, mantener un diálogo divino habitual, que cuaja en un trabajo lo más perfecto posible y mueve a descubrir a quienes nos rodean la inmensa alegría de los hijos de Dios.

4. Cada instante de nuestra vida ha de ser oración. Así somos como sarmientos unidos a la vid (cfr. Ioh 15,1-8), que reciben con abundancia creciente la savia sobrenatural, y producen frutos siempre de más calidad.

5. Para lograr esta vida de oración habitual, "no hay más remedio que rezar siempre. Comenzad con jaculatorias, que después vendrá la contemplación, como no imagináis. A veces, durante toda la vida no se hace más que eso: jaculatorias, actos de amor y de reparación. Como los enamorados que construyen un pequeño poema: te quiero mucho, y lo repiten incansables. Después, pasa el tiempo, y muchas veces el poema se olvida porque ha envejecido aquel amor. En cambio, nuestro amor, hijos míos, es siempre joven, no pasa nunca. ¡Buscad un hombre de mi edad que hable de su Amor como hablo yo! ¡Quizá no encontréis muchos!" (De nuestro Padre).

"Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansia escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán" (Amigos de Dios, n. 296).

Pero para ser contemplativos en medio del mundo, es

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preciso luchar; ponerse industrias humanas, despertadores, que nos recuerden la presencia de Dios. Se requiere mortificación habitual, y el esfuerzo por -cumplir amorosamente las Normas de nuestro plan de vida. "Si tenemos un radiador, quiere decir que habrá calefacción. Pero sólo se caldeará el ambiente si está encendida la caldera... Luego necesitamos el radiador en cada momento, y además la caldera bien encendida. ¿De acuerdo? Los ratos de oración, bien hechos: son la caldera. Y además, el radiador en cada instante, en cada habitación, en cada lugar, en cada trabajo: la presencia de Dios" (De nuestro Padre). Las Normas son lo primero, porque nos llevan a tener alma contemplativa, que nos es absolutamente necesaria: "y un alma que no sea contemplativa, difícilmente podrá perseverar en el Opus Dei" (De nuestro Padre).

8. De este modo, vamos adquiriendo, en cierta manera, el punto de vista de Dios, la visión sobrenatural, tan indispensable para nuestra vida de hijos de Dios. Sin ella lo pasaríamos muy mal: todo serian cruces, contratiempos, oscuridad: no entenderíamos nada. En cambio, con esa visión que da la fe, todo lo que sucede dentro o fuera de nosotros lo juzgamos como lo juzgará el Señor; todo lo que ocurre lo referimos a El; sabemos que todo viene de sus manos o, al menos, lo permite (cfr. Camino, nn. 280, 279).

9. "No podemos perder el sentido de lo sobrenatural (...) Cualquier cosa que en la vida del mundo pueda aparecer, hemos de llevarla enseguida a Dios, para descubrir su sentido divino" (De nuestro Padre).

10. La simple visión humana reduciría nuestras intenciones y nuestra obras a la dimensión meramente temporal, terrena Nuestro trabajo no sería más que opus hominum, cuando estamos llamados a hacer obras de valor sobrenatural, eterno, redentor y santificador, que sean operativo Dei, Opus Dei.

Por tanto,, "para trabajar con sentido sobrenatural, los socios de la Obra tendrán presente la obligación de dar a la tarea profesional, en medio del mundo, su sentido más hondo y más pleno, orientándola hacia la salvación de las almas y poniéndola en relación con la misión redentora de Cristo" (De nuestro Padre)

11. Es importante no perder el punto de mira sobrenatural, a la hora de valorar los "éxitos" o "fracasos" profesionales, apostólicos y de la propia lucha interior.