Procesos de beatificación de miembros del Opus Dei

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Por Trinity, 13.11.2006


En el mes de agosto, el prelado del Opus Dei volvió de España a Roma unos días, antes de viajar a Kenia y Uganda. Oficiosamente –la transparencia no es el fuerte de la institución-, se ha comentado que para trabajar en su declaración en el proceso de beatificación de Álvaro del Portillo, en el que –como éste en el de Escrivá- es el principal testigo.

Ya se ha tratado en esta web la irregularidad que supone que un proceso canónico se sustente de modo importante en la declaración del confesor del interesado. Pero hay cosas peores. Actualmente, la cuestión más de fondo, a mi entender, es que son ellos los que “instrumentan todo”: ellos se lo guisan y ellos se lo comen. En el proceso de Escrivá al menos los asuntos se estudiaron en dos tribunales diocesanos: Roma y Madrid. Pero ahora, tomando excusa en que la Prelatura es “estructura jerárquica” análoga a las diócesis, montan procesos de beatificación por su cuenta, en tribunales que ellos preparan, sin control de nadie... ¡Y ya sabemos cómo suelen proceder! Ellos preconstituyen los hechos para las tales beatificaciones, según necesiten. Piénsese en las multitudes de misas de aniversario “organizadas”, que luego se venden como devoción espontánea.

De este modo, los santos vienen a ser definidos por real decreto del Prelado, previamente, y al margen del hecho real de la devoción popular. En la Iglesia estas cosas suelen ser resultado de las iniciativas del Espíritu Santo. En cambio, en estos tribunales se define previamente el objetivo de a quiénes interesa canonizar: fulano, zutana y mengano, al igual que se silencia la vida heroica de tant@s otr@s. Y luego se monta lo que sea necesario para lograr el objetivo.

Ya sabemos quiénes serán santos: el primer agregado y agregada, el primer numerario y numeraria, la primera numeraria auxiliar, etcétera, pero con el matiz de que no será “el primero” (pues no son pocos los que dejaron la Prelatura), sino el primero que murió en la Prelatura, que será presentado como ejemplo de perseverancia, ya sea o no un personaje anodino.

Hoy por hoy, quizá el caso más sangrante sea el de Encarnita Ortega, fallecida en Valladolid: según el Código, el proceso debería instrumentarse en los tribunales de esa diócesis. Pero he aquí que, sin encomendarse a nadie, se lo llevan a un tribunal constituido ad hoc por la Prelatura.

No me parece que todo este modo de proceder sea muy sobrenatural ni se tome a Dios en serio. Para mí es un verdadero escándalo. Es un ejemplo clarísimo donde se muestra que están actuando como Iglesia paralela y saliéndose de madre. ¿Qué tiene que ver el fin de la Prelatura con organizar y resolver causas para la beatificación de santos?

En la jerarquía de Iglesia nadie dice nada, posiblemente para evitar enfrentamientos y por miedo al “poder oscuro del Opus”, cuya influencia no se sabe hasta dónde alcanza. Pero no son pocos los que están que trinan. Sinceramente, todo esto me parece un gran abuso.



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