Privilegios en el Opus Dei

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Por Trinity, 12.07.2006


Una realidad que debe corregirse en el Opus Dei es el trato preferente que los Directores dan a aquéll@s que aportan sustanciosas cantidades a la Prelatura.

Si son Numerari@s, se les permite todo tipo de libertades y exenciones: realizar sus viajes sin consultarlos previamente; realizar una vida social y profesional sin ser presionados para someterse al horario del Centro en que viven; no cargarles -si es que se los encargan- con encargos apostólicos que puedan hacerles costoso compatibilizarlos con su trabajo profesional; poder elegir el lugar de celebración de su Curso anual y de su Curso de retiro; realizar gastos sin consultar; vivir una pobreza sui generis. Y otro tanto puede decirse, mutatis mutandis, de l@s Agregad@s que tienen una posición social destacada.

En definitiva, se les permite hacer lo que les da la gana sin que reciban recriminaciones o les fuercen a marcharse si no rectifican, cosa que no ocurre con los demás, a quienes se les ata en corto. Es decir, no todos interesan lo mismo, ni a todos se les trata de la misma forma. Para esos miembros no hay inconveniente en concederles un auténtico status social dentro de la institución, que no funciona en esto como una familia y que se comporta de forma muy humana e interesada, a pesar de la insistencia que hacen los Directores en que se actúe por motivos sobrenaturales y con desprendimiento: ni humildad ni desprendimiento institucionales.

Si son Supernumerari@s, también se les conceden privilegios que ni los Numerari@s tienen: me refiero a ofrecerles que asistan a eventos especiales en Roma, siempre que lo desean; a que tienen las puertas abiertas para que sean admitidos sus familiares –hijos, nietos- en empresas educativas o colegios mayores universitarios regentados oficial o fácticamente por la institución; a que cuentan con la disponibilidad de sacerdotes de la Prelatura para celebrar acontecimientos familiares; a que disfrutan de un trato deferente a la hora de hacer la Confidencia; a que reciben invitaciones a la Delegación o Asesoría o Comisión regionales, y se les presta un trato especial, que no se tiene con l@s Supernumerari@s de pocos recursos económicos; a que se les invitan a audiencias privadas con el Prelado; y un largo etcétera.

En fin, que la pasta cuenta, y mucho, aunque procuren disimularlo, porque lo relativo al dinero es la actividad más celosamente discreta de toda la Obra. De hecho, se lo persigue hasta el lecho de la muerte: especialmente, en esa circunstancia. Y su posesión ocasiona que, como diría George Orwell en Rebelión en la granja, aunque en la Obra todos son iguales, unos son más iguales que otros.



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