Por qué no dimite el obispo prelado del Opus Dei?

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Por Nacho Fernández, 13 de junio de 2008


Mañana, 14 de junio, el obispo prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, cumplirá 76 años, uno más que la edad fijada por el Código de Derecho Canónico de 1982 para que los distintos obispos, tanto residenciales como titulares de diócesis extinguidas –monseñor Echevarría lo es-- pongan su cargo a disposición del Papa, el cual lo puede aceptar en cualquier momento. Pero no, hasta en eso el Opus Dei es distinto. Lo basa en que el cargo de la persona que está al frente de la hoy prelatura personal desempeña su función de una manera vitalicia...

Los miembros del Opus Dei suele decir que es una institución de la Iglesia Católica y pide que se le respete como a los demás grupos. El truco del obispo prelado ha servido para que cada año no tenga que buscar con lupa un obispo que se encargue de administrar el sacramento del orden sacerdotal a un grupo de fieles laicos de la prelatura. Y claro a quien más le gusta ordenar a los suyos es al propio obispo prelado. Así ningún obispo mete la pata en cuanto a conceptos de la institución, cuando pronuncia la homilía de la ordenación de presbíteros.

Hasta que no se produjo el nombramiento de monseñor Álvaro del Portillo como obispo titular de una diócesis extinguida de la Iglesia Católica, siendo a la vez prelado, en el seno de la Obra existía una especie de sin vivir, porque era una incógnita de qué iba a tratar la ceremonia de la ordenación. “Este (el obispo ordenante) no ha entendido nada de lo que es el Opus Dei”, decían destacados miembros y directores de la hoy prelatura personal.

Lo que sucede en la ordenación sacerdotal de un fiel numerario o agregado del Opus Dei es casi siempre lo mismo. Recuerdo de varios casos en que a la vez que ambas partes se daban un abrazo, el inferior –el nuevo sacerdote—le rendía total pleitesía al obispo prelado y le prometía obediencia. Los sacerdotes procedentes del laicado de la Obra son los más esclavos del alto mando de la institución fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, Santo Marqués de Peralta.

A propósito de esa esclavitud a la que me refiero, no está de más recordar la crueldad y el autoritarismo demostrado por el actual obispo prelado, monseñor Javier Echevarría y Rodríguez, con el sacerdote Antonio Petit, quien pretendió abandonar la institución y fue malamente tratado. Esa es una de las “medallas” que puede colgarse de la sotana que tanto usa el que se atreve a usar el sagrado nombre de padre. Menudo padre.

El libro “Mil nombres de la Iglesia en España”, de la Conferencia Episcopal Española es una joya. En su biografía, que ha sido publicada con los datos que ha aportado el Opus Dei, nos dice que pertenece al “clero secular (Prelatura del Opus Dei, 7 de agosto de 1955)". Sabemos que su padre era Ingeniero Industrial y su madre “S.L” (supongo que será sus labores). Su compañero de página es monseñor Carmelo Echenagusía Uribe, obispo auxiliar de Bilbao y cuyos padres eran obrero y labradora y tiene el título de licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Comillas en 1960.

En cambio, “Mil nombres de la Iglesia en España” señala que el actual obispo prelado posee tres doctorados: en Derecho Canónico por la Pontifica Universidad de Santo Tomás de Roma en 1953; en Derecho Civil por la Universidad de Madrid (no dice fecha) y por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma en 1955. El obispo prelado es un portento, con tres doctorados de los que el primero lo obtiene con veintiún años, y los otros dos con 23 años, en 1955, año de su ordenación sacerdotal, cuya preparación alternaba con ser secretario de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Se ve que ya antes de morir había hecho un milagro por lo mucho que le cundía el tiempo al entonces su secretario.

Recientemente, Trinity nos revelaba en Opuslibros que los centros de la prelatura han recibido una nota en la que se indica que internamente no se deben referir al “obispo prelado” y sí al prelado del Opus Dei. Claro, como no va a dimitir como sus hermanos del Episcopado, hay que procurar que no se note o se hable de ello lo menos posible. Es potestad de los obispos ordenar sacerdotes, con las correspondientes cartas que lo autoricen si son de otras diócesis. Y ordena porque es obispo, sí obispo. Si fuera un monseñor más sin ordenación episcopal no podría ordenar, aunque se vistiere con botones de color fucsia. Eso sí lo sabía muy bien el Santo Marqués de Peralta. ¡Cuántas rabietas pasaría en su vida el hoy santo! ¡Y cuántos enfados no pasó porque un obispo hizo una alusión a otra institución que a ellos no gusta, como pudiera ser cualquier congregación religiosa de varones! Claro, con obispo prelado está garantizado que no habrá meteduras de pata en las homilías de las ordenaciones sacerdotales.

Tengo la seguridad –y lo oí hablar dentro—que algunos obispos que ordenaron sacerdotes antes que en la Obra existieran obispos prelados como monseñores Álvaro del Portillo y Javier Echevarría fueron invitados a leer sus homilías antes de que las pronunciaran. Era una especie de pasar la revisión del director de las cartas que escriben sus miembros. Y claro, a algunos no gustó la insinuación de cambiar algo que hicieron los responsables opusianos. Recuerdo también que alguno se fue inmediatamente después de la ordenación sin esperar a nada. Por algo sería. De este modo, con obispo prelado, la homilía está garantizada.



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