Por qué es difícil marcharse

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Por Margaret Thaler Singer y Janja Lalich, págs 269 a 277 del libro “Las sectas entre nosotros” de Editorial Gedisa.


A veces la gente les pregunta a los ex miembros de sectas: "¿Por qué no se puso de pie y se marchó, sencillamente?" No hay ninguna respuesta simple para esa pregunta porque una variedad de factores contribuyen a mantener a un miembro unido al grupo. En la mayoría de los casos no hay ninguna restricción física, pero en todos los casos, hay un vínculo psicológico que resulta más difícil de cortar.

Cuando una persona se encuentra bajo la influencia coercitiva psicológica y social de una secta, experimenta los siguientes problemas:

  1. Engaño en el proceso de reclutamiento y durante su permanencia en el grupo.
  2. Debilitamiento, debido a las horas de trabajo, el grado de compromiso, las presiones psicológicas y la restricción y las luchas internas.
  3. Dependencia, como consecuencia de estar separado del mundo exterior en muchos sentidos.
  4. Temor, por las creencias, inculcadas por el grupo, de que la persona que se marcha no encuentra una vida real en el exterior.
  5. Desensibilización, de modo que las cosas que una vez los preocupaban ya no les preocupan (por ejemplo, saber que las sumas obtenidas al recolectar fondos sirven para sustentar la vida de despilfarro del líder y no para la causa por la cual fueron dadas).

Todos esos factores, que amplío a continuación, se entrelazan y accionan juntos para impedir que el miembro de una secta vea una salida...

Creencia

Entre las muchas influencias que refuerzan la dificultad que tiene el miembro de una secta para ponerse de pie y salir, es probable que la creencia sea el punto inicial. La creencia o el sentido de compromiso es una fuerza muy poderosa, sea que esa creencia se relacione con un dios o religión específicos, con cierto estilo de política, etc. Poder poner en práctica las, creencias y actuar según las propias ideas resulta muy atractivo para las personas. Parece ser la condición humana normal que deseemos creer en algo; necesitamos creencias que nos ayuden a entender nuestro universo.

En el mundo de las sectas, la creencia se convierte en el material aglutinante que vincula a la persona con el grupo. Se empiezan a aceptar las cosas, con independencia del grupo en que se esté, porque se cree en él. Se cree en los objetivos y en la gente que hace esas cosas junto con uno. Se cree en el líder. Se cree que se logrará algo.

En la mayoría de las sectas se les dice a los miembros que, para vivir a la altura de la creencia del grupo, se deben hacer ciertos cambios personales. De modo que uno dice: "Bien, lo acepto. Creo esto, estoy de acuerdo con esto y haré esos cambios", y de manera gradual, esos cambios empiezan a tener un efecto radical sobre los pensamientos y las acciones, aunque no se tenga gran conciencia ese efecto.

Decencia y lealtad

Una segunda influencia importante que retiene a la gente en las sectas es que la mayoría de las personas son seres decentes y honestos. Desean hacer bien, ser altruistas y lograr algo en la vida. Y son leales. Una vez que hacen un compromiso respecto de algo, no reniegan fácilmente de él.

De modo que cuando uno hace un compromiso con un grupo y cree en él con fervor, es muy difícil retroceder. Luego, cuando e empiezan a ver cosas que uno no entiende, puede decirse: "Bien, dije que haría estoy me dijeron quesería duro. Ahora, parte de esto no me parece correcto, pero dije que lo aceptaría e hice un compromiso. Me quedaré un poco más". Todo ese tiempo, claro, el liderazgo y todo, los que nos rodean nos dicen que será mejor que sigamos adelante, en términos sutiles o no tan sutiles.

El hecho de que a la gente no le guste ponerse de pie y decir "me retiro" también es significativo. Antes de abandonar, sigue y sigue.

Cuanto más tiempo se permanece, más difícil resulta salir, de modo que no querer ser de los que abandonan es también otro elemento que mantiene a la gente en las sectas.

Figuras de autoridad

Otro factor de influencia es que nos han criado para respetar a las figuras de autoridad, los líderes, la gente que nos dará respuestas. Cuando somos pequeños, durante la etapa escolar, se nos dice que hay respuestas y autoridades. Se supone que debemos escuchar las respuestas y respetar a los que "saben más".

De modo que cuando nos piden que no cuestionemos a la secta, la base lógica para hacer lo que nos dicen es que hacer otra cosa sería una falta de respeto hacia el líder, que lo sabe todo. El líder sabe más, tiene la respuesta omnisciente. Las preguntas y dudas de uno son desalentadas.

Para reforzar esa base lógica para la obediencia, cada grupo suele tener alguna clase de modelo de castigo para los transgresores. En particular, cuando uno cuestiona, puede ser que los otros lo hagan quedar como ridículo y lo llamen renegado, espía, agente, no creyente o Satán, o los términos desdeñosos que emplea cada grupo específico. Siempre existe un lenguaje interno con términos para ridiculizar y denigrar. De alguna manera, a uno se lo hace sentir mal por dudar o cuestionar. Uno es convencido por la lógica cerrada del grupo y por la presión de los pares de que cuestionar significa que no se cree lo suficiente. De modo que uno deja de hacerlo.

Finalmente, los seres humanos hacen lo que sea necesario para sobrevivir en un ambiente determinado. Cuando se es miembro de una secta, buena parte del ambiente y muchas de las elecciones de vida son controladas: los recursos económicos, el acceso a la información, el trabajo que uno puede hacer, el tiempo libre, el círculo social, a veces hasta la vida sexual. Uno se adapta y aprende a funcionar y sobrevivir para seguir como integrante del grupo. Es más fácil adecuarse, seguir adelante con la corriente y tratar de ser un buen creyente y un buen seguidor que resistir.

Presión de los pares y falta de información

La presión de los pares es un factor crítico para mantener a la gente en las sectas. Algunos ex miembros me han dicho: "En mi grupo teníamos médicos, abogados, trabajadores sociales, personas con toda clase de títulos avanzados, gente inteligente. Yo miraba a mi alrededor y pensaba: 'Bueno, Joe sigue haciéndolo. Mary sigue haciéndolo. Debo ser yo, debo ser yo. No lo termino de entender. Hay algo que no anda bien en mí, sólo debo esforzarme más".

Los miembros de sectas se sienten así porque nadie dice nada, porque nadie puede hablar. El que lo hace se siente solo, aislado, contaminado, errado. De manera directa o indirecta, todos los miembros del grupo alientan activamente a los otros a comportarse de ciertas maneras. Dado que somos animales sociales, es difícil resistir tales presiones.

Además, la deshonestidad del grupo acerca de muchas cosas impide a los miembros saber qué sucede realmente. No sólo se los mantiene alejados de las fuentes de información externa sino que también se les dicen mentiras y tergiversaciones sobre la secta, el líder y las actividades del grupo. La importancia o la influencia de las acciones del grupo se hace más grande de cuanto es en realidad, se aumenta la reputación del líder, si no se la inventa; a menudo se exagera el número de miembros o seguidores para que el grupo parezca más grande y más popular; y se distorsionan los acontecimientos del mundo, del mismo modo que las actitudes del mundo exterior hacia el grupo. Todos esos mitos sobre la secta y la sociedad en general suelen ser perpetuados no sólo por el líder sino también por su círculo interior de liderazgo. La resultante falta de conocimiento entre la mayoría de los miembros ayuda a impedirles realizar una evaluación real de la situación en que se encuentran.

Agotamiento y confusión

El agotamiento y la confusión aumentan la incapacidad de los miembros para actuar. En la mayoría de los grupos, a los miembros se los hace trabajar mucho. No sorprende que se agoten y no puedan pensar correctamente. Después de varios años de jornadas laborales de dieciséis a veinte horas, siete días por semana, sin vacaciones ni tiempo libre, ni diversiones, ni pasatiempos, se vive en un mundo brumoso. Algunos ex miembros describen la sensación de tener un velo sobre los ojos, como si no estuvieran en contacto con el mundo físico. Funcionaban de memoria. Alguna gente tiende a reírse y decir: "Oh, los miembros de la secta tal y tal tienen ojos vidriosos". Bien, de hecho, es así. Y ese efecto lo causa en parte el agotamiento que experimenta la persona.

Cuando no se puede pensar, cuando uno siente que apenas sobrevive cada día, todo lo que desea es terminar ese día sin ser agredido de la manera en que se produce la agresión en el grupo: trabajo repetitivo y carente de sentido; crítica o exorbitantes cuotas en la recolección de fondos...

Uno sigue y sigue y sigue. Se siente increíblemente confundido pero no conoce el modo de encarar esa confusión.

Se pueden haber hecho preguntas al comienzo, pero una vez que se establece el ritmo, ni siquiera hay tiempo para pensar cuáles eran esas preguntas o cuáles podrían ser ahora. Todo lo que se desea es concluir el día y tal vez dormir un poco. Y uno espera sobrevivir.

Separación del pasado

Otro notable factor que retiene a la gente en las sectas es que ha sido separada de su pasado. En casi todos los grupos, en el curso del tiempo, uno rompe con el propio pasado. Ya no ve a la familia ni a los amigos que no se incorporaron al grupo. Tal vez uno haya intentado reclutarlos, pero no se mostraron interesados. En muchos casos, ya no se tiene contacto con el mundo exterior.

Alguna gente trabaja sólo dentro del grupo durante toda su estadía en él. No van a un empleo externo cada día, tienen poco o ningún contacto humano salvo con los otros miembros. Si salen en misión de reclutamiento o son enviados a un acontecimiento público, están en el mundo con un propósito. El contacto que pueden tener con otros es completamente superficial y controlado por el grupo, con instrucciones anticipadas, sesiones de preguntas luego y cuidadosos mecanismos de información para vigilar la conducta de los miembros cuando están fuera del grupo.

De esa manera, el universo entero pasa a ser la gente con la que se está, lo que se hace cada día, las reuniones a las que se asiste y la casa en que se vive, probablemente con otros miembros. Uno está rodeado por completo de esa manera y al fin se olvida del propio pasado.

Después de vivir en un ambiente donde todos piensan y actúan de la misma manera, aun cuando uno no esté tan secuestrado como aquellos que son miembros de los grupos más restrictivos, se reduce la perspectiva y se atrofia la capacidad para comunicarse. Si ocurre que uno ve a su familia, resulta tan alienante que todo lo que se desea es huir de regreso al grupo. Si bien la vida en las sectas es desdichada y está llena de carencias, de alguna extraña manera es en el grupo donde uno se siente cómodo realmente porque es lo que ha llegado a conocer. Es familiar, es el ambiente cotidiano, el hogar y la familia.

En ese contexto, pensar en marcharse se torna absolutamente abrumador. Si la idea de la huida pasa siquiera por la cabeza, uno piensa: ¿Adónde iría? ¿Qué haría? ¿Quién me aceptaría? Uno ha perdido tanta autoestima que la idea de marcharse es insoportable. No puede contemplar abandonar el protegido universo pequeño para salir al horrible mundo que durante todo ese tiempo le han enseñado que es el otro, el mal, la sociedad burguesa o satánica. Los no creyentes no lo aceptarán a uno. En el instante en que ellos descubran que uno era "ése", muere ahí mismo o es perseguido. Nadie lo empleará, nadie lo querrá, nunca tendrá una relación. Uno es un perdedor.

Todo eso pasa por la mente de uno porque, de alguna manera, esas son las cosas que le dicen en la secta, y uno las ha internalizado mediante las sesiones de instrucción y el poder del entorno grupal. Debido al profundo abismo que lo separa del mundo, uno piensa que nunca podrá marcharse, y entra en una especie de parálisis emocional y psicológica. (Para no mencionar que muchos miembros de grupos tienen poco acceso al dinero, y en el aspecto práctico, no creen que puedan llegar muy lejos si se marchan.)

Miedo

Otra razón por la que la gente no abandona las sectas es simplemente el miedo. Muchos grupos persiguen a los desertores, los amenazan, los castigan, los ponen en arresto domiciliario. Si los miembros tratan de marcharse, son detenidos por la secta; si cometen el error de decirle a alguien que están pensando en irse, son apartados de las actividades del grupo, sometidos a ostracismo y castigados. Se los critica, se los pone en el banquillo de los acusados y en la mayoría de los casos se los "convence" muy rápidamente para que se queden. Como miembro del grupo, uno llega a saber de tales episodios y teme que le toque ese destino. Una vez más, marcharse no parece una opción factible.

En algunos casos, los miembros son expulsados. Son literalmente arrojados del grupo o depositados frente a una guardia psiquiátrica o en el hogar de los padres. Luego, cuando regresan a la secta, los otros miembros los acusan. Se los coloca en una lista de enemigos y ya no se los considera "personas". Se dicen mentiras horrendas sobre ellos para reforzar los criterios del grupo por los cuales ya no son miembros. Tal acusación no es una perspectiva placentera para alguien que piense marcharse. La imagen del paria adquiere proporciones enormes y la idea de convertirse en tal parece un destino peor que la muerte.

Culpa por la participación

El factor final que cierra la puerta de la trampa es la participación activa del miembro de la secta. Se desee admitirlo o no, uno ha invertido la vida en la secta. Cuesta dejar eso, en parte porque hay todavía una porción de uno que desea creer que realmente el proyecto tendrá sentido, y en parte por la vergüenza y la culpa que se siente. Uno ha participado en actividades que en la vida normal probablemente nunca hubiera considerado, actos moralmente reprensibles, acciones que uno nunca hubiera pensado que pudiera llevar a cabo o presenciar. Esa clase de culpa y vergüenza mantiene a la gente en las sectas. Les impide decir, simplemente: "Me pondré de pie y me iré ahora".

Debido a la experiencia en la secta y a todas esas influencias, se desarrolla una dependencia forzosa. Uno puede haber comenzado como un individuo completamente autónomo e independiente, pero después de cierto tiempo, aunque no se desee admitirlo, uno se vuelve completamente dependiente del grupo para todas las necesidades sociales y familiares, para la autoimagen y para la supervivencia. En grados que varían, a uno le dicen cada día qué hacer, y de esa manera sufre una regresión. Se vuelve como un niño para el que todo pensamiento de acción independiente es por completo apabullante e insoportablemente abrumador. ¿Cómo puede un niño ponerse de pie y marcharse cuando se lo ha llevado a creer que no puede vivir sin la gracia del liderazgo y el grupo?

Dada la poderosa combinación de creencia, lealtad, dependencia, culpa, miedo, presión de los pares, falta de información y fatiga, todo lo cual probablemente posea igual peso psicológico, los miembros no dejan fácilmente las sectas. La gente honorable y decente no abandona con facilidad los compromisos, y el ambiente del grupo es tal que torna prácticamente imposible marcharse.

Muchos miembros, en especial aquellos que permanecen en una posición inferior dentro del grupo, soportan un estado de conflicto mental y tormento por años. Otros ascienden en la jerarquía y se les enseña a perpetuar el sistema manipulador. Aprenden a fingir milagros y curas, a dar falsas versiones sobre victorias de la secta y a cubrir al líder corrupto. Su rol es imponer la obediencia y la dependencia, y aprenden a racionalizar su propia conducta así como la del líder. A pesar de que conocen las falsedades, se quedan por la posición y el poder de que gozan. También permanecen porque están atrapados por las mismas influencias que los otros y porque sienten una enorme culpa y temen el chantaje y la represalia del grupo.

Modos de abandonar el grupo

La buena noticia es que, al fin, la mayoría de los miembros abandonan sus sectas. Tienden a hacerlo de tres maneras.

Primero, muchos se marchan por su propia voluntad porque se desilusionan, se hartan o se agotan, o se dan cuenta de que la secta no es lo que afirmaba ser. Las contradicciones se tornan demasiado obvias y ya no se las puede ignorar. Juntan coraje y hacen su ruptura. A menudo, un incidente determinado desencadena la acción. Por ejemplo, a una miembro cuya madre realizó un larguísimo viaje para visitarla sólo se le permitió verla una hora, por sus deberes en el grupo. Si bien aceptó la imposición en su momento, siguió molestándola hasta que al fin tuvo éxito en su plan de huida. Los miembros de sectas que se marchan de esa manera son conocidos como desertores.

Segundo, algunos miembros son expulsados por el grupo debido a diversas razones que van desde la política de desechar a los miembros que se quiebran mental o físicamente por el estrés de la vida de la secta hasta programas deliberados en que el líder decide, por motivos económicos u otros, reducir el tamaño del grupo o librarse de alguien. A veces el líder se muestra dispuesto a sacrificar unos pocos miembros desleales o "independientes" para darles una lección a otros en el sentido de que también puede desecharlos si no se comportan bien. A menudo, esas purgas inspiran un miedo enorme en los miembros restantes, que pueden ser totalmente dependientes, estar cargados de culpa y convencidos de que no pueden funcionar en el mundo más amplio. '

Tercero, personas que no son miembros -habitualmente la familia o los amigos y un equipo compuesto por asesores para los que egresan y ex miembros- pueden reunirse con un miembro y darle información y apoyo que le permite una elección plenamente consciente respecto de la pertenencia al grupo. Es decir, al miembro se le da la oportunidad, mediante lo que se denomina ahora una sesión o intervención de asesoramiento en el egreso, para que evalúe su condición de miembro y su compromiso y decida si se queda con el grupo o se marcha.

Para muchos, abandonar el grupo es una de las cosas más difíciles de hacer. Y resulta difícil, en especial, hacerlo solo. Esa es la razón principal del éxito de las intervenciones familiares, el asesoramiento en el egreso y otros métodos para brindar información y apoyo al miembro de la secta.