Para ayudarse a salir de la depresión

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Por Elena Longo, 6 de junio de 2007


En muchas ocasiones la lectura de intervenciones en esta pagina me ha llenado de asombro por la inteligencia y lo despejado de sus autores, y por el aumento de capacidad que me provoca su lectura de entender mejor mi vida pasada, sus mecanismos, las causas de tantas cosas que me afectaron. En la mayoría de estas ocasiones una se calla, aunque conozca por experiencia directa lo agradable que es para el autor averiguar, por los comentarios de los demás, que se dió en el clavo en algo con una intervención, si no la pagina se va a convertir a menudo en una colección de alabanzas mutuas que marean y le quitan valor.

He empezado por esta consideración porque quiero destacar que, si me encuentro hoy en la necesidad de comentar la última intervención de Ruta de Aragón, no es porque considere otras menos dignas de comentarios, sino porque precisamente este argumento despertó en mí, especialmente, una eco muy hondo.

Ruta consiguió en su exposición de organizar experiencias, reflexiones, estudios, descubrimientos que por cierto han sido míos también en la vida que estoy viviendo, pero que en su exposición adquieren un orden, un sentido y, por consecuencia, una eficacia, que yo no había logrado hasta ahora. Le estoy verdaderamente agradecida por haberme hecho averiguar que detrás de tantos intentos míos de experimentar un metodo o un camino u otros, a lo mejor tenía cierta intuición de la necesidad de curarse a distintos niveles, y que unos pequeños exitos, o unos descubrimientos que a veces me resultan tan importantes sin que ni yo sepa explicar el porqué, me están ayudando a progresar en un proceso de recuperación indefinido...

Por cierto, no para todos este escrito va a tener el mismo impacto que provocó en mí, pues no todos pasamos por las mismas circustancias personales antes, durante y después de nuestro paso por el Opus Dei, pero estoy segura de que un buen porcentaje de nosotros que llegamos a salir empujados por una depresión de cierta gravedad, podemos encontrar en este escrito una clave para una mayor comprensión de nosotros mismos, y luces para continuar en el camino de reconstrucción. En esta clave, me atrevo a releer unas cuantas circustancias de mi historia, para subrayar la coincidencia con el analisis de Ruta y para volver a empujar a quien está en el comienzo de este camino de recuperación personal y a quien lo está recorriendo desde hace tiempo como yo.

Empiezo por la afirmación acerca de que la depresiòn “produce por regla general un derrumbe escalonado de los distintos planos de una persona, comenzando normalmente por los planos de la personalidad mas espirituales como son el plano emocional, el intelectivo o el de los fines de la vida”, y, por el contrario, en la reconstrucción, “normalmente debe seguirse el orden reparativo ascendente”.

En mi caso me pasò un episodio que, cuando me enteré, me dió mucho para reflexionar. Cuando escribí la historia de mi paso por el Opus Dei, lo empecé de impulso: abrí una pagina nueva en word, y cuando traté de salvar el archivo recién empezado, escogí el titulo “Reconstrucción” pués en ese momento para mí se trataba de sacar del olvido donde empezaban a perderse y “reconstruir” cronologicamente acontecimientos, experiencias, meses y años de mi existencia que ya empezaban a difuminarse en mi memoria quizá por un fenomeno de defensa de la mente, quizá por acción de psicofarmacos u de mecanismos colegados a la misma depresión. Lo que pasó, sin embargo, es que esta “reconstrucción” no se limitó a quedarse una mera reconstrucción de fechas y experiencias, sino que escribir, volver a leer frases, corregirlas con el esfuerzo de hacer inteligibles para hipoteticos, futuros lectores aquellas lineas, se volvió poco a poco una “recostrucción intelectual”, una comprensión de mi historia de la que hasta entonces no hubiera sido capaz. Como describe Ruta, de una reconstrucción de primer nivel, meramente mecanica y nocional, pasé a una reconstrucción psicologica y moral. Y con el envio a Opuslibros, “Reconstrucción” se volvió el termino de nuestro lexíco familiar por antonomasia para referirse al proceso de reconstrucción interior.

Otra anecdota: cuando aún recurría, en los primeros meses de mi vida fuera del Opus Dei, a un psiquiatra de la Obra, entre otros tratamientos me sometió por primera vez a unas sesiones de sofrología, una forma peculiar de la técnica de relajación que es más conocida como training autogeno. Fue mi primer contacto con un mundo nuevo: mi físico, igual que mi mente, estaba totalmente bloqueado. No experimentaba casi nada, sólo con mucho empeño, y no siempre, lograba experimentar una vaga sensación de relajación, un lejano bienestar que se traducía en un ligerisimo calor tan solo en zonas muy circunscritas de mi cuerpo, en las que ponía toda mi atención. Aunque los resultados no fueran muy alentadores y yo dejara estos primeros intentos casi en el olvido, me quedó la sensación, como una seguridad, de que “eso” era un camino por recorrer, aunque mis bloqueos me parecieran tan hondos y obstinados que a lo mejor resultarían insuperables. Esto pasaba hace casi 20 años. Sucesivamente, con la maternidad tuve necesidad de algún masaje para recuperar funcionalidad en la espalda, y bastante casualmente topé con el shiatsu. Fué otra experiencia que dejó huella: cuando me empeñaba en algunas de estas situaciones que me facilitaban el contacto conmigo misma, con mi cuerpo, que habitualmente “no sentía”, con mis sensaciones, que me obligaban a escucharme de una forma distinta a la habitual del examen de conciencia, que ya no practicaba tan a menudo pero que continuaba siendo la única forma de enfrentarme conmigo misma, siempre experimentaba como una sensación de “volver a casa”: de encontrame, al final, en el lugar adecuado para mí, de estar, finalmente, a gusto. Y aunque las urgencias de la sobrevivencia no me dejaban ni mucho tiempo, ni mucho dinero, ni en general mucha posibilidad de seguir este camino que en determinados momentos vislumbraba, iba reforzándose en mí la atracción hacia todo aquello que me ayudaba a conocerme de una forma más autentica, nueva para quien siempre se había valido, como única herramienta para la vida, de raziocinio y voluntad. Y poco a poco, de la misma forma, iba reforzándose la seguridad y la confianza en mi misma. Los pequeños éxitos que esta nueva actitud provocaba en mí me daban una confianza en mis recursos, en mis juicios, en mis posibilidades que en muchas ocasiones, anteriormente, hubiera juzgado atrevida y no muy lejana de una actitud de orgullo y de presunción.

Esta recuperación fisica pasaba mientras, gracias a la homeopatía, me iba poco a poco desintoxicando de los psicofarmacos y de otros medicamentos asumidos para contrastar todos los sintomas de malestar provocados por la diminución de defensas (dolores de cabeza, aftas en la boca, hongos en la piel, colitis, etc) a raiz de la depresión orgánica. Al mismo tiempo, habia vuelto a empezar psicoterapía con un terapeuta no del opus, y por motivos laborales también empecé a familiarizarme con técnicas de analisis transaccional que me ayudaron mucho en el plan de mis relaciones interpersonales en la vida privada.

La ayuda de participar en Opuslibros no la comento, por muy comentada que ya está. Otra fuerte subida del nivel de recuperaciòn lo experimenté cuando, hace tres años, empecé a practicar yoga. Al comienzo fué tan sólo la oportunidad de practicar una disciplina de ejercicio fisico que podía hacer junto a mi hija, no alargando los tiempos que pasamos separadas por mis compromisos laborales. Era la primera vez que practicaba ejercicio fisico en mi vida, con exclusión de las clases en el colegio. Al comienzo fué muy cansado para mì. En visperas de cumplir los 50 años, tenía que luchar para tener razón de un corpachón perezoso y torpe. Poco a poco empezé a trabajar con la respiración: no esforzandome y contrayendo los músculos, sino profundizando la respiración y logrando que, llenándome de soplo vital, poco a poco mi cuerpo se fuera acercando a lo que yo quería de él.

¿Caben todos estos asuntos con la “reconstrucción”? A lo mejor no logro explicarlo muy bien, pero yo creo que caben. Por ejemplo, para experimentar que la verdad acerca de nosotros mismos no es una receta en el bolsillo, sino algo a lo que se llega por medio de experimentar, escuchar, querer, y a veces equivocarse. Es un camino interior que va encontrado, y que no está revelado para siempre en formulas estereotipadas. Los resultados en el yoga, en muchos casos, se logran “queriéndose” a sí mismos: concentrando una atención cariñosa sobre la parte del cuerpo que no responde, ahondando de esta forma la conciencia y la sensibilidad, y logrando de esta forma que nuestro cuerpo nos secunde. Todo lo contrario de la lucha ascetica a la que fuimos adiestrados. Aceptación y dejarse llevar, en cambio de lucha y superaciòn.

Poco a poco el yoga, de simple ejercicio fisico y respiratorio, ha empezado a volverse cada vez más centratura en el presente, en capacidad de enfrentarse tan sólo en el problema actual, sin enredarse en todos los futuros problemas posibles.

Alguna vez, el problema presente es el momento de depresión que vuelve como estigmata de la gran depresión sufrida en el pasado. Ya no es la misma: ya se sabe que es un rato que va a pasar, que sí es posible salir, que la vida sigue teniendo sentido, ¡y mucho! ¡y muy rico! Que es posible volver a empezar a vivir otra vida desde cero. Una se da cuenta de que a lo mejor, si hubiera vivido otra vida sin encontrar el Opus Dei, no hubiera sufrido determinadas cosas o habría podido desarrollar muchas posibilidades de las que se ha privado estupidamente. Pero, como Ransom e el cuento Perelandra de Lewis, es cierto que un nuevo orden que vuelve a construirse encima de un orden anterior que fué destruido sólo puede ser un orden aún superior, y que al final podemos llegar a ser personas aún más integras, a tener una vida más conciente y llena de la que perdimos para perseguir la quimera del Opus Dei.

Pero, como señala acertadamente Ruta, a esto se puede llegar reconstruyendose a todos los niveles: el de los medicamentos, el de la psicoterapia, el del cuerpo, el de la psique y el del alma.

También me pareciò muy sugerente en el texto de Ruta la referencia a la situación de “soledad comunicativa” y "de indefensión subjetiva” como causas desencadenates de la depresión, pero esto ya daría para otro tratado, y creo haberme ya alargado bastante.

Quiero acabar con un esquema de sugerencias de cosas que pueden ayudar a reconstruirse a quienes pasaron por una depresión seria (cuando ya se hayan aliviado las sintomas más graves):

  • escribir tus vivencias: analizar, comprender, explicar, afinar el analisis y la comprensión, objetivar. Fijar nombres y fechas. Apropiarte de tu pasado para que, vivendo después en situaciones tan distintas, no se acabe todo como un hoyo negro. Este trabajo ayuda a comprender mejor, no es lo mismo dar vueltas a pensamientos o escribirlos. Y al acabar, meter un punto final que simbolice también que hemos cerrado con nuestro pasado, que lo hemos aceptado, asumido y perdonado. Tomarse todo el tiempo necesario para esto;
  • tomar confianza con tu cuerpo. Aprender a conocerle, darle algun mimo, cuidarle. Asumir la responsabilidad de nuestra salud. Aprender a hacer las revisiones medicas periodicas necesarias (además, un poco de prevención puede ayudar a ahorrar dinero). Apuntarse a una escuela de baile; dejarse hacer masajes;
  • desintosicarse de los muchos farmacos. Esto requiere ayuda médica, especialmente si estamos acostumbrados a dosis importantes. Hay que volver a restablecer un equilibrio fisico que se apoye en nuestra capacidad de descubrir qué es lo que nos ayuda y que es lo que nos hace daño

Espero que estos pensamientos puedan ayudar al menos a unos pocos. Gracias por la paciencia de llegar hasta aquí, y gracias a Ruta por haberme sugerido como poner unas piezas de mi personal puzzle.



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