Otra de Vocaciones

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Por KIKE, 2.04.2008


Llevo un tiempo leyendo con atención los comentarios, vivencias y testimonios de esta página. me alegré al encontrarla y darme cuenta que no soy un bicho raro, mi historia es básicamente la de la mayoría, sólo existen unos pequeños matices.

Yo conocí “la obra” con aproximadamente 14 años, al llegar a una nueva ciudad y con mis padres recién divorciados.

Conocía los clubs porque había frecuentado el de la ciudad donde residía con anterioridad, pero no eran para mí otra cosa que unas clases de Judo y la posibilidad de ver las películas del sábado. La diversión con doce o trece años no era otra que escaparse por la ventana del gimnasio para evitar la meditación, no entendía como podían soportarme y tener tanta paciencia conmigo. Jamás pensé que podría influir mi excelente nivel académico que ya se barruntaba en esa época.

Sin embargo, con mis padres divorciados y en una ciudad donde no conocía a nadie, el club fue un bálsamo donde refugiarme. Me acogieron con sorprendente cariño para ser alguien desconocido, a mis catorce años sólo veía generosidad y entrega.

Me sentía casi abrumado, incluso me dieron responsabilidades para organizar alguna competición deportiva, excursiones con los más pequeños y se preocuparon por que organizara mis estudios y llevara una vida ordenada.

No se como ni cuando empecé a asistir a círculos y tener una dirección espiritual, fue algo que llego y que vi normal, máxime cuando “casualmente” mi “preceptor” trabajaba exactamente en lo que yo tenia claro que era mi vocación profesional. Contar a los catorce años con un amigo mucho mayor que yo y en el que veía reflejadas todas mis aspiraciones profesionales fue algo maravilloso.

Como he comentado, en esa época mi “familia de sangre” estaba algo rota y no me costo empezar a dedicar más tiempo al club que a mi casa. Mi familia se preocupó pero fue fácil que encontraran una justificación creíble para un niño de catorce años.

El resto de la historia es de manual: las visitas a los pobres, el retiro, rezar y pedir ver tu vocación. En fin, que os voy a contar que no sepáis...

Muy poco tiempo después estaba escribiendo la preceptiva carta, influido por situaciones que no tienen nada que ver con la vocación y si con la coacción oculta bajo el velo de la amistad, la virtud y el compromiso.

Por supuesto no dije nada en casa. Mi padre me pilló al vuelo pero no conocía el grado de compromiso que había adquirido, aún así intento apartarme. Muy bien dirigido, acabe amenazándole con irme con mi madre y culpándole de la situación familiar. El no iba a lograr apartarme de Dios, porque la obra era de Dios.

Ahora que soy padre, me retuerce las tripas recordar lo que le dije y entender lo que pudo sufrir. Por suerte ha estado siempre e incondicionalmente a mi lado y ahora se ríe al comentarlo mientras juega con sus nietos.

Las dudas llegaron pronto, muy pronto, había muchas cosas que no cuadraban: ¿Por qué tanto miedo a que siguiera en el equipo de baloncesto?, ¿Por qué las reticencias a mis viajes para ver a mi familia?, ¿Por qué no me podía confirmar con los jesuitas?, siempre había un pero si era fuera del entorno del club.

He sido siempre una persona decidida y con carácter, desde muy joven me he sabido manejar sólo, llevaba muy mal que decidieran por mí.

Por supuesto, todo esto lo contaba. Siempre la misma respuesta, tienes que perseverar, estas llamado al estado mayor de Dios, tu problema es la juventud, reza y pídele a la virgen que te de fuerzas para seguir….

Pase así cinco años, en los que crecí como persona y conocí a gente que me aporto mucho y de los que tengo muy buenos recuerdos. También me perdi muchas cosas imposibles de recuperar, yo no he tenido adolescencia.

Un mes de septiembre, después de un curso anual que me pareció un calvario, decidí que ese no era mi camino y que dejaba el Opus Dei, lo que me costo otro año de calvario.

No escribo con resentimiento, ahora sólo recuerdo las cosas buenas y los amigos que dejé atrás. No todo es malo y tampoco me atrevo a calificar al Opus Dei como una secta.

Soy quien soy en parte gracias al Opus Dei, donde aprendí el valor de la humildad, el sacrificio y el esfuerzo. Hay hábitos que todavía siguen conmigo y me hacen ser mejor persona con toda seguridad.

Veinte años después, con cierto éxito profesional y una familia que me quiere y en la que me refugio, el Opus Dei no es algo que me haga pensar mucho. Mi único reproche, mas que reproche una denuncia, es como y cuando llegue a la situación que he comentado.

Con catorce años NADIE esta preparado para decidir que hacer con su vida, NADIE. Y utilizar la situación personal, el desamparo afectivo y la inmadurez para influir en una decisión de tal importancia es una táctica inmoral y reprobable.

Muchas gracias a todos, tan sólo espero poder ayudar a alguien que esté pasando por esa misma situación.



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