Opus Dei y Mammon

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Por Drake, 19 de mayo de 2006


Principios operativos

Con la publicación del libro de John Allen y con la supuesta apertura de las oficinas de información a raíz de la película del código da Vinci están empezando a circular (y a repetirse) una serie de números y de ideas sobre el manejo financiero de la institución que poco tiene que ver con la realidad. En esta entrega (y otras futuras) quiero comentar algunas de esas ideas y desvelar algunos números.

Empiezo con los tres principios operativos del manejo financiero. Estos principios son:

  1. Roma manda sobre cuentas consolidadas,
  2. Opacidad detrás del telón, y
  3. Se maneja una realidad religiosa monolítica a través de entidades civiles dispersas.

Principio #1: Roma manda sobre cuentas consolidadas

Al inicio del año, cada centro prepara un presupuesto de ingresos y gastos.

El secretario del centro pide a cada numerario que haga una relación de sus ingresos del año (sueldos, becas, etc.) y de sus gastos (ordinarios y extraordinarios) con precios estimados. Los gastos ordinarios son los de la vida diaria: aseo, comidas, tabaco, etc. Los extraordinarios tratan de gastos mas importantes: entre otros, matricula de universidad y ropa. A los personales, se suman el presupuesto de las necesidades materiales del centro: arreglos, muebles, coches, etc...

También se hace un elenco de las aportaciones de los adscritos, agregados y supernumerarios vinculados al centro.

Hay dos partidas en el presupuesto del centro que vienen dadas por la delegación o la comisión regional: el costo de los servicios domésticos y el precio de los cursos anuales.

La forma de preparar y entregar el presupuesto viene con instrucciones claras de la delegación y la comisión regional. La forma es de suma importancia por lo que viene a continuación: cada centro entrega su presupuesto a la delegación que revisa cada uno de los presupuestos de los centros, cuestiona, aporta cambios, hasta quedar en una versión consolidada para toda la delegación. Después, la delegación entrega su presupuesto a la comisión regional que revisa cada uno de los presupuestos de las delegaciones, cuestiona, aporta cambios, hasta quedar en una versión consolidada para toda la región y cada comisión entrega su presupuesto a Roma. La forma es importantisima porque facilita la consolidación de las cuentas. De todas las cuentas.

Ahora bien, un presupuesto entregado no es un presupuesto aprobado. Roma se encarga de revisar los presupuestos de todas las regiones y manda una aprobación con o sin cambios. El presupuesto que una comisión regional recibe de Roma es el presupuesto que rige. A su vez, la comisión regional hace lo mismo con las delegaciones y las delegaciones con los centros y los centros hasta el ultimo agregado y numerario.

Principio #2: Opacidad detrás del telón

El dinero que “entra” tiene fuentes claras: los sueldos de los numerarios y agregados, las aportaciones de los supernumerarios y cooperadores, los ingresos de las actividades “externas” de los centros, matriculas y aportaciones a obras corporativas, y donativos a fundaciones.

Es dinero que “entra” porque viene de “fuera”. Así, pues, un socio de la institución que cobra un sueldo de una obra corporativa de la institución no trae dinero de “fuera”. Su sueldo es dinero que ya esta dentro. Lo mismo con las empresas de servicios domésticos y los sueldos de las numerarias auxiliares que trabajan en las casas y obras de la institución.

De ahí, las peticiones constantes a los de fuera. Al cooperador se le pide dar lo que pueda. Al supernumerario se le pide dar hasta que duela: “como un hijo mas” es lo que se suele decir (al dia de hoy, en economías desarrolladas, son un promedio anual de 8,000 euros/dolares!).

De ahí que durante campañas de financiamiento de cualquier “iniciativa apostólica” en los centros se hacen listas de posibles donantes que se remiten a la delegación que se remiten a la comisión regional que determina quien debe de pedir cuanto y a quien. Una vez establecido el plan (notese: desde la cumbre), la comisión regional lo comunica a las delegaciones que lo comunica a los centros. Todo esto seguido por informes mensuales cuando no semanales.

De ahí que a las obras corporativas (“la mayoría tienen déficit”, según las fuentes oficiales) hay que descontar de sus gastos los sueldos de los numerarios y de los agregados porque es dinero que ya esta dentro, cobrado de las matriculas de los de fuera.

De hecho eso del déficit de las obras corporativas hasta les viene bien porque les permite ir a los públicos “que sirven” y pedirles ayuda… o sea, recoger mas plata de fuera. De modo que contratar a numerarios en una obra corporativa, genera mas gastos (y quizá déficit) que, a su vez, da mayor justificación para pedir dinero adicional, mas allá de lo que se cobra en matriculas.

Una vez “dentro”, ese dinero queda detrás de un telón totalmente opaco para todos los que no son de la institución y para la mayoría de los que son. Y detrás del telón, sean cuales sean las fuentes de las entradas de dinero y provenga de donde provenga todo ese dinero, rige el principio operativo #1: una vez dentro, todo lo mueve Roma como y cuando le da la gana.

Por otra parte, dicha opacidad es posible por el principio operativo que sigue.

Principio #3: Se maneja una realidad religiosa monolítica a través de entidades civiles dispersas

El dinero que viene de fuera llega a través de entidades o personas jurídicas civiles: numerarios, agregados, supernumerarios, cooperadores, centros, obras corporativas y fundaciones. Son fuentes diversas y variopintas como la realidad humana misma. He aqui, sin embargo, que las personas que manejan el dinero que esta “dentro” son personas comprometidas a obedecer a una autoridad superior (los directores). El vinculo de esas personas con dicha autoridad, por mucho que se diga que es moral (un contrato), es ante todo religioso – tanto en contenido (vivir el “espíritu”, tener “buen espíritu”) como en forma (los directores tiene autoridad delegada por el prelado, que es y siempre sera un clérigo).

Manifestación clara de este engaño es que el contrato del socio con la institución dice que debe de apoyar los apostolados de la prelatura, mientras que la realidad es que al agregado se le exige lo que le sobra y que al numerario se le toma todo sin que toque nada – deja al secretario del centro (que los guarda bajo llave) su tarjeta de crédito (por la que pidió permiso obtenerla) y su libreta con talones firmados con el monto en blanco, entrega su cuenta de gastos todos los meses, pide dinero al secretario para gastos ordinarios, etc. De lo contrario, no esta viviendo la pobreza y el desprendimiento según el “espíritu” de la institución.

Quien tenga cargo directivo en cualquier organización civil debe de dar cuenta de sus decisiones y actuaciones ante un consejo. Por su parte, el consejo de una empresa no es soberano. Tiene la responsabilidad de asegurar que los directivos actúen según los fines del ente definidos en su acta de incorporación. Y, por lo mismo, un directivo sigue las recomendaciones del consejo siempre y cuando dichas recomendaciones están acordes con los fines de la organización.

Si se diera, por ejemplo, que se pidiese a un director ejecutivo que mandara una suma considerable de dinero a otra organización, el director ejecutivo en cuestión tendría la responsabilidad de asegurar que esta petición procede de una autoridad competente y que la petición este acorde con los fines de la organización. Cualquier directivo común y corrientemente responsable vive esta realidad muchas veces en su trabajo. Su consejo no es soberano y le compete asegurar que lo que se le pida proceda.

Resulta que en las ONGs y fundaciones que son dueños de los activos dedicados a la institución y también en aquellas que se dedican a proveer financiamiento a aquellas, el criterio de responsabilidad común y corriente descrito anteriormente no se respeta nunca. Es decir que los socios de la institución que trabajan en fundaciones de la institución no viven ni lo mas mínimo de lo que hasta la saciedad revindican como un invento propio – la mentalidad laical. Concretamente, cuando Roma ordena que la Fundación A mande dinero a la Obra Corporativa B, dicha orden se cumple. Cualquier pregunta, comentario o petición de justificación es una intolerable e irrepetible “falta de espíritu”.

Es de notar ademas que en la relación de sus donativos, la Fundación A ponga lo siguiente en sus informes anuales: en el apartado que pide “Relación de la Fundación A con el recipiente del donativo” sistemáticamente se contesta que “Ninguno” cuando de hecho se trata de entes dedicados exclusivamente a las actividades de la institución.

Los números oficiales no cuadran

En esta entrega hago un análisis superficial de los números financieros de la institución utilizando fuentes “oficiales”, es decir los pocos números que provee la institución sobre si misma, los de John Allen (una "lista canónica", recogida en su libro y contrastada por el corresponsal de El Pais -6 de marzo 2006- con portavoces de la institución) y los de otros medios de comunicación que la institución no ha corregido o desmentido. El análisis es superficial porque, como verán, las fuentes oficiales no dan para mas.

Agradecería mucho a quienes tienen números mas precisos que me escriban. Aquí van los de ellos:

  • 87.116 socios de la prelatura: 70% de supernumerarios, 2% de sacerdotes, el resto (28%) numerarios y agregados;
  • 900.000 personas asisten a actividades de formación doctrinal (incluirá a casi todos los cooperadores);
  • 164.000 cooperadores;
  • 4.000 socios de la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz (incluirá el 2% de sacerdotes de la prelatura);
  • 1.750 centros de la prelatura (no se si incluyen las residencias, escuelas, universidades y hospitales);
  • 166 residencias universitarias que acogen a unas 6.000 personas que, en su gran mayoría, no pertenecen a la institución;
  • 97 escuelas profesionales, con unos 13.000 alumnos;
  • 36 escuelas primarias y secundarias con unos 25.000 alumnos, a las que se añaden otras 230 con unos 100.000 alumnos en las que la institución se hace cargo de la atención religiosa;
  • 15 universidades con unos 80.000 estudiantes;
  • 11 escuelas de negocios;
  • 7 hospitales, con unos 1.000 médicos, 1.500 enfermeras y 300.000 pacientes; y
  • 1 prelado.

Allen dice que los haberes de la institución en los Estados Unidos de América son de 335 millones de dolares y estima que los haberes de toda la institución son 2,8 mil millones de dolares.

Los periodistas de Bloomberg preguntaron al chileno Pablo Elton (al administrador supremo de la institución) si son ciertos los numeros financieros que publica John Allen en su libro. Elton contesto que “por ahí andan”. Sobre esta respuesta haré una sola observación – y es de sentido común: si los números de Allen hubieran sido completamente desorbitados, seguro que algún mandado de la institución habría desmentido o corregido a Allen inmediatamente. Entendemos por tanto que deben de ser por lo menos lo que dice Allen.

2,8 mil millones de dolares para toda la institución. Ese numero es tan ridículo que no se por donde empezar. Aquí van tres ideas, superficiales ya lo dije, pero que ilustran la opacidad que comentaba en mi entrega anterior.


1. Suponiendo que

  • No se levanta ni un euro antes del año 1950;
  • Desde 1950, solo un 50% de los numerarios hacen donativos, mientras los demas numerarios y sacerdotes no aportan nada;
  • Desde 1950 solo un 50% de los supernumerarios hacen donativos;
  • Desde 1950 los socios de la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz no aportan nada; y
  • Desde 1950 no existen ni obras corporativas ni fundaciones varias ni herencias multimillonarias.

Bajo estas condiciones, se precisarían de las siguientes aportaciones mensuales (en dolares de 2005) desde 1950 para llegar a los números oficiales:

  • De los numerarios que aportan: 100 dolares mensuales;
  • De los supernumerarios que aportan: 10 dolares mensuales; y
  • De los cooperadores: 1 dolar mensual.

2,8 mil millones de dolares para toda la institución – me parece poco!

[Aclaración: Estoy hablando de lo que se contribuye para acumular activos y no en los gastos que se incurren para administrar dichos activos. Estoy suponiendo que los socios que usan los activos cubren sus propios costos. Estoy suponiendo que, según la mentalidad laical predicada por la institución, cada palo aguanta (de verdad) su respectiva vela.]


2. Si la región de Estados Unidos de América ha logrado sumar unos haberes de 335 millones de dolares en los 57 anos (1949) que lleva la institución en esta región, cuanto mas habrá podido sumar la región de España (la primogénita), con un numero de socios 11 veces mayor al de EEUU y con un sinfín de obras corporativas? Si los haberes se calcularan en proporción al numero de socios, solo entre España y EEUU llegarían a 4 mil millones de dolares, sin contar lo que aportan las obras corporativas. 2,8 mil millones de dolares para toda la institución – me parece poco!


3. El Mundo (25 de marzo de 2006) informo que la fortuna de un banquero numerario fallecido (que en paz descanse) ronda por los 60.000.000 de euros. Sabemos que toda todita esta suma ya esta debidamente “heredada” y cuidada por la institución, según el testamento que todos los numerarios deben de firmar antes de la fidelidad. Pues 5 herencias de esta índole (entre todos los socios y cooperadores de todos los tiempos) y ya hemos llegado a un 11% de toda la fortuna declarada de la institución. Sumemosle unas 5 viudas engañadas (que las ha habido y en mayor numero) y vamos por casi la cuarte parte de toda la fortuna de la institución. 2,8 mil millones de dolares para toda la institución – me parece poco!



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