Opus Dei en México: El Porvenir es Hoy

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Por Al Chile, 3.11.2008


Cuando yo pité los mayores de la región de México, principalmente sacerdotes como el P. C. G., Don E. S. y el difunto Padre G. P. tenían alrededor de los 55 años de edad. Al igual que ellos, otros numerarios laicos tenían aún muchos años por delante y un futuro promisorio, estaban en plenitud, trabajaban, buena salud, con puestos de dirección en la institución. Había varios fieles de la prelatura ejerciendo su profesión y el porvenir para la Obra de Dios en México era brillante: Más centros, más colegios, más ciudades y países a los cuales expandir la labor; más pitajes de numerarios, más dinero y más poder. Había salidas de numerarios, sí, como siempre, pero había muchas, muchas entradas que por su volumen perfilaban un panorama optimista. Qué porvenir tan prometedor esperaba al Opus en México.

Se llegó a tener una masa crítica de personas que trabajaban activamente por la obra en el país. Pero con el paso de muchos años aparecieron problemas que antes no se habían presentado en México y menos en la escala que se daba: comenzaban las enfermedades, sobre todo las depresiones en muchos, motivadas por causas variadísimas, tan variadas como cada uno, pero con un origen común: El Opus Dei. Estas personas enfermas cada vez son más. Por otra parte, personas que parecían tener futuro en la institución, por los resultados de su trabajo no alcanzaron el nivel de éxito que la Prelatura deseaba y comenzaron a desilusionarse de ellos, y ellos, al ver que ya no gozaban de la confianza de sus directores, se desilusionaron también de la Prelatura. Comienzan los problemas...

Después de 30 años de que pité esos numerarios exitosos y con futuro son ahora mayores con muchas limitaciones que los convierten en personas poco útiles para los parámetros de la prelatura. Hace poco escuché a un numerario que vive por su cuenta contar que el consiliario para animarlo le dijo: ¿con quién quieres hacer la charla fraterna? y el numerario respondió: con el P. Javier, a lo que el mandamás le dijo: con ese cura enfermo?. Ese cura ha sido fiel, ha ido donde le han pedido, se ha partido la vida por la obra, ahora está enfermo, ya es un desecho sin salud para los directores de la institución. Verdaderamente la Obra de Dios no se merece a la gente noble que tiene.

Un buen ejemplo de lo que digo se puede sacar de un comentario que escuché a Pedro Casciaro en un curso anual de finales de los años ochenta del siglo pasado. Comentaba que el buen funcionamiento en México de la labor de San Rafael de finales de los años sesentas a principios de los ochentas del siglo pasado se debía a 4 personas: El Dr. J. R; Arq. R. C; El ahora padre JJJ y O. W. Excepto el Arq., a todos se les nombró inscritos ¿Qué fue de ellos dentro del Opus después de décadas?. Veamos.

El Dr. J. R. Fue vocal de San Rafael en la comisión regional, dejó la obra en 1994. Ya no se contaba con él y él menos con la Opus. Se colocó bien profesionalmente pero ya no como médico, vive en Culiacán. El Arq. R. C., muy, muy deprimido, desde mediados de los setenta. Con recientes estancias en hospitales psiquiátricos, su familia lo mantiene: el año pasado le regalaron coche nuevo y pagan su hospitalización y gastos médicos. Hace años que no trabaja normalmente y el Opus lo soporta malamente y él agarrado a ellos como a un clavo ardiendo, pobre. El Padre JJJ. llegó a ser director de la delegación de México, ahora totalmente olvidado. Alguna vez escuche de uno que era director del centro donde vivía y que había sido director de la comisión que “ese padrecito es una calamidad”; lo cambian continuamente de centro. No saben qué hacer con él. Finalmente O. W. Fue vocal de San Rafael en la comisión Regional. Salió muy mal en 1995, con acusaciones mutuas con la Obra. Ahora es el administrador de la Arquidiócesis de San Antonio, en Texas, donde su gran amigo numerario mexicano: Fr. J. G. es el Arzobispo. En Resumen: dos fuera y dos inhabilitados. Y esos eran numerarios bandera.

El comentario de Casciaro me llamó la atención pues no mencionó a otros pilares de la labor de San Rafael de períodos anteriores, dos inscritos: El ahora padre M. A. N. y el Dr. E. B. Ernesto fue director del centro de estudios, ha tratado apostólicamente, como una máquina, a muchos que ahora son fieles de la prelatura. Hecho a un lado desde hace mucho pues como contaba él mismo, hacía muchos años se peleó con Casciaro y pues tache de por vida. Se dedica a sus consultas médicas y casas de atención especializada. El Padre A. totalmente relegado. Amargado. Cuando entraba en confianza decía que todos en la obra, empezando por el consiliario, se “la pelaban”. Chistoso, entre bromas y veras, pero es un comentario duro pues en México es una expresión fuerte. Otro resumen: dos inhabilitados. De seis, dos fuera y cuatro inhabilitados. Los de fuera con una vida propia vuelta a hacer, los de dentro con una vida aparte del Opus pero dentro de la Obra de Dios.

Treinta años después de que pité, ¿qué ha pasado con muchos fieles de la prelatura, numerarios de a pie en México que no fueron pilares como los arriba descritos? Pues que la obra ha puesto una raya debajo de ellos para hacer cuentas y tomar medidas radicales. Ya ha aprendido la Obra de Dios, eso sí, que no quiere más enfermos e inútiles que mantener, con los que tiene ya son suficientes, pues además hay muchos directores enfermos entre ellos el “golfista del traje talar”. La “cosa” es tan insensible que no se repara, en que ella misma ha creado tanto despojo humano entre sus miembros, principalmente en la labor de San Miguel de mujeres y hombres. Por eso ahora está de moda en México que si no tienes para trabajar para el Opus, futuro profesional o de salud, pues mejor fuera y muy amablemente te piden que te vayas a la casa de tu familia. Así lo han hecho con muchos. Llama la atención que en Monterrey mandaron el año pasado a dos numerarios de más de 47 años de edad y casi 30 dentro de la institución a su casa. Alejandro pudo regresar a un centro después de grandes penurias y sentir la indiferencia. Rodolfo no tiene para cuando regresar. No se lo merecen. Pero en todas las delegaciones hay numerarios que han sido apartados de los centros.

El vocal de san Miguel de la comisión de México explica que nos debemos acostumbrar a que los numerarios ya no vivan en un centro, dice que no es tan necesario. Carlos Ll. ya se enteró y habló con él. Ya se ve, por lo que cuenta dop es su escrito del 27 de octubre, que en todo el mundo se empieza a dar éste fenómeno. El futuro está alcanzando al Opus. Las regiones que comienzan ya verán como sucede dentro de algunas décadas.

Un sacerdote, numerario mayor y de los primeros, ha llegado a comentar con alguno, que ya no es de la Obra, que de haber sabido en qué pararía, se hubiera salido. Otro sacerdote de los primeros le decía a un joven que sacaron de la Prelatura: yo de tener tu edad, me iba de la prelatura. Una numeraria que pitó en México y vive en Madrid, hermana de un sacerdote que también pitó en México y ahora vive en Valladolid le decía a su hermano que fue numerario en México, en los años cincuenta, después de un disgusto que tuvo con sus directoras que ella se saldría del Opus pero ahora con siete décadas encima no tendría dónde vivir. Esos son los resultados de permanecer dentro de la Prelatura y no son los deseados por nadie.

La obra hizo cuentas, sí, pero también muchos fieles de la prelatura han hecho cuentas sobre su “madre guapa” y “tremenda corte” de directores y los resultados son también nada favorables. Por eso hay numerari@s y agregad@a que han hecho vida aparte en la institución, aunque los primeros vivan, coman y duerman en los centros. Hubo uno, que fue administrador de la región en la comisión regional, que cuando tuvo que hablar con uno de los que vino a la comisión de servicio que se tuvo hace dos años en México, no sé si con G. de la R. o con el sacerdote que vino, se negaba a escribirle una carta al Padre como le pedía ese director del consejo. Ante la negativa preguntaba el del consejo porqué? y el numerario mexicano le decía: a ese señor (Echevarria) yo ni lo conozco. Entiendo su cabreo. Además sobre ese mismo numerario, la tremenda corte de directores de la delegación de México se llegaron a plantear devolverlo a su casa porque no se sabía en qué trabajaba y no aportaba dinero al centro pese a que hace muchos viajes, incluso al extranjero, pero por ser una persona de más de 60 años no tiene nadie, familiar o amigo con quién irse a vivir. Lo soportan. También el Opus estaría mandando una mala señal a su cuerpo de directores en el sentido de que nadie la tiene segura, ni siquiera quién entrego su vida al trabajo en altos puestos de dirección.

Y las cuentas que hace la Obra de Dios son sus cuentas, sin ningún parámetro objetivo. No depende de estar en “buen plan” o en “mal plan” para que a uno lo hagan a un lado. Hay una numeraria de más de 70 años, B. H., estuvo muchos años en la asesoría en Irlanda, íntima de Escrivá, por ejemplo, el santo le hablaba por teléfono los días de su cumpleaños. Bueno, como ya no está en el círculo de poder donde se mantuvo con Escrivá y del Portillo pues es ignorada por sus directoras en Guadalajara. No tiene encargos que la mantengan ocupada a pesar de pedirlos y aunque parece que está feliz en la Prelatura está hecha a un lado. Por eso acepto la invitación que su familia le hizo para ir de vacaciones unas semanas a las playas de Puerto Vallarta. Ella misma estaba sorprendida de poderse ir de vacaciones cuando supuestamente hay tanto por hacer en la labor.

Es increíble que en el Opus Dei te saquen de tu proyecto personal de vida por mandarte a un encargo, ya sea de director o lo que sea, y si no resulta pues de patitas a la calle. Qué mensaje le están enviando a los actuales directores que dependen en todo de la Obra ya que si salen lo harían como se dice: con una mano adelante y otra atrás. Espero que de esto aprendan los directores actuales, que nos leen, pues creo que su futuro puede cambiar, y si no lo creen, al tiempo, pues la Prelatura no ha cambiado, su espíritu está grabado en piedra y si ya lo hizo a otros que les sirvieron fiel y eficazmente pues, a ustedes les perderán también la confianza, no lo duden.

La prelatura en México está reaccionando de la siguiente manera: Cómo ya no tenemos vocaciones que presumir y sirvan para mostrar nuestra fuerza, ahora para llamar la atención lo que tenemos que hacer es presumir de edificios enormes aunque no hermosos como el templo en la ciudad de Guadalajara y su centro de numerarios vecino; la de San Chema en Santa Fé, ciudad de México, con todo y su centro de numerarios anexo. La futura nueva comisión. Y como esas edificaciones consumen dinero, pues no podemos mantener a tanto enfermo o inútil que no da dinero y más bien lo quita. Un numerario director juntó recientemente a un grupo de amigos suyos, algunos que fueron numerarios y también directores, para pedirles dinero para la nueva comisión-asesoría también en Santa Fé, diciendo que la ciudad y la gente que nos interesa están por ahí. Su amigo exnumerario le decía que el edificio de la actual comisión está en excelentes condiciones, una casa muy grande y lujosa, bien ubicada. A lo que este genio director le repuso: es que es necesario que la comisión y la asesoría estén juntas. Pues por eso a gastar millones. Entonces los casi 60 años, se cumplen el próximo enero de 2009, que la Prelatura tiene en México, ¿cómo se sobrevivió estando la asesoría y comisión separadas?. Misterio sin resolver. Y en plena crisis mundial, al estilo Escrivá y su Colegio Romano.

Esto se está dando actualmente en México porque el futuro es ahora, ya no hay más allá, lo que le queda a esos mayores que menciono es morir y son el ejemplo viviente de la vida en el Opus y los resultados no son nada halagadores tanto para “la cosa” como para estos pobres fieles sobrevivientes de la prelatura. Muchas personas jóvenes se dan cuenta y no quieren terminar su vida como lo están haciendo sus “hermanos mayores”. Ver mi escrito del 17 de octubre pasado.

El verdadero resultado de la situación actual del Opus Dei en México se verá en 10 o 15 años cuando ya muchos de los actuales los haya alcanzado el destino y no exista sangre nueva en quién confiar porque quedarán muy pocos. Entonces se verá que tan pernicioso es éste modo de actuar de la institución.

Para quienes están dentro y tienen la vida o parte de ella por delante mi recomendación es dejar la prelatura cuanto antes. La probabilidad de sobrevivir a las cuentas autoritarias que te hace la Prelatura son bajas, ahora menos del 10%, viviendo en tensión por toda una vida ya que el ser una persona mayor no te exime de ellas. No pasa nada dejar la prelatura porque Dios no nos pide hacer algo que está sobre nuestras fuerzas. Y la vida en la Obra de Dios es muy fuerte para que uno, como persona, pueda con ella.

Me llama mucho la atención lo que comenta Julián T. en su escrito del 27 de octubre al decir en el párrafo final que En suma: me gustó lo que al Opus Dei es más fácil quererlo que entenderlo. Por eso posiblemente es tan difícil quitárselo de encima aunque la razón se revele. Es lo mismo que Carlos Ll. le decía a uno que fue a platicar con él sobre algunas cosas que no entendía de la forma de actuar de la Prelatura. Entonces Carlos, el delegado del prelado en México le dijo: El Opus Dei es una cosa muy complicada y que muy pocos pueden entender. Entenderá la prelatura una auxiliar y por eso pedirle que entregue su vida?, la entenderá un muchach@ que a los 14 y medio le piden que se entregue a Dios?, una madre con 10 hijos o un padre que batalla todos los días para llevar el sustento a los suyos, entenderán la obra?. Es más: la entenderá Carlos Ll. o el Prelado? Mi respuesta a éstas interrogantes es que nadie la entiende.


Conclusión

Los resultados están a la vista: hay algunos miembros que han recorrido su vida dentro del Opus y que ahora se encuentran al final de estas esperando el destino final. Observándolos podemos ver la película de principio a fin de lo que es una vida como fiel de la Prelatura. Parece que lo mejor, después de sufrir la experiencia Opus Dei, es estar fuera de ella. Los resultados no son los deseados por la Obra y por sus fieles. Por todo esto el porvenir, el futuro, es hoy. Ya no tenemos que esperar nada más, nada nuevo. Lo hemos visto todo, incluso su porvenir.


Lo digo al Chile

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