Obra de Dios o chapuza del demonio/Influencia y poder del Opus Dei

From Opus Dei info
Jump to navigation Jump to search

OPUS DEI O CHAPUZA DEL DIABLO

CAPÍTULO VI. INFLUENCIA Y PODER DEL OPUS DEI


La universidad

El Opus Dei y la Universidad llevarán desde un principio caminos paralelos alimentados por un mismo fin. La captación de miembros, los primeros, a cargo de mi tío José María tendrá al universitario como objetivo único, sintiendo una especial debilidad por los alumnos de las escuelas especiales de arquitectos e ingenieros. Hasta entonces, la estructura del Opus Dei poseerá una sola figura, la del numerario. Sólo tras la incorporación de la mujer a través de la Sección Femenina, el titulo universitario capacitará a los jóvenes su ingreso, obviando cualquier otra forma de clasificación. Con la mujer nacerá la división entre numerarios y sirvientas. Aunque las mujeres no precisarán de un título de grado superior.

Esos primeros numerarios sentirán, por tanto, una doble vocación, la espiritual y las cátedras; una vocación que desempeñarán en los primeros años para penetrar en esta institución con la misión de ejercer un apostolado de éxito. Aunque no sea preciso insistir sobre este punto ya que todos sabemos la influencia que ha tenido y tendrá el catedrático sobre el universitario, sí que resultaría conveniente centrar con palabras de mi tío José María ese sentido que confiere al estudio y la santificación posterior de la labor profesional que requiere de un aprendizaje superior. En su libro Camino escribe: "Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración." Y más explícitamente en su encardenamiento con el proselitismo: "Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones."

Expansión que sin duda ejercerá. José María Albareda será la primera pieza clave en el juego. En 1940, gracias al nombramiento como ministro de Educación y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de José Ibáñez, Albareda, un profesor de enseñanza media, pasará a ocupar el cargo de secretario general del organismo. Cabe recordar que el Consejo Superior fue diseñado en aquellos tiempos por el régimen franquista como un elemento de control más que de desarrollo de la labor científica en la Universidad española, convirtiéndose en garante de su pureza ideológica y política.

A esta situación privilegiada viene a añadirse el caldo de cultivo que fermentaba en las residencias fundadas por mi tío exclusivamente para los estudiantes, primero en Ferrer y Diego de León y después en el Colegio Mayor Moncloa. José María Escrivá no desaprovechará estas posibilidades y el reclutamiento empezará a tener rápidamente unos resultados francamente positivos. Lógicamente, los numerarios acabarán de cursar unos estudios para encontrarse con las puertas abiertas de acceso a las cátedras, y en el peor de los casos para ocupar las plazas de profesores adjuntos.

Los dos primeros miembros del Opus Dei que estrenan puestos como catedráticos serán el propio José María Albareda y Ángel Santos Ruiz en 1940. A ellos se unirán en 1942 González Barredo, Pedro Botella, José Orlandis, Rafael Calvo Serer, Rodríguez Casado y Jiménez Vargas; en 1943, Amat Bergues, Balbín Lucas, Amadeo de Fuenmayor y Álvaro Ors. En 1944 persistirá el goteo a través de José Manuel Casas Torres, Ignacio de la Concha Martínez, Víctor García Hoz, Florentino Pérez-Embid y Lorenzo Vilas López. El año 1945 será algo menos pródigo en dádivas académicas e irrumpirán en las cátedras Eduardo Alastrué Castillo, Laureano López Rodó y Salvador Senet Pérez. En 1946 lo harán Jesús Arellano Catalán, Ángel González Álvarez, Eduardo Ortiz de Landázuri y Fernández de Heredia. Entre 1948 y 1949 se responsabilizarán como catedráticos Federico Suárez Verdeguer, Alberto Ullastres Calvo, Mariano Baquero Goyanes, Guillermo Céspedes del Castillo, Antonio Fontán Pérez, Octavio Gil Munilla, Enrique Moreno Báez y Florentino Pérez-Embid. Para hacerse una idea de la proporción de catedráticos, el Opus Dei contaba en el año 1950 con unos 3.000 miembros, de los que 550 eran mujeres, que en buena lógica no ocupaban cátedras.

En la década de los cincuenta continuará el chorreo de la Obra entre las Universidades españolas, y cada vez con una mayor influencia directa sobre su dinámica. Félix Álvarez de la Vega, Rafael Giber Sánchez de la Vega, Ismael Sánchez Bella, Rafael Benítez Claros, Alfonso Pandau Parias, Manuel Ferrer Regalés, Alfredo Floristán Samames, Luis María Garrido Arilla, Aurelio Guaita Martorell, Jesús Larrodé Barrio, Pedro Lombardía Díaz, Antonio Martín Pérez, Antonio Millán Puelles, Patricio Peñalver Simó, Francisco Pulido Puchi, Roberto Samuells Panadés convergerán en la década de los cincuenta.

Metidos ya en los sesenta, Jesús Burrillo Loshuertos, José Luis Comellas García-Ueva, Agustín Cotorruelo Sendagorta, Francisco Xavier Hervada Xiverta, Juan Jordano Barea, Federico Rodríguez Rodríguez, Agustín de Asís Sancho Rebullida y Miguel Siguán Soler perpetuarán la labor de penetración.

El cúmulo de vocaciones como catedráticos se verá ampliamente recompensado, como reflexiona Jesús Ynfante en su libro "La prodigiosa aventura del Opus Dei" tras ofrecer ese listado de nombres, por la gran cantidad de numerarios en los que se despertará la vocación espiritual de la Obra. Pero no hay que olvidar como punto de referencia obligado para el conocimiento exacto de la evolución de la fundación de mi tío José María que en 1951 se inicia la Universidad de Navarra, pero sin dejar al margen el enorme esfuerzo por crecer cualitativamente y cuantitativamente en la Universidad pública.

Colateralrnente, en 1958 se inicia la labor dirigida al reciclaje de profesionales en activo, especialmente hacia los empresarios. Es el caso del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), cuyo objetivo fue "por una parte, contribuir a la creación de una ciencia de la empresa fundamentada en la integración de sólidos principios cristianos y científicos; por otra, proporcionar a los hombres de empresa el conjunto de ideas y conocimientos que les permita profundizar en la función profesional, social y humana de su cometido" (Félix Huerta, "El IESE", "Nuestro Tiempo", núm. 136, pág. 421). En 1965, tras siete años de actividad continua, habían pasado por el Instituto y los cursos de perfeccionamiento 796 hombres ligados al mundo de las finanzas. Mi tío José María había dejado claro en Camino: "Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo." Los empresarios obtenían la santificación.

La Universidad de Navarra vendrá a convertirse en una nueva fuente, que no corrige al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sino que lo complementa, con armas inteligentes como el IESE. La captación de miembros titulados en la Universidad empezaba a encajar como un puzzle perfecto.

Pero desde luego no será únicamente la Universidad y, por tanto, esas instituciones el centro de la labor proselitista, que desde un principio contó con la inestimable ayuda de las residencias y colegios mayores, sino que de la fuente vocacional manarán también los chorros de la financiación que el Opus Dei utilizará en su expansión.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas puede servir de ejemplo meridiano. Las obras que realizará este órgano serán encomendadas a los arquitectos Ricardo Fernández Vallespín y Miguel Fisac, pertenecientes al Opus Dei, que entregarán la totalidad de sus ingresos a la fundación de mi tío. Pero el montaje operativo no se queda sólo en las cabezas pensantes de los proyectos. Inmediatamente empiezan a surgir sociedades creadas para suministrar materiales o servicios para las construcciones de los edificios del Consejo Superior. Entre esas empresas y sociedades destacan EOLO, la primera y especializada en transportes, y EOSA, encargada de la construcción.

Alberto Moncada, en "Historia oral del Opus Dei", nos relata: "Lo que son crecientemente importantes son los honorarios profesionales de Miguel Fisac, como arquitecto y realizador de proyectos. En principio, según una ley que se pone en vigor en aquel tiempo, los arquitectos españoles tenían que hacer unos grandes descuentos cuando sus trabajos iban destinados al Ministerio de Educación. Y se aplicaban unas tarifas muy inferiores a las habituales en el mercado normal de la construcción.

"Pero como Fisac estaba completamente decidido a los proyectos y procuraba hacerlos con gran economía para que resultaran lo más baratos posible, y lo hacía por administración directa, los superiores de la Obra le instaron para que cobrara más que aquel mínimo, aduciendo el argumento moral de la legítima compensación. "A mí aquello me provocó escrúpulos de conciencia -cuenta Fisac- y esto se unió a mis otros problemas ya existentes en relación con mi pertenencia a la Obra.""

En el mismo libro de Alberto Moncada, Antonio Pérez relata: "El Fundador del Opus Dei tenía un esquema de organización en el que todo lo que hacíamos eran obras de apostolado. En el primer catecismo de la Obra las dividía en obras corporativas y obras comunes. Aquéllas debían tener un fin estrictamente apostólico y eran dirigidas directamente por los superiores, y las comunes podían ser primordialmente seculares, auxiliares de las primeras, con fines de beneficio económico, pero también debían ser controladas por la jerarquía de la Obra. Aquello produjo desde un principio muchos conflictos porque yo, como superior, me conformaba con que cada uno llevase sus negocios como las reglas y las costumbres correspondientes le aconsejasen y diera a la Obra sus beneficios, pero el Padre insistía mucho en que tal o cual actividad económica tenía que estar bajo el patrocinio de un santo y controlada por el superior relacionado internamente con el asunto según el esquema organizativo interno. Y así había muchos conflictos." Estas tensiones, como relata Alberto Moncada, venían motivadas por la necesidad de afrontar inversiones astronómicas y se llevaban a cabo en el menor tiempo posible, para lograr la expansión deseada. Pero requería mucho dinero. Mi tío José María siempre tenía prisa por alcanzar una mayor cota de poder y sabía que sólo era posible mediante importantes inversiones, y todas ellas con la misma pobreza que había aprendido en la casa de la condesa de Humanes.

Estos esquemas organizativos trazados desde el principio para la financiación de las obras apostólicas acompañarán al Opus Dei a lo largo de su historia, provocando situaciones conflictivas y de enfrentamiento entre sus propios miembros. El caso de Rumasa y de José María Ruiz-Mateos en la pugna del Banco Atlántico es el ejemplo concreto que puede valer como referencia más resonada.

Como ya se señaló anteriormente, junto con la labor de los catedráticos en la Universidad y de los numerarios que cursaban sus estudios en ella, los colegios mayores cumplían un papel similar. La residencia de Diego de León en 1940 y luego en la Moncloa constituirán los primeros pilares que forjarán la expansión concatenada. A partir de este momento, la inauguración de colegios mayores ligados al Opus Dei se sucederá en las capitales de provincia con un mayor potencial universitario. Las primeras aperturas lejos de Madrid serán La Estila en Santiago de Compostela, Monterols en Barcelona, Miraflores en Zaragoza, El Albaicín en Granada, Guadaira y La Alcazaba en Sevilla. A éstos les seguirán muchos otros, pero ya al calor de la Universidad de Navarra.

Los distintos colegios y residencias contarán con una administración al servicio de los numerarios internos, dirigida por Sección Femenina: numerarias y sirvientas, estas últimas acomodadas más modernamente bajo el apelativo de numerarias auxiliares.

La composición social de los internos en los colegios mayores es clara y siempre apunta hacia las clases media-alta y alta, a la vez que imparte una gran disciplina. En la actividad diaria se compaginan las misas, las conferencias, el cine, las consabidas tertulias de café y las meditaciones todos los sábados. Lógicamente, las residencias son un campo abonado para la captación de numerarios o supernumerarios, aunque siempre queda la alternativa para los más díscolos de quedar ligados a la institución como cooperadores o simpatizantes, que se afianzarán con el tiempo como otra de las fuentes lucrativas de la Obra.

El Padre tuvo la costumbre de llamar santo a todo lo que le interesó para el bien de la Obra: "santa intransigencia" para no dejar en paz al posible candidato y el "santo sablazo" para lograr el dinero anhelado. Éste es el papel fundamental que cumplen los simpatizantes de la Obra. No están obligados a seguir ningún plan ni están controlados por nadie desde la cúpula, aunque por supuesto mantienen con las altas jerarquías de la Obra una relación fluida, un aspecto a tener siempre en cuenta.

Si echo una mirada al pasado y recuerdo mis experiencias dormidas, saco con claridad ahora lo que sucedía y el aliciente principal de los retiros en la residencia Miraflores de Zaragoza. Mi padre solía pedirme que le acompañase. Mi hermana siempre insistía en que participara, hasta que un día me dijo de repente: "Ya no vuelvo más. Aquí no vienes a rezar, sino a relacionarte." Al preguntarle el porqué de aquel parecer me explicó: "Date cuenta, todos están rodeando a José Joaquín Sancho Dronda." Sancho Dronda era por entonces director adjunto del Banco de Aragón, hasta que posteriormente fue nombrado director de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja. A la mayoría de los que trabaron amistad con él los benefició y colaboraron, como era de esperar, con el "santo sablazo".

En 1951 comienza a funcionar el segundo motor de arranque dentro del campo de la educación que servirá igual que la Universidad como plataforma de nuevas vocaciones. Me refiero a los colegios de enseñanzas medias. El primero en abrir será el Gaztelueta, en Bilbao, una obra corporativa, cuya responsabilidad recaía, en consecuencia, totalmente sobre las espaldas de la Obra. Su carácter corporativo es muy sutil si quiere trazarse un límite respecto a los colegios que irán naciendo a continuación, ya que seguirán las directrices marcadas por esta experiencia inicial. Para comprenderlo de una forma global, es necesario puntualizar que el Opus Dei plantea continuamente su no responsabilidad vinculante con la institución. Son las personas a título particular y nunca la Obra quienes aparecen, aunque por otra parte sea ella misma la que controle cada movimiento y gestión desde la jerarquía.

Aunque de primeras aparecía el Gaztelueta como el único lanzamiento en la enseñanza media, el éxito alcanzado entre la clase alta del barrio más elegante de Bilbao, Neguri, no dejó de ser una tentación irresistible. Reproducir el modelo en las capitales españolas de provincias era dar a conocer la Obra a los estudiantes, antes del salto a la Universidad. Una cantera de futuros miembros que se traducirá en los estatutos del Opus Dei mediante la figura del "aspirante" entre los menores de edad. Enfocada hacia los adolescentes, la organización se irá completando con la creación de clubs dependientes de los colegios, pasando a engrosar ese manantial de vocaciones que obsesionaba a mi tío y a la jerarquía de la Obra.

En este contexto, el nacimiento del Fomento de Centros de Enseñanza, que coordinará a cada uno de los colegios del Opus Dei, fortalecerá su sistema educativo, al que tendrán acceso los hijos e hijas de los supernumerarios y esa amalgama de "simpatizantes", que ven con buenos ojos la disciplina que caracteriza a estos centros pero también la posibilidad de relacionarse con personas de las más altas esferas en la sociedad de cada ciudad. Para dotar a la sociedad del Fomento de la suficiente cohesión económica, su primer presidente será el numerario Vicente Picó, que provenía del Banco Popular, donde el Opus Dei estaba instalado y campaba a sus anchas.

Las acciones para financiar a la sociedad se abren por suscripción de los padres de familia y de los denominados simpatizantes. Esta forma de proceder en España será la prueba piloto que más tarde se aplicará en los países donde el Opus Dei pondrá sus pies en el proceso de expansión. En Iberoamérica se están logrando unas cotas de penetración gracias a este modelo importantísimo, especialmente en Perú, donde se encuentra ubicada la Universidad de Piura, donde se nombró gran canciller al Fundador.

Las finanzas

Acabamos de ver someramente el modelo que el Opus Dei elige para su financiación cuando la escala se puede considerar media, antes del gran despegue. Los ingresos de los numerarios, los pagos de los residentes por sus estancias y los beneficios que otorgaban las primeras empresas auxiliares, creadas al amparo de las obras de los nuevos edificios que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas necesitaba para su desarrollo, constituían los focos principales. Pero ese gran despegue al que aludíamos antes se produce tras la instalación de mi tío en Roma, la adquisición del edificio y los terrenos de la antigua legación de Hungría ante la Santa Sede, junto con las obras de acondicionamiento de la Sede Central y la construcción del Colegio Romano. La obligación de afrontar ese paquete de inversiones millonarias fuerza a los miembros de la Obra a lanzarse a una aventura de control de entidades financieras, como única salida posible. Millet Maristany y Fanjul Sedeño, numerarios del Opus Dei, apoyados por la familia Valls Taberner, inician en 1947 la penetración en el Consejo de Administración del Banco Popular, que acabará siendo dirigido por miembros del Opus Dei.

La primera sociedad financiera, antes de entrar a controlar los bancos, será Esfina, que canalizará el dinero que llega a manos de la Obra de Dios. Esfina, una sociedad de inversiones y estudios financieros, fue creada por Alberto Ullastres. Pero a partir de entonces se irán constituyendo sucesivamente otras que seguirán más o menos un modelo similar, contando siempre con la participación de numerarios como Luis Valls Taberner, Jorge Brosa, Fernando Valenciano, Rafael Termes, Gregorio Ortega, Antonio Pérez, Mariano Navarro Rubio, Rafael Escolá, Manolo Baturén y un largo etcétera. Manteniendo su vocación espiritual, muchos de ellos trocarán la empresarial por la política años después.

Para tomar conciencia realmente del alcance del Opus Dei como una gran sombra, merece la pena recoger literalmente el siguiente análisis de Jesús Ynfante, "Ramificaciones financieras: Esfina, Crédit Andorrá, Banco Atlántico, Bankunión" ("Ruedo Ibérico", 1970, pág. 246):

"En 1956 algunos socios militantes del Opus Dei crearon, con el apoyo del Banco Popular Español, la Sociedad Española Anónima de Estudios Financieros (ESFINA), que cuenta hoy con un capital social de 35.000.000 de pesetas y es un pilar financiero básico de la Obra de Dios. El presidente es Pablo Bofill de Quadras, el vicepresidente José Ferrer Bonsoms y entre los vocales está Román Mal Calvet. En 1958 adquieren la Banca Pujol, Subirach y Compañía, convirtiéndola en el actual Banco Latino. Un año más tarde crean la Universal de Inversiones, S. A., de la que fue presidente del Consejo de Administración Francisco Planell Fontrodona, ordenado sacerdote en 1964. Alfonso López Rodó, hermano de Laureano, figuró también como vocal del Consejo de Administración de ALAS de Publicidad. Fernando Valenciano Polack, consultor del Consejo General del Opus Dei, figura como consejero de Edificios y Obras y vocal del Banco de Andalucía. Otra sociedad de cartera y que posee un capital de 50.000.000 de pesetas es Fondo de Inversiones Mobiliarias, S. A., cuyo presidente es José Ferrer Bonsoms, y el consejero delegado, Pablo Bofill de Quadras.

"En 1962 se constituyó, con un capital de 3.500.000 de pesetas una sociedad filial de Esfina, que se denominó Esfina-Barcelona, S. A., presidida por Bartolomé Roig, profesor del IESE, dando una orientación internacionalista al grupo. Más recientemente se ha creado Esfina-Navarra, S. A., con sede en Pamplona.

"Entre las financiaciones conocidas del Banco Latino se cuenta la constitución de la sociedad de Fomento de Centros de Enseñanza Barcelona, S. A., con un capital de 3.500.000 pesetas, y cuyo objeto social es "la creación de colegios y organización pedagógica de los mismos, la contratación y formación del profesorado, etc.". En el Consejo de Administración figura el equipo oficial de pedagogos de la Obra: Tomás Alvira Alvira, Víctor García Hoz, etc. No conviene olvidar que Ángel Santos Ruiz y Vicente Picó Amador, junto con Alvira y García Hoz, forman el equipo de estrategas del Opus Dei en el campo de la enseñanza media y profesional, estando por ello directamente vinculados con el Fundador.

"El holding ESFINA controla hoy, con su cartera de valores, más de noventa empresas, preferentemente de servicios (cinematografía, valores mobiliarios, prensa y ediciones, etc.). Pueden mencionarse entre ellas las siguientes: Exhibidores Unidos, S. A., Filmófono, S. A., Impak, S. A., Inmobiliaria Grey, S. A., Pabellón, S. A., Publinter, S. A., Internacional de Revistas y Libros, S. A., Prensa y Ediciones, S. A. (editora del "Alcázar" y de "Nuevo Diario").

"En el negocio cinematográfico, las empresas controladas por el capital financiero del Opus Dei, por medio de socios de su entera confianza, son Exhibidores Unidos, S. A., Filmófono, S. A., Filmayer, S. A., Estela Film, S. A., As Film, S. A. y Midega Film, que son sociedades pertenecientes al Opus Dei, pero sus capitales respectivos no tienen el carácter corporativo que poseen las mencionadas anteriormente."

Estas empresas se denominan sociedades auxiliares y en el articulo 9 de las Constituciones del Opus Dei se recoge explícitamente: "Los socios del Opus Dei actúan ya individualmente ya por medio de asociaciones que pueden ser o bien culturales o bien artísticas, pecuniarias, etc., y que se llaman sociedades auxiliares. Estas sociedades están igualmente en su actividad sujetas en obediencia a la autoridad jerárquica del Instituto. "Y en su artículo 388, apartado 7, se precisa aún más el control que ejerce el Opus Dei: "(...) corresponde al Consiliario con voto deliberativo del Consejo (...) designar a los directores de las diversas sociedades auxiliares y de las obras comunes de la Región (...)." Queda claro, por tanto, el alcance que ejerce el Opus Dei sobre todos y cada uno de los tentáculos, es decir, las sociedades auxiliares, que componen su imperio económico y financiero.

En otro párrafo, Jesús Ynfante nos dice: "En manos del grupo ya que actualmente lo posee, el Banco Popular adquirió el control del Banco Atlántico. La llamada Ley de Expansión Bancaria, promulgada por Navarro Rubio, cuando era ministro de Hacienda, concedía a los actuales bancos de depósito la posibilidad de abrir nuevas sucursales y agencias, posibilidades condicionadas a una serie de factores cuya apreciación se dejaba al Ministerio de Hacienda. Una de las condiciones impuestas a los bancos que deseaban abrir nuevas oficinas es que no dependan de otro banco, es decir, que no estén bajo control de otra entidad bancaria. Conocedor "como nadie" de esta limitación impuesta a los bancos, el Banco Popular Español, que tenía mucho interés en que el Banco Atlántico abriera nuevas oficinas, decidió las acciones que este último poseía, para que al solicitar la apertura de aquella nuevas oficinas no apareciese el Banco Atlántico bajo el control del Banco Popular Español. ¿A quién cedió el paquete de acciones? ¿A otro grupo financiero? No. La cesión benefició a Casimiro Molins, joven industrial barcelonés, cuñado de López Rodó. Hecha la ley, hecha la trampa. El Banco Atlántico ha podido abrir nuevas oficinas y seguir tan estrechamente vinculado al Banco Popular Español, aunque sea por persona interpuesta."

No merece la pena seguir relatando más ejemplos sobre la'financiación del Opus Dei. Por mi parte, basta con manifestar que después de cuarenta años relacionado con el Opus Dei y sus miembros, incluso familiares algunos de ellos, y a pesar de ser sobrino del Fundador, hasta que no me enfrenté con la literatura de antiguos miembros de la Institución, no me había enterado de su magnitud económica. Ante todo este tinglado, sólo se me ocurre transcribir las palabras de mi tío José María Escrivá de Balaguer. El 24 de marzo de 1930 escribe en la carta "Singule Dies": "Nuestra entrega al servicio de las almas es una manifestación de esa misericordia del Señor, no sólo hacia nosotros mismos sino hacia la humanidad toda. Porque nos ha llamado a Santificarnos en la vida corriente, diaria y a que enseñemos a los demás prudentemente, espontáneamente, según la voluntad de Dios. Nos interesan todos, PORQUE TODOS TIENEN UN ALMA QUE SALVAR, porque a todos podemos llevar, en nombre de Dios, una invitación para que busquen en el mundo la perfección cristiana. SED PERFECTOS COMO VUESTRO PADRE CELESTIAL ES PERFECTO." Mi tío José María se había adelantado más de mil años en el mensaje de invitarnos a todos para que seamos accionistas y consejeros de empresas financieras.

Entre el grupo de empresas relacionadas con el Opus Dei, destaca por sí misma y a nivel mundial Rumasa, objeto de una expropiación y que, como ya se comentó anteriormente, desencadenó graves enfrentamientos en su seno al tener como presidente y accionista mayoritario a José María Ruiz-Mateos. Nuevamente vamos a recurrir al libro de Jesús Ynfante, ahora para conocer detalladamente los primeros pasos: "José María Ruiz-Mateos, supernumerario del Opus Dei y principal animador del grupo Rumasa, se entrevista y recibe instrucciones de Pablo Bofia de Quadras, uno de los responsables financieros en la Obra de Dios. También los hijos mayores de Navarro Rubio, gobernador del Banco de España, trabajan en empresas del grupo Rumasa y uno de los hermanos de Ruiz-Mateos es cuñado del director del Instituto de Crédito de las Cajas de Ahorro, Luis Coronel del Palma." No hay más vuelta de hoja. Esta gran familia del Opus Dei cumple estrictamente con el mandato del Padre y se ayudan y ejercitan en la "corrección fraterna" no sólo en su comportamiento espiritual, sino también en la dirección de los negocios.

En Zaragoza he tenido la oportunidad de conocer una de esas carreras meteóricas; un compañero abogado, que ingresó sin oposición alguna en el Banco de Aragón, que fue director general adjunto y jefe de mi padre durante varios años. La biografía de José Joaquín Sancho Dronda es verdaderamente sorprendente si se analiza con detenimiento.

Dos hechos relacionados con la persona de Sancho Dronda, uno que acabó en fracaso pero que bien pudo hacerlo en éxito y otro que acabó encumbrándolo, se suceden a fines del año 1969 y principios de 1970. Cuando acaba sus días como director general del Banco de Aragón, donde figuraba como consejero el todavía numerario Antonio Rico Gambarte, se buscó un recambio. Para hacerse cargo de la dirección general se nombró a tres personas capitaneadas por Teixifonte López, un andaluz que tiene como mejor expediente de su currículum la pertenencia al Opus Dei. A los pocos meses, el Banco Central absorbía al Banco de Aragón y la operación resultaba un fiasco.

Idénticos méritos a Teixifonte López encerraba Sancho Dronda cuando pasa a asumir la Caja de Ahorros de Zaragoza con motivo del fallecimiento de José Sinués y Urbiola. Éste había promovido a su sobrino José María Royo Sinués, creando ex profeso el cargo de director general adjunto para que ocupara inmediatamente el puesto vacante. Pero el Opus Dei no podía dejar escapar así como así tan suculenta oportunidad de control de una entidad financiera. Entre la extrañeza general, el sustituto de José Sinués y Urbiola no. iba a ser su sobrino, sino el hasta entonces director general adjunto del Banco de Aragón, Sancho Dronda. El supernumerario y gobernador del Banco de España, Mariano Navarro Rubio, había intervenido manejando los hilos del poder que su situación permitía.

Una vez con el cargo en sus manos, Sancho Dronda tendió la mano a los miembros del Opus Dei, rodeándose de personas de la Obra o de simpatizantes. Las primeras oposiciones de la nueva etapa a la Caja fueron conocidas popularmente como opusiones. Fue el año del Opus en la Caja. Sobre el resto de acontecimientos se siguieron año tras año y las arbitrariedades de José Joaquín Sancho Dronda y sus colaboradores como consejeros simultáneos en las empresas filiales de la Caja en Aragón y en muchas otras son de sobras conocidas, ya que de ello se ocuparon en su momento muy diversos medios de comunicación, incluidos los nacionales. Sus formas de proceder han dado lugar a inspecciones que acabaron en sanciones. Y en algunos casos obligando a intervenir a los tribunales de justicia.

La política

El Opus Dei carece de una definición ideológica concreta, al menos en el plano teórico. Mi tío José María manifestó constantemente su distanciamiento sobre cualquier posición concreta, reiterando la completa libertad que amparaba a los miembros del Opus Dei a la hora de escoger entre las diferentes concepciones. Es más, los biógrafos oficiales de la Obra resaltan ese grado de indiferencia hacia la temática política. Sin embargo, para comprender con más exactitud la proyección real del Siervo de Dios y sus pretensiones sería conveniente introducir una serie de acotaciones, que en ocasiones responden a las propias circunstancias que rodearon su vida y en otras no pueden obviarse porque convergen en un punto más o menos claro, siempre a gusto del lector.

Mi tío José María vio la Obra justo cuando se descomponía la monarquía borbónica en los años 20. A partir de esta circunstancia y los trascendentales hechos históricos que vendrían encima en los siguientes años, cuando menos resulta chocante las manifestaciones de indefinición política. El triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936 supuso el recrudecimiento de la persecución religiosa, del anticlericalismo, con quemas y saqueo de iglesias, incluyendo los crímenes contra un significativo porcentaje de sacerdotes y religiosos. Indudablemente, la violencia desatada contra todo lo que olía a Iglesia tuvo que calar hondo en las conciencias cristianas. El propio José María Escrivá sufrió las consecuencias de esta situación, en su persona y entre los más allegados.

Como primer dato general, Antonio Montero en su libro "Historia de la persecución religiosa en España" aporta las siguientes cifras: a lo largo de la guerra civil murieron 4.184 sacerdotes seculares, 2.365 religiosos y 283 religiosas. Pues bien, en ese listado de muertos por la persecución religiosa dos de ellos pertenecían a nuestra familia. El mismo tío del Fundador, el canónigo de la catedral de Barbastro, Mariano Albás Blanc, también padrino de bautismo, cayó fusilado en la localidad oscence donde se acabaría levantando Torreciudad, por deseo de su ahijado. Un camino parecido terminó corriendo el obispo de Cuenca, Cruz Laplana Laguna, pariente lejano de su madre y que murió el 8 de agosto de 1936. Y, finalmente, mi propio tío acabó siendo objeto de persecución. En el Madrid del Frente Popular, se vio obligado a disfrazarse con un mono de obrero y a ocultarse durante varias semanas en la capital; hasta que tuvo oportunidad de huir a Francia para regresar a la España nacional con su sede de gobierno en la ciudad de Burgos, donde se quedaría residiendo hasta el final de la contienda.

Sin duda, él, como la gran mayoría de los sacerdotes y católicos, tenían clara al menos su adscripción anticomunista. Sin embargo, como ya se indicó al comienzo de este capítulo, insistirá una y otra vez en su negativa a pronunciarse políticamente como sacerdote, dejando a sus hijos que elijan en el amplio abanico ideológico. En líneas generales puede decirse que, convencido de la fidelidad de la Obra, la militancia pasa a un segundo plano, otorgando al poder el único relieve. En definitiva, un aprendiz de Maquiavelo en el seno de una institución religiosa que opera desde el claroscuro de la hermandad de sus miembros.

No obstante, durante el régimen franquista la implicación y la colaboración serán una nota destacada de sus miembros. Incluso de mi tío.

De todos es conocida la amistad que mantuvo con el almirante Carrero Blanco y los ejercicios espirituales que dirigió personalmente al Jefe del Estado, Francisco Franco. Antonio Pérez Tenesa relata en la "Historia oral del Opus Dei" de Alberto Moncada: "En el verano de 1947, yo estaba en Molinoviejo, la casa de ejercicios de la Obra cerca de Segovia. Una tarde apareció por allí Carrero Blanco, que fue recibido por el Padre y un rato después llegó Eugenio Vegas Latapié, acompañado por Rafael Calvo Serer. Yo entonces no sabía nada de lo que se tramaba aunque Eugenio Vegas, que había sido letrado del Consejo de Estado, al enterarse que yo también lo era, empezó a conversar conmigo. Luego supe que aquélla fue la primera reunión entre representantes de don Juan y de Franco acerca de la educación del Príncipe.

"Escrivá era franquista convencido pero también monárquico y estaba a favor de que después de Franco reinara en España don Juan Carlos de Borbón, al que tuvo ocasión de tratar más tarde en Roma. En el equipo de educadores del Príncipe entran bastantes numerarios y entre ellos destaca Angel López Amo, que moriría en accidente en los Estados Unidos en 1957.

"Del grupo de opusdeístas que rodean al Príncipe desde el primer momento se destaca también Federico Suárez.

"Federico Suárez era un valenciano muy integrista, que llegó a ser catedrático de Universidad y que en 1947 fue ordenado sacerdote -comenta Antonio Pérez. Él era bastante carlista y no demasiado intelectual, por lo que mi recomendado para el cargo de capellán del Príncipe fue Pepe Orlandis. Pero al final eligieron a Federico."

Moncada continúa más adelante aclarando en su libro: "En 1951 se produce el acceso del primer numerario a la Administración franquista, con la entrada de Pérez-Embid, como director general, en el Ministerio de Información y Turismo que dirige Gabriel Arias Salgado."

Pero el acontecimiento que propiciaría el grupo Opus en la política franquista fue la relación que se establece entre Carrero Blanco, el buen amigo del Padre Escrivá y hombre de confianza de Franco, y Laureano López Rodó.

"A partir de entonces, empieza una espectacular carrera de López Rodó, quien incorpora a distintos miembros de la Obra a altos cargos de la Administración como Andrés de Oliva, José María Sampelayo, Vicente Mortes, Alvaro Lacalle..."

Los años 1953, 1954 y 1956 son años de consolidación de la influencia política de López y coinciden con la expansión de las sociedades auxiliares de la Obra, en las que los socios numerarios y supernumerarios se ejercitan en la gestión y en el conocimiento del mercado internacional.

Es a partir de estos momentos cuando se inicia la penetración de los miembros del Opus Dei en el gobierno franquista, entran los llamados tecnócratas: Alberto Ullastres, Navarro Rubio, García Moncó, Gregorio López Bravo, José Vicente Izquierdo, Ramón Sanromán, etcétera.

A su vez, todos ellos se rodean en los puestos clave y de confianza de otros miembros o simpatizantes del Opus Dei, ganando en peso específico en la mayor parte de los sectores de la administración, y no exclusivamente estatal, ya que los núcleos se irán extendiendo a los gobiernos civiles, diputaciones y alcaldías.

Cualquier movimiento contará siempre con la mirada atenta del Opus Dei. La puesta en marcha de los planes de desarrollo conlleva la creación de nuevos cargos en la administración. Los miembros de la Obra se valdrán de las nuevas circunstancias y sus maniobras se enfocarán ahora hacia la detentación de puestos por los hermanos espirituales o simpatizantes, lo que arrastra consigo también la arbitrariedad y la injusticia por muy diversos motivos.

Cuando un partido accede al poder sitúa a sus peones en los cargos de mayor o menor responsabilidad, nutriéndose de los militantes. Pero el Opus Dei no es un partido político. Sin embargo, recurre a sus miembros para detentar parcelas de poder al margen de las ideologías. Hoy vemos cómo los "militantes" de la Obra se encuentran en diversas fuerzas políticas, y ellos mismos lo exhiben como demostración de la pluralidad existente dentro de la institución.

Ahora bien, hasta cierto punto. Ellos predican con el mismo ejemplo que dio su Fundador la carencia de una ideología concreta. Y como su Fundador, a la vez los componentes se dejan notar bajo un tamiz claramente conservador. Sus miembros tienen una relevancia nula fuera de partidos como el PP, casi ninguno pertenece al CDS y sólo en las fuerzas regionalistas del centro-derecha se hace notar el peso de su presencia. El Opus Dei sólo tiene componentes ideológicos que desprenden por sí solos de su manera de entender la religión, que alcanza a todos los campos de la vida y se alinea consecuentemente con quienes mantienen una semejanza en sus estilos.

Con independencia de ese señuelo conservador, siempre que un miembro copa alguna de las instancias del poder pasa a rodearse de sus hermanos espirituales. Esto fue lo que en su día sirvió para apellidarlos como tecnócratas, inmediatamente asimilable a falta de una ideología política. El Opus Dei milita en aquellos partidos que tienen mayores posibilidades de gobernar y que, lógicamente, sintonicen con la proyección social de su pensamiento religioso.

En el marco de la política y de la economía merecería dar un breve repaso a un área que se encuentra a caballo entre las dos y que también puede servir como instrumento de poder. Nos vamos a acercar al mundo editorial y de los medios de comunicación.

Posiblemente la editora con mayor actividad dentro del Opus Dei es Ediciones Rialp, que recoge su nombre de las montañas francesas de Rialp, donde en la huida por los Pirineos de la guerra civil tuvo uno de sus capítulos milagrosos de visión de la Virgen María. Su sede social está en Madrid, pero cuenta con importantes delegaciones en Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao; y en Latinoamérica, en Bogotá, Caracas, Santiago de Chile, Buenos Aires y Lima.

Otra editorial significativa en manos del Opus Dei es SARPE, fundada en Madrid y que tiene por objeto la distribución, edición y venta de toda clase de publicaciones, iniciada con "Actualidad Española" y luego ampliada progresivamente a "Actualidad Económica", "Telva", "Tria" y "Mundo Cristiano". En coordinación con estas y otras editoriales surge LINESA, que agrupa distintas cadenas de librerías, empezando por Madrid y expansionándose por el resto de las capitales españolas.

Dada la importancia que cobra la Universidad en el Opus Dei, no olvida tampoco acercarse a este segmento de la población a través de revistas como "Gaceta Universitaria", publicada en Navarra, o "Diagonal", con difusión en Cataluña y realizada por el club de prensa de la residencia Monterols, por citar algunos ejemplos.

La presencia en los medios de comunicación no se limita a aquellos que controlan o editan sus propias empresas. Hoy, como todo el mundo sabe, los medios de comunicación se financian a través de la publicidad. Debe valorarse, por tanto, también el potencial económico de las empresas dependientes del Opus Dei, o lo que viene a ser lo mismo en muchas ocasiones, unidad a los miembros inmersos en el mundo de la publicidad. La influencia es enorme dado el caudal potencial que encierra su estructura, a la que habría que chequear minuciosamente para poner al descubierto todo el entramado. Sin olvidar la cantidad de fieles a la Obra que trabajan en medios de comunicación detentando puestos de responsabilidad. Al alcance de la vista sólo está la séptima parte del iceberg que flota sobre las aguas.

Como ejemplo, y por haber sido propietario y director de una agencia de publicidad en Zaragoza durante más de veinticinco años, habiendo desarrollado campañas a nivel local, regional y nacional, algunas de ellas de gran repersución, como Conguitos y Reinas Butano, me fue imposible acceder a cualquiera de las promovidas por la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, hoy IberCaja. A pesar de mis grandes esfuerzos mediante la presentación de distintas campañas, de la amistad de mi padre con el director general, José Joaquín Sancho Dronda, nunca aceptó ninguna de mis propuestas aun cuando alguna de ellas le parecieron adecuadas. Entonces comprendí que la Caja de Ahorros insertaba directamente en los medios de comunicación su publicidad para ejercer mayor presión y encargando la creatividad a empresas pertenecientes o vinculadas personalmente al Opus Dei, sabiendo que el costo era superior.



Capítulo anterior Índice del libro Capítulo siguiente
Expansión de la Obra de Dios Obra de Dios o chapuza del demonio El proceso de canonización del fundador del Opus Dei