Numerarias auxiliares en Perú

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por EsperanzaRo, 28 de mayo de 2010


La gran cantera de vocaciones de auxiliares en mi país era (no sé si sigue siendo así) la labor de los sacerdotes, algunos ahora Obispos en la sierra sur del Perú. Son sacerdotes agregados o supernumerarios. Eran ellos los que ponían en contacto a las familias de estas pequeñas (conocí una que la trajeron con 11 o12 años, por supuesto que ahora es una nax) con las “señoritas” (numerarias) que cada cierta temporada hacían viajes para traerlas a “Condoray” (centro de la OD en Cañete, al sur de Lima), para entrenarlas en las artes de la atención de los centros. Al inicio Condoray fue una escuela hogar, ahora es un Instituto de Hosteleria, de donde siguen saliendo auxiliares...

Al inicio la labor fue muy dura tanto para las señoritas como para la pequeñas pues los hábitos de vida, forma ve vestir es muy diferente entre la sierra de origen a la costa de Cañete. Como seguro se ha leído en testimonios de ex nax (abreviado de: Numerarias auxiliarfes), las señoritas estaban para todo con ellas, incluso en el aseo personal. Mientras, las peques la pasaban muy mal, algunas se escapaban y las encontraban trepadas en las paredes externas mirando el horizonte, en su casa eran pastoras acostumbradas a ver la amplitud de las tierras andinas y ahora tenían que vivir encerradas haciendo labores domesticas. El vestido era otro gran tema, ellas acostumbradas a usar “polleras” (faldas tradicionales de lana muy gruesa, se usan varias a la vez sobrepuestas para protegerse del clima frio de la sierra) y se sentían desnudas con la batita azul que recibían para vestirse. Otras tenían temor incluso de acostarse en las camas y las encontraban por la mañana sentadas en un rincón en el suelo de la habitación, acurrucadas sobre sus “polleras”.

Otras eran hijas de agricultores campesinos y por decirlo así, tenían otro nivel, también algunas hijas de catequistas.

Otras llegaron a Condoray con la idea de hacer una profesión técnica como así se ofreció más adelante, llegaban allí con gran sacrificio de sus padres.

Entre las nax mayores las hay las que fueron Nanas en casa de las señoritas(os), hermanas de sacerdotes agregados o supernumerarios de la labor de estos en la Zona de Yauyos (territorio, que según se nos ha contado en el Opus Dei, nadie quería en la Santa Sede y que, generosamente, Mons. Escrivá ofreció mandar sus sacerdotes; hay incluso un libro escrito de esta supuesta epopeya, pero que resulta estar en condiciones similares y aun mejores, comparada con la pastoral sacerdotes diocesanos y religiosos en las zonas de sierra y selva del país) y Cañete.

Más adelante se traía chicas de fuera, para que trabajaran atendiendo el centro junto con las auxiliares y ellas eran el foco del apostolado.

He admirado la dulzura de carácter y la fortaleza de algunas de estas pequeñas, que durante la época del terrorismo en el Perú, a las que los terroristas obligaron a contemplar cómo acribillaban a balazos a sus padres, por ser el catequista de la zona o un líder en su comunidad.

Conocí a las nax cuando era “de San Rafael”, o sea, asistía eventualmente al centro de la obra, iba a estudiar y algunos días coincidía con la hora de la tertulia, y veía como estas pequeñas se sentían azoradas, pues bajaban la mirada hasta incluso la cabeza al ser saludadas igual que las señoritas, con un beso en la mejilla. Cuando me hice numeraria, cerca de la Navidad, el Niño Dios me trajo un libro de plantas medicinales y sus aplicaciones. Ya viviendo en ese centro una nax de las mayores le interesaba el tema y vio mi libro cuando limpiaba mi habitación, así que se lo preste. A los dos días me llamo mi directora y tenía el libro en mano y me dijo que a las nax no se les daba libros que eran las hermanas pequeñas, ni había préstamos y etc… y me confiscó el libro para evitar “peligros”. Lo cierto es que a la directora también le gustaba el libro y se lo quedó.

Las conocí más de cerca en el centro de estudios, pues era parte en nuestra formación dedicarnos a la administración y las rotaban con bastante frecuencia. Había de todo, las mandonas, las flojitas, las cuadriculadas, las que imitaban en todo a las numerarias, las sencillas, las hábiles en todo que terminaban siendo exportadas a otras regiones. En fin, variopintas como somos los seres humanos.

Recuerdo también con cariño su ayuda, nos recogían saltándose un poquito el cuadriculamiento de reglas del centro. Habitualmente llevaba lonchera, pero un día me suspendieron las clases de la tarde y me fui corriendo al centro a almorzar y ¡oh! Sorpresa, la directora y administradora no me dejaron entrar al comedor: “que debía comerme mi lonchera, que otra cosa era un desorden”. Me fui al aula de estudios a comer, al rato apareció la nax encargada de la portería con un plato de salchichas buenísimas y, con una sonrisa, me pidió que no dijera nada; todas habían sido cómplices pues todas atendían comedor a esa hora.

Luego esta misma nax me ayudaba con mi tesis, a mí ya no me cundía el tiempo, así que le traía las muestras y ella hacia el conteo. Era importantísima pues si no se hacían a tiempo las muestras, se echaba a perder.

Cuando comencé a trabajar, en la tertulia me preguntaron por lo que hacía en mi trabajo, entonces trabajaba en una empresa administradora de fondos de jubilación. Las nax estuvieron muy interesadas y preguntaron sobre la ley y derechos. Esa misma tarde llego la “fraterna”, diciéndome que nunca hable de temas complicados a las nax. ¿No sería quizás el temor de hacerlas pensar en sus derechos?

Llego el cambio de centro y fui asignada a un centro de auxiliares, éramos 39 en el centro, 4 numerarias (3 del consejo local y yo), el resto auxiliares. Era un centro torre, lleno da habitaciones y éstas con literas abundantes para que puedan entrar todas. Las numerarias teníamos cuarto con baño individual. En algunos momentos, los descansos de las escaleras también se usaban para dormir, por las nax, por supuesto. Pasé poco más de medio año en este centro que fueron los mejores meses de mi paso por el Opus Dei. Estaba rodeada de gente muy, muy buena, te hacían agradable la convivencia. La directora era una autentica madre, sabía acogernos y exigirnos con cariño.

No tenía ningún encargo con las nax, pero la pasábamos muy bien. Algunos domingos después de la cena o en el año nuevo que estuve con ellas, bailábamos en un pasillo de la casa, de todo un poco pero casi siempre al final, ponían “huaynitos”, música del folklore de por aquí, así que ¡a zapatear se ha dicho! Ellas me enseñaban los distintos estilos de las regiones de donde provenían.

La labor de las directoras no era fácil: empujar a las apocadas para que no se dejen aplastar por las otras, moderar a las sabidillas y sobradillas por su preparación, estrato, habilidades; igual para que no se sientan superiores a las otras, fortalecer a las blandengues para que no se desmoronen por cualquier cosa y un largo etcétera de lo variopintas que podemos ser las personas.

Vinieron nuevos cambios, veía con pena como las nax con las que había vivido antes, imitaban los malos hábitos de las numerarias. Las que habían pasado por Roma eran especialmente reverenciadas.

He visto temblar a más de una directora por las “broncas” entre auxiliares. Por ejemplo se burlaban de sus hermanas quechua hablantes, el otro idioma oficial del país, pues su dicción del castellano era un poquitín distinta. Un botón de ejemplo, decían “¡Costodio!” en lugar de ¡Custodio!. Las otras las molestaban por esto a carcajada batiente. He visto alguna nax mayor maltratar sistemáticamente a otra más joven que era un pan de Dios, que cuando se quebraba salía llorando de la cocina. A esta pequeña le estoy muy agradecida, me sostuvo en las épocas ya difíciles en la obra, se adelantaba a mi encargo material cuando ya no tenía fuerzas para sostenerme, me traía algo de comer en mis interminables días en cama, cuando las demás lo habían olvidado, me ponía las inyecciones cuando el dolor me mataba. Estaba pendiente de todas y al igual que conmigo tenia detalles con las demás. Era muy noble, sencilla, alegre y ¡estupenda en la cocina!

En otro centro, las habitaciones entre numerarias y nax, no eran muy diferentes, pero eso sí, la ropa de cama, menaje de cocina con exclusividad de uso y sin mezcla. Las nax mayores tenían habitación con baño individual, al igual que sólo las numerarias mayores.

Respecto a la tecnología de punta, ellos se llevan la presea, venían los curitas con sus aparatitos para dar la meditación. Hasta que yo estuve en el Opus Dei, tampoco a nosotras se nos permitía tener celulares. Mi familia me regaló uno para comunicarse con más facilidad. Me lo dejaron usar porque salía de la ciudad a trabajar en una zona rural, luego me mandaron devolverlo. Hasta que salí sólo vi una numeraria con una palm en blanco y negro.

Ya fuera de la OD me regalaron un palm de última generación, la usé un tiempo, luego a través de un amigo fue fácil venderla en un centro de ellos.

Ahora sé que las nax, se plantean tener un celular, pues todas sus amigas de la labor los tienen, pero no. Ellas tienen que seguir haciendo su turno en el teléfono fijo.



Original