No es oro todo lo que reluce

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Por Naranjas, 10 de diciembre de 2008


Me gustaría abrir un debate libre y respetuoso sobre la vida de los supernumerarios casados, los consejos que recibimos, las cuestiones de fuero externo, fuero interno, y conciencia, la preparación para el matrimonio, el contenido de charlas y círculos, la vida cotidiana… porque creo que a algunos no nos ayudan nada. A otros, no dudo que sí, y me parece maravilloso que muchos matrimonios encuentren en la obra una ayuda para ser más felices y más santos.

No pretendo criticar nada, solo ampliar la mirada a todos los matrimonios, que los hay de muchas clases, ya que son realidades muy individuales, muy personales, muy diferentes entre sí.

A veces pienso que hay cosas que hay que cambiar y que nos interesan a todos, a los de dentro y a los de fuera. Hay que mirar con los ojos abiertos la realidad del mundo e intentar comprender que la clase de tropa es muy importante, y muy heterogénea. No desfilamos todos al mismo paso...

El Papa, la Iglesia, la sociedad en general, se preocupa enormemente por la situación de las familias, y no es para menos, ya que es la base de la organización humana. A veces leo documentos de la Iglesia donde se acusa que hoy día el matrimonio fracasa por la falta de espíritu de sacrificio que existe entre la gente joven, en especial en la mujer.

No dudo que ésa sea una de las causa, aunque la generación que nos precede nos ha educado muy bien en el sacrificio. Pero también creo que no nos han educado tan bien en el amor, en la realidad del amor entre el hombre y la mujer, en la realidad de la atracción, del eros, del sexo, de la psicología del hombre y la mujer, en la realidad de sus necesidades físicas y espirituales. Nos han hablado demasiado de entrega, de ágape, sin pasar por el eros y la filía, y nos hemos acostumbrado a entregar, pero sin preguntar que necesita el otro, sin inducir al otro a preguntarme A MI que necesito YO, porque eso sólo lo sé YO. No nos han enseñado a recibir.

Hay una especie de “desprecio” del enamoramiento, de lo romántico, como si eso fuese infantil, amor adolescente; como si se tratara de falta de madurez. Son los mismos que hablan de enamorarse de Dios como objetivo de la vida cristiana.

Tenemos un solo corazón, y con ese mismo corazón amamos a Dios y a los hombres. Pero dejamos el enamoramiento, los detalles, el trato asiduo, el diálogo, la intimidad, el romanticismo, para el trato con Jesús, lo cual me parece maravilloso. A la hora de amar a nuestro cónyuge hablamos de madurez, amor responsable, usar la cabeza, débitos y “normas”.

Nuestros jóvenes ya no quieren casarse, y yo lo entiendo. Como decía mi abuela, el matrimonio es para aguantar, si no estás dispuesto a aguantar, no te cases. Sigo con la idea de los sumandos. Con esos sumandos solo me puede dar un resultado final: No te cases.

Cuentan que el fundador del Opus Dei en una ocasión convenció a un chico que no se atrevía a dar su “sí” en el OD en un momento, con dos palabras, cuando los directores del centro habían “sudado la gota gorda”, y el chico no se decidía. Cuando le preguntaron al chico que era lo que le había dicho el Padre para convencerlo tan rápido, el chico dijo: Me habló de felicidad, no de renuncias. Me habló más de lo que voy a recibir que de lo que voy a entregar. Si habláramos así a nuestros jóvenes sobre el matrimonio, también dirían que sí al matrimonio.

¿No podríamos presentar un matrimonio feliz, no digo de película rosa, sino feliz, con la felicidad que Dios quiere para el ser humano; una vida donde, sí, habrá sacrificios, pero no sacrificios que surgen del matrimonio, sino sacrificios que surgen de la vida de todo ser humano, y que entre dos personas que se aman, pueden llegar a pesar mucho menos, en vez de mucho mas?

Noto que la educación para la renuncia y el sacrificio no es una buena ni una real propaganda para hacer que nuestros jóvenes se comprometan en matrimonio, más bien es una propaganda falaz. Si les habláramos con palabras normales, si en vez de donación, renuncia, ayuda mutua, humanae vitae o remedio de la concupiscencia, usáramos palabras de la calle, no vulgaridades, sino un lenguaje normal, entendible, atractivo….es posible que nuestros jóvenes entiendan la maravilla del amor en la pareja humana, pareja, si, porque es una realidad de a dos, y la palabra pareja no tiene nada de malo. El matrimonio no es un trío, es una pareja.

No hablo de leerles artículos de Cosmopolitan, que, pensándolo bien, a veces también ayudan mucho a salir de la rutina matrimonial. Sería suficiente con acudir a textos maravillosos que encontramos, por ejemplo, dentro de la misma Biblia, como es el Cantar de los Cantares, que habla de amor divino, pero también de amor humano, porque tenemos un solo corazón. Ese texto bíblico habla de una pareja de amantes que lucha por su amor, y que, para más INRI, no tienen hijos. No estoy en contra de los hijos, yo tengo seis y es lo que mas quiero en la vida. Pero la pareja está antes, se hace antes, es un fin en sí misma, y como consecuencia, vendrán los hijos. Después. Y no hablo de un antes y un después solo en su sentido temporal.

Si, sin duda el amor conyugal tiene algo de “fin en sí mismo”, y no lo podemos eludir.

Cuando era joven me llamó por teléfono una amiga y me dijo: ¡Tengo novio! La felicité, ya que yo sabía que ella se sentía sola, tenía ganas de novio, como es natural a su edad. Y le pregunté: ¿Cómo es?. Me dejó de una pieza cuando me contestó, entusiasmada: ¡SUPERNUMERARIO!

¿Nos casamos para hacer el Opus Dei, o para, como Dios le dijo a Adán y Eva, hacer entre los dos una sola carne? ¿Qué es lo primero?

Me parece que el amor humano es una cosa muy, muy fuerte…

El amor humano es una cosa muy fuerte. Pienso a veces en María y José, y veo a ese hombre joven y normal del que siempre nos han hablado en el OD. Si era joven y normal estaba enamorado de María, y era necesario que fuera así, porque era joven y normal…. ¿No amaría tanto José a Jesús por ver en Él el reflejo, la mirada, los gestos, el color de pelo de la mujer que él amaba? ¿No sería ese sentimiento aún más fuerte que su misión como custodio del redentor? ¿No le encantaría a José hacer reír al Niño para contemplar en Él la semejanza con la sonrisa de María, de la que estaba profundamente enamorado, a la que quería ANTES que al Niño? ¿No era José un artesano, un artista, un poeta…más que un estudioso de la ley? ¿Tanto sabía José de la economía de la salvación? ¿No estaba “tocado” por el amor de María, y por ella, hacía cualquier cosa, hasta amar con locura a ese Niño? ¿Hablaría José a María sin mirarla a los ojos? ¿Tendrían intimidad, intimidad de amigos, pero intimidad? ¿Estarían siempre donde “pudieran ser vistos”?

No creo, los hubiera encontrado Herodes…

Hoy es el día de la Inmaculada Concepción y se me ocurren muchas cosas. Quizás son una herejía, pero sé que puedo compartirlas aquí, porque el que quiere las lee y el que no, pasa al artículo siguiente, y creo que no me van a echar por decir tonterías.

Se me ocurre pensar esa idea de la teología mariana, la Virgen fue concebida sin pecado original, sin tendencia al pecado, sin concupiscencia, porque era necesario que así fuera. Era necesario que la Virgen estuviera protegida por esa gracia especial, que las demás mujeres no tenemos, para ser la madre de Dios, para ser virgen toda su vida. A José se le pide lo mismo, pero no se le otorga esa gracia. ¿No será que Dios sabía que no era necesario, que José, con una gracia ordinaria, podría vivir ese estado de castidad, pero que María, por ser mujer, necesitaba más? ¿No será que las mujeres necesitamos más, y de mas calidad, pero nos han hecho creer que no, que eso es cosa de hombres, que tengamos cuidado, que el hombre necesita, y nosotras, que necesitamos menos, somos las que tenemos que pararlos a ellos, y cuidarlos, y hacernos respetar?

Una vez un director espiritual me preguntó cuantas veces al mes realizábamos el acto sexual mi marido y yo. Cuando yo le respondí se llevó las manos a la cabeza y dijo: ¡Pero eso es muy poco para un hombre en plena juventud!. Y yo me quedé pensando… ¿y yo? ¿Qué soy yo, mi tía abuela Felisa, una niña de jardín de infantes, una maniquí del Corte Inglés? Porque que yo supiera, en ese momento, mi marido y yo teníamos la misma edad, yo un año menos, para ser exactos, o sea, mas plena de juventud que él todavía.

¿Qué idea de hombre y de mujer nos inculcan? ¿Será real? ¿Somos así? ¿Respondemos a esos esquemas tan estructurados? ¿A nosotras siempre nos duele la cabeza y ellos son unos tigres que siempre están dispuestos? ¿No falla algo en ese discurso? ¿Somos sinceras las mujeres? ¿Nos duele la cabeza realmente o no nos saben tratar? Y a ellos ¿Les enseñan a tratarnos? ¿No nos respetarán demasiado? ¿De verdad se creen que el amor es un débito de la mujer hacia el hombre? Y ese hombre ¿no nos debe nada?...por ejemplo: compañía, escucha, comprensión, amistad, una cuota de intimidad mas allá de la física…. Eso: ¿no es débito? ¿se confiesan los hombres de faltar a su débito tantas veces o comulgan tranquilamente después del débito cumplido, la foto con los diez hijos en medio de la sala de estar, y la mujer, que es una “santa”, pero –sin dudar de la santidad de muchas-, paga su santidad en especie a cambio de una tarjeta de crédito para sobrevivir?

Hace poco, una alumna mía, de secundario, me decía que su novio quería acostarse con ella, pero que ella dudaba, que lo quería mucho, que eraa el primero, y que no estaba segura. Yo le dije una tontería, pero a ella le sirvió. Le dije, pregúntale a tu novio si sabe cual es tu color preferido, tu flor preferida, tu postre preferido, y pregúntate tú también lo mismo sobre él. Vino a la semana siguiente a decirme que ni su novio sabía esas cosas de ella ni ella esas cosas de su novio. Yo le dije que si le parecía que se podía llegar a tanta intimidad física cuando le faltaba por conocer cosas tan importantes como esas para la convivencia con esa persona. No puedes empezar conociendo lo mas intimo, porque, lo que dejes por el camino, lo pierdes. No te quejes entonces cuando estés casada y el día de tu aniversario te regale el cd del cantante que más odias, o un perfume con olor a limón cuando todo el mundo sabe que te gustan los jazmines, porque esa noche no vas a tener ganas de acostarte con él, y te va a dar la impresión de que vives con un desconocido. Le vas a tirar el perfume por la cabeza y él, perplejo, te dirá: ¿Qué hice mal?... A ellos les sirvió la idea, y están pasándolo muy bien descubriendo en ellos cosas que aún desconocían. No tuve que asustarlos ni con el sida ni con el infierno.

Pero no le dije a él lo que a ella le gustaba ni a ella lo que le gustaba a él. A veces nuestras directoras en el Opus Dei nos sirven de paño de lágrimas, y nos consuelan en la charla fraterna, y nosotras se lo agradecemos, y ellas lo hacen con muy buena intención y cariño. Pero…¿porqué no nos dicen :¿eso, háblalo con tu marido, eso, pregúntaselo a tu marido, o que tu marido se tome la molestia de consolarte él, que para eso se casó contigo? El es la persona que Dios ha puesto a tu lado para que te ayude a ser mejor, no yo, que soy solo una numeraria del Opus Dei.

Es cierto, a los hombres no les gusta mucho consolar, están cansados, vienen de trabajar y quieren una cara sonriente a su lado… Desahoguemos pues nuestras inquietudes y penas en la charla fraterna, lleguemos a casa fantásticas y maquilladas, pero admitamos que la intimidad que deberíamos crear con nuestros maridos, eso que es lo que verdaderamente va a sostener nuestro matrimonio, la estamos creando con una directora del Opus Dei.

Sinceramente no dudo de la santidad de muchas, muchísimas personas del Opus Dei, muchísimos matrimonios de la Acción Católica, Cursillos de Cristiandad o Catecumenales; no dudo tampoco de la santidad de vida de muchos matrimonios civiles, de muchas parejas de hecho, de muchos homosexuales, de muchas religiosas; no dudo de la santidad de nadie, ni de los medios que a cada cual le sirven en esta búsqueda de sentido de la vida en la que se mueve el ser humano. Hay gente santa y luchadora en todas partes.

Solo quiero echar una mirada a otras realidades que a veces quedan confundidas, tristes, incomprendidas, con la tristeza interior del cobre viejo, aunque reluzcan como el oro.



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