Motivos por los que me he apartado de esa institución

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Por JuanCC, 27.10.2006


Solía ir por varios centros del Opus Dei y participar de sus actividades en un país de hispanoamérica.

Paso a contarles las razones por las que desconfío de esta institución y por las que me he apartado (sin ningún orden de prioridades).


En primer lugar, veo que tienen aceitados vínculos con el estado y que se nutren de sus recursos para financiar proyectos privados, de acceso restrictivo para algunos pudientes. Esto es algo injusto, además de inmoral y contrario a la doctrina religiosa. Han hecho sus dineros merced a la estructura burocrática parasitaria de los estados de origen hispano, donde históricamente han predominado formas conservadoras muy fuertes de hacer política...

Esto hace que el Opus Dei sea en Latinoamérica un monopolio de "contactos", para poder desarrollar las propias potencias, puesto que la estratificación estatal impide la meritocracia. Estos "contactos" se manejan irracionalmente, sin criterio alguno de excelencia, sino de vínculo.


En segundo lugar, la figura del sacerdote es destruida en el Opus Dei. Estos obedecen a los "directores" (jovencitos de escasa agudeza intelectual que ocupan una dudosa e infundada jerarquía eclesiástica) y no organizan las actividades de "la Obra".


En tercero, el ritualismo exagerado, neofarisaico e hipócrita. El sentimiento de superioridad sobre otras instituciones de la iglesia.


En cuarto, la ideología conservadora, semi-fascista, "nacionalista católica" como suele decirse por aquí, pero falsamente igualitarista. Si hay algo positivo que puede tomarse del fascismo, es su ánimo de justicia social (no sus propuestas, por supuesto). Esto aquí ni siquiera permanece, y la religión se convierte en una práctica social de clase. El mismo acento que sus miembros tienen, que sacrifica dicción a apariencia social, nos lo muestra.


En quinto, sólo veo chicas morochas de apariencia humilde como numerarias auxiliares.


En sexto, he participado de algunos retiros de "la Obra" y en ellos me percaté que las charlas de dirección espiritual y confesión, se hacían al aire libre. Fue allí cuando descubrí, tal vez iluminado por el Espíritu Santo, que eso no se trataba de una verdadera confesión. Bajo un árbol, no creo que el secreto de confesión tuviese vigencia. El sacerdote sólo se pone la estola y el confesado se santigua iniciando formalmente la confesión cuando se le va a dar la absolución, con lo cual, no hay secreto alguno. Era sospechoso que estos presumidos "tradicionalistas" no observasen la liturgia misma de la confesión. Esto, por supuesto, nunca se aclara, y en consecuencia, se simula como una confesión ante quien no se ha percatado de esto.


En séptimo, la búsqueda de chicos "de clase alta" antes que de todos por igual, lo que debiera verse reflejado en una composición homogénea de quienes participan en sus actividades.


En octavo, he visto cómo se manipula a las personas durante las "meditaciones". Se dice que el sufrimiento santifica, que es un instrumento de santificación, en vez de sostener que todo sufrimiento innecesario debe ser prevenido. Se mortifican salteando el postre, en vez de ayudar a quienes lo precisan, no dadivosamente, sino dando oportunidades para el crecimiento personal.

Observé en una tertulia cómo ante chicos de escasa edad se debatió sobre la película "Spiderman" donde se les decía que la vocación es cómo esa picadura de araña que recibe su protagonista: él quiere escaparse, quiere renunciar a ella, pero termina aceptando su destino. Es algo de lo que debe hacerse cargo. No puede desoir su llamado. Tiene esta vocación para los demás, la vocación es como el ser héroe. Y que esto lo lleva a dejar a sus afectos, a su novia, etc. A semejante estupidez respondí que en el final, su novia decide acompañarlo a pesar del riesgo que implica la actividad del héroe, y tal vez hasta forme una familia con ella. Se me respondió que eso no era seguro, que no se sabía.


En noveno, se desalentaba el sexo pre-nupcial diciendo que en la juventud, uno no está en condiciones de casarse, para poder encauzar el sexo. Uno no tomaría la decisión de casarse. Es curioso, ¿tomaría acaso la de ser numerario? A los 14 años y medio, eso es un disparate.

Más aún, tal vez luego, muchos años después, descubra que su vocación era otra, y se ordene sacerdote. Si así sucediese (como sucede con los sacerdotes del Opus), todo ese tiempo habrán errado su vocación y debieran haberse ordenado sacerdotes en primera instancia, lo que es un absurdo, por supuesto.


En décimo, se persigue a la gente con anécdotas medievales sobre el demonio. Se dice que si no pueden participar de algún retiro, u otra actividad de "la Obra" por algún imprevisto, esto será obra del demonio. Esta idea es esencialmente sectaria.


En undécimo, hay una actitud antipersonalista en los miembros de la Obra. Algunos se van, otros son transferidos de centro, algunos mueren, pero nadie habla de ellos. Nadie los recuerda. Nadie parece mantener comunicación con los primeros. Lo mismo pasa con quienes están enfermos: la actitud de frialdad es tremenda.


Otra cuestión más: critican la libertad de mercado y la falta de justicia social del capitalismo liberal, imponen la necesidad de seguridad social (caja manejada por la burocracia que intentan controlar y que en latinoamérica manejan los caudillos conservadores) pero no pagan impuestos por sus propias actividades. Todos sus bienes (que dicen no tener) están a nombre de asociaciones extrañas, que no desarrollan otra actividad sino la de ser testaferros de "la Obra". Y por lo tanto, exentas de impuestos. Cuando uno pregunta quién es el dueño de esos edificios, se dice que "nos los prestan". Esto es interesante, pues en mi país, el estado nacional subsidia a la iglesia vaticana. Bueno sería que usase ese dinero en la provisión de bienes públicos decentes y dejase que el Opus Dei y sus emprendimientos se hiciesen cargo con sus ganancias de la propia iglesia, y pagando impuestos, si, si, como todo el mundo.


Más aún: lobby político para que no se sancionen leyes de educación sexual o control de la natalidad. Se condena el uso del preservativo, y se impone esta cuestión en la gente. Ninguna persona de clase media casada podría no usar anticonceptivos. Nadie puede mantener 20 hijos. Es un delirio.



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