Mi modesto homenaje al Fundador en el aniversario de su subida a los cielos

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Autora: Agustina López de los Mozos, 25 de junio de 2008


A medida que los países adquieren mayor nivel de cultura y concienciación social, el opusdei se des-asienta, flojea, desaparece y muere. Uno de los errores de la obra ha sido intentar trasplantar “el modo de ser español” de cierto sustrato picaresco autóctono por sobrevivir en épocas de vacas flacas, al resto de los países no españoles. Soy española y no soy socióloga. Intento hacer un acercamiento, como periodista y ex numeraria, a lo que fue y a lo que actualmente es la obra.

El fundador fue producto de su época (1902-1975), no fue un profeta. No vio nada más allá "trascendente" de lo intrascendente que rodeó su vida. El Evangelio sirve para cualquier época de cualquier siglo pero lo que predicó Escrivá se circunscribe a sus circunstancias -materiales y psíquicas-, personales. Ahora hay más nivel de estudios y una mentalidad globalizada: las mujeres no son inferiores, no pagar impuestos es tan pecado o más que incumplir el sexto mandamiento (sobre todo en los países de tradición protestante: centro de Europa, países anglosajones...), los tratos verbales son tan importantes como los firmados, lo predicado en una charla y/o meditación y/o círculo no puede tener una segunda interpretación según convenga, etc., etc...

El fundador fue producto de una “cultura” donde imperaba casi como virtud, la pillería. No olvidemos las raíces en nuestros clásicos del Siglo de Oro: El lazarillo de Tormes, El Buscón... El fundador no tiembla al dictar el camino hacia la santidad “santificando” la coacción, la intransigencia y la desvergüenza. Pero el fundador no fue capaz –porque no le interesaba- de analizar si esa forma de ser “tan tópica y típicamente española” de su tiempo, tenía algo que ver con el Evangelio del que se servía para “abrir los caminos divinos de la Tierra”. Y las directoras/directores son el triste ejemplo puesto que son sus "herederos" en cuanto a su mensaje, no en cuanto a la autonomía que él tuvo. Están en esos puestos porque van a repetir lo mismo. Lo mismo y sin autoridad, lo mismo y sin convicción, lo mismo por obediencia. Lo mismo para no defraudar a quiénes les nombraron por su docilidad. Lo mismo por no tener autonomía, lo mismo porque están ahí para repetir LO MISMO.

La formación cultural e intelectual del Fundador brilla por su ausencia: estudios con calificaciones mediocres por mucho que las intenten falsificar los “historiadores”. No existe el título de su carrera de Derecho y mucho menos el del doctorado. ¿Por qué? Porque él no necesitó culturizarse ni ilustrarse. A él llegaba “la voluntad de Dios” a base de visiones, apariciones privadas, su complejo de inferioridad por no venir de “cuna noble” y el culto hacia sí mismo que supo inculcar a “los primeros” y que éstos transmitieron como fama de santidad ya en vida. De los títulos académicos que aparecen en las hagiografías oficiales no se tienen pruebas documentales.

El fundador no fue ni siquiera un autodidacta porque nunca se preocupó en formarse, simplemente necesitaba verse como “el elegido” en el que Dios depositaba toda su confianza. Me permito pensar que, en su arrobamiento, quiso dejar claro a sus fieles que él vino a completar la misión de Jesucristo. Para él y para los primeros de la obra, Jesucristo no lo hizo bien del todo ni todo lo dejó claro. Por eso la Iglesia y el mundo necesitaba de la existencia de Escrivá: con él se completó la Revelación. Es más, interpretó la Revelación. Y la Revelación, para el opusdei, es que o se pertenece a la institución o se va por el camino de la perdición.

En 1928 y años posteriores en España, ni la educación ni las leyes ni la tradición igualaban el papel de las mujeres al de los hombres: los varones, en el caso de las familias pudientes, irían a la Universidad, en las mujeres –pudientes o no- era una provocación que pensaran en algo más que en casarse, servir, callar y obedecer. No existía el derecho a elegir, ni el derecho al voto, ni el derecho a ser independientes en base a un trabajo, ni el derecho a ser reconocida como ser individual autónomo, libre y responsable.

¿Qué pasó con los países europeos con más nivel de cultura, tradición en cuanto a los deberes profesionales y sociales, con mayor reconocimiento de los derechos de las mujeres y también de los varones, en base a la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Pasó que no pasó ni pasa nada. Fueron unos cuantos españoles a “empezar la labor” y después de 50 años, son tan mínimos y tan pocos, que los que “pitaron” despitaron y los que quedan, son españoles en su mayoría y otros, de países de América Latina, que se nacionalizaron. ¡Cuántas cruces de palo (cruces de las vigas de la ermita de Molinoviejo para la primera vocación de cada región) aguardan en el limbo de los recuerdos curiosos de unos cuantos!

- “A mí no me dieron “la cruz [de palo]” porque fui el segundo de una región –me dice un amigo-, pero sí que me dieron todos los palos”.

En Europa, el opusdei se encontró con que en principio, a los católicos, lo que predicaban no sonaba mal y fueron pitando algunos. Pero también se encontraron con algo que no esperaban. Y no esperaban que no tuvieran que cumplir la palabra dada. Si en una charla se le decía a un/una pitable que “las puertas para salir estaban abiertas de par en par y que las puertas para entrar, había que empujarlas”... lo dicho no podía ser mentira. Y cuando alguna o alguno pedía irse y le venían con la historia de que “nadie que se ha ido de la obra ha sido feliz” o que “el Padre no da ni cinco céntimos por el alma de un hijo suyo que abandone la obra”... ahí se encaraban y se encaran exigiendo que se cumpla lo dicho: “que las puertas para salir están abiertas de par en par”. La palabra dada es más fuerte que el miedo. En otros países funciona el miedo –España ha sido la región primogénita en vivirlo y sufrirlo- pero eso ya está dejando de funcionar. A España le tomaron el testigo, en el crecimiento de la obra, países de habla hispana -Latinoamérica-, países entonces tan atrasados social, cultural y políticamente, como mi querido país pero que ya no son, somos, lo que fuimos.

Cuando a una/uno le dice la delegada/delegado de san Miguel que no se preocupe, que lleva razón y que se van a tomar medidas al respecto –cosa que nunca sucede-, ese fiel de la prelatura, si no ve que los malosentendidos -murmuraciones, malos tratos, acusaciones en base a lo escuchado en la dirección espiritual- se solucionan, vuelven a la carga a exigir a esa delegada/delegado que cumpla su palabra. No es cuestión ya de la “obediencia ciega” o el “obedecer o marcharse” y seguir aguantando vejaciones. Se trata de que se exige el cumplimiento de la palabra dada. Y si no se cumple –porque no se cumple ya que ninguna delegada/delegado puede comprometerse personalmente a nada que no le venga dictado por la Asesoría/Comisión-, el fiel de la prelatura se ve engañado, se ve ninguneado y, sobre todo, ve que los directores de la obra mienten sistemáticamente. Ve que los directores no son capaces de cumplir su palabra y cuando una persona no tiene palabra ni es responsable de lo que dice, ni sabe lo que dice, ni sabe si podrá llevarlo a cabo, y sabe que lo que dice es “lo que siempre se ha dicho” pero no puede cambiarlo porque no es autónomo, ni libre, ni responsable de lo que dijo... entonces, se acabó. Y le queda claro al que exige justicia que él no fue quien falló sino que quien mintió y falló es el representante del Padre -puesto ahí como transmisor de "la voluntad de Dios" que procede del prelado-, o sea, la obra.

Las directoras/directores de la obra ¿no se plantean que están para no ser ellos y para repetir frases hechas que, muchas veces, ni sienten pero que no tienen más remedio que repetir como loros? En algún lugar de la conciencia debe quedarles e instaurárseles que no deciden por sí mismos, que su palabra no vale nada y que no pintan nada.

Ahora todos y especialmente las mujeres, saben de sus derechos. El miedo –que tan bien le funcionaba al opusdei para que nos calláramos- está dejando paso a plantarles cara. Cuando una administradora se va de la obra les exige la compensación económica por los años trabajados y no cotizados a la Seguridad Social. El opusdei ya no es “Alicia en el país de las maravillas”, ni la intocable, ni “nuestra madre guapa”. Ahora la obra es una institución con personalidad jurídica que debe cumplir con sus compromisos tanto legales como doctrinarios y los miembros están dejando atrás el miedo como “reliquia” del siglo pasado.

Las directoras y directores deberían saber que esto es una carrera imparable. Los tiempos no son lo que fueron ni las mujeres y hombres son los de ayer. Si consideran un honor que les nombren como directores, deberían mirar primero si van a ser capaces de mantener su palabra ante sus “súbditos”. Y como no pueden mantenerla porque el criterio propio está prohibido según “el buen espíritu”, que miren por su salud física, mental, espiritual y penal.

El fundador intentó transplantar su “españolidad” de principios del siglo pasado: institucionalizar su ser tramposo, pícaro, astuto, timador, mentiroso... Las directoras y directores lo han hecho muy bien durante años, siguiendo su ejemplo, pero estamos en otra época, con otra mentalidad y con otra educación. Los perjudicados exigen justicia a través de los tribunales civiles o penales y cuando el opusdei tiene que ir a declarar como imputados, no se presenta el Padre/prelado ni el vicario ni el secretario regional, ni la directora de la Asesoría –que son los responsables verdaderos-. Se presentan ellas y ellos, directores “que pasaban por allí no en el momento ni en el lugar adecuado”.

Éste es mi pequeño “homenaje” al aniversario de “la marcha a los cielos” a alguien que supo crear una fábrica de decir mentiras y de propiciar el enrarecido ambiente donde se dan más enfermos psíquicos por metro cuadrado que en cualquier sanatorio psiquiátrico. Este es “su fruto” por haber hecho “santas” la coacción, la intransigencia y la desvergüenza, sin olvidar tampoco, la pillería. Un cóctel Molotov que, tarde o temprano, su efecto tenía que ser, como desgraciadamente es y ha sido, desolador.

Agustina López de los Mozos Muñoz

P.D. No entiendo por qué la Carta de Alvaro del Portillo "Nuestro Padre en el Cielo", que habla de cómo fue la muerte y los detalles de "la subida al cielo del fundador" se sigue considerando un "documento interno" (secreto) y no se ha hecho pública.



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