Mi historia - Ingenua

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Por Ingenua, 25.01.2008


12-15 años

No prometo escribir una historia tan apasionante como la de muchos de ustedes.

Siempre pensé que yo no tenía mucho para contar, pero hoy me pasó una cosa extraña. Buscando en mis recuerdos, comencé a hacer memoria sobre mis primeros pasos en el opus dei. Yo tenía 12 años.

Me di cuenta que tengo mucho para contar, y sobre todo, mucha necesidad de contar. Voy a tratar de mostrar mi historia. Con ella, quizá pueda ayudar a clarificar un poco más de qué se trata y cómo acciona el opus.

En esta parte voy a contar mi vivencia a los 12 años, es decir, lo que me quedó en el recuerdo sobre lo que viví a esa edad. Más a delante voy a darles mis conclusiones, ya que até cabos mucho más tarde. Pero gracias a Dios, los até.

Un día mi mamá me comunicó, a mi y a mi hermana, que iríamos todos los sábados a un club. Todos los sábados de 9 a 12 hs. En ese club haríamos muchas cosas divertidas y aprenderíamos a hacer cosas que nos gustaban y que eran productivas. Como era de costumbre, no nos opusimos, pues en nuestro tiempo se hacía lo que los padres decían, no había lugar a opinión. Yo tenía 12 años y mi hermana, 11.

Así fue que comenzamos a concurrir al "club" (el club tenía nombre pero no lo pongo en el relato). Se llevaba a cabo en una casa de familia, que nos habían prestado para tal fin, y además de nosotras dos también iban otras chicas, algunas del mismo colegio.

Nos atendían mujeres jóvenes muy bien vestidas: de pollera larga, o pantalón pinzado, camisa o remera bien cerrada, bien limpia, con peinado de señora, aros y collar de perlas haciendo juego, a la moda pero bien discretas, siempre con una sonrisa en los labios y de buen trato. Recuerdo que siempre nos invitaban a pensar en qué cosas nos gustaría hacer, y se preocupaban de manera extrema en conseguir todo aquello que nosotras les pedíamos. Por ejemplo, si les decíamos que nos gustaba jugar el voley, ya al sabado siguiente organizaban un campeonato, traian la pelota, la red y se hacía. Si queríamos cocinar, traían recetas, los ingredientes y hacíamos cocina. Si nos gustaba la música, traian la guitarra y nos enseñaban. Armabamos coros, obras de teatro (uf!! cuántas obras de teatro llegan a mi recuerdo!!!!), preparábamos manualidades para el día de la madre, el día de la familia, el día del padre, navidad, pascuas, representábamos el pesebre en navidad, confeccionabamos tarjetas, ropa, lo que sea... todo lo que nos "enganchara", porque al club había que seguir yendo, a costa de cualquier cosa. Ibamos de campamento, hacíamos campamentos en la misma casa y a veces a otras casas. La pasábamos genial!! Jugábamos, nos divertíamos, y por supuesto, rezábamos y teníamos las charlas y meditaciones, siempre infaltables.

No se en qué momento, ya que no recuerdo, pero bien desde el principio, se ve que habia sido hecho con mucha naturalidad, porque no lo recuerdo, no faltaba ningún sábado la parte espiritual. Yo vengo de una familia cristiana, en donde se me había enseñado a rezar, a si que creo que por eso para mi fue todo muy natural.

Cada sábado teníamos: una charla con una numeraria, una meditación obviamente con un sacerdote y la confesión (la famosa confesión!)

La charla constaba de: media hora, escuchando a una chica "muy preparada y muy formada" que nos hablaba de diferentes temas, sobre la historia del opus dei, a veces, y sobre todo sobre temas de "formación humana", como ellas lo llamaban (sacramentos, mandamientos, preceptos, dogmas, plan de vida, etc etc etc. ya saben, todo eso que se repite año tras año) Recuerdo que a mi me encantaban las charlas, yo me sentía re importante, sentía que aprendía un montón, que me estaba formando, me sentía agradecida a Dios por darme la oportunidad de escuchar todas esas maravillas, agradecida de haber sido "elegida" por Dios, ya que no todas tenían esa oportunidad en la vida, era una esponja!!!!!!!! El opus dei era lo mejor que me podía haber pasado en la vida. Ellas lo sabían todo, y yo justo estaba ahí, aprendiendo que nuestra religión era la mejor, que los de otras religiones y los que no estaban bautizados se iban al infierno, que darle un beso a un chico o pensar en ello era pecado mortal, que habia que rezar por las personas que estaban equivocadas de camino, que habia que meterse en la vida de los demás para decirles que estaban equivocados, etc etc etc.. Me crié soberbia, agrandada, juzgadora y qué más?,, ah, cierto que las conclusiones venían después.

La meditación era maravillosa: un sacedote de túnica negra hasta los pies, (bue... ya todos saben los detalles de la oscuridad y la lámpara iluminando la cara del cura a la mejor manera de una peli de terror, con la cruz y el reloj arriba de la mesa) y otra media hora escuchando "esa maravillosa formación espiritual y humana" Y tambien teniamos retiros mensuales (una vez por mes, en vez de una, dos meditaciones) Infaltables la Salve y el angelus antes de irnos.

Y la confesión! Para que no te les escapes de la confesión semanal, además de explicarte una y mil veces cómo se hacía una buena confesión, cosa en la que me hice experta (por supuesto que experta en eso que ellos llaman confesión) te anotaban en una lista apenas llegabas, y te dejaban en evidencia adelante de todos, preguntándote: "¿te anoto, no?, a lo que te sentías obligada a decir que sí, por verguenza. O si no, antes de irte, "¿pregunta el padre si ya se confesaron todas o si falta alguna?, o si no directamente, "¿pasaste a confesarte vos, no? "dale, pasá, vas a ver que te hace bien" Va, aunque a mi nunca tuvieron que insistirme mucho, porque yo obedecía en tooodo. Realmente me sentía una priviligiada.

Así fue mi vida hasta los 15 años. Y no falté ni un sábado. Recuerdo que muchas de las chicas se abrían y no querían ir más. Yo no entendía porqué, si todo era tan maravilloso. También recuerdo, que un día, por copiar a las demás, fui con mi hermana a plantearle a mi mamá que no queríamos ir más al club. A lo que ella respondió que ibamos a seguir yendo, y que lo imponía como una obligación. Así, "lo van a hacer les guste o no". Más adelante comprendí que en esa misma época mi mamá conoció al opus dei, y estaba maravillada y con el entusiasmo del comienzo, por lo que quería que mi hermana y yo siguiéramos los mismos pasos.

Años más tarde era mi mamá la que trataba de abrirme los ojos, y ya les voy a contar cómo se sucedieron las cosas.

Hoy quiero quedarme en este punto. En los 15 añitos. Con esta edad hice mi primer retiro anual. Un antes y un después en mi vida.

No puedo seguir escribiendo más, se me llenan los ojos de lágrimas de recorrer los caminos andados. Yo, una tarada de 15 años, que creia llevarme el mundo por delante, que me creia una elegida. Pero... Quién les dio el derecho de manipularme así? Les parece que yo tenía plena libertad de conciencia con esa edad, justamente en la que se estaba formando mi conciencia? Nunca la llamaron a mi mamá para explicarle lo que hacía ahí, lo que me decían... Quiénes se creyeron? Dueños de la vida de los demás? Creo que una cosa es formar, poner límites, explicar, en el sentido de dar herramientas para construir las propias ideas. Otra muy diferente es lo que me hicieron en el club: crear en mi cabeza una serie de premisas, como si fueran verdades absolutas e irrefutables. De las cuales yo me agarré para ser una adolescente engreída y sin amor por los demás. Calculadora y antinatural. Interesada y frívolamente juzgadora, por creerme dueña de la verdad y superior a los demás. Valiéndose y utilizando las actividades que nos gustaban hacer, se aprovecharon para "formarnos"

Una cosa es vivir esto de grande, otra muy diferente es a esta edad, en donde estás totalmente indefensa.

15-17 años

Bueno, resulta ser que, como les contaba, a los 15 años hice mi primer retiro espiritual con el opus dei. Para qué decirles, quedé maravillada, me sentía que volaba por los aires, como en medio de una especie de "conversión", si bien yo ya frecuentaba la iglesia y venía de familia católica practicante.

Me acuerdo, que al volver a mi casa, miraba a toda mi familia como si fueran bichos raros, jajaja, todos eran pecadores, todas las almas eran impuras menos la mia, que estaba "en gracia". Esta primer experiencia de tres días me cambió por completo: cambié mi forma de pensar, mi forma de ver y sentir hacia los demás, mi forma de hablar, mi forma de vestir. Este cambio fue en parte repentino (tras el retiro) y otros cambios fueron más paulatinos a medida que conocía y crecía mi participación en el grupo...

En resumen, sentia que le había encontrado el sentido a mi vida. No se de donde saqué que hasta ese momento mi vida no tenía sentido... pero de pronto me encontré pensando que mi vida "pasada" era pecadora (con toda mi familia como parte de esa vida) y que de ahora en adelante yo tenia que ser fiel a Dios en la obediencia y en el cumplimiento de todas las normas de piedad que había aprendido en el retiro.

Mi vida en esa etapa se resume en los siguientes puntos:

  • Juzgaba todo el tiempo lo que hacían y dejaban de hacer cada integrante de mi familia (padres y hermanos). Esto traía peleas, por lo que a su vez me sentía un horror por sentir que yo ocasionaba esas peleas.
  • Rezaba y cumplía al pie de la letra tooodas las normas de piedad: desde el minuto heroico, pasando por mortificaciones, misa diaria, rosario, jaculatorias, presencia de Dios continua en todo, oracion mental, oración personal, lectura del evang y de otros libros, etc. etc, hasta el examen de la noche, minucioso y con propósitos.... y al otro día, de nuevo a empezar esta vida armada, en la que, por supuesto, vivía pendiente de no ofender a Dios, y por supuesto no lo lograba... y otra vez la culpa y el sentimiento de no servir para nada, y de hacer las cosas mal.
  • Me distancié de mi vida "anterior" en la que me apasionaba escribir poesias, y tiré todos los cuadernos de poemas y canciones que habia escrito. No le veía el sentido a guardar esas cosas, que eran "vanalidades" al lado de la grandeza de lo que había "descubierto" ¡¡Cómo lamenté eso años después!!!
  • Mi familia me atacaba diciendo que estaba diferente (y yo los atacaba a ellos), que porqué hablaba así, que porqué me vestía así, tan "de vieja", que no era bueno que fuera tanto a la misa... mi mamá me preguntaba qué hacía tanto tiempo en mi pieza (obvio, rezaba) y creía que todos debían hacer lo mismo para santificarse... los veía como unos "pobres seres humanos"
  • Me distancié también de mis compañeros del colegio, con los que tenía una relación muy buena, anteriormente me habían elegido mejor compañera del curso, y unos meses después los veía como unos pecadores. No me reunía con ellos fuera del colegio (salvo con algunos, a los que yo podía convertir) En quinto año no me compré la campera de egresado,y no porque no tenia la plata, y no me fui de viaje.
  • Participaba de todos los medios de formación que pudiera, ya no iba más al club, porque iba a los centros. Tenía dirección espiritual y además de confesarme, charlaba con el cura. Obviamente, mi mamá nunca se enteró que yo acudía a los centros. A ella ya le empezaba a dar mala espina esto de que yo me pareciera tanto a un miembro del opus dei.

Hace poco, una amiga a la que sigo viendo, me dijo: "¿te acordás cuando me llevabas a rezar el rosario a la capilla?" Les juro que yo no me acordaba en lo absoluto, y soy una persona de muy buena memoria, se los puedo asegurar. Mi vida se resumía en eso: rezar, y buscar almas para que sean santas. A todos les hablaba de Dios. En esos tiempos llevé a muchas amigas a medios de formación y a retiros. Dejaba estampas en los asientos de los colectivos. Y me referia a jose maria escriba como "nuestro padre". Estaba loca.

Me llamó la atención una vez que una amiga se fue llorando del retiro. Yo no entendía nada. Supuestamente tenía que estar maravillada!! Y me dijo: "lo que pasa es que esto no puede ser. Entonces todos en mi familia son unos pecadores. Todos hacen las cosas mal. Y eso no puede ser" Yo pensé: pobrecita, no quiere aceptar la realidad. Y la directora del retiro me decía: "no a todo el mundo le cae bien que le digan las cosas tan directas" Yo nunca le pregunté a mi amiga sobre el tema.

Tomaba apuntes de todas las oraciones, jaculatorias, recomendaciones, consejos, todo, todo, todo, lo que me pudiera servir para aplicar en mi vida. Mi libro de cabecera era camino. (Hoy lo leo y no puedo creer que tuviera tan lavado el cerebro para no darme cuenta de lo que leia) Y sin embargo, vivía muy mortificada, sobre todo con los temas de pureza.

Claro que yo creia que mi vida era maravillosa, lástima que era una sobervia, una vanidosa, no conocía a Dios, no rezaba para Dios, rezaba para cumplir y sentirme satisfecha, y de todo esto me doy cuenta porque, por sobre todas las cosas, no tenía amor por nadie. Suena triste, pero ahora veo que no fue culpa mia.

Esto duró otros tres años, hasta los 17, cuando conocí a mi novio, mi actual marido. De ahí la historia tomó otro rumbo, parecido al anterior, pero que se fortaleció aún más. Esto se los cuento la próxima.

Hasta acá se preguntarán por qué no pedí la admisión. Porque nunca me lo propusieron. Y se preguntarán porqué nunca me lo propusieron. En primer lugar, porque cuando me hablaban de vocación, en varias oportunidades, les contestaba con mucha firmeza y convicción: "yo quiero casarme y tener hijos". A pesar de toda la boludez en la que estaba inmersa, yo tenía super re claro, gracias a Dios, que quería ser mamá. Me apasionaban los nenes, cuando veía uno le rogaba a Dios que me diera la posibilidad de tener los mios propios. Creo que esta vocación que vi tan clara desde chica, y esto se lo debo a mi mamá y a mi papá por la familia hermosa que formaron, fue la que me salvó de pedir la adm como numeraria o agregada. Porque les juro que yo tenía el perfil para serlo: me habían captado, me la había creido, obedecía en todo, era super exigente conmigo misma, y cada vez aumetaba más mi compromiso.

Y por otro lado... yo no soy hija de supernumerarios. A mi me asombraba cómo literalmente perseguían a mis amigas que eran de familia de la obra. Inclusive ellas mismas me decían que no querían ir al retiro porque la directora las buscaba para hablar del tema, o que no querian confesarse con tal cura porque las trataba mal (las presionaba en lo de la vocación) O yo no les servía demasiado, o no vieron condiciones en mi (cosa que no creo) o quizá iban a las vocaciones más seguras: a la gente que nació dentro de una familia de la obra, seguramente, le será más difícil cuestionar ciertas cosas y dejar el grupo. Pero, gracias Dios!!

Hasta acá, hasta los 17, ya con 5 años de "formación", comencé a experimentar que no alcanzaba con lo que le daba a Dios, que estaba siendo egoísta y poco generosa, que con lo inteligente que era (que realmente lo era y lo soy) tenía que rezar más. Ya me estaba hartando esto de que nunca "Dios" se conformaba con lo que le daba. Siempre más y más. Pero igual continué, y varios años más. Otra cosa que observaba es que me iban pasando de centro en centro, y me cambiaban de persona para la dirección espiritual. Cuando mi respuesta era que mi vocación era casarme y tener hijos, les juro, nunca más tenía noticias de la chica con la que charlaba. Yo la llamaba, me decian que no estaba, y cuando preguntaba de nuevo, me decían o que habia viajado a una provincia, o que se habia cambiado de centro, o simplemente, que estaba trabajando mucho. Pero nunca más me llamaba. Sin embargo, recuerdo que con esto de los cambios de centro y de sacerdote, varias veces me dijeron que yo era poco perseverante. Siempre la culpa!!

Con lo que cuento quiero decir, que si bien había muchas cosas que me indicaban incongruencias, yo no las veía. Las tapaba en mi mente. No se porqué. Era como si todos se dieran cuenta de algo y yo no.

Bueno, en la próxima les cuento cómo conocí a mi marido, y cómo fue mi vida hasta los 23, edad en la que tuve a mi primer solcito, la nueva razón de mi vida. Y toda la crisis que se me presentó, y se me sigue presentando, al lado de un hombre que estuvo al borde de ser numerario, y que nació y se crió en una familia del opus. Qué tormento! Parece una novela pero en la realidad es muy doloroso.

17-23 años: noviazgo

Me da gracia, porque seguramente, si alguien del opus lee mi relato, pensará: "por eso no le pedimos la admisión, porque los que rezamos por ella vimos que no tenía vocación" Es increíble como, los que estuvimos cerca de la obra, deducimos o sabemos cuáles serán sus respuestas de ante mano. Esto es porque nosotros también las dábamos. Porque son respuestas armadas para cada circunstancia. Y si no hay respuesta armada te dirán: esperá que lo consulto. jajajajajajaja que ingenua!

Siguiendo con el relato, les contaba que a los 17 años conocí a mi actual marido. Comenzamos a "salir juntos" y sobre todas las cosas, a compartir todo lo referente a lo espiritual. Ibamos juntos a misa todos los días, rezábamos mucho y hablábamos sobre nuestros ideales y proyectos. No pasó mucho tiempo para que esos proyectos estuvieran en común y tengamos los dos muchas ansias de concretarlos.

Mi novio en ese momento se convirtió en el nuevo conflicto con mi familia. Era el blanco de todos los dardos. Nadie lo quería. Todos me decían que era orgulloso, con aire de asqueroso, agrandado... pero yo retrucaba que era el mejor hombre del mundo, aun con los defectos que le veía. Hay algo muy curioso... hace unos días mi hermana me dijo: "¿Te acordás cuando nosotros no lo queríamos a mmmmmm y vos lo defendías diciendo que era el hombre más maravilloso?" Cuando me formuló esta pregunta, fue como si se me viniera a la mente un balde de agua fría, porque de repente me acordé de cómo lo defendía y de cómo hablaba de él, era como si en mi mente esto se hubiera borrado hasta que me hermana me lo trajo a alusión. Esta es una de las razones por las que decidí empezar a escribir en esta web, porque empecé a hacer memoria de esos tiempos, y me acordé de muchas cosas que pareciera quise borrar, o tapar, o que no quería recordar por algún motivo. Es para analizar...

Recuerdo que en mi familia no lo querían ni ver. Pero lo más incoherente es que ellos no son así, de ninguna forma. Son todo lo contrario. (¿Cómo yo no me di cuenta de nada en aquel momento, si conocía bien a mi familia?) No sé. Bueno, lo cierto es que esto sirvió para victimizarnos aún más... cuanto más nos querían separar más nos fortalecíamos. Recuerdo que un día mi mámá nos sentó a los dos y nos dijo: "Chicos, quiero hablar con ustedes. Desde hoy, vos vas a ir a misa a esta parroquia, y vos vas a ir a la otra. Y se van a poner días para verse, todos los días, no" Nosotros nos miramos e hicimos ademán de que estaba loca. Además yo ya había empezado mis estudios universitarios, tenía 18 años, viajaba con independencia, por lo que me pareció totalmente absurdo. Y le dijimos que ni pensara que íbamos a hacer eso. Ahora entiendo los esfuerzos de mi mamá para hacerme caer en la realidad. Pero no sabía qué hacer. Ante algo tan noble como ir a misa... y además ella iba, me había enseñado a ir... me había mandado obligada "al club"... no tenía muchas herramientas para oponerse. Y el discurso de que no le gustaba la personalidad de mi novio a mi no importaba... yo seguía sintiendo que ellos estaban equivocados y que mi novio y yo ibamos camino a la santidad personal.

Eramos carne y uña, Dios nos había unido, nos había bendecido al hacernos encontrar. Un día mi mamá nos dijo: "Miren que tierra santa y agua bendita también hacen barro" jajaja, es una genia, perdonen mi informalidad. Es que no encuentro una persona más directa que ella, y con un amor tan incondicional. Por supuesto que en aquel momento no le hice caso a sus dichos, aunque reconozco que siempre algo me dejaba picando.

Ante tales dificultades que "nos tocaba enfrentar", ya que "el demonio nos ponía piedras en el camino para acabar con nuestra santa relación", pedimos consejo sobre cómo teníamos que actuar ¿Y a quién se creen que se lo pedimos? obvio, a un cura de la obra. Nos reunimos varias veces con el, aun lo recuerdo con cariño, porque realmente lo queríamos. No me olvido más de su consejo: nos dijo directamente que nuestro emprendimiento era sano, natural y santo, y que si teníamos que ir por izquierda, que lo hagamos, porque en estos casos estaba justificado. En otras palabras, que si no nos convenía hablar con mi familia de ciertas cuestiones, que no teníamos obligación de hacerlo, que no era ni mentir ni ocultar, porque era por una santa causa. Bien! Rienda libre a nuestra relación de amor y santidad.

Igualmente seguimos teniendo problemas, a el no lo dejaban pasar a mi casa, nos veiamos en la puerta y yo discutía muchísimo con mi mamá. La relación se tornó insoportable, yo ya no podía vivir más ahí, entre medio de querer vivir mi vida espiritual me encontraba llorando todos los días, porque nos peleábamos por todo, yo sentía que me odiaban, que nadie en mi familia me quería, que nadie me entendía. Realmente fue muy tormentoso, recuerdo que no veía la hora de casarme e irme, no aguantaba más. Mi novio me decía que aguantara. Nunca criticó a mis padres ni me dio un mal consejo, porque el tambien pensaba como yo, que era una piedra en el camino, una prueba a nuestro amor que nos mandaba Dios, les tenía lástima a mis padres por ser "tan mundanos", al igual que yo. Nosotros veíamos las cosas desde un escalón más arriba, desde un lado sobrenatural, y ellos no. La típica postura de la persona de la obra, que mira a los demás por sobre sus hombros.

Un par de veces mi novio me llevó a hablar con su mamá. Como "no podía" hablar con la mia, y tenía tantos problemas de relación con mi familia, el pensó que sería una buena opción que conversara con ella. Era supernumeraria, con muchos años en la obra. Esto sirvió solo para aumentar y alimentar más nuestro ego y para separarme más de mi familia. No quiero dar detalles, pero los consejos no fueron a favor de mi familia, ni en contra. Solo sirvió para desahogarme un poco.

Gracias a la educación recibida por mis padres, puse muchas ansias en estudiar, como correspodia, y en hacer mi carrera al pie de la letra. Cosa que no hacía mi novio, quien se dedicaba más a rezar que a estudiar. Por ejemplo, yo me levantaba a la hora fijada, rezaba diez minutos reloj, y estudiaba cuatro horas. El se levantaba (obviamente en su casa, pero yo sabía que lo hacía, porque nos deciamos todo), rezaba una hora (oracion personal) se iba a trabajar, iba a cursar, volvía, y pasaba a verme por mi casa. A veces ni leía, ni estudiaba. El le dedicaba muchísimo más que yo a la piedad. Para mi era un hombre ejemplar. Yo no me quejaba, era el hombre perfecto. Me encantaba su dedicación a la oración, y su forma de ser, alegre y espontánea. No hubiera ni pensado que, años más tarde, ya casado y con hijos, yo me estaría quejando de su carrera inconclusa y el estaría atormetándose por una vocación que no sabe si tiene. Ojo! Mi familia trató de alertarme de esto varias veces, pero yo no los escuchaba.

Recuerdo que yo insistentemente hablaba de la familia de mi novio. Una familia perfecta. En mi casa todos discutían, se gritaban las cosas en la cara, se criticaban, no había una cena en paz!!! (Pero a la pucha que nos queríamos!! y nos queremos!!) Y cuando iba a la casa de mi novio, todos eran perfectos, hablaban amablemente, se reian de todo, contaban anécdotas, como toda familia numerosa del opus se jactaban de eso, va... para mi eran la familia cero discusión y cero problema. Ir allí era lo más parecido a estar en una tertulia en un centro de la obra, con el mismo "espíritu", todos felices, sin aparentes dificultades, hablando del tiempo o de bueyes perdidos. Cuando parecía surgir algún entredicho, el padre cortaba de forma tajante la conversación. Y no había pelea, y punto. Tampoco se trataban temas tan profundos como para discutir de algo. Era el paraiso para mi!!!! Me encantaba ir. Era el único momento en que me sentía bien, porque en mi casa ya no podía estar con tantas peleas. Igualmente no iba muy seguido, más o menos me invitaban a comer una vez por mes, pero nada programado. Recuerdo que yo le decía a mi mamá: "en la familia de mmmmm todos se quieren, no discuten, no se insultan, son una verdadera familia" Y siempre me respondía: "si te gusta tanto como son, andate a vivir con ellos, quién te detiene"

Freno un instante para aclarar algo: hasta acá era lo que yo vivía y pensaba. Mucho después me di cuenta fehacientemente de que las cosas no eran así. Y más adelante no voy atener tapujos en contar (con los menores detalles posibles, para no herir susceptibilidades) todos los problemas graves que tenía y tiene esta familia a la que yo consideraba maravillosa. Que terminó siendo una familia normal, como todas, con los problemas normales y corrientes. Pero esta parte me la reservo por ahora.

Los dos ansiábamos ser supernumerarios. Es más, no pedimos la admisión de solteros por no aguantar a mi mámá poner el grito en el cielo. Creo que hubiera sido una catástrofe. Entonces pensamos que era prudente esperar y, una vez casados, ibamos a poder hacerlo sin rendirle cuentas a nadie. Pero ninguno de los dos dudaba de su vocación.

Otra cosa que recuerdo es que se me venía haciendo complicado poder conectar el trato con mi familia y la vida "sobrenatural", porque yo veía que a pesar de cumplir con las normas de piedad, me peleaba mucho con todos, discutía, me enojaba... Por primera vez empezaba a sentir incoherencias. Pensaba: "¿Cómo puedo ser tan mala de contestar así si recien vengo de misa? Me sentía una basura, lá más pecadora, rezaba y a la vez "caía en el pecado", no tenía caridad. Y por más que rezara todo el día, al no hacer las cosas por amor, no me intersaba nada de los demás. Y esto me hizo sentir mucho tiempo un sentimiento que me acompañó siempre: la culpa. Culpa por no ser buena cristiana, culpa por no perserverar en el bien, culpa por no hacer completo el rosario, culpa, culpa y más culpa.

Empecé a andar mal... me agarraban sofocaciones, palpitaciones, sentimientos de muerte. Esto nunca se lo conté a nadie, ni a mi familia, ni a mi novio, en el que tanto confiaba. Me agarraba un terror a morirme. Me empezó durante la noche, después también durante el día. Le atribuia esto a la falta de sueño, a la dedicación que le daba al estudio, a que trabajaba muchas horas. Rezaba para que Dios me ayudara, para que me librara de estos sentimientos. Me confesaba de "falta de esperanza en Dios", porque como mi miedo era a morirme, creia que me faltaba confianza en que Dios nos iba a dar la vida eterna despues de la muerte. A su vez, empecé tener miedo de ir al retiro anual. Me mortificaba solo de pensar que tenía que escuchar la meditación de la muerte. En todos estos años, desde chica, me habían entrenado en ser "muy conciente" de que mi paso por esta tierra era solo eso, un paso. Y en que la vida es corta. Venía continuamente a mi cabeza la tan usada metáfora del obillo, que siempre repetia algun cura en las meditaciones: la vida es como un obillo, un dia se termina el hilo. Cada vez que la pensaba, era mas conciente de mi muerte, y más terror me agarraba. Y yo más me confesaba. Siempre del mismo pecado. De no tener confianza en Dios. A veces, hasta me hacía mal ir a la misa. Cualquier cosa vinculada con el tema desencadenaba el pánico. De hecho, en el ultimo retiro anual, mentí y dije que me sentía mal, y no entré al oratorio en la meditación del cielo, purgatorio e infierno. No pude. Esta especie de fobia la tuve durante 2 años mas o menos, y todavia no puede decirse que esté bien. Más adelante les voy a contar algunos"síntomas" actuales, pero por ejemplo, me cuesta rezar el ave maría, de hecho casi no lo rezo, por la parte que dice "ahora y en la hora de nuestra muerte" Un delirio.

Mi vida fue así desde los 17 hasta los 22 en que me casé. Con la luna de miel incluidas. Porque se imaginarán lo que hicimos toda la luna de miel... Rezar, rezar y más rezar. Porque si de disfrutar hablamos, estabamos más pendientes de cumplir con las normas de piedad que de pasear y de estar juntos. Una memorable y poco envidiada luna de miel.

A los 23 tuve a mi primer hijo, y fue el año en que hice mi último retiro anual (por supuesto, embarazada) Pero después seguí "participando de los medios de formacion" (como dicen ellos) hasta los 27, aunque no con tanto fanatismo. Me hice cooperadora y prestaba mi casa para una charla quincenal.

Hasta aca todo fue de color de rosa... imagínenese lo que vino después.

Nací y viví en una familia llena de defectos, como todas. Pero en una sola virtud defino a mi familia de origen, en una sola, que resume y satisface plenamente todas mis necesidades humanas, la virtud del amor incondicional. Y me detengo en una palabra: incondicional. Porque hay muchas clases de amor. Pero para crecer sano y feliz el único amor que sirve es el incondicional, es decir, el amor que no surge de los logros personales, ni de los títulos que se puedan obtener. Ni del recuento de satisfacciones que tengan los padres por lo que haga cada hijo. Este amor surge de amar a la persona por ser, por existir, simplemente por eso. En este amor uno es plenamente libre, porque se tiene la certeza de que, a pesar de lo que se elija, a pesar de los errores que se cometan, a pesar del ejemplo que se de, a pesar de cómo quede toda la familia por culpa de uno, a pesar de poder llegar a caer en lo más bajo y denigrante, a pesar de todo... a uno lo siguen amando.

Esta era la base de mi crianza. Aún en medio de todos los engaños en la que me encontraba metida. Y nacieron mis hijos. Empecé a notar muchas cosas que "no me cerraban" en la gente que tenía alrededor. Mi marido se levantaba muy temprano para hacer su oración, se iba a la misa.... y yo cargaba con todo el trabajo, no me ayudaba de noche, de día no movía un dedo en la casa, ya en el embarazo era un tanto distante, me llamaba la atención que ni me tocaba la panza "porque le daba impresión". Me molestaba mucho que cumpliera a rajatabla con sus "obligaciones" espirituales, pero que ni se mosqueara ante una familia que lo estaba necesitando. Le vivía reclamando que no servía de nada todo lo que hacía si no tenía y no actuaba con amor, si no vivía la caridad, si piedad y vida no iban unidos. Fue una etapa dura...

Todas mis experiencias con gente del opus desde allí fueron similares: gente que no era capaz de darte una mano, gente que no dejaba sus obligaciones personales (como ir a misa) ni que tuvieras un hijo enfermo, gente egoísta, agrandada, individualista, y con amor condicional. Ahí estuvo el punto de la cuestión, y de ahí que yo comenzara mi relato como lo hice, y de ahi que comenzara a abrir los ojos. Descubrí que esa familia tan maravillosa, de la que hablaba en el relato anterior, tenía graves problemas. Cada hijo con un problema distinto. Desde temas de drogas, alcohol, trastornos de la alimentación (de todo tipo), depresión, y todo lo que no me habré enterado!!! Todas problemáticas "tapadas" y encubiertas por los padres, y que llegaban a mis oidos por otras personas, ajenos a ellos. Los secretos familiares eran moneda corriente. Ni entre ellos se contaban las cosas, ni se apoyaban, ni se ayudaban, obviamente. Y yo empecé a preguntarme: "¿qué es esto?" "una familia?" Lo único que les importaba era mantener la reputación de familia numerosa del opus dei. No quedar mal. Despreciaban a los hijos que cometían errores, que no hacían las cosas "cristianamente"... los desprecios que nunca pensé ni imaginé los encontré alli.

Comencé a pensar que mi familia, entonces, era "buena". Una vuelta, el perro de mi papá tuvo un accidente y se quebró dos patas. Mis viejos se desvivieron por el perro, lo operaron, se gastaron una fortuna (y no son de recursos), se la pasaron un mes dandole remedios, curándolo, subiéndolo y bajándolo por escaleras para sacarlo a hacer sus necesidades... imagínense lo que son capaces de hacer por un hijo... o por un nieto. Esa simple experiencia me abrió los ojos. Me mostró que son excelentes personas, y lo mejor, mi marido conoció una familia de verdad, una familia con características diferentes a la estructura en la que se había criado, una familia que lo quiere más que a mi, que lo integra, que lo tiene en cuenta, que piensa en él como en un hijo más, que lo quiere. Con todos los quilombos y gritos, con todas las cosas que nos decimos, con peleas por pavadas, pero sobre todo con la verdad de frente, y con mucho amor.

Empecé a tener rechazo a participar de lo que sea con personas del opus. Las charlas en mi casa me parecían ya insoportables, pero como era un momento lindo de reunión, y me caía bien la numeraria que venía, seguimos adelante. Un día se me propuso un círculo de cooperadoras, ya que yo lo era. Pero me negué. Ya que yo quería que fuera abierto a que pudiera venir cualquier amiga. No quise hacer una "elite" en mi casa. Ni tampoco podía pensar en la idea de "estructurar" esa reunión que para mi era placentera. Pero la numeraria, ni lerda ni perezosa, me dijo: "no importa, cuando vos invitas a una amiga hacemos charla, y cuando estan solo las cooperadoras, hacemos circulo" Y no pude poner excusa. Pero me pasó algo inesperado. En el primer círculo no aguanté. No podía escuchar hablar a la numeraria del plan de vida. Me parecía todo tan incoherente! Jugaba con la birome, miraba para el otro lado, jugaba con el celular... hasta que me levanté y me metí en el baño jajaja!!!, pero no porque tenía ganas... porque no aguantaba escuchar más nada!!!!!!!!! Tenía 26 años y 14 años de escuchar lo mismo. Después charlé largo rato con la chica, que vino a mi casa otro día, y a todos mis cuestionamientos, porque hablé con ella a calzón quitado, me dijo que no sabía qué responderme, que lo iba a consultar, y que las cosas eran así por la forma excesiva en que yo me había tomado las cosas. Como yo soy muy autoexigente pensé que yo me había equivocado... claro que todavía no había abierto los ojos del todo.

Me negaba a ir de retiro. Ni loca dejaba a un bebé en casa para irme tres dias!!! Como insistían tanto les propuse empezar el retiro un viernes a la mañana y terminarlo un sabado por la noche, total no era mucho lo que me perdería y solo estaría fuera de casa una noche. La respuesta fue: "el retiro se hace entero, o nada" Y fue nada.

Mientras yo más me alejaba, sin darme cuenta, mi marido se acercaba. Frustrado por sus años en que no pidió la admisión y había quedado invadido en un sentimiento de abandono y culpa, por haber "perdido" toda una vida armada dentro del grupo, cuando era adolescente,y sumado a esto el hecho de haber nacido en una familia del opus, y de que sus padres esperaban eso de el, y de que el tenia una honda necesidad de satisfacer a sus padres para que stuvieran orgullosos, pidió la admisión como supernumerario. Llegó de trabajar y me dijo: "Ah, te quiero avisar que soy supernumerario" ¿¿¿¿QUEEEEEEEE???????? Lo quería matar. Y así me lo decis???????? Y yo qué soy en tu vida?????? Yo no existo???? Con quién te casaste vos????? Y me respondió: "mi vida espiritual es personal", la típica respuesta. Le dije de todo, literalmente. Que no había pensado en mi y en los nenes, que para cumplir con sus nuevas obligaciones iba a tener que sacrificar mucho tiempo que nos quitaría a nosotros, etc etc etc y que ni pensara que se iba a ir de convivencia 5 dias, ni de retiro 3 días. Y encima despues me enteré que antes de la carta tuvo que hacer como 40 charlas o no se qué, que las hizo dejándonos en casa solos, con los nenes chiquitos, a fuerza de enfermedades, embarazo, trabajo, casa a cuesta, y todo todo todo a cuesta mia, y nunca me lo dijo, o sea, me lo ocultó, o sea, me mintió. Y a obediencia de su director espiritual.

Un día me dijo que tenía que hacer el retiro anual. Y como me vivía refregando que a la convivencia no iba porque yo no lo dejaba, accedí a que lo hiciera, con la condición de que volviera a dormir a casa. Y así lo hizo, en un centro, un retiro especial para gente que por alguna circunstancia no puede quedarse a dormir. Pero, oh situación! al segundo día, cuando tenía que volver, llamó al director y le dijo que no iba, porque no podía. Era el principio de una larga enfermedad que se prolongó por tres años: ansiedad, que se manifestaba con fobias. Me dijo que estaba mal y que asociaba su malestar al opus dei, porque había empezado a sentirse así desde que había entrado. Tratamiento... patillas... y ni una persona de sus familia que le preguntara cómo estaba, nadie que lo apoyara, ni un padre ni una madre que le manifestara absolutamente nada, como si no pasara nada. Cuando necesitó ayuda recurrió a un hermano mio. Y yo cada vez veia con más claridad las cosas, aunque todavía estaba ciega en parte.

El momento culmen de la cuestión fue cuando, con tres hijos, el ultimo recién nacido, y un crédito hipotecario a cuestas, unos hombres muy "buenos" del opus, jefes de mis marido, lo echaron de su trabajo después de 15 años, sin motivo, de un día para el otro. Increible pero real, va... ahora me doy cuenta que no es increible.

LLegué a una instancia en la me costaba mucho ir a la misa, de hecho varios domingos no fui. Las confesiones eran terribles!! No podía mirar a un cura a la cara, no sabía de qué confesarme, ni cómo, ni cuándo, ni nada! No podía rezar, y no puedo casi. Mi vida espiritual entró en un retroceso inimaginable por mi hace años atrás.

Ya me causaba mucho rechazo la falta de autenticidad de la gente del opus a la que frecuentaba. Con ellos no hay tema de conversación, se habla de bueyes perdidos. No se habla de cosas negativas de la familia, nadie sabe nada de nadie, pero a la hora de hablar de los demás... se saben todos los chismes. Y creo que todo esto me fue ayudando, de a poco, a abrir la mente y a tratar de recuperar a mi marido y a mi familia. Después de muchas peleas y de muchas idas y vueltas creo que somos fuertes... somos fuertes porque nos tenemos el uno al otro, incondicionalmetente, porque sabemos que contamos el uno con el otro. Y porque centramos todas nuestras energías en nosotros mismos, y ya no nos interesa cómo son los demás. Los que se pierden de disfrutar de la vida son ellos, nosotros queremos hacer nuestro camino, queremos ser felices, y Dios también lo quiere.

Yo quiero abandonar el hecho de mirar hacia atrás con nostalgia. Quiero poder sorprenderme con la maravilla que me dio esta vida, que son mis tres hijos. Quiero permitirme equivocarme, quiero permitirme expresar lo que siento, ser abierta para ver que hay más de una perspectiva, dejar fluir y dar todo el amor que tengo dentro de mi, siendo buena persona de verdad. No quiero torturarme con mis pecados, a veces inventados. Quiero liberarme de los remordimientos y tirar a la miércole la mochila de las culpas, no más culpa... no más culpa. No quiero buscar recetas para ser feliz, quiero serlo y punto. No quiero más conjuntos de reglas, ni de guiones mentales, ni de prejuicios, ni de juicios de valor... quiero ser libre. Quiero disfrutar de la libertad que me dio Dios. Quiero tomar las riendas de mi vida. Y creo que eso fue exactamente lo que hice. Dije: "acá mi vida me la manejo yo, y solamente yo. Y punto. Si no les gusta lo lamento por ustedes. Que les garúe finito"

Esto para mi no terminó, sino que recién empieza. Porque gracias a esta web, y al acercamiento con ex miembros, pude ver que no estaba sola. Y por fin me doy cuenta que abrí los ojos.

Pero... ¿Frente a qué monstruo nos encontramos, que tardé tantos años en "caer" y volver a ser yo misma? ¿qué es el opus dei? ¿es una secta? ¿me expusieron a un tipo de control mental? ¿será que al estar dentro de la iglesia católica es más peligrosa? ¿qué me pasó? ¿porqué me dejé engañar así siendo yo tan inteligente? ¿tiene algo que ver eso? ¿cómo hago para ayudar a mi marido a salir?

Todavía tengo muchas preguntas sin respuesta. Les agradecería ayuda.



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