Mi experiencia en el Colegio Romano

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Por Zartan, 21.09.2011


Como premisa debo decir que cuando te proponen ir al Colegio Romano ya estás dispuesto a “lo que te echen” es decir que vas con el esquema mental de que te va a dar igual la gimnasia que la magnesia ... pero eso no quiere decir que no te sorprendan algunas cosas y que, en ese momento, te las tragas como parte de ese buen espíritu pero… lo de la digestión viene después y no siempre es fácil...

Para empezar os puedo decir que antes de ir me pasaron una lista de todo lo que tenía que llevar: desde un certificado de matrimonio canónico de mis padres (¿qué culpa tendrían ellos?) hasta un juego de sábanas. Esto último es lo mas parecido a una maldición gitana, vas con toda la ropa que puedes, te cargan con correo que hay que dejar en Villa Tevere, un pequeño sagrario de Arte Granda y... la maletita con el juego de sábanas. ¿Os imaginais la de veces que me acordé de la madre del redactor de la lista de las narices?

Pues bien, como sea aterrizas en Roma, consigues llegar a Cava Bianca a altas horas de la noche con un séquito de maletas, bultos, sobres y -por tanto- más doblado que chino con visitas y al siguiente día te cae el primer “espurreo” por no haber pasado primero por Villa Tevere a dejar el correo. Pero oiga, que he conseguido llegar a CavaBianca con mis sabanitas de las narices, el correo interno y el pequeño sagrario que me ha costado más de una explicación en la aduana, mi maleta y mi humanidad (o lo que queda de ella) y todo eso a las 2 de la mañana, ¿usted cree que alguien me hubiera abierto la puerta en VT? ¡¡Pero si parecía circo ambulante!! Si, bueno, gracias por la corrección fraterna (y por dentro te dices que la próxima vez el paquetito de Ganda que lo manden por Pony Express, que se gasten en sellos para el correo interno y con las sabanitas que se hagan un rulo con ellas y se las …).

Primer día y segunda sorpresa:

-Toma dos mil liras, pásate por tu consulado y te registras, luego vas a San Pedro y regresa para almorzar en el segundo turno. Y, si consigues no perderte y regresar, luego dejas tu pasaporte en dirección.
-¿Para que necesitan el pasaporte en dirección si ya hice los trámites en mi consulado?
-Porque es lo previsto.
-Ok, me quedó claro (glub).

Vamos, que lo mismo que hago yo con mi familia: los pasaportes bajo llave no sea que algún niño se me escape a Rwanda. Igualito.

Y para seguir con cosas que también hago con mi familia: por la noche, cuando los niños están acostados voy y cierro con llave la zona de dormitorios para que no pueda salir ni su abuela, idéntico y muy normal ¿verdad?

Segundo día:

-mira como tu especialidad es la filología latina… tu encargo es el jardín.
-claro, por eso de los nombres científicos en latín ¿verdad?
-si, habla con D.José Luis y él te dará las instrucciones.
-verás, es que yo soy como el caballo de Atila, por donde paso no vuelve a crecer la hierba.
-no te preocupes que D.José Luis es buen instructor.

(Es importante aquí darse una vuelta por el recuerdo de Haenobarbo para entender algo más sobre mi pasada por el jardín).

Mi duración en ese encargo fue fugaz. Vamos, más o menos como la existencia de un bombón en la puerta de una escuela: no soy valenciano, con dificultad distingo un pino de un eucaliptus y -sobre todo- lo verde y yo somos incompatibles. La causa de mi salida de este encargo fue radicalmente distinta a la de Haenobarbo pero con similares consecuencias, para él fueron dos años de ostracismo para mí menos... porque no pasé dos años en Cavabianca (pero esta parte de la historia ya la conté antes, solo añadir que le sigo guardando cariño al jardinero mayor o arquíatra a pesar de los pesares).

Otra cosa que también es de lo mas normal es el ayudar a Misa en las grandes fiestas. Seguro que estais pensando en un solitario monaguillo con tanto de campanilla. Andais equivocados. Para las grandes fiestas, la Misa es en el oratorio de Nuestra Señora de los Angeles (corregidme si no es así, el Alzheimer creo que no lo tengo muy lejano) y, para mas solemnidad, hay un grupo de no-se-como-llamarlos, digamos de alumnos, que antes del Canon toman unos velones y se situan en lugares estratégicos. Hasta aquí todo bien y -reconozcámoslo- da solemnidad a la ceremonia. El tema curioso -que tragas por eso del buen espíritu- es que estos ciudadanos no van vestidos de ciudadanos normales sino con una especie de gabardina negra. Te dicen que son los trajes académicos anglosajones pero, para los que no tenemos ese origen, nos parece una sotanilla de via estrecha. Un quiero y no puedo o un “para que te vayas acostumbrando al negro”.

Mas cosas curiosas. Al poco de llegar te hacen redactar la historia de como pitaste. Nada de raro, lo estraño es que hagan repetir el escrito hasta que te adaptes al “tono” requerido. Al parecer hay también un modelo previsto ya que la historia debe ser conforme a algún plan previo.

Hay mas pero … por hoy ya no dan para más mis recuerdos.



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