Mi entrevista con el prelado

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Por Chanoc, 8.07.2011


Quiero hacer público mi agradecimiento a No_valió_la_pena por sus aportaciones.

Se lo agradezco, porque sé que cuesta mucho esfuerzo, por un lado porque son temas muy delicados, que tocan la propia intimidad; y por otro lado, porque requiere una buena dosis de valentía, ya que dejas demasiados datos como para que mucha gente te pueda reconocer. Para empezar, todos los que vivieron en Cavabianca y Villa Tevere esos años cuatro años, y los de tu delegación de origen, que seguro te identifican desde el primer relato. Y es gente que ha sido muy cercana a ti, con las que te unen lazos de amistad seguramente. Aunque pensándolo bien, realmente amigos amigos del opus, siendo del opus, son muy pocos o ninguno. Yo también viví cuatro años allí, pero no tengo manera de comunicarme con ninguno de mis excompañeros, salvo uno que otro connacional.

Pero en fin, lo que yo quería, además de agradecer, era contar una experiencia mía muy parecida...

Yo vivía en Cavabianca, pero llevaba ya meses de ir a contra pelo (¿frase opus?), rompiéndome por dentro, viendo y viviendo y dándome cuenta de todas las incongruencias entre el opus teórico y el opus práctico (ya era un ávido y secreto lector de opuslibros!). En la charla pedí varias veces regresar a mi región, pero me contestaban que debía esperar a que terminara el ciclo escolar. Estando así las cosas decidí comprar yo directamente el boleto de avión por internet con tarjeta de crédito. Así lo hice, y acto seguido fui con mi subdirector a informarle que ya tenía vuelo de regreso. Cuando se repuso de la sorpresa, me pidió que no lo mencionara todavía a nadie, y me esperara a la víspera de mi viaje para comunicarlo en la tertulia. Quedaba todavía unos 5 días para mi vuelo.

La noche de la víspera, antes de la tertulia (y por tanto, antes de comunicarlo a todo Cavabianca), mi subdirector me dijo que el prelado estaba en la zona del Fiume (que es la lujosa zona exclusiva para el prelado y su séquito), y me preguntó si quería despedirme de él. Naturalmente acepté, ya que quería darle las gracias por haber aceptado mi petición de ir a vivir a Roma.

Así pues, pasé al Fiume, y el prelado me recibió de pie. Muy cerca de allí, vigilando todo, estaba PPB –el de san Miguel-. Fue una entrevista muy rápida y fría. Prácticamente sólo habló él. Nunca me preguntó cómo estaba yo, cómo me encontraba, por qué había tomado esa decisión tan radical y abrupta. ¿Qué debía estar pasando en mi corazón, en mi vida, para obrar así? ¿Estaba sufriendo? ¿Podían hacer algo por mí? Pero no. Eso no importaba. Era lo de menos. Daba por supuesto que el que estaba mal era yo. El que había fallado, era yo. Mencionó que era un ingrato. Que estaba desilusionado conmigo. Que habían confiando en mí, y les había fallado. Y me dijo que, como prelado mío que era, me pedía que me quedara unos meses más, al menos hasta que terminara el semestre.

Y así lo hice. Los directores quedaron en que ellos cubrirían ese adeudo en mi tarjeta de crédito. Seis meses después, cuando pude regresar a mi país, y salirme del opus, esa deuda –de un viaje intercontinental, y seis meses de intereses-, una mano atrás, y otra delante, fue lo único que me pude llevar conmigo. (Y algo de ropa numeraril, que poco me duró). No empecé de cero, sino con una deuda, sin trabajo, teniendo por Curriculum principalmente labores internas y estudios clericales. Pero con una familia, unos amigos, y sobre todo, con mi libertad y mi conciencia, ¡mi vida!, recuperadas.



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