Mentira y/o enfermedad - A los origenes del Opus Dei

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Por Elena Longo, 11 de febrero de 2009


La lectura del último articulo "Los daños del Opus Dei: La Mentira" de EBE me dejó asombrada por la clarividencia con que supo conjugar tantos y tantos datos relacionados con el Opus Dei, que ya hemos podido reconstruir sobre la base da tantos de nuestros testimonios y de tantas reflexiones que se han ido sumando en estas paginas.

Tengo como la sensación -se lo comentaba a EBE en un breve entrecambio de correos- como de cuando en un puzzle ya se está llegando al final y se consigue de forma cada vez más rapida poner las últimas piezas, sensación que él también confirmaba comparandola al final de un cuento policiaco, cuando ya cada personaje y cada acontecimiento va adquiriendo una significación que al comienzo no lograba darsele.

Pero tengo necesidad de comentar las consideraciones de EBE a la luz de lo que su lectura despierta en mí...

Bajo mi punto de vista, es inseparable el tratamiento del tema de la mentira en Escrivá con el tema de su sanidad mental. Quiero decir: por lo que viví en la Obra, por el conocimiento concreto y directo que he tenido de las personas (muy reducido, por cierto, comparado con el de otros más antiguos que yo y que tuvieron trato más directo con el fundador, pero al mismo tiempo más amplio que el de muchos otros), no puedo resignarme a aceptar que hubo un momento en el que el fundador, con lucidez mental y plena advertencia, se puso a planificar la mentira y el engaño que iba a llamar Opus Dei. Más bien me inclino a reconstruir todo ese largo proceso historico como la consecuencia de una enfermedad mental del fundador. Esa enfermedad tuvo como consecuencias, dejar en segundo plano hasta difuminarse del todo, la necesidad de decir la verdad, la sumisión al criterio pastoral y a la aprobación eclesiastica, el respeto de las personas singulares y concretas que se cruzaron, personalmente o por medio de los apostolados de otros miembros de la Obra, con él y con su doctrina, con la jactancia con la que siempre se enfrentó con personas e instituciones eclesiales que no perteneciesen a su ambiente.

Quizá es mi inclinación personal, mi sensibilidad, la que me hace repetidamente sentir la necesitad de no olvidar el enfoque psicologico de los problemas. Por cierto, creo que ya se puede decir que Escrivá acumuló un montón de mentiras, y las argumentaciones de EBE proporcionan datos rigurosos acerca de esta afirmación, pero la pregunta que no encuentra contestaciòn es: ¿porqué?.

Escrivá hubiera podido encauzar su ambición hacia otros rumbos: quizá, hubiera podido volverse un arquitecto valiente, que a eso se sentía inclinado en sus años juveniles, o cualquier otra cosa. Cuando se empieza un camino, no se puede prever a ciencia cierta como va a acabar. El mismo Escrivá no podía estar cierto que el engaño del Opus iba a tener tanto éxito, al menos inicialmente, y más practicamente hubiera podido encontrar una forma más corta y rapida de tener éxito personal. Yo sigo teniendo la sensación de que la explicación de la personalidad gravemente narcista sigue siendo la llave de vuelta de todo el montaje que corresponde al Opus Dei. Mientras me parece muy posible que en el día de hoy alguien se plantee la posibilidad de pedir la admisión como supernumerario pués cree poder, de esta forma, conseguir relaciones ventajosas, no me puedo imaginar que en el comienzo Escrivá haya podido luciferinamente organizar las cosas para organizar algo que le llevara a los altares, dentro del cual pudiera mandar sin limitaciones y poniendose como único intermediario entre Dios y los hombres que iban a seguirle. Escrivá ha sido un soberbio, un orgulloso, un imprudente, un vanidoso, y a lo mejor muchas cosas más, pero no creo que haya sido, a sabienda, un malvado, aunque las consecuencias de sus actuaciones han sido malvadas.

No es que no hayan existido personajes a lo largo de la historia que hayan sido puramente malvados, pero estos no van a realizar sus planes por medio de una organización ascetica. Pueden proponerse llegar a ser Papa si el poder está en ese momento historico en manos del papado, pueden lograr encargos de mando si han sido obligados a seguir la carrera eclesial para descargar la frustración de una vida que no deseaban para sí, pero no van a montar desde el comienzo una parafernalia como es el Opus con la lucidez de volverse el dictador de un grupo de alienados. A estos extremos se llega poco a poco.

Aunque la existencia de unas costantes en las formas de organizarse de las sectas nos llevan a pensar que haya en su comienzo como una programación, un proyecto de actuación de esas constantes cuando las encontramos en una organización como el Opus Dei, yo no creo que en la mayoría de los casos al principio hubo una proyecciòn de ese tipo: unos tíos que se sientan alrededor de una mesa y de una forma diabolica se ponen a organizar un plan basado en la mentira, en la manipulación, en la doble verdad, en la vejación, en la explotación, en la discriminación... Más bien, yo creo que pasa algo parecido a fenomenos cómo la violencia de género: en los hombres que se llevan violentemente con sus parejas, puede encontrarse un pasado parecido en cuanto a situaciones familiares, o experiencias sufridas, o nivel cultural, o lo que sea, pero esta caracteristicas son lecturas que se hacen “a valle” del estudio de estas conductas; en cambio en su origen, “a monte”, no se asumian esas condiciones como causas conscientes y voluntarias para llegar a estas consecuencias, y menos aún son planeadas para conseguir estas consecuencias.

Es posible que esta imposibilidad de imaginar una situación parecida sea debida a que me resisto a aceptar que otros puedan conducirse de formas para mí inconcebibles. Me doy cuenta de que estas que describo son hipotesis, y que con hipotesis contesto a un estudio documentado con hechos, pero estas hipotesis nacen de un sexto sentido, sintetico, con el que puedo analizar mi experiencia dentro del Opus, aquel “todo mayor de sus partes” que es el conjunto global de recuerdos, experiencias, emociones experimentadas, de mi historia personal dentro del Opus.

Además, estas reflexiones mías no pretenden contradecir, sino más bien matizar y quizá completar el cuadro que nos ha trazado EBE en su último articulo.

Y si lo que comento es cierto, entonces el rasgo más significativo del fundador no es su capacidad inexausta de mentir -que por cierto existe- sino el estorbo de personalidad, neurosis o psicosis que sea, que lleva una persona a mentir en las formas documentadas y con tanto éxito. Parece que como los locos tiene a menudo una fuerza fìsica tan superior a la de gente normal, a Escrivá su narcisismo le haya proporcionado una fuerza psicologica enorme, capaz de organizar algo como el Opus Dei y de arrastrar a tanta gente como nosotros y muchos más.

Si lo que digo no son un montón de tonterias -que es posible que lo sean- no es posible argumentar acerca de la inocencia o de la culpabilidad de Escrivá: una persona con fuertes estorbos de personalidad no es totalmente culpable de sus errores, por grandes que hayan sido. O al menos nosotros no podemos decidir el grado de esta culpabilidad.

Esta conclusión me afianza un poco en mi postura: al fin y al cabo, es lo que nos pide el Evangelio. No juzgar. Por cierto, no juzgar a la persona. A las personas.

Lo que sí tenemos que juzgar son las circustancias, y en este sentido es necesario e importante el trabajo de reconstrucción y de documentación de las afirmaciones de Escrivá. Hay que argumentar y demonstrar las trampas que se encuentran en la base del edificio de la Obra y que siguen intoxicando la vida de los que allí permanecen, tanto más cuando intentan permanecer con rectitud de intención y honradez personal. La ilegitimidad de una ascetica y de una pastoral que, lejos de facilitar la santidad personal, llevan al desmoronamiento personal y a la infelicidad. Poner todos los medios para que se rectifique y para evitar que otros lleguen a estropearse la vida por los mismos caminos que nosotros hemos recorrido.



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