Mediopensionista para siempre

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Por Nachof, 22.10.2008


Cuando una persona se hace agregado/a del Opus Dei no se da cuenta del todo que se va a convertir en un "mediopensionista" para siempre. Va a vivir y dormir en la casa de sus padres --si es que tiene esa suerte--, pero va a estar a medias y en su centro, si viven numerarios, tambien lo va a estar a medias, puesto que estos le consideran como algo menor a ellos, sin que disfrute de sus mismos derechos. Es una situación contraria a lo que decía el Santo Marqués de Peralta, de que la Obra era un gran puchero, donde cada uno sacaba lo necesario para su sustento. En tu verdadera familia te ven que participas de ellos a medias y en tu centro, que se dicen tu familia, no te consideran familia del todo, aunque San Josemaría decía que eran tu verdadera familia. La película "Camino" ha sacado un hecho que se repite con mucha frecuencia, cuando una directora habla con la hermana de la protagonista para decirla que el diablo se sirve algunas veces de los que nos han traido al mundo. ¡Qué fuerte! Es real, no una licencia del film.

He vivido las dos circunstancias: ser adscrito como numerario (en General Oráa,5 y en Vitrubio,3) y como oblato, que luego pasó a denominarse agregado...

Un numerario adscrito lo es por un periodo breve de tiempo, hasta que se incorpora al centro de estudios. Lo normal es que eso dure un año y medio, aunque según nos narra Supo él estuvo cuatro años esperando. Si pitó con catorce años y medio, es normal, pues hay que esperar hasta la mayoría de edad, que en España son los 18 años. Si eres más mayor, te incorporas más rápidamente, salvo que los informes internos de conciencia retrasen la incorporación. Los agregados no se van a vivir a un centro de estudios. En cualquier caso, a partir del pitaje, la vida de esta persona se hace más complicada. Pasas a ser un bicho raro entre tus amigos, pues huyes de alternar con mujeres, y tampoco acudes a espectáculos públicos o discotecas.

Pues bien, en un numerario adscrito esa situación pasa a ser más llevadera hacia el exterior desde el momento en que se incorpora al centro de estudios. En un agregado, no, pues sigue viviendo con sus padres y lo que antes era una relación normal, se convierte en algo a medias, un sí pero no, un estar a medias. Por eso prefiero emplear la palabra "mediopensionista". Lo triste de un numerario es que su incorporación al Opus Dei significa separarle de las personas que más le han querido en esta vida, sus padres. Los directores del Opus Dei podrán decir lo que quieran, pero esta es la realidad cruda. Muchas de las veces los numerarios no participarán de los principales acontecimientos familiares.

Ante una boda de algún hermano --si es que los directores autorizan participar--, se indicará al numerario o al agregado, con el dicho popular, que "boda llama a boda" y recordarán que ellos han entregado todo su corazón a Dios, y por lo tanto no se lo van a dar a una criatura que luego envejece, le salen arrugas y va a perder atractivo. Cuando se casó mi hermano, me autorizaron a ir a su boda, pero me advirtieron que cuidado con bailar. Al final, solo dancé con mi madre y mi cuñada. Eso sí aparentando que era muy torpe hasta para bailar el vals y mira que es dificil que se creyeran eso. ¡Qué raro me volví! Mis familiares tenían razón, cuando me convertí en un joven que ni daba besos a sus tías ni a sus primas, y además siempre estaba rezando o separándose de ellos. Me convertí en un "raro para siempre". Afortunadamente, con 53 años, dejé de serlo y ahora me dicen que me encuentran muy cambiado. Ahora es cuando estoy disfrutando. Una y otra vez me digo, que me quiten lo bailao.

Mis padres vivían cuando me incorporé al Opus Dei. Siempre estuve con ellos, pero a medias. Ya he contado otros detalles en mis artículos anteriores. Ahora me siento huérfano a mis 63 años por no haber disfrutado más de mis progenitores. Tuve la gran suerte de vivir solo con mi madre durante diecinueve años, desde la muerte de mi padre hasta el fallecimiento de ella. Y pensar que pude disfrutar más si no me hubiera incorporado a la Obra... Asumo lo que viví.

Cuando murió mi padre en 1981, yo atendía un grupo de supernumerarios mayores relacionados con la sección de estudios de tarde-noche del Colegio Retamar de Madrid. Mi madre necesitaba que yo estuviera al lado de ella al terminar mi trabajo de periodista. Pues bien, durante un curso continué yendo a Retamar. Al final fue ella la que me dijo que se encontraba muy sola. Plantée en el centro Monte Esquinza 22 al que yo pertenecía que debía dedicarme más a ella. Para ir a Retamar debía conducir mi automóvil durante más de veinte kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Entre una actividad y otra --atender a los supernumerarios y conducir-- gastaba más de una hora y llegaba a casa a las 10,30 de la noche. Era normal que mi madre se quejara.

Los directores de la Obra me autorizaron a cambiar mi dedicación a los supernumerarios de Retamar por otro grupo de gente de más de 60 años en Monte Esquiza, que en realidad era un apeadero en la calle Fortuny 29, de Madrid. Quien me sucedió en ese encargo, un numerario ya veterano, me dijo: "¿Se puede saber a quién has recurrido para que yo me tenga que encargar de atender a un grupo de supernumerarios en Retamar?". La imagen que aporta el Opus Dei es otra. La realidad es que se producen casos como éste.

Pero la situación se agravaba con el hecho de que, si bien aparentemente vivías en medio del mundo, la realidad era que te encontrabas fuera. Ahora me explico lo de "contemplativos en medio del mundo". Se hacía patente en que no participabas en todas las actividades donde ellos estaban. El fundador del Opus Dei decía que había que ser del mundo, pero sin ser mundanos. No creo que por ir a un concierto de música clásica o moderna yo fuera un mundano. Y lo más grave era que estabas con tus padres, pero no participabas del todo, pues eras "mediopensionista" y eso para siempre.

NACHO FERNÁNDEZ


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