Los hábitos íntimos de los pensamientos

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Por Carocha, 5 de diciembre de 2008


He leído ayer lo que Mauriac escribe, en sus Memorias interiores, sobre los hábitos íntimos de los pensamientos. Es una cosa admirable de lucidez, con la característica de sosiego de pensamiento que tienen muchas veces las personas que piensan sobre el funcionamiento del pensamiento y sobre el contentamiento de leer. La impresión que yo tengo, mirando hoy hacia los años del opus, es al revés: de constante atención y mucho cansancio, para defender todos los días los hábitos íntimos de mi manera de pensar: que es preciosa porque es mía, y nadie tiene dos. Los defendía como se defiende la vida, sin conocer entonces siquiera el nombre de ese juego brutal, impropio para niños: sabía instintivamente que se trataba de sobrevivir; que, si perdiese esos hábitos, me moriría, creo que literalmente...

Durante años, hasta leer OpusLibros, he pensado siempre que todo lo que había leído clandestinamente durante ese tiempo había significado deslealtad, y eso me creaba problemas de conciencia, que son todos graves. Ahora veo que fue precisamente lo que me salvó. Tout nous sert ou nous nuit infiniment : chaque moment de notre vie, chaque respiration, chaque battement de notre pouls, chaque éclair de notre pensée a des suites éternelles, decía Bossuet. Durante años y años me prohibieron leer como lectura espiritual nada que no fuese del fundador, por ejemplo. Pero yo nunca me entendí muy bien con el autor J M Escriba/Escrivá. Pienso ahora que lo que sentía era finalmente legítimo: sencillamente, los hábitos íntimos de mi manera de pensar poco tenían que ver con los de J M Escriba/Escrivá y compañeros negros: que tendrían también los suyos, ciertamente.

Alguien los tenía, sin duda: porque los textos del fundador son consistentemente semejantes y en sentido negativo atemporales: clonados industrialmente y esclerosados, evidentemente pasados por un mismo mecanismo arrollador de uniformización y blanqueamiento. Son textos sin unidad y sin cronología reales, porque les fue retirada artificialmente la dimensión humana del autor, para exentarlos de la Historia y de la caducidad: pero eso sólo resulta cuando es la misma Historia a perpetuar las ideas, no es algo que pueda provocarse o un proceso que pueda abreviarse: no todo puede controlarse, felizmente. J M Escriba/Escrivá no está nunca en sus escritos directos, o en los de la literatura interna de la Prelatura, que son estilísticamente indistinguibles. Son simples instrumentos de agit-prop muy esquemático, tal vez eficaz en términos meramente formales. Pero incluso ahí con problemas graves, que denuncian un determinado tipo de autor: las fuentes externas originales son frecuentemente omitidas, por ejemplo – sobretodo si se trata de autores no-eclesiásticos, o de eclesiásticos [padre Poveda] contemporáneos suyos - aunque las internas aparezcan siempre escrupulosamente anotadas: con la excepción de los devotados negros, claro está: y restaba él, básicamente. Jamás citó a un "hijo" suyo, o a un autor contemporáneo, colegas de oficio o no – creo no equivocarme. Quiso evidentemente hombrear con "los clásicos". Pésima idea. Otro problema, no inferior, es él de la datación de textos: cuestiones miserables de honestidad básica, previas a los contenidos, que desautorizan.

Los suyos son textos de matriz empresarial, organizados por objetivos y funciones, medios y plazos, e ideológicamente blindados, para instrucción de fieles: no difuntos, tal vez, pero crédulos, que es prácticamente lo mismo.

No se trata de un hombre real que siente, piensa y escribe, y cuyos hábitos íntimos de pensamiento vemos evolucionar, en el sentido de la santidad, por ejemplo: no es interesante como autor, sacro o no sacro, padre o no padre, en definitiva: o que me interessa são pessoas que tenham uma espessura de vida. (v. sobretodo la entrevista, partes 3 y 2).

J M Escriba/Escrivá es una patética figura de hereje, bloqueada dentro de sí misma, sin evolución posible: triste soi-disant paradigma sin tiempo interior y por eso imperdonablemente cerrado al pensamiento y al genio de su tiempo. Cómo sería su mundo interior, para que no hubiese sentido la necesidad absoluta de defender el mundo interior de cada uno de nosotros? A qué jugaba? No son nuestros libros los que sobreviven, sino nuestras pobres vidas, las que subsisten en las historias que narramos en ellos. Mi mayor dicha consiste en estar solo en mi terraza, tratando de adivinar la dirección del viento por los olores que trae y lo que temo no es ser olvidado después de mi muerte, sino más bien que no se me olvide lo suficiente, escribía Mauriac, a años-luz del fundador del Opus Dei, su contemporáneo.

Los escritos de J M Escriba/Escrivá poseen, es verdad, algún interés: el de documentos para el estudio de las curiosas manifestaciones, en la España de entre guerras y posterior, de una mentalidad local antigua, y por eso más curiosa todavía. Y que más? Nada, creo.



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