Los directores, ¿emisarios divinos?

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Por Jacintaunzue, 23.06.2006


Uno de los puntos de la praxis de vida en el opus es la obediencia a los directores. Y sobre esto se habla mucho en esta Web. Al principio uno se cree que es a través de la autoridad de la obra que nos llega la voluntad de Dios. Pero es suficiente que nos pongan en un consejo local para perder esa fe rápidamente. Los informes (largamente comentados), los planes quinquenales, los documentos, los secretos, la propia experiencia, pronto nos llevan a otra dimensión. A una dimensión de raciocinio, cálculo y organización, muy lejanos a la fe y sobre todo lejanos a la caridad...

“Pero ni en la Escritura ni en la doctrina de Santo Tomás no aparece frase alguna en la que se señale que la palabra de Dios sea la palabra de los Directores. Pues ello equivaldría a una especie de sacralización de los mismos que ni siquiera Santo Tomás de Aquino acepta.” Chispita 22.V.06

Yo perdí la convicción de que los directores eran emisarios divinos un buen día... Fue bueno porque descubrí que la conciencia era mejor guía que la obediencia ciega a los directores... y ahí empezó mi salvación...

Era yo la subdirectora de una residencia universitaria y un buen día el Consiliario (que atendía parte la de la labor de San Rafael del centro) nos llamó a la directora y a mí. Nos dijo que le había planteado la vocación de numeraria a Fulanita porque daba claras señales de tener vocación. La directora se entusiasmó y así lo manifestaba. Yo daba gracias a Dios porque nadie me pedía opinión y permanecí en silencio. Al llegar al despacho de la directora ella notó mi falta de entusiasmo y me pidió una explicación. “Si dejamos que pite, cuando llegue al centro de estudios, nos la mandan de vuelta” Yo acababa de llegar del centro de estudios donde me había quedado unos años “extra” trabajando en el consejo local y había visto decenas de chicas partir con la explicación “la falta de ciertas condiciones son señal de falta de vocación, porque si Dios te quisiera en la Obra te las habría dado”... Cómo era que unas directoras habían visto clara la llamada de la interesada y las otras no, era algo que nadie se planteaba... y si lo hacían, lo callaban! Esa experiencia me había dado un sexto sentido para analizar a las candidatas... Por eso me negaba a dejar que Fulanita pidiera la admisión como numeraria.

El sacerdote Vicario Regional empezó una auténtica campaña propagandística para influir sobre nosotras, hasta que el destino de Fulanita se selló en una votación de 2-1. Fulanita escribió su carta de admisión y el conciliario estaba contento...

A la vuelta de un curso anual, justo antes de hacer la oblación, por indicación de la Delegación se le dijo a Fulanita que no podía seguir siendo numeraria. Y la pobre chica partió dolida, frustrada y confusa.

Ese día ya no creí más en la inspiración divina de las indicaciones de los directores.

Pasaron los años y para conservar la salud mental que se me estaba debilitando, yo decidí dejar la obra. Tenía la convicción de que no podía ser la Voluntad de Dios la creación de un ejército de zombies, viviendo santamente en el letargo de las drogas antidepresivas. Se lo manifesté a la directora y desde ese día empecé a recibir todo tipo de citas para hablar con cuanta directora, cura amigo y autoridad pertinente había para disuadirme de concretar mi plan (hasta me mandaron a “cuidar” el lecho de una moribunda, “para ver qué bien se muere en casa”.... pobre mujer... yo la quise mucho... y tras una larga enfermedad le había llegado el momento de partir a la casa del Padre...)

Una tarde me avisaron que el mismísimo Conciliario quería hablar conmigo. Fue entrar al confesionario y él me dijo “ tengo certeza de tu vocación de numeraria, y si te vas serás infeliz en esta vida y no vas a conseguir la salvación eterna” Tenía ganas de gritarle que no tenía ninguna autoridad moral para respaldar su certeza en mi vocación, tenía ganas de gritarle que quién se creía para mandarme al infierno, tenía ganas de gritarle que se equivocaba, tenía ganas de gritarle que sus amenazas no me asustaban... en vez de gritar le dije en buen tono “yo creo que el llamado de Dios es algo entre El y el interesado, y considero que Ud. Se equivoca”.

Sus palabras fueron muy duras pero, honestamente, no me quitaron la paz ni en ese momento ni nunca. Hacía mucho tiempo que había dejado de creer que él y los demás directores eran emisarios divinos.



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